Archivos Mensuales: noviembre 2011

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EL PODER DE LA VOLUNTAD

Posted: 28 Nov 2011 07:30 PM PST




Beato John Henry Cardenal Newman


Fortaleceos en el Señor y en la fuerza de su poder.
Ef. VI:10




Bien sabemos que hay una gran multitud de cristianos profesos que, ¡helás!, de hecho se han apartado de Dios con deliberada voluntad y propósito y que por tanto al presente están alejados de la gracia de Dios; y eso aunque no lo sepan ni les importe. Pero un gran número de almas, por lo menos la mitad del total de los cristianos, se hallan en otras circunstancias. No se han apartado del estado de gracia, ni tampoco tienen que arrepentirse y volverse a Dios, en el sentido en que sí lo tienen que hacer quienes se han permitido transgresiones deliberadas después de acceder al conocimiento de la verdad que les fuera enseñada..

A ellos nos queremos referir: son una gran cantidad de cristianos que se encuentran en toda clase de situaciones, que habiendo contado con buenos padres y consejeros, o familias seguras, o que se han embarcado en una vida religiosa, o que por razón de la falta de pasión y vivos sentimientos, o por lo que fuera, son cristianos de quienes no se puede presumir que se hayan desprendido de las vestiduras de la gracia divina, ni que hayan apostatado para pasarse a las filas enemigas. Y con todo, no están seguros. Puesto que ciertamente no se alcanza el cielo con sólo evitar el mal, resulta fácil de entender que no hay más alternativa que la de seguir el bien. 

¿Cuál, entonces, es el peligro que corren? Es sencillo: el del siervo inútil que escondió los talentos de su señor. Existe igual distancia entre aquel siervo perezoso y quienes obtuvieron ganancias con sus talentos, que la que hay entre dos clases de cristianos que conviven aquí abajo como hermanos―hay una clase que está usando de la gracia que le fue conferida y otra que se muestra negligente en esto; hay cristianos que progresan y otros que se quedan quietos; unos que trabajan por la recompensa y otros que nada hacen y que valen bien poco. Siempre deberíamos conservar esta manera de ver las cosas cuando hablamos del estado de gracia. A los ojos de Dios gozamos de su favor en diferentes grados, quizás estemos gozando de más y más favor o tal vez de cada vez menos; es posible que no hayamos perdido enteramente la gracia a sus ojos, y sin embargo, a lo mejor no la aseguramos: puede que al presente estemos seguros pero siempre ante perspectivas peligrosas. Puede que seamos más o menos “hipócritas”, “perezosos” o “infructuosos” y que sin embargo aún no haya pasado nuestro día de gracia. Quizás aún conservamos restos de nuestra nueva naturaleza, que la influencia de la gracia todavía se hace notar, tanto como el poder de la enmienda y de la conversión dentro nuestro. A lo mejor todavía contamos con talentos que podemos hacer fructificar y dones que podemos hacer valer. Tal vez no hemos sido arrojados de nuestro estado de justificación y sin embargo carecemos de aquel amor de Dios, ese amor por la verdad de Dios, esa hambre de santidad, de obediencia generosa y activa, de ese grado de franca entrega que, sólo ellas, pueden garantizarnos que algún día oigamos las benditas palabras: “¡Bien!, siervo bueno y fiel; entra en el gozo de tu Señor.” (Mt. XXV:21).

La única condición que nos garantiza el cielo es el amor de Dios. Puede que nos abstengamos de pecados graves y sin embargo nos encontramos faltos de este divino don “sin el cual estamos muertos” a los ojos de Dios.. Esto, el amor de Dios, modifica toda nuestra existencia; esto hace que vivamos; esto nos hace crecer en gracia y buenas obras; esto nos hace dignos de poder un día comparecer en su presencia.

Ahora, bien, hasta aquí he dicho una cantidad de cosas cada una de las cuales merece mayor desarrollo y sobre las que habrá que insistir. 

Indudablemente una y otra vez se nos exhorta en la Escritura a ser santos y perfectos, a ser santos e irreprochables a los ojos de Dios, a ser santos como Él es santo, a guardar sus mandamientos, a cumplir con toda la ley, a que nos llenemos de los frutos de la justicia. ¿Por qué no obedecemos como debiéramos? Muchos dirán que es porque tenemos una naturaleza caída y que eso dificulta nuestros propósitos; que no lo podemos evitar, por mucho que debiésemos lamentarlo, que aquí estriba la razón de nuestros defectos. No es así: podemos remediar este estado de cosas, nada lo impide; lo que nos falta es voluntad; y si es así, es por culpa nuestra. Se nos han concedido todas las cosas; Dios nos ha otorgado sus mercedes sobreabundantemente; en nuestro interior hay una profunda fuente de poder y fuerza: pero el caso es que no le aplicamos el corazón, no tenemos la voluntad, no contamos con el deseo de usarlos. Nos falta esta única cosa: el deseo de ser renovados enteramente; y se me hace que si cualquiera de nosotros se examina cuidadosamente reconocerá que así es y que esa es la razón por la que no puede y de hecho no obedece ni progresa en la santidad. 
De la Escritura se desprende claramente que contamos con este gran don dentro nuestro o que estamos en estado de gracia (pues ambas cosas quieren decir prácticamente lo mismo). Todos sabemos lo que dice la Escritura sobre el particular, lo que no quita que incluso aquí no haríamos mal en detenernos en uno o dos pasajes para recordar esto a ver si se nos imprime en el alma. 

Por tanto, consideremos las palabras de Nuestro Salvador: “Quien beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota hasta la vida eterna.” (Jn. IV.14) Vacíen los océanos, toda esa agua no llenará los espacios infinitos de los cielos, pero el don dentro nuestro puede manar hasta llenar la eternidad.

Y en otro lugar, consideremos las admirables palabras en la epístola cuyo texto comentamos, cuando alaba a “Él que es poderoso para hacer en todo, mediante su fuerza que obra en nosotros, incomparablemente más de lo que pedimos y pensamos” (Ef. III:20). Aquí observamos que a nosotros los cristianos nos es dado un poder “que obra en nosotros”, un poder especial, misterioso y oculto, que nos convierte en sus instrumentos. 
Incluso esto de que contamos con almas es cosa extraña y misteriosa. No vemos nuestras almas; pero las vemos en los demás y somos concientes de un principio dentro nuestro que rige nuestros cuerpos y hace de ellos seres enteramente diferentes a los animales. Disponemos dentro nuestro de aquello que informa nuestros cuerpos y los convierte de cuerpos animales en humanos. Los animales no pueden hablar; los rostros de los animales apenas si cuentan con la capacidad de expresarse; no pueden conformar sociedades; no pueden progresar. ¿Por qué? Porque no cuentan con ese don escondido que nosotros sí tenemos―la razón. ¿Y bien? Del mismo modo San Pablo refiere a los cristianos como contando ellos también con un poder interior que obtienen porque son cristianos (o cuando se convierten en tales), y lo designa, en el texto que aquí comento, como “el poder que obra en nosotros”. En un capítulo anterior de esta misma epístola habla de “la soberana grandeza de su poder para con nosotros los que creemos” (Ef. I:19) y dice que los ojos de nuestros corazones necesitan ser iluminados para reconocerlo; y lo compara a ese poder divino que reside en Cristo Nuestro Salvador que en el tiempo oportuno lo resucitó de entre los muertos, de tal modo que las ataduras de la muerte ya no tenían dominio sobre Él. Así como las semillas, que parecen inertes, contienen vida, así también el Cuerpo de Cristo, cuando muerto, contenía la vida misma; e igualmente, aunque de manera diferente, nosotros también, pecadores como somos, disponemos de un principio espiritual dentro nuestro―con tal de que lo usemos―tan grande, tan maravilloso, que todos los poderes del mundo visible, todas las fuerzas y apetitos de la materia, todos los milagros físicos que en nuestro tiempo están siendo descubiertos, casi más allá del tiempo y del espacio, que prescinden de los números y rivalizan con la mente, todos esos poderes de la naturaleza son nada comparados con este don nuestro. ¿Por qué digo semejante cosa? Porque el Apóstol nos dice que mediante esto Dios es capaz de “hacer incomparablemente más de lo que pedimos y pensamos”. Ya ven que se encuentra a vueltas con las palabras por encontrar las que pudieran expresar la exuberante, desbordante plenitud, la vasta e inconmensurable profundidad de aquello que acaba de designar como “la anchura y largura y alteza y profundidad” del don que se nos ha dispensado. Y de aquí en otro lugar dice “Todo lo puedo en aquel que me fortalece” (Phil. IV.13), lugar éste en el que recurre al mismo vocablo que ocurre en el texto: “Mis hermanos, sed fuertes en el Señor y en la fuerza de su poder.” ¿No ven cómo acumula las palabras? Primero, sed fuertes, o fortaleceos. ¿Fuertes en qué? Fuertes en poder. ¿En qué poder? En la fuerza de su poder, el poder de Dios. Tres palabras se usan, una detrás de la otra, para expresar el don múltiple con el que Dios nos regaló. Él agregó a la fuerza el poder, y al poder lo ha hecho crecer en fortaleza. Contamos con la fuerza de su poder; no sólo eso, sino con el poder de la fuerza de su poder que es Todopoderoso. 
Y precisamente esto es lo que refiere San Lucas cuando nos cuenta en el libro de los Hechos sobre el estado de San Pablo después de su conversión: “Saulo, empero, fortalecíase cada día más y confundía a los judíos que vivían en Damasco” (Hechos IX:22). Se hacía más y más fuerte. Y al final de su carrera, cuando se lo hizo comparecer ante los romanos: “El Señor”, dice, “me asistió y me fortaleció” (II Tim. IV:17) para luego a su vez exhortar a Timoteo: “Por tanto, hijo mío, vigorízate en la gracia que se halla en Cristo Jesús,  lo que me oíste en presencia de muchos testigos, eso mismo transmítelo a hombres fieles, los cuales serán aptos para enseñarlo a otros. Sufre conmigo los trabajos como un buen soldado de Cristo Jesús.” (II Tim. II:1-3).
Dije recién que no necesitábamos de la Escritura acerca de este poder que nos ha sido divinamente dispensado, que con nuestra propia conciencia alcanzaba. No quiero decir con eso que nuestra conciencia alcanzará para expresarnos con la plenitud que hallamos en las expresiones del Apóstol; porque, claro, la tribulación no puede nunca certificar cuál es el alcance un don inagotable. Todo lo que podemos saber por experiencia es que se trata de un poder que nos supera a nosotros, que nunca hemos podido medirlo, que hemos recurrido a él y nunca lo hemos agotado, que contamos con la evidencia de tener un poder con nosotros, cuán grande no lo sabemos, que hace por nosotros lo que nosotros solos no podríamos, y que siempre está a la altura de todas nuestras necesidades. Y en esta medida disponemos de abundante evidencia de esto mismo. 

Preguntémonos, pues, ¿por qué sucede tan a menudo que deseamos hacer el bien y no podemos? ¿Por qué razón somos tan endebles, débiles, lánguidos, veleidosos, cortos de vista, fluctuantes, perversos? ¿Por qué no podemos “hacer lo que querríamos”? ¿Por qué razón, día tras día, permanecemos irresolutos, servimos a Dios tan pobremente, tenemos tan poco dominio de nosotros mismos, no podemos gobernar nuestros pensamientos, que nos mostramos tan perezosos, cobardes, descontentos, sensuales, ignorantes? Pregunto por qué es que nosotros, que confiamos en que no hemos caído del estado de gracia por haber pecado deliberadamente (pues de estos hoy no hablamos), por qué es que nosotros que no somos gobernados por ningún señor inicuo y que no estamos dominados por la solicitación terrena, que no somos codiciosos, ni llevamos una vida licenciosa, ni tampoco somos mundanos, ni ambiciosos, ni envidiosos, ni soberbios, que no nos hallamos faltos de compasión ni deseosos de fama―¿por qué nosotros, que pertenecemos al mismísimo reino de la gracia, que nos hallamos rodeados de ángeles y con santos que nos preceden, podemos hacer tan poco y, en lugar de ascender con alas como águilas, nos arrastramos en el polvo, y sólo podemos pecar y confesar que hemos pecado, alternativamente? ¿Será que el poder de Dios no reside dentro nuestro? ¿Será que no somos capaces, literalmente, de guardar los mandamientos de Dios? ¡Que el diablo sea sordo! 

Sí que lo somos. Contamos con aquello que se nos ha dado y que nos hace capaces. No estamos en el estado de naturaleza. Aquel don de la gracia fue plantado en nuestros corazones. Disponemos de un poder dentro nuestro para cumplir con lo que se nos manda. ¿Dónde está la deficiencia? ¿En la falta de poder? No; en la falta de voluntad. De lo que carecemos es de la real, sencilla, empeñosa, sincera inclinación y deseo de recurrir a aquello que Dios nos ha dado y que abrigamos en nuestro interior. Esto lo sabemos, digo, por experiencia. No se trata de una cuestión meramente doctrinaria, mucho menos una cuestión de palabras, sino de cosas: aquí nos referimos a un asunto sencillamente práctico.

Por poner un ejemplo que ilustra su sencillez. ¿Acaso no contamos por naturaleza con la potestad de usar nuestras propias piernas? ¿Qué cosa es la pereza entonces, sino una falta de voluntad? Cuando no nos fijamos en un objeto lo bastante como para vencer el inconveniente de un esfuerzo, nos quedamos como estamos―si en ese caso debiésemos caminar, nos mostramos perezosos. Mas ¿por ventura es aquel esfuerzo siquiera un esfuerzo cuando en verdad deseamos aquello que requiere de este esfuerzo? De igual manera, para ilustrarlo con algo más importante. ¿Acaso los sentimientos de remordimiento y arrepentimiento son tan distintos que apenas si se parecen? En ambos un hombre se muestra muestra compungido y avergonzado por lo que ha hecho; en ambos presiente dolorosamente que a lo mejor vuelve a pecar nuevamente a pesar de su presente pena. Quizás han oído a un hombre lamentarse de que es tan débil que teme qué pasará la próxima vez, por muchas que sean sus buenas resoluciones. Indudablemente hay casos en que un hombre resulta así de débil, aunque conserve una voluntad empeñosa; y desde luego, continuamente le ocurre que se ve dominado por sentimientos ingobernables y pasiones bajas que su razón le señala. 

Pero en una gran multitud de casos esta protesta de falta de fuerzas en realidad consiste en un caso de falta de voluntad. Cuando alguien se queja que está bajo el dominio de un mal hábito, que se pregunte seriamente si alguna vez quiso deshacerse de él. ¿Puede sencillamente, en la presencia de Dios, decir “quiero deshacerme de esto”? 

A modo de ejemplo, pongamos el caso de uno que no puede prestar atención cuando reza; su mente divaga; aparecen pensamientos intrusos; el tiempo pasa, y siempre es lo mismo. ¿Diremos que esto sucede por debilidad, por falta de poder? Por supuesto, podría ser así; pero antes que diga semejante cosa, que considere si alguna vez se llamó al orden a sí mismo, se sacudió, se despertó a sí mismo, obligándose por así decirlo, a prestar atención. Bien conocemos la sensación en medio de una pesadilla, cuando nos decimos a nosotros mismos “esto es un sueño” y sin embargo no podemos movilizar de tal manera la voluntad como para liberarnos de esa fea sensación y cómo a la larga, mediante un esfuerzo de voluntad nos movemos y el encanto se rompe de inmediato: nos hemos despertado. Así pasa con la pereza y la indolencia; el Inicuo pesa mucho en nosotros, pero sólo tiene poder sobre nosotros en la medida en que somos remisos en librarnos de él. No puede combatir contra nosotros; huye; ni bien nos proponemos combatirlo ya nada puede hacer. 

Existe el famoso ejemplo de un santo hombre de la Antigüedad que, antes de su conversión intuía agudamente la excelencia de la pureza pero que no alcanzaba en sus oraciones a ir más allá que decir: “Señor, dame la castidad, pero no todavía.” No seré tan desconsiderado como para menguar el poder de ninguna tentación sea de la clase que sea, ni tampoco caeré en la presunción de decir que Dios Todopoderoso ciertamente protegerá a un hombre de la tentación que lo acosa con tal que el tentado lo desee; pero cada vez que los hombres se quejan de lo arduo que resulta alcanzar ciertas virtudes, por lo menos no estaría mal que primero se hagan la pregunta, si en verdad lo desean. 

En los días que corren se oye mucho acerca de la imposibilidad de una pureza celestial―y lejos estoy de negar que cada cual recibe sus dones propios de la mano de Dios, uno de un modo y otro de otro―pero ¡vosotros los hombres de este mundo!, cuando habláis como lo hacéis tan extendidamente sobre la imposibilidad de esta gracia sobrenatural o de esta otra, cuando descreéis de la existencia de un severo gobierno de sí, cuando os mofáis de las santas resoluciones y difamais a quienes así lo hacen, ¿estáis seguros de que la imposibilidad a la que se refieren no procede de la naturaleza, sino de la voluntad? Tratemos de querer en serio y nuestra naturaleza se ve modificada “conforme al poder que obra en nosotros”. No digáis para excusaros o para disculpar a otros que no podéis ser distintos de cómo os hizo Adán; nunca os habéis resuelto a quererlo―la sola idea les resulta insoportable. No soportáis la idea de ser distintos de lo que sois. Así, se les ocurre la peregrina idea de que si fuerais diferentes, la vida estaría como en blanco, mas aquello que efectivamente sois por no desear un don, esto mismo usáis a modo de excusa: que no disponéis de ese poder.

Pongamos de ejemplo la prueba que más os guste―la ridiculización del mundo o su censura, la pérdida de oportunidades, la pérdida de admiradores o amigos, la pérdida de confort, el soportar dolores corporales―y recordad cuán fácil ha sido el camino ni bien nos determinamos a someternos a él; cuán simple resultó todo lo demás, cuán admirablemente una cantidad de dificultades fueron removidas sin participación nuestra, y cómo el alma se vio fortalecida interiormente con sólo hacer lo que había que hacer. Sólo que pocas veces contamos con el corazón para arrojarnos, por así decirlo, sobre el Brazo Divino; no nos animamos a caminar sobre las aguas, aunque Cristo nos invita a eso mismo. No contamos con el amor de San Pedro para pedirle permiso para dirigirse hacia Él caminando sobre las aguas. Ahora, ni bien nos vemos llenos de aquel celestial amor, lo podemos todo, porque lo intentamos todo―pues el intentarlo equivale a hacerlo.

Querría que cada uno de ustedes considere cuidadosamente si alguna vez halló que Dios les falló en una prueba cuando el propio corazón no fallaba; y si acaso no han encontrado que se les ha otorgado más y más fuerza en la medida en que les hacía falta; si acaso no han obtenido una clara prueba en el día de la tentación de que efectivamente sí cuentan con un poder divino dentro vuestro además de una cierta convicción, en medio de todo, de que no han recurrido a ese poder enteramente, que nunca lo agotaron. La gracia siempre supera la oración. Abrahán dejó de interceder antes de que Dios cesara de otorgar. Joás derrotó a los sirios en tres oportunidades cuando bien podría haber obtenido cinco o seis victorias. Todos disponen del don, muchos ni siquiera lo usan, nadie lo agota. Uno lo envuelve en una servilleta, otro gana cinco libras, otro diez. Pero fructificará por treinta, o por sesenta, o por cien. No sabemos lo que somos, o podríamos ser. Así como la semilla contiene dentro suyo un árbol, así también los 
hombres contienen dentro suyo ángeles.

De aquí el gran énfasis que hallamos en la Escritura acerca del crecimiento en la gracia. Las semillas han sido hechas para crecer y convertirse en árboles. Somos regenerados para que nos veamos renovados diariamente a imagen de Aquel que nos regeneró.

En los lugares que siguen se establece cuál es nuestra vocación para “despertar la rectitud del espíritu con aquello que os recuerdo” (II Pet. III:1). “Fortaleceos en el Señor”, dice el Apóstol, “y en la fuerza de su poder. Revestíos de la armadura de Dios… ceñidos los lomos con la verdad y vestidos con la coraza de la justicia, y calzados los pies con la prontitud del Evangelio de la paz. Abrazad en todas las ocasiones el escudo de la fe, con la cual podréis apagar todos los dardos encendidos del Maligno. Recibid asimismo el yelmo de la salud y la espada del Espíritu” (Ef. VI: 10, 11, 13-17). En nosotros, primero una gracia y luego otra serán perfeccionadas en nosotros. Cada día traerá su propio tesoro hasta que nos hallemos de pie, como espíritus benditos, capaces y esperando cumplir la voluntad de Dios.

Y aún más apropiadas son las palabras de San Pedro que fundan toda esta doctrina sobre la que hoy he estado insistiendo, punto por punto. En primer lugar nos dice que “su divino poder nos ha dado todas las cosas conducentes a la vida y a la piedad” (II Pet. 3), esto es, que contamos con un don. Luego se refiere al objeto que ese regalo mismo ha de realizar―“preciosos y grandísimos bienes se nos han obsequiado para que merced a ellos llegaseis a ser partícipes de la naturaleza divina”, para que nosotros, que por nacimientos somos hijos de la cólera, fuésemos interior y realmente hijos de Dios, dejando de lado lo que éramos antes, o, como lo dice él, “dejando la corrupción del mundo que vive en concupiscencias”, esto es, limpiándonos de la última rémora que queda en nosotros del pecado original, la infección de la concupiscencia. Con lo que concuerda muy precisamente San Pablo cuando se dirige a los Corintios: “Teniendo tales promesas”, dice, “purifiquémosnos de toda contaminación de carne y de espíritu, santificándonos cada vez más con un santo temor de Dios” (II Cor. VII:1). Pero sigamos con San Pedro: “Poned todo vuestro empeño”, dice, “en unir a vuestra fe la rectitud, a la rectitud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia, a la paciencia la piedad, a la piedad el amor fraternal, y al amor fraternal la caridad” (II Pet. I:5-7). Luego habla de los que, aunque no se puede decir de ellos que hayan perdido la gracia de Dios, sin embargo por razón de una voluntad indolente y un amor tibio, se han vuelto de ningún provecho y no son más que obstrucciones en la viña del Señor, “porque quien no posee estas cosas está ciego y anda a tientas, olvidado de la purificación de sus antiguos pecados” (II:I:9)―se ha olvidado de la limpieza que una vez recibió cuando fue introducido al reino de la gracia. “Por lo cual, hermanos, esforzaos más por hacer segura vuestra vocación y elección; porque haciendo esto no tropezaréis jamás. Y de este modo os estará ampliamente abierto el acceso al reino eterno de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo.” (II Pet. I:10). Día tras día entraréis más y más profundamente en la plenitud de las riquezas de aquel reino al cual pertenecéis.

Y si no, por último, considerad la relación que hace San Pablo de aquel mismo crecimiento y su curso, en su Epístola a los Romanos: “La tribulación obra paciencia; la paciencia, prueba; la prueba, esperanza; y la esperanza no engaña”. Tales son la serie de dones: paciencia, experiencia, esperanza, un alma sin vergüenza―¿y de dónde procede todo esto? Continúa, “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones mediante el Espíritu Santo que nos ha sido dado.” (Rom. V:3-5). 

El amor lo puede todo; “la caridad nunca desfallece” (I Cor. XIII:8); el que quiere, dispone del poder. Diréis: “¿Pero no es que la voluntad misma del hombre procede de Dios?, y que, por tanto, después de todo, ¿no es Él quién todo lo hace, no nosotros, si nosotros no tenemos voluntad?”. Respondo diciendo que indudablemente, por naturaleza nuestra voluntad está atada; no podemos querer el bien; pero por la gracia de Dios nuestra voluntad ha sido liberada; obtenemos nuevamente, hasta cierto punto, el don del libre arbitrio; por tanto, podemos querer o no querer. Si queremos, indiscutiblemente eso procede de la gracia de Dios, quien nos dio la potestad de querer, alabado sea su santo nombre; pero procede de nosotros también, porque hemos usado de ese poder que Dios nos dio. Dios nos permite querer y obrar; por naturaleza no podemos querer, pero sí lo podemos por gracia; y si ahora nos falta voluntad es por causa de un defecto nuestro. ¿Qué puede hacer por nosotros la Misericordia Todopoderosa que no haya hecho ya? “Nos ha dado todas las cosas conducentes a la vida y a la piedad” y por tanto, nosotros, podemos “hacer segura nuestra vocación” (II Pet. I:3, 10), como lo hicieron los santos hombres de Dios de antaño. 

¡Ah, cómo nos avergüenzan aquellos antiguos santos!, ¡cómo “cobraron fuerza de su flaqueza, se hicieron poderosos en la guerra” (Heb. XI:34) y se convirtieron en ángeles sobre la tierra en lugar de hombres! ¿Y por qué? Porque tenían un corazón con el que contemplar, planear, querer grandes cosas. Indiscutiblemente, en muchos respectos, no somos sino hombres hasta el fin; tenemos hambre, tenemos sed, necesitamos sustento, dormir, vida en sociedad, instrucción, aliento, ejemplos; y con todo, ¿quién puede decir qué alturas no pueden alcanzar a su debido tiempo en todas las cosas, comenzando de a poco y sin embargo anticipando en la distancia la sombra de grandes cosas? 

“Dilata el lugar de tu tienda, que se hagan más anchas las pieles de tu pabellón; no seas parca en ello, alarga tus cuerdas y afianza tus estacas, pues te extenderás a la derecha y a la izquierda… No temas, pues no quedarás confundida; no te avergüences, porque no tendrás de qué avergonzarte… Serás restablecida en justicia y estarás lejos de la opresión, puedes nada tendrás que temer y estarás lejos del espanto, el cual no te alcanzará más… Esta es la herencia de los siervos de Yahvé y la justicia que de Mí les vendrá, oráculo de Yahvé.” (Is. LIV:2-4, 14, 17).

Palabra elevadas como éstas refieren en primer lugar a la Iglesia, mas indudablemente se cumplen en su medida en cada uno de sus hijos verdaderos. 

Pero nosotros nos sentamos fría e indolentemente y nos quedamos en casa; juntamos las manos y pedimos “dormir un poquito más”, cerramos los ojos, no podemos ver cosas en lontananza, no podemos “ver la tierra que está en la distancia”; no entedemos que Cristo nos llama en su seguimiento; no oímos las voces de sus heraldos en el desierto; no tenemos corazón bastante para acercarnos a Él que multiplica los panes y que nos alimenta con cada palabra salida de su boca. Otros hijos de Adán antes que ahora han hecho con el poder de Cristo lo que ahora nosotros dejamos de lado. Tememos ser demasiado santos. Nos avergüenzan; alrededor nuestro los hay quienes están haciendo lo que nosotros no nos animamos. Otros están entrando más profundamente al reino de los cielos que nosotros. Otros están peleando contra sus enemigos más verdaderamente y con mayor bravura. Los iletrados, los faltos de recursos, los jóvenes, los débiles y los simples, con una honda y piedras del arroyo, salen al encuentro de Goliat como si tuviesen una armadura divina. Día tras día la Iglesia se eleva hacia los cielos a nuestro alrededor y nosotros no hacemos más que objetar, o explicar, o criticar, o disculparnos o admirarnos. Tememos juntar nuestra suerte con la de los santos, no sea que nos convirtamos en una secta; tenemos miedo de buscar la puerta estrecha, no vaya a ser que seamos de los elegidos y no de los muchos.

¡Oh, que podamos mostrarnos leales y afectuosos antes que se termine nuestra carrera! Antes de que el sol se ponga sobre nuestra tumba, ¡quiera Dios que podamos aprender siquiera un poquito más acerca de aquello que el Apóstol llama el amor de Cristo que excede todo conocimiento y podamos atrapar algunos de los rayos de amor que proceden de Él! 

Especialmente en este tiempo, cuando Cristo nos convoca al desierto, ciñémonos los lomos y obedezcamos sus órdenes sin pensarlo dos veces. Tomemos su cruz y sigámoslo. Revistámonos con “la armadura de Dios, para poder sostenernos contra los ataques engañosos del diablo. Porque para nosotros la lucha no es contra la sangre y carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los poderes mundanos de estas tinieblas, contra los espíritud de la maldad en lo celestial. Tomad por eso, la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, habiendo cumplido todo, estar en pie.” (Ef. VI:11-13).     

ORIENTACIÓN DE AYUDA para quien dice NO CREER EN RELIGIONES SINO EN JESUCRISTO. de Sacerdote HECTOR PERNIA

Todas estas citas bíblicas testifican el valor sagrado de la religión: 1 mc 13,3-6; Mal 3,13-15; Dn 6,6; Jdt 8,24; Sal 50,16; 2 Tes 2,3;  2 Tim 3,2; Ti 1,1; Heb 7,11;  Stgo 1,27.
Jesús habla y reconoce la religión: Entonces Jesús dijo: “Está bien: cuando un maestro en religión ha sido instruido sobre el Reino de los Cielos, se parece a un padre de familia que siempre saca de sus armarios cosas nuevas y viejas.”Mt 13,52.

Pablo habla que el apóstata es aquel que es adversario de la religión (2 Tes 2,3), critica a aquellos que hacen de la religión un puro negocio (1 Tim 6,5), caso ejemplo de un pastor evangélico en San Cristóbal, Edo Táchira, que está construyendo un edificio de unos 6 apartamentos que está vendiendo en 700 millones de bolívares cada uno. ¿De dónde sacó ese dinero? No llega aún a los 30 años de edad. También un delincuente, cuando le di una bíblia de regalo me contestó: “chamoooo,, una Biblia.. mas finoooo… eso da real… Yo me voy a meter a pastor!.”

La palabra RELIGION viene del latín religio. Religio viene del verbo religare formado de re (de nuevo) y ligare (ligar o amarrar). Entonces “religión” significaría algo así como “ligar de nuevo”. Esta palabra podría referirse entonces a “ligarse o unirse nuevamente con el Creador”.

Cuántos han sido los regímenes de estado absolutistas que han pretendido extirpar y hacer desaparecer de las mentes de varias naciones la religión, la relación con Dios en las personas y han fracasado.  La relación con el trascendente es connatural al hombre y esto es lo que olvida quien habla diciendo que la religión no sirve. Debemos decir, “perdónales, Señor, pues seguramente no saben lo que están diciendo” y corroborar lo que el Papa ha dicho en su reciente encuentro en Alemania con la Iglesia Evangélica alemana: “un hombre que desconoce a Dios es un hombre manipulable”. Es curioso que quienes quieren dominar a las personas en los regímenes absolutistas encuentran justamente en eliminar la religión y debilitar la educación, uno de sus mejores moviles o pasos para establecerse perennemente en el poder.

Por lo tanto… si dices que la RELIGION NO SIRVE.. tú estás diciendo que UNIRSE A DIOS  no sirve. ¿Comprendes lo grave de tus palabras? y si tu crees en Dios… eres entonces mas religioso de lo que te imaginas. Por eso.. no vuelvas a decir que no crees en la religión porque te estas contradiciendo, y estas matando a Aquel que siempre dices amar.

A todos los APOLOGETAS y CATÓLICOS en general: SENDA de RETORNO de nuestr@s HERMAN@S ESPERAD@S

A todos los APOLOGETAS y CATÓLICOS en general: SENDA de RETORNO de nuestr@s HERMAN@S ESPERAD@S

Tomado de la homilía de un autor del siglo segundo
(Caps, 13,2-14, 5: Funk 1, 159 – 161)
“Dice el Señor: Todo el día, sin cesar, ultrajan mi nombre entre las naciones; y también en otro lugar: ¡Ay de aquél por cuya causa ultrajan mi nombre! ¿Porque razón ultrajan el nombre de Dios? Porque nuestra conducta no concuerda con lo que nuestros labios proclaman. Los paganos, en efecto, cuando escuchan de nuestros labios la palabra de Dios, quedan admirados de su belleza y sublimidad; pero luego, al contemplar nuestras obras y ver que no concuerdan con nuestras palabras, empiezan a blasfemar, diciendo que todo es fábula y mentira.
Cuando nos oyen decir que Dios afirma: Si aman sólo a quienes les aman, ¿qué mérito tiene?; pero grande será su virtud si aman a sus enemigos y a quienes les odian, se llenan de admiración ante la sublimidad de estas palabras; pero luego, al contemplar cómo no amamos  a los que nos odian y que ni siquiera sabemos amar a los que nos aman, se ríen de nosotros, y con ello el nombre de Dios es blasfemado.
Tengamos presente que si no cumplimos la voluntad del Señor, seremos como aquellos de quienes afirma la Escritura: Ustedes han convertido mi casa en una cueva de bandidos. Por tanto, procuremos pertenecer a la Iglesia de la vida para alcanzar la salvación.”
Para reflexionar…
1.- Que nadie haga un comentario acerca de los demás. Quien lea esto haga mas bien comentarios de sí mism@. No examinemos a los demás; que cada uno de nosotros se examine a sí mismo.
2.- Si el nombre de la Casa de Dios, la Iglesia Católica, la fundada por Jesucristo; la que es su Cuerpo y su Esposa, es ultrajada a diario con blasfemias (ramera, prostituta, la gran babilonia, la bestia, paganos, pedófilos, entre otras), y es despojada a diario de sus miembros engrosando las filas de “iglesias” y/o denominaciones no fundadas por Jesucristo, hemos de preguntarnos: ¿Porqué razón la ultrajan?.

3.- Dice este autor: ¡Ay de aquél por cuya causa ultrajan mi nombre! Es aquí donde cada uno de nosotros los católicos nos debemos examinar. ¿En qué y porqué he sido causa de que otros no crean en la Iglesia Católica? ¿En qué he sido causa que otros blasfemen y ataquen hoy la Iglesia Católica?
Repito: que ninguna persona haga comentarios a esta publicación para hablar de defectos y pecados de otros; de lo que hacen o no hacen los demás. Cada persona que lea esto, empezando por mí, nos examinemos a nosotros mismos.
Cambiemos, cada uno de nosotros. No será la APOLOGÉTICA la que atraerá a quienes han abandonado la Iglesia Católica. Será la Apologética acompañada de nuestro TESTIMONIO. 
Si cada uno de nosotros se convierte, seguramente estará abierta la senda para que el REGRESO A CASA de nuestros HERMANOS ESPERADOS sea inminente!
Dios a todos nos bendiga…

El Misionero Faced’Dios

¿Estás buscando un lugar dentro de la Iglesia Católica?
¿Quieres servirle a Dios?
¿Te gustaría centrar tus energías en la 
DEFENSA Y DIFUSIÓN DE LA FE CATÓLICA?

No hay mal que por bien no venga y, como dice san Pablo, paralos que se deciden a buscar a Dios todo contribuye para su bien (Rm 8, 28) . Esehueco, ese vacío, esa distancia que sientes con Dios y con la alegría no es una señal de que estés llegandoal final de tu camino o de que te has agotado y no queda nada de ti.Sólo es el aviso de que estás culminando una etapa de tu vida, un ciclo. Es unindicador posible de que un sistema se está agotando y que vives una transiciónmientras encuentras un nuevo camino, una nueva senda, una nueva dirección paratu vida. Un encuentro con el Señor sería sin duda lo mejor que te pudieraocurrir. Atiende la voz de tu alma que tal vez te está pidiendo una reconciliación con Dios a causa de alguna raíz de pecado que hay que arrancar, de una herida en el alma que hay que sanar y dejar atrás; pecado por el cual padeces y sufres ensilencio. Acércate al sacramento de la Reconciliación; todo esto puede ser parte de este momento de transición en el cualte encuentras para que nuevamente despegues y saques a la luz toda la energía que llevas dentro de manera muy callada.
Un nuevo camino para que tus ojos brillen nuevamente.


Por los signos que veo en los pasos que da el Papa BenedictoXVI, la iglesia esta dando en este momento un giro; está marcando una nuevadirección para la Iglesia y siento que es el Espíritu Santo quien lo estaconduciendo todo. Te animo a seguir esta senda; es la senda de REDESCUBRIR LAFE CATÓLICA, MOSTRÁRSELA AL MUNDO, HACERLE SABER AL MUNDO PORQUÉ SOMOSCATÓLICOS. 

No podemos permitir que sea vista la Iglesia  Católica como una denominación cristiana más entre las miles que pululan en cualquier lugar y en cualquier momento por cualquier nuevo iluminado que aparece fundando una nueva iglesia en nombre de Cristo.

Ven a la MISIÓN CATÓLICA Faced’Dios. 

Ven a robustecer tus RAÍCES CATÓLICAS aplicándole a la GUÍA BÍBLICA PARA RECIBIR A JESUCRISTO estos tres pasos/verbos: CONOCER, DEFENDER y DIFUNDIR. Te invitamos, en medio de este caos de doctrinas y vacías formas de vivir que hoy nos rodea, a vivir una Misión por la restauración de la fe católica. 

¿Qué hacemos? 

Entregarle al pueblo lo que le pertenece para que pueda DAR LA CARA por la Iglesia Católica ante los hermanos esperados: Pentecostales, Adventistas, Testigos de Jehová, entre otros. 

El Misionero Faced’Dios tiene despierta la sensibilidad y se da cuenta que el pueblo católico está indefenso, sólo. Muchas familias ya se encuentran divididas porque muchos se cambiaron a alguna secta y quedan muchos católicos debatiéndose entre la crisis de fe por los múltiples acosos y ataques que sus propios miembros de la familia le hacen a su fe católica: a sus imágenes, devociones, al bautismo de los niños, la oración por sus difuntos, entre otros. A eso le damos respuesta en esta Misión.


Te invitamos a conocer laMisión Católica Faced’Dios y a que hagas una prueba de vida dentro de estaMisión. Miro tu fuego, tu inquietud y tu juventud para proponerte así una nuevalabor que tal vez te ocupe y haga mover tus energías hasta la ultimarespiración de tu vida.

Mira en nuestro blog FACED’DIOS, y lee de allí losdocumentos fundacionales de esta Misión Católica y de allí podrás responder ala invitación que te hago. Ser Faced’Dios por el resto de tus días.

Buena espera herman@s

ADVIENTO Y NAVIDAD

ADVIENTO YNAVIDAD
Sagrada Familia
1) EL ADVIENTO
SIGNIFICADO YCONTENIDO
Adviento significavenida. Este tiempo nos prepara para la venida del Señor. La venida de Cristo al mundo serealiza en un triple plan:
PASADO: venidahistórica a Palestina,
PRESENTE: venidasacramental, hoy,
FUTURO: venidagloriosa al fin del mundo.
Cristo estáviniendo hoy y aquí, a nosotros, dentro de nosotros. Nos está haciendo concorpóreossuyos, solidarios de su persona y de su misterio redentor. Mediante el don de su palabra yde la eucaristía, Cristo se graba en nosotros. Nos hace su cuerpo. Su venida gloriosa alfinal de los tiempos no será otra cosa que la revelación de las venidas que ahorarealiza en nosotros. Hay continuidad real entre su venida actual y su venida gloriosa.Exactamente igual como la semilla se prolonga en el fruto. Esta es la verdad de fe másgrandiosa. Quien quiera encontrarse con el Cristo viviente, debe penetrar en el misteriode su presencia, a través de la liturgia. Es necesario que el cristiano tenga miradainterior. El adviento es radicalmente cercanía y presencia del Señor.
poinsetia.gif (1839 bytes)  LOSGRANDES TESTIGOS DEL ADVIENTO

Son tres: El profeta Isaías, Juanel Bautista y la Virgen María.

Isaías anunciacómo será el Mesías que vendrá. Sacude la conciencia del pueblo para crear en élactitud de espera. Exige pureza de corazón.
Juan el Bautistaseñala quién es el Mesías, que ya ha venido. Él mismo es modelo de austeridad y deardiente espera.
María es la figuraclave del adviento. En ella culmina la espera de Israel. Es la más fiel acogedora de lapalabra hecha carne. La recibe en su seno y en su corazón. Ella le prestó su vida y susangre. María es Jesús comenzado. Ella hizo posible la primera navidad y es modelo ycauce para todas las venidas de Dios a los hombres. María, por su fidelidad, es tipo ymadre de la Iglesia.
 poinsetia.gif (1839 bytes)LAS ACTITUDESFUNDAMENTALES DEL ADVIENTO
1. Actitud deespera. El mundo necesita de Dios. La humanidad está desencantada y desamparada. Lasaspiraciones modernas de paz y de dicha, de unidad, de comunidad, son terreno preparadopara la buena nueva. El adviento nos ayuda a comprender mejor el corazón del hombre y sutendencia insaciable de felicidad.
2. El retorno aDios. La experiencia de frustración, de contingencia, de ambigüedad, de cautividad, depérdida de la libertad exterior e interior de los hombres de hoy, puede suscitar la sedde Dios, y la necesidad de «subir a Jerusalén» como lugar de la morada de Dios, segúnlos salmos de este tiempo. La infidelidad a Dios destruye al pueblo. Su fidelidad hace suverdadera historia e identidad. El adviento nos ayuda a conocer mejor a Dios y su amor almundo. Nos da conocimiento interno de Cristo, que siendo rico por nosotros se hace pobre.
3. La conversión.Con Cristo, el reino está cerca dentro de nosotros. La voz del Bautista es el clamor deladviento: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles,desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Ytodos verán la salvación de Dios … » (Is 40,3-5). El adviento nos enseña a hacernospresentes en la historia de la salvación de los ambientes, a entender el amor como salidade nosotros mismos y la solidaridad plena con los que sufren.
4. Jesús es elMesías. Será el liberador del hombre entero. Luchará contra todo el mal y lo venceráno por la violencia, sino por el camino de una victimación de amor. La salvación pasapor el encuentro personal con Cristo.
5. Gozo y alegría.El reino de Cristo no es sólo algo social y externo, sino interior y profundo. La venidadel Mesías constituye el anuncio del gran gozo para el pueblo, de una alegría queconmueve hasta los mismos cielos cuando el pecador se arrepiente. El adviento nos enseñaa conocer que Cristo, y su pascua, es la fiesta segura y definitiva de la nueva humanidad.

el adviento

Práctica de Adviento

Posted: 25 Nov 2011 07:30 PM PST


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Si nuestra Madre, la Santa Iglesia, pasa el tiempo del Adviento ocupada en esta solemne preparación al advenimiento de Jesucristo; si como las vírgenes prudentes, permanece con la lámpara encendida para la llegada del Esposo; nosotros, que somos sus miembros e hijos, debemos participar de los sentimientos que la animan y hacer nuestra esta advertencia del Salvador: “Cíñase vuestra cintura como la de los peregrinos, brillen en vuestras manos antorchas encendidas, y vosotros sed semejantes a los criados que están a la espera de su amo” (San Lucas, 12, 35).

En efecto, la suerte de la Iglesia es también la nuestra; cada una de nuestras almas es objeto, por parte de Dios, de una misericordia y de una providencia semejantes a las que emplea con la misma Iglesia. Sí ella es el templo de Dios, es porque se compone, de piedras vivas; si es la Esposa, es porque está formada por todas las almas invitadas a la unión eterna con Él. Si es cierto que está escrito que el Salvador conquistó a la Iglesia con su Sangre (Hebreos, 20, 28), cada uno de nosotros hablando de sí mismo puede decir como San Pablo: Cristo me amó y se entregó por mí (Gálatas, 2, 20). Siendo pues idéntica nuestra suerte, debemos esforzarnos durante el Adviento en asimilar los sentimientos de preparación que vemos que embargan a la Iglesia.

En primer lugar, es un deber nuestro el unirnos a los Santos del Antiguo Testamento para pedir la venida del Mesías y pagar así la deuda que toda la humanidad tiene contraída con la misericordia divina. Para animarnos a cumplir con este deber, transportémonos con el pensamiento al curso de estos miles de años, representados por las cuatro semanas del Adviento y pensemos en aquellas tinieblas, en aquellos crímenes de toda clase en medio de los cuales se movía el mundo antiguo. Nuestro corazón debe sentir con la mayor viveza el agradecimiento que debe a Aquel qué salvó a su criatura de la muerte y que bajó hasta nosotros para ver más de cerca y compartir todas nuestras miserias, fuera del pecado. Debe clamar con acentos de angustia y confianza hacia Aquel que se dignó salvar la obra de sus manos, pero que quiere también que le hombre pida e implore su salvación. Que nuestros deseos y nuestra esperanza se dilaten con estas ardientes súplicas de los antiguos Profetas que la Iglesia pone en nuestros labios; abramos nuestros corazones hasta en sus últimos repliegues a los sentimientos que ellos expresan.

Cumplido este primer deber, pensaremos en el advenimiento que el Salvador quiere hacer en nuestro corazón. Advenimiento lleno de dulzura y de misterio y que es consecuencia del primero, puesto que el Buen Pastor no viene solamente a visitar a su rebaño en general, sino que extiende sus cuidados a cada una de sus ovejas, aún a la centésima que se había extraviado. Ahora bien, para captar todo este inefable misterio, es necesario tener presente que así como no podemos ser agradables a nuestro Padre Celestial sino en la medida que ve en nosotros a Jesucristo, su Hijo, este Divino Salvador tan bondadoso se digna venir a cada uno de nosotros para transformarnos en Él, si lo consentimos, de suerte que no vivamos ya nuestra vida sino la suya. Éste es el objetivo del Cristianismo: la divinización del hombre por Jesucristo. Tal es la tarea sublime impuesta a la Iglesia. Con San Pablo dice Ella a los fieles: 

“Vosotros sois mis hijitos, pues os doy un nuevo nacimiento para que Jesucristo se forme en vosotros” (Gálatas, 4. 19).

Pero lo mismo que al aparecer en este mundo, el Divino Salvador se mostró primeramente bajo la forma de un débil niño, antes de llegar a la plenitud de la edad perfecta necesaria para que nada faltase a su sacrificio, del mismo modo tratará de desarrollarse en nosotros. Ahora bien, es precisamente en la fiesta de Navidad cuando quiere nacer en las almas y cuando derrama sobre su Iglesia una gracia de Nacimiento, a la cual no todos son ciertamente fieles. Porque mirad la situación de las almas a la llegada de esta inefable fiesta. Las unas, el número más reducido, viven plenamente de la vida de Jesucristo que está en ellas y aspiran continuamente a crecer en esta vida. Las otras, en mayor número, están vivas ciertamente, por la presencia de Cristo, pero enfermas y endebles por no desear el aumento de esta vida divina; porque su amor se ha resfriado. Los demás hombres no gozan de esta vida, están muertos, porque Cristo dijo: “Yo soy la vida”.

Durante los días del Adviento pasa llamando a la puerta de todas estas almas, bien sea de una manera sensible; o bien de una manera velada. Les pregunta si tienen sitio para Él, para que pueda nacer en ellas. Y aunque la posada que reclama sea suya, porque Él la construyó y la conserva, se queja de que “los suyos no lo quisieron recibir”, al menos la mayoría de ellos.

“Por lo que toca a aquellos que lo recibieron, les dio poder para hacerse hijos de Dios y no hijos de la carne o de la sangre” (San Juan, 1, 11-13.)

Preparaos, por tanto, vosotras, almas fieles; que lo guardáis dentro de vosotras como un preciado tesoro y que desde tiempo atrás no tenéis otra vida que su vida, otro corazón que su corazón, otras obras que sus obras, preparaos a verlo nacer en vosotras más hermoso, más radiante, más poderoso que hasta ahora lo habíais conocido. Tratad de descubrir en las frases de la santa liturgia estas palabras misteriosas que hablan a vuestro corazón y encantan al Esposo.

Ensanchad vuestras puertas para recibirlo nuevamente, vosotras que lo tenéis ya dentro pero sin conocerlo; que lo poseéis pero sin gozarlo. Ahora vuelve a venir con renovada ternura; ha olvidado vuestros desdenes, quiere renovarlo todo. Haced sitio al Divino Infante porque querrá crecer en vosotras. Se aproxima el momento. Las palabras de la liturgia son también para vosotras; hablan de tinieblas que sólo Dios puede deshacer, de heridas que sólo su bondad puede curar, de enfermedades que únicamente pueden sanar por su virtud.

Y vosotros, cristianos, para quienes la Buena Nueva es como si no existiera, porque vuestros corazones están muertos por el pecado, bien se trate de una muerte que os aprisiona en sus cadenas desde hace mucho tiempo, o bien de heridas recientes: he aquí que se acerca el que es la vida. “¿Por qué habréis de preferir la muerte? Él no quiere la muerte del pecador sino que viva” (Ezeq. 28, 31-32). La gran fiesta de su Nacimiento será un día de universal misericordia para todos los que quieran recibirlo. Éstos volverán con Él a la vida; desaparecerá toda su vida anterior, “y la gracia sobreabundará allí donde la iniquidad ha abundado” (Romanos, 5, 20).

Y si la ternura y suavidad de este misterioso advenimiento no nos seduce, porque tu recargado corazón no es capaz todavía de experimentar confianza, porque después de haber sorbido la iniquidad como el agua, no sabes lo que es aspirar por amor a las caricias de un Padre cuyas llamadas has despreciado, entonces debes pensar en ese otro Adviento terrorífico que ha de seguir al que se realiza silenciosamente en las almas. Escucha los crujidos del universo ante la proximidad del Juez terrible. Contempla los cielos huyendo ante tu vista, desplegándose como un libro; aguanta, si puedes, su aspecto, su mirada deslumbrante: mira sin estremecerte la espada de dos filos que sale de su boca (Apocalipsis, 1, 16); escucha, por fin, esos gritos lastimeros: “Oh montes, caed sobre nosotros; oh rocas; cubridnos” (San Lucas, 23, 30). Estos gritos son los que lanzarán en vano aquellas desgraciadas almas que no quisieron conocer el día de su visita. Por haber cerrado su corazón a Dios que lloró sobre ellas, bajarán a horas vivas al fuego eterno, cuyas llamas son tan ardientes que devoran los frutos de la tierra y los más ocultos fundamentos de las montañas. Allí es donde el gusano eterno roe un pesar que no muere nunca.

Aquellos que no se conmueven ante la noticia de la próxima venida del celestial Médico, del Pastor que generosamente da la vida por sus ovejas, mediten durante el Adviento en el tremendo pero innegable misterio de la Redención humana, inutilizada por la repulsa que de ella hace con frecuencia el hombre. Calculen sus fuerzas y si desprecian al Infante que va a nacer, consideren si serán capaces de luchar con el Dios fuerte el día que venga, no a salvar, sino a juzgar.

Por lo demás, este temor no es sólo propio de los pecadores, es un sentimiento que debe experimentar todo cristiano. El temor, si va solo, hace esclavos; si lo acompaña el amor, dice bien del hijo culpable que busca el perdón de su irritado padre. Aún cuando el amor lo arroje fuera, a veces reaparece como un rayo pasajero, para conmover felizmente, el corazón del alma fiel hasta sus más íntimos fundamentos. Entonces siente revivir en sí el recuerdo de su miseria y de la gratuita misericordia del Esposo.

De todo esto se puede sacar en consecuencia que el Adviento es un tiempo dedicado principalmente a los ejercicios de la vía purgativa; esto está bien significado por aquella frase de San Juan Bautista que la Iglesia repite con tanta frecuencia durante este santo tiempo: “¡Preparad los caminos del Señor!” Que cada uno de nosotros trabaje, pues, seriamente en allanar el camino por donde ha de entrar Cristo en su alma. Los justos, siguiendo la doctrina del Apóstol, “olviden lo que han hecho en el pasado” y trabajen con nuevos ánimos. Apresúrense los pecadores a romper los lazos que los cautivan, las costumbres que los dominan; mortifiquen su carne, comenzando el duro trabajo de sujeción al espíritu. Oren sobre todo con la Iglesia. De esta manera, cuando venga el Señor, tendrán derecho a esperar que no pase de largo por su puerta sino que entre, puesto que ha dicho (Apocalipsis, 3, 20), dirigiéndose a todos: “He aquí que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abriere, entraré en su casa”.
Dom Próspero Guéranger, de su obra “El año litúrgico”.

Espiritualidad Paulina – Seguir a Cristo

Espiritualidad Paulina – Seguir a Cristo

Para San Pablo, la espiritualidad significó “vivir” en Cristo y apreciar los dones del Espíritu otorgados para “construir el Cuerpo de Cristo” aquí y ahora. No se puede hablar del seguimiento de Cristo, del proceso de la vida cristiana, de la fraternidad, de la oración, de la espiritualidad cristiana sin entrar de fondo en lo que es la vida en Cristo. Por eso Pablo no se cansa de repetir la frase “ser en Cristo.” El cristiano existe en Cristo (1Cor. 1-2; Rom. 8,1), es uno en Cristo (Gal. 3, 28), y es santificado en Cristo (1 Cor. 1,2).

La culminación de ser en Cristo y de ser habitados por Dios, es vivir en El: el Espíritu de Dios habita en vosotros (Rom. 8, 9,11); no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mi (Gal.2, 20).

Estar en Cristo, participar de la vida que él tiene y es, recibida del Padre, es el centro y el fundamento de la existencia del creyente, y la máxima plenitud a la que todos podemos aspirar. Es conocer al Padre, amar al Padre, confiar en el Padre, vivir en comunión con el Padre, escuchar al Padre. (Col. 1,9-10).

No existe una manera rápida para alcanzar este reto, para convertirnos a Dios y transformar nuestras vidas. Exige años de esfuerzo, de búsqueda, de escuchar todo de la vida, de aprender a escuchar la voz de Dios.

En medio del ruido ensordecedor de la vida diaria, escucha con el corazón de Cristo. Escucha con oído de amante. Escucha la voz de Dios. Escucha en tu propio corazón el sonido de la verdad.

Hasta que algún día podamos escuchar a aquellos que amamos, pero sobretodo podamos llegar a amar a los que nos desagradan y descubrir que la santidad está aquí y ahora. Entonces podremos recoger la cosecha de toda una vida de conocer a Cristo, de ser en Cristo, y afirmar con san Pablo: «vivo, no yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gal.2,20)

Queridas hnas. Y hnos. en Cristo:
Estamos celebrando hoy la Solemnidad de la Stma. Trinidad.
Santísima Trinidad
Anoche tuve un sueño muy curioso (y hasta sorprenderte). Está relacionado con la homilía de hoy. Soñaba que el Papa decidía cambiar el dogma de la Stma. Trinidad. Declaraba que ya no se diría de Dios que es tres Personas distintas – Padre, Hijo y Espíritu Santo – en una sola naturaleza divina. Sino que de hoy en adelante sólo se afirmaría de Dios que es Padre e Hijo”, …porque en cuanto al Espíritu Santo éste pasaría a ser como una forma espiritual solamente del mismo Padre o del mismo Hijo, pero no una de las Tres Personas que adoramos como Dios. El propósito del Papa era conocer las reacciones de los fieles: quería ver hasta dónde afectaba en la vida de los creyentes semejante cambio. El Papa presentía que en la mayoría de los fieles esto sería tan indiferente como si sólo se tratara de una noticia más, pero que en absoluto cambiaría el modo de vivir: los creyentes almorzarían tan tranquilos hoy como lo hicieron en el día de ayer.
Tú, ¿Almorzarías tan tranquilo si este sueño fuera realidad?
Sospecho que existe una tendencia común a los cristianos de creer en un Dios que está desligado de sus vidas; un Dios que no parece haber actuado en nuestra historia.
Pero hay un hecho claro: la experiencia de Jesús Resucitado cambió la vida de los discípulos. Aquí hubo un encuentro, una experiencia transformante.
El Viernes Santo eran discípulos miedosos.
El Domingo son testigos valientes.
¿Qué sucedió?
En primer lugar, es Jesús quién se aparece: es su iniciativa. Por lo tanto, una gracia (es una experiencia de gracia)
En segundo lugar, está el asentimiento libre de los discípulos (la S.E. dice incluso que “dudaron”).
Y, en tercer lugar, queda por realizar una misión: el ser testigos.
Aquel Domingo cambió la historia de la humanidad.
¿Ha cambiado tu vida? Esa era la preocupación de fondo que el Papa tenía en el sueño.
Desde este acontecimiento me gusta contemplar y reflexionar sobre el misterio de la Santísima Trinidad.
I.-) ¿Quién es el Padre?¿Cómo se revela (en la Pascua de Resurrección)?
La S.E. nos dice que “Dios – (el Padre) – lo ha resucitado”, Cf. Hch. 2,24, etc.
Es el Dios de nuestros padres: “Abraham, Isaac y Jacob”.
El Padre lo ha constituido Señor y Cristo.
El Padre ha dado su GRAN “Sí” liberándolo de la muerte.
II.-) ¿Quién es el Hijo? ¿Cómo se revela (en la Pascua de Resurrección)?
“Cristo ha Resucitado” nos anuncia el Evangelio (cf. Mc.16,16; Mt.27,64, etc.).
[En San Juan 2,19.21 Jesús ha dicho: “destruyan este templo…”].
El Hijo tiene “Vida en sí mismo” nos Jesús en San Juan (5,26).
El es la Primicia de Nueva Humanidad (Cf. I-Cor.15,20,28).
El Hijo es dador de vida (Cf. Jn.20,21)
III.-) ¿Quién es el Espíritu Santo? ¿Cómo se revela (en la Pascua de Resurrección)?
El Espíritu Santo se nos manifiesta como Espíritu de comunicación.
Porque Vincula al Padre con el Hijo al resucitarlo de entre los muertos.
[(En efecto,) nos dice la I-Carta de San Pedro (3,18) que el Hijo “ha sido vivificados en el Espíritu”.]
También vincula a los hombres con el Resucitado: éstos participan de la vida nueva. Los Hechos de los Apóstoles nos dicen que: “después de haber recibido del Padre el Espíritu Santo, que había prometido, lo derramó” [sobre toda carne] (Hch. 2,32).
Por lo tanto, el Espíritu no es el Padre: es dado por Él.
No es el Hijo: éste lo recibe y lo da.
El Espíritu es alguien distinto:
[- se debe bautizar no sólo en el nombre del Padre y del Hijo sino también del Espíritu Santo (cf. Mt. 28,19)]
[- San Pablo habla claramente de la gracia del Hijo, el amor del Padre y de la comunión del Espíritu Santo.*
En conclusión, en la Resurrección, la Trinidad se ofrece como unidad:
Unidad del Padre: el Resucitante.
Del Hijo: el Resucitado;
Y del E.S: quien resucita y da vida, es dado y recibido.
Pero la Resurrección sin la Cruz queda vacía;
Y la Cruz sin la Resurrección es una Cruz ciega, sin futuro ni esperanza.
En el tema de la Pasión, la palabra que ayuda entrar en el misterio de la S.T. es “la entrega”.
1) El Hijo se entrega él mismo (cf. Gal. 2,20; Ef. 5,2).
Es un signo de ofrenda por nosotros y de su amor al Padre.
Su grito [en la Cruz] es un signo del abismo de dolor y de destierro para en entrar en nuestro sufrimiento y llevamos a la reconciliación con el Padre.
2) La entrega del Padre está expresada en San Juan con estas palabras: “ha amado tanto al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito para que el que crea no muera sino tenga vida eterna”, (3,16).
[se revela su amor por los hombres en cuanto les ha llamado “amigos”, (cf. Jn. 15,13)].
3) La entrega del espíritu Santo la vemos reflejada en las siguientes palabras de Sn Juan: “inclinando la cabeza entregó su Espíritu”, (19,30). Es el acto supremo: el Hijo entrega el Espíritu al Padre para quedar lejos de Dios, desterrado con los pecadores, para poder entrar juntos con él en la cercanía de Dios, cuando el Padre al tercer día le entregue nuevamente el espíritu.
En conclusión, en la Cruz, la Trinidad se ofrece como unidad:
Unidad del Padre: que entrega a su Hijo;
Unidad del Hijo: que se entrega él mismo;
Y unidad del E.S.: que es entregado por el Hijo;
Y que acogido por Padre.
Por tanto, UNO es el Dios que actúa en la Cruz y en la Resurrección: [como dice Lafont] “en su misterio pascual Jesús nos ofrece la imagen perfecta de la vida trinitaria”
Retomando el sueño que tuve con el Papa cabe preguntarnos si esta historia de Dios – que es una Historia de Salvación y por lo mismo una historia de Amor- ¿qué tiene que ver con nuestra vida? ¿Acaso no sería un almuerzo distinto si al Papa se le ocurriese afirmar una cosa diferente de la que es nuestra experiencia de vida? En otras palabras, es vital la experiencia del encuentro con el Resucitado.
Ahora los invito a este encuentro con él en la mesa de la eucaristía: encuentro que no es sólo con el Hijo que se da; sino también del Padre que lo da; y con el E.S. que nos une y vincula al Padre y al Hijo.
Por un Trapense.

El Celibato Sacerdotal

El Celibato Sacerdotal

El Celibato Sacerdotal

Por: Joel Adán Domínguez

El celibato se ha convertido en una controversia dentro y fuera de la Iglesia Católica, la gran mayoría de los pastores protestantes son casados, en algunas congregaciones es una obligación que sean casados, y en cambio, los sacerdotes Católicos han decidido ser célibes para servir al Señor.

Esto es una cosa que se ve con la mejor disposición para quien entiende que ser célibe es la mejor manera de servir al Señor, lo lamentable es que las sectas protestantes se meten en todo, hasta pretender meterse en las decisiones de quienes deciden dejarlo todo y consagrar su vida a Dios. De un tiempo para acá los periodistas se han encargado de difamar a la curia de la Iglesia y a todos los sacerdotes diciendo que la gran mayoría de los conflictos internos y sobre todo los casos de sacerdotes pederastas se debe a que la iglesia les prohíbe el matrimonio. Pero veamos que esa es una verdad mediática, que no decirla completa solo confunde, pues ¿a quién se le obliga a ser sacerdote?

EL SERVICIO A DIOS

Los hermanos separados citan:

Gn 1,28… creced y multiplicaos…

Esto como un mandato bíblico, pero ¿Qué pasa con las personas que no se pudieron casar? No podríamos decir que pecaron, por tanto, no podemos decir que sea obligatorio casarse.

Para el sacerdocio Católico en la Iglesia de rito latino es obligatorio no casarse, mas en la Iglesia oriental no lo es, pero en la Iglesia Católica de oriente, al que decide ser célibe, (la mayoría de los casos) se le ve de una manera extraordinaria, y conlleva mayor respeto para un sacerdote célibe que se ocupa solo de su iglesia.

Los sacerdotes Católicos son célibes porque han decidido seguir a Jesús, y Jesús el Señor y Sumo Sacerdote no se casó (Hb 4,14).

Los sacerdotes Católicos son célibes porque quieren imitar a Juan el Bautista, que dedicó su vida al Señor (Lc 1,13-17).

Los sacerdotes Católicos son célibes por consejo de San Pablo, cuando siguió a Cristo decidió no casarse, para dedicar el resto de su vida al Señor.

1 Co 7,8… no obstante digo a los solteros y a las viudas: bien les conviene quedarse como yo, pero si no pueden contenerse cásense, pues es mejor casado que abrazado.
1 Co 7,32-40… porque el no casado se ocupa de las cosas del Señor y de cómo agradar al Señor. Y el casado se ocupa de las cosas del mundo y de cómo agradar a su mujer, por tanto, es un hombre dividido…os digo esto para nuestro bien, no para lanzarles un lazo, sino para moverlos a lo mas digno del trato asiduo en el Señor, sin distracciones… será mas feliz permanecer así según mi consejo; pues también yo creo tener Espíritu Santo.

El apóstol san Juan, cuando siguió a Cristo desde su adolescencia, permaneció toda su vida célibe, nunca en la biblia y ni por rumor se le conoció esposa alguna.

A ciencia cierta solo conocimos esposa de Pedro, porque Pedro al seguir a Cristo, ya tenía esposa (Mt 8,7).

De la misma manera, no encontramos en la Biblia ni en la tradición de la Iglesia a esposas de Santiago, Judas el Tadeo, Mateo etc. aunque es muy posible que varios de los doce si iban en compañía de sus esposas como lo iba Pedro (1 Co 9,5). La traducción de 1 Co 9,5 es muy variada, pues literalmente quiere decir “Una mujer hermana” o “Una mujer acompañante de la fe” o mejor dicho “una mujer cristiana” pero como es de esperarse, las traducciones protestantes dicen “una esposa” cuando no es posible según el griego asegurar esta traducción afirmativa, pues la palabra mas utilizada para afirmar que alguien es esposa del alguien es “mujer de”, “tu mujer” etc. por ejemplo Mt 1,20. Pablo no utiliza las palabras “mujeres de ellos” sino mujeres hermanas. Lo más factible sería que estas mujeres fueran servidoras que se ocupaban de las cosas materiales de los apóstoles, como el caso de Jesús en Lc 8,2-3 pues sabemos que Jesús no tenía esposas.

En la Biblia Reina Valera dice “esposa”, pero la palabra que aquí aparece en griego es gunaike- gunaika, que quiere decir mujer, pero lo peor es que aparte en 1 Co 9,5, va acompañada de la palabra hermana, o sea una mujer hermana, no mujer solamente, que es imposible traducirse como esposa, pero la Biblia Reina Valera ha llegando al absurdo de traducir: … ¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una hermana por esposa? pero ni modo, así es el mundo de quien traduce las Biblias para que el hombre no encuentre la verdad y el sentido de las escrituras.[1] Nuevo testamento interlineal Griego – Español, del protestante Francisco Lacueva. p 678.

Los hermanos separados citan:

1 Tim 3,1-12… si alguno aspira al cargo de obispo, buena obra desea, es pues necesario que el sea irreprensible, casado una sola vez, sobrio, sensato, educado… el diacono es necesario que sea digno, noble, no dado a beber mucho vino… sean casados una sola vez.
Tit 1,6… el candidato tiene que ser intachable, casado una sola vez.

Nos damos cuenta que esto no es un mandato, sino un requisito no imperativo, que el que sea casado tenía que serlo una sola vez, era indispensable que lo sea una sola vez, pues si no pudo sostener un matrimonio anteriormente, mucho menos podría sostener un matrimonio y aparte su servicio a la Iglesia, pues dice San Pablo que sean casados una sola vez, no que tenían que ser casados solamente, pues el que era casado que lo sea una sola vez, en la Iglesia primitiva el que era casado antes de entregarse al servicio de Cristo así permanecía, pero el que no, también permanecía como estaba, testimonios de célibes sobran, pues está el mismo san Pablo que escribió esto, el apóstol san Juan, san Ignacio de Antioquia, san Justino Mártir, Clemente de Roma, etc. y la gran mayoría de los papas desde el principio que permanecieron célibes. Jesús mismo recomendó permanecer célibe para servir a Dios.

Lc 18,29… yo os aseguro que nadie que haya dejado casa, mujer, hermano, padre, madre e hijos, por el reino de los cielos quedará sin recompensa.
Mt 19,11-12… no todos entienden este lenguaje sino a los que se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así desde el seno de su madre, hay eunucos que fueron hechos así por los hombres, pero hay quienes se hicieron así mismos por el reino de los cielos. Que entienda el que pueda…

Eunuco: hombre castrado incapaz de contener matrimonio y tener descendencia.

Vemos que ningún pastor protestante entiende este lenguaje del Señor. Lo malo del asunto es que muchos de estos pastores viven molestando para que mucha gente siga sin entender. El celibato en la Iglesia primitiva no era obligatorio, pero si era la mejor recomendación para quienes desean servir a Cristo.

San Ignacio de Antioquia, año 107 o 110 d.C. “Epístola a Policarpo de Esmirna”

Cap. V… recomienda a mis hermanos (presbíteros)… que si alguno puede permanecer en castidad para honrar la carne del Señor, que lo haga sin jactarse… si se casan que lo hagan con una celebración con el consentimiento del Obispo… Que todo se haga para honra de Dios.

Los hermanos separados citan:

1 Tim 4,1-3… en los días postreros, algunos renegarán de la fe para seguir espíritus seductores y doctrinas falsas, aparecerán hombres mentirosos con la conciencia marcada con la señal de los infames, estos prohíben el matrimonio y comer ciertos animales…

Ellos dicen que la Iglesia prohíbe casarse a los sacerdotes, es cierto que el papa con su poder de atar y desatar prohibió casarse desde el siglo III a los que quieran ser ministros del Señor, mas a nadie se le obliga a ser sacerdote, y por tanto, en la Iglesia no se prohíbe el matrimonio, muy probablemente Pablo se refería en su tiempo a los Esenios o posteriormente a los Maniqueos, que pensaban que el matrimonio era algo malo y esclavizante, y tenían como regla el no casarse así fueran fieles o ministros. La Iglesia no prohíbe el matrimonio a los demás, comparar el celibato con prohibir el matrimonio es una comparación pésima, pues el celibato es un acto voluntario y la prohibición es un acto involuntario. Por otro lado olvidan que Pablo no se casó. Pobre san Pablo, tanto que lo leen y ningún hermano separado sigue su forma de vida.

El matrimonio en la Iglesia Católica es algo tan sagrado que no hay motivos para prohibirse, es el acto más grande que puede hacer una pareja; consagrar su vida en unión con Dios (Ef 5,32). para la Iglesia Católica el matrimonio es un sacramento que no se puede disolver, una vez casado ya no podrás descasarte como sucede en las Iglesias separadas que toman como un acto formal de unión, donde se pueden casar y descasar. En la Iglesia Católica, lo que Dios unió no lo separe el hombre (Mt 19,6-9) (Mt 5,32) (1 Co 7,10).

¿ PROBLEMAS DEL CELIBATO ?

Algunas veces en las noticias hemos visto un fenómeno que nunca antes se había observado, están saliendo sacerdotes violadores, sobre todo en Estados Unidos, las cifras no son como el demonio las quisiera ver pues de los pocos casos el 80% sale exonerado de culpas. Pues alguien que es acusado no es culpable hasta que se demuestre lo contrario, y en caso de injusticia, allá está Dios quien todo lo ve y todo lo juzgará.

La situación ha dado cabida a que los hermanos separados hagan leña del árbol caído, dan pena ver que hasta en su proselitismo ya divulgan con más fuerza lo que ni las noticias dicen, pero lo peor de todo es que culpan al celibato de que pase esto.

La situación con alguien que viola a alguien, no es por haber hecho votos de celibato, pues entre los violadores, los sacerdotes no están ni en las cifras de denuncias del porcentaje de tipo de personas que viola a menores, consulte cifras recientes confiables sino que los familiares son los principales causantes de violaciones a menores.

Así que el celibato queda de lado del que sea un motivo de violaciones, cuando algún sacerdote ya “no aguanta las ganas” se pide una dispensa y queda libre de casarse con quien quiera porque el obispo reduce su situación al estado laical, y sigue siendo un Católico y fiel al Señor como cualquier otro. Conozco el caso de muchísimos padres de familia, santos y excelentes, que antes eran sacerdotes y en medio de su servicio a Dios se enamoraron y decidieron dejar bien su situación con la Iglesia, pero conozco casos como el del ahora reverendo Alberto que no solo no se atrevió a decir la verdad a su feligresía ocasionando un escándalo por haberlo descubierto, sino que comenzó a decir hipócritamente que la Iglesia estaba mal al no dejar que se casara cuando el mismo defendía el celibato católico, en este caso no es sabio cambiar de opinión, ya que ya vimos la opinión del propio Jesús.

El Padre Alberto, cuando era un exelente defenzor de la Iglesia… y el ahora reverendo Alberto de la Iglesia Episcopal, pero ahora anda diciendo que la Iglesia está equivocada

A pesar de que ha habido muchos rumores de pederastas, los condenados son pocos, pero de esta manera, también ha habido pastores protestantes violadores sobre todo en el estado de Chiapas México y en Centroamérica (que son casados), inclusive se ha visto en las noticias que llegan a pedir a las hijas de los fieles para tener relaciones sexuales con tal que el pastor les pase por alto el diezmo o la condenación. Y qué decir del líder de las iglesias evangélicas en Estados Unidos que fue demandado por un homosexual, un escándalo que muchos hermanos separados mejor se callaron, porque tienen que dar la impresión de que en su iglesia hay pura santidad, pues el pastor tuvo que aceptar sus culpas. Es por eso que es mejor que los hermanos separados en vez de juzgarnos se pongan en oración con nosotros y le pidamos fuerzas a Dios para superar nuestras debilidades.

El pastor Evangelico de miles orante y perseverante en la fe y despues en una entrevista confesando los hechos.

Todo esto anterior se puede resumir en unas cuantas palabras:

Lc 6,37… no juzguéis sino queréis ser juzgados, no condenéis sino queréis ser condenados…

QUE UN CURA NO SEA CÉLIBE SI ES PROBLEMA

Todos hablamos de que no tiene nada de malo que un sacerdote sea casado, eso de antemano sabemos que no, no es malo, pero dejamos de lado todos los problemas que hay en que un hombre dividido sea nuestro pastor, ya que nuestra administración pastoral no es como la administración de las iglesias protestantes, evangélicas, pentecostales y demás, en esas iglesias todos los pastores son casados, la mayoría son profesionistas, tienen algún trabajo a parte de pastorear su iglesia, en algunas iglesias más serias los únicos que pueden alcanzar el grado de pastor son los que estudiaron teología.

¿Pero qué viene al caso eso? La cuestión es que los pastores tienen a su mujer, y su familia, pero no están de tiempo completo atendiendo a su feligresía, la iglesia que atienden se reúne si acaso 5 veces a la semana, solo un par de horas, mientras que los pastores católicos están día y noche al servicio del feligrés, ministrando las cosas del Señor, la mayoría de nuestros templos tienen algún cuartito donde nuestros sacerdotes viven. ¿te has puesto a pensar lo que pasaría si fuese casado tu sacerdote?

Imagina que pasaría cuando a tu sacerdote siendo cura o vicario, el obispo decidiera enviarlo a otra comunidad, esto sucede a menudo, porque el obispo sabe de las capacidades de cada uno de sus sacerdotes y tiene que moverlos de una comunidad a otra, un hombre solo va y viene sin tanto problema de una parroquia a otra, pero trasladar a una familia entera de una comunidad a otra entorpecería las labores pastorales del obispo, las escuelas de los niños, el trabajo de la esposa (si tuviese) todo tendría que mudarse.

Todos sabemos que nuestros pastores deben ser el ejemplo vivo del evangelio, debe ser Cristo entre nosotros, y yo tengo constatado que la mayoría de nuestros pastores son personas que buscan día a día la santidad, pero ¿Qué pasaría si la esposa no fuera como se ve su marido? ¿Qué diría toda la gente si el sacerdote tuviese un hijo rebelde como nos suele suceder? Imagina como criticarían al sacerdote que todos los domingos nos exhorta a la santidad teniendo un hijo así.

¿Qué pasaría si en una comunidad donde tienen cura y vicario las esposas de ambos no se la llevaran bien?

¿Qué se pondría a murmurar toda una comunidad si un sacerdote llegase a separarse de su mujer?

Imagínate un domingo sin misas porque el cura se ocupó de un asunto familiar. Ponte a pensar que pasaría si tu sacerdote estuviera casado con una señora celosa.

Ahora bien, muchos hermanos separados me podrán decir que eso no pasa en su Iglesia, pero como comenté al principio, sus pastores no atienden de tiempo completo la Iglesia, por eso fácilmente acomodan un horario para atender a los feligreses, y aun así, yo les aseguro que mas de algún conflicto ha de haber, algo se ha dejado de hacer porque el pastor es un hombre dividido que no entrega su vida completamente al servicio de Dios.

Esto que les digo seguramente pasó en los primeros siglos del cristianismo, por esto y más, la Iglesia tuvo que poner la norma ya en el siglo III de que los hombres que quisieran servir a Dios en la Iglesia debían ser solos, el poner esta disciplina debió ser algo tan obvio como necesario, además de que como vimos, todo está apoyado por consejo bíblico.

CONCLUSIÓN

El celibato en nuestros sacerdotes es de admirarse, en lo personal admiro mucho a los que decidieron consagrar toda su vida al servicio de Dios, imitando al Hijo del Altísimo, imitando la vida que llevó Juan el Bautista, san Pablo y varios apóstoles y la gran mayoría de los sucesores de los apóstoles. Esperemos pues que los hermanos separados algún día comprendan la decisión que tomaron nuestros pastores, que merecen nuestro respeto porque se animaron a dejarlo todo para seguir al Señor.

Mt 19,27-29… Pedro tomando la palabra le dijo: ya lo vez, nosotros hemos dejado todo por seguirte ¿Qué recibiremos pues?… todo aquel que haya dejado casa, padres, hermanos, hijos o campos por mi nombre, recibirá el ciento por uno, y heredará la vida eterna.
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“No hay duda que ser célibe es la mejor manera de servir a Dios, lo malo es que no conozco un sólo pastor protestante que quiera entregar completamente su vida a Jesucristo.”
Autor
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“Si la Iglesia Católica es fuerte, se debe al celibato de sus sacerdotes.”
Mahatma Gandhi

[1] Nuevo testamento interlineal Griego – Español, del protestante Francisco Lacueva. p 678.

El Megalinario de la Virgen y los Salmos (Lc 1:46-55)

1. Introducción

El himno de María en Lucas 1:46-55 ha marcado la liturgia cristiana en sus diferentes familias y tradiciones. El megalinario o magníficat pertenece al servicio diario de las matutinas de rito bizantino. En la iglesia latina se lo reza todas las vísperas. El himno conserva una gran afinidad con los otros tres himnos del evangelio de la infancia de Lucas: el benedictus (Lc 1:67-79), el gloria (Lc 2:13-14) y el nunc dimittis (Lc 2:28-32). Todos estos himnos están presentes en los servicios diarios de la liturgia bizantina y dan testimonio de la gran influencia que la obra de Lucas ha tenido en la constitución del culto cristiano.Siempre se ha dicho que el himno está inspirado en el cántico de Ana de 1Sam 2:1-10 (Brown, 358-60). Pero por otra parte pocas veces se ha tematizado la relación de este hermoso himno con el libro de oraciones de la Iglesia por excelencia que es el libro de los Salmos y que es el libro más citado por el himno. Esto es lo que estudiaremos más detalladamente en el artículo, no sólo por las citas evidentes sino también por la estructura y el contenido teológico central del himno.

2. El género literario del himno

Una primera lectura atenta del himno nos permite deducir que se trata de una alabanza a la actuación salvífica de Dios. Justamente este es el tema principal de los salmos que pertenecen al género literario “alabanza”. Alonso Schökel, un especialista en los salmos, define este género diciendo que el salmo de alabanza “es un canto de alabanza a Dios, de ordinario por sus obras. El tono es festivo y suele ser coral. Se puede esquematizar en introducción, cuerpo y conclusión. Su fórmula general o resumida es: ‘alabad-al Señor-porque es bueno” (p. 92). Esta definición, es perfectamente aplicable al megalinario en todo sentido. El aspecto coral está presente en el himno de dos maneras: en la primera parte María representa a todo el Pueblo de Dios y en la segunda parte cuando se menciona al pueblo como los humildes y hambrientos (vv. 52 y 53).La típica apertura del cuerpo de la alabanza es la conjunción porque. Esta conjunción está presente en los vv. 48-49. En esta sección se evocan las razones de la alabanza y ofrece la reflexión teológica fundamental del himno. El megalinario tiene dos secciones: en la primera parte María se refiere a la intervención divina en su vida personal (vv. 46-50), mientras que en la segunda parte María relee la historia de salvación de todo el Pueblo desde antaño (vv. 51-56). Esto es perfectamente aplicable con los salmos de alabanza en los que se celebra “el ser y el obrar de Dios, en la naturaleza y en la historia… Ser y acciones de Dios pueden concentrarse en títulos o predicados; un participio puede sintetizar una acción o enunciar una constante” (Schökel, 93). En el himno de María encontramos cuatro títulos y/o predicados divinos: “Salvador”, “Poderoso”, “de Nombre Santo” y “Misericordioso”. Por otra parte el himno de María carece de participios que hablen de la acción divina, por lo contrario tiene 10 verbos en pasado simple (aoristo) indicativo que describen el obrar de Dios: dos verbos cuyo objeto es la virgen (v. 48-49) y ocho verbos cuyo objeto es el pueblo de Dios (v. 51-54). El empleo de verbos en aoristo en los salmos de alabanza es fácilmente constatable en los Sal 33; 47; 65:11-12; 100:3 y en muchos otros.La conclusión de los salmos de alabanza suele retomar la idea del comienzo. En este aspecto el himno de María ofrece una conclusión genérica y resume la obra de Dios en los vv. 54-55: “Socorrió a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, de la cual habló a nuestros padres, para con Abraham y su descendencia para siempre”. Las palabras claves que conducen al lector a la primera parte del himno son sin lugar a dudas “misericordia” vv. 50 y 54 y la expresión “Socorrió a Israel su siervo” que es una paráfrasis de “Salvador” en el v. 47.
Resumiendo entonces, el megalinario consta de una introducción (v. 46b-47), un cuerpo que se subdivide en la obra a favor de María (vv. 48-50) y en la obra a favor de todo el pueblo (51-53) y finalmente una conclusión que resume la salvación de Dios. Como resultado del análisis del género literario el himno se puede segmentar y presentar las estrofas del himno de la siguiente manera:
3. Su relación con los Salmos

En cada uno de los ocho versos poéticos que componen este himno (señalados con números romanos en el texto) se puede detectar por lo menos una cita o alusión directa a los salmos. Hacer un cuadro sinóptico de esta intertextualidad sería muy aventurado o muy limitado porque la misma se realiza a diferentes niveles de la sintaxis y de la semántica de término y frases. Podemos decir que la intertextualidad se realiza en los siguientes aspectos: los términos “engrandecer” y “regocijarse” (vv. 46-47), los atributos divinos y los diez verbos de salvación, los atributos del pueblo de Dios y la teología salmista que veremos en la otra sección.
Es importante destacar que el vocablo “engrandecer” (en griego megalyno, de allí el nombre megalinario) corresponde a la raíz hebrea gdl, la cual es también usada con frecuencia en los himnos de alabanza del salterio (ver sobre todo Sal 20:6; 34:4; 35:27). Sin embargo el verbo “engrandecer” es raro en el Nuevo Testamento (ver Hch 10:46; 19:17) y quiere decir “alabar,” “exultar”. Generalmente este verbo se usa para reconocer la grandeza de Dios en oración delante de la comunidad. Éste es el nivel semántico que nos interesa. La grandeza por la que Dios es alabado, enaltecido no es la grandeza del gobernante que oprime, sino la de un salvador que viene a rescatar a los oprimidos y hambrientos (Bovon, p. 60).En cuanto a los atributos divinos y a los diez verbos de salvación también los encontramos como terminología propia del saltero. Dios se manifiesta como misericordioso, salvador y santo. Por otra parte es un Dios de acción, no tiene ni ciudad ni templo, sólo conoce gente con la que actúa para beneficio de ellos. El término misericordia (en griego: éleos) aparece dos veces en el himno (v. 50 y 54) y es una de las características más importantes del Dios de los Salmos. La misericordia es el hsd o la rhm del hebreo. Resalta la fidelidad de Dios para con los hombres y el pacto que hizo con ellos. Los verbos de acción son:
Todos los verbos tienen como objeto al pueblo de Dios. Los de efecto positivo y los de efecto negativo. En v. 51 “los soberbios” son parte del pueblo que ya no acepta la doctrina de Dios. La segunda parte del v. 50 confirma con la expresión “los que le temen” que el receptor de la acción es uno y el mismo pueblo. Los verbos: mirar, hacer, exaltar, colmar, socorrer y hablar describen la acción constructiva y redentora. Los verbos esparcir, quitar y enviar describen el rechazo de Dios a aquellos que se muestran indiferentes a su alianza y la interpretan para beneficio propio. En cuanto al aspecto de los aoristos, pues se puede sostener que son de tipo ingresivo. Es decir que enfatizan el comienzo de la acción y señalan su continuidad a través del tiempo. Éste es un uso típico de los aoristos en los salmos, como por ejemplo en “Reina el Señor, vestido de majestad” (Sal 93:1). Pero, tal como lo indica Bovon, parece ser más convincente considerar los aoristos en su uso profético, es decir que indica futuro. La razón para ello es que María habla de todo lo que el salvador hizo con ella antes de que el nacimiento sucediera y antes de que por lo tanto Cristo hiciera su obra salvífica. En este aspecto crucial el himno de María se diferenciaría profundamente con el de Ana que entonó su cántico después de haber dado a luz a su hijo y no en el momento de la promesa.Los atributos del pueblo de Dios se refieren particularmente a la humildad e indigencia del pueblo. Ambos, María y el pueblo son “humildes” (en griego: tapeinoi; vv. 48 y 52), además el pueblo está “hambriento” (en griego: peinôntas; v. 53) y es siervo de Dios (en griego: pais; v. 54). El adjetivo “humilde” es sinónimo de humillado en griego. Lucas elige esta palabra porque es la traducción de los LXX de muchos términos hebreos: 3ani, dakk, rwsh, dall, son traducidos muchas veces por “humilde” (tapeinos) en los salmos griegos de Los Setenta. El espíritu de esta palabra lo encontramos en versículos que hablan del los pobres que Dios salvará (Sal 12:6; 14:6; 72:4.12-14) y en los versículos donde el fiel se presenta ante Dios como oprimido y necesitado (Sal 40:18; 70:6; 86:1; 109:22). Si no lo hace así no tiene sentido que venga al médico, como dice Jesús.
4. Conclusiones 
El megalinario es un resumen de la fe y de la esperanza del Israel bíblico. Lucas nos recuerda todos los hechos salvíficos de Dios a Israel. Los temas de la santidad y la misericordia de Dios son uno de los ejes principales de himno y es por eso que entonarlo todas las mañanas antes de comenzar la labor diaria da fuerzas al creyente para enfrentar sus problemas cotidianos. El megalinario de los matutinos es un testimonio de fe que nos permite evocar la grandeza de la Virgen Teotokos y que nos hace experimentable las promesas de salvación.

Sectas Generadoras de Trastornos Mentales

Sectas Generadoras de Trastornos Mentales

Negación del Yo

Negación del Yo

SINDROME DE ADOCTRINAMIENTO SECTARIO

Los síntomas que desarrollan los adeptos durante su estancia en las sectas dan lugar a lo que se ha definido como el “Síndrome de Adoctrinamiento Sectario”. Se observa, sobre todo una radical transformación de la personalidad acompañada por una serie de síntomas y caracterizada, en buena medida, por una disociación entre la personalidad previa y la implantada por el grupo. Las siguientes cualidades son las más observadas en los casos que padecen el síndrome:

  • Presencia de “estados alterados de conciencia” (las operaciones del ‘Proceso de Internalización Cognitiva’ quedan alteradas, afectando la percepción acerca de lo que es bueno y malo para uno mismo y para los demás) manifestado a través de:
    • Un repentino y drástico cambio o alteración en sus sistemas de valores, incluyendo el abandono de sus metas académicas, sociales o laborales anteriores. Lo que es bueno y malo para su futuro dentro de la sociedad cambia, puesto que la realidad del mundo cambia y pierde interés en lo que la sociedad le ofrece.
    • Ataque a la evaluación del propio ‘yo’, desestabilizando los aspectos más centrales de la persona. Deterioro de la conciencia de sí mismos; el concepto sobre lo que es bueno y nocivo para sí mismo cambia totalmente.
    • Cambio en la personalidad de los adeptos, con fuertes sentimientos de culpa. Desarrollan gran sentido de culpa, porque únicamente su líder entiende y conoce los pensamientos e intenciones propias; pero constantemente le acusa, con el propósito de intensificar necesidades de superación dentro de la secta, en sus adeptos .
    • La conciencia social básica queda en el adepto minada. Su percepción de la realidad queda completamente alterada. Desarrollan una visión paranoica del mundo exterior y una desconfianza hacia sí mismos y hacia todos los que no pertenezcan a la secta. Se debe a que están convencidos de que únicamente su líder puede entender y conocer los pensamientos e intenciones del mundo exterior.
    • El control de las emociones queda en el adepto alterado. Como resultado de la técnica de persuasión coercitiva, que consiste en ‘Negar el Yo’ (Destruir su ego. Es un ejercicio comúnmente enseñado por los líderes sectarios y no se debe confundir con el ‘Mecanismo de Defensa’ llamado ‘Negación’, que utiliza la persona para negar la existencia de un conflicto; rechaza o ignora su realidad al sentirse incapacitado para resolverlo. Es similar al Mecanismo de Defensa, pero la práctica consiste en conscientemente negarse satisfacer alguna necesidad.) Desarrollan conflictos emocionales al tratar de reprimir conscientemente sus emociones y sentimientos. El sufrimiento se agudiza en ellos, cuando al aceptar humillaciones de su líder o al aceptarle tareas indignantes, voluntariamente se desarman de sus mecanismos de protección, respeto y consideración hacia sus sentimientos y emociones, creyendo que tales necesidades son producto de su egoísmo y tienen que sacrificarlo. El líder sectario les acusa y convence acerca de su profundo egoísmo y por ello tienen que vencerlo.
    • Los ‘Mecanismos de Defensa’ según los psicoanalistas, quedan alterados. Los utilizamos normalmente, como resultado de la autorregulación interna o del ‘Proceso de Equilibración del constructivismo de Jean Piaget’, cuando nos enfrentamos a un ‘conflicto cognitivo’ o a una disociación. Los‘Mecanismos de Defensa’ nos ayudan a encontrarle relación y lógica a lo inaceptable. Son reacciones que le permiten al adepto funcionar con normalidad, sin razonar. El Mecanismo de Defensa más utilizado por los adeptos es el de la ‘Negación’ y el peligro mayor de esta práctica no es el engaño, sino el grave daño emocional que se ocasionan. Por medio de la autosugestión aprenden a engañarse, ignorando y mostrando aparente indiferencia hacia cualquier dolor emocional. En algunas sectas el líder hace creer a los adeptos que tan solo seres muy superiores e iluminados pueden desasociarse  totalmente de sus sentimientos, porque su espíritu tiene la capacidad de poder desprenderse del cuerpo y de la persona. Esas sectas son las más peligrosas, el estado alterado de conciencia tiene la capacidad de suscitar el desarrollo del “Trastorno de Identidad Disociativo”, anteriormente conocido con el nombre de ‘Trastorno de la Personalidad Múltiple’ (El adepto se autosugestiona para en determinados momentos ignorar su propia identidad).
    • Falsa mejora de autoestima y seguridad; internamente esconde fuertes sensaciones de angustia. El verdadero sentir personal es suprimido. Se da cuando el adepto responde a las exigencias de mostrarse complacido, alegre y entusiasta todo el tiempo (Groenveld, 1999). Por medio de inducción de ideas y pensamientos, a través de técnicas sugestivas, el líder les enseña a autosugestionarse,  convenciéndose de que son más felices y de que dentro de la secta todos se aman, a pesar de experimentar frecuentes rechazos, humillaciones y desprecios. El líder les hace creer que el camino que les traza, a través de sus enseñanzas, les transforma en seres superiores en lo intelectual, lo espiritual, emocional y con capacidad de percepción superior al promedio.
  • Disminución de la flexibilidad mental. Intransigente, cerrado de mente, incapaz de aceptar otros puntos de vista.
  • Degradación de la inteligencia emocional. Como consecuencia del estado alterado de conciencia se da una disminución en la calidad de las relaciones familiares y extra-grupales. Ocurre una especie de retardo en su inteligencia racional, social y emocional.
  • Infantilización. Inducción a la dependencia y sensaciones de incertidumbre y duda; falta de autoconfianza. El líder sectario desarrolla en el adepto dependencia extrema hacia él; logra hacerles sentir inseguros de su criterio propio, tras aplicar técnicas coercitivas como el castigo, los gritos, humillaciones e insultos cada vez que toman decisiones o ejercen su criterio propio para resolver cualquier conflicto, sin previamente consultarle el curso de acción que debe seguir.
  • Cambia la personalidad del adepto con marcadas manifestaciones de miedo, ocasionado por las técnicas coercitivas utilizadas por el líder sectario; especialmente manifestaciones de terror y miedo a la maldición de un castigo. Los aterrorizan con desgracias, catástrofes, maldiciones al traidor, fuertes castigos y humillaciones a quien no cumpla, dude de la sobre naturalidad, la divinidad, decisiones y buenas intenciones líder y a quien no se adapte a las demandas del grupo.
  • Surge una personalidad dividida (separación entre la personalidad “sectaria” y la histórica). La persona abandona sus costumbres pasadas; el líder se vale del cambio, para demostrar que el resultado positivo de la conversión observada evidencia la efectividad de su enseñanza
  • Cambios físicos, incluyendo pérdida de peso, ocasionado por las dietas extremas o los frecuentes ayunos prolongados. El propósito del líder es poderle demostrar al adepto un cambio visual que exponga claramente un cambio positivo como prueba de fe, en combinación con la eliminación de algún vicio y costumbre que demuestre su mejora personal.
  • Deterioro en la apariencia física, debido a que pierde interés en el mundo social. El líder inculca en el adepto la creencia de que todo lo perteneciente al mundo social está mal, porque son impuros, están contaminados y hay que buscar la manera de reclutarles para salvarlos.
  • Pérdida de expresión facial natural, de mirada perdida o vacía, mirada evasiva, jovialidad ficticia. (Liberman,1994) El foco de atención cambia, debido a que constantemente deben repetir mentalmente sus oraciones, postulados y/o creencias. Se sienten seguros dentro de su mundo enajenado de la realidad exterior. Desconfían del mundo exterior, descartando e ignorando lo que no puedan explicar bajo sus creencias.
  • Cambios en sus respuestas emocionales, suelen ser bruscas. Las respuestas del adepto responden a la idea imaginaria que el líder les ha forjado sobre el mundo exterior. No responden a los estímulos ambientales y sociales, según su criterio propio, más bien responden mecánicamente; ya que dirán y harán lo que les sea indicado, ante específicas circunstancias. La ciencia ha demostrado que estos cambios son el resultado también de la alteración que ocasiona la exposición al estrés y a la ansiedad constante sobre el funcionamiento neuro fisiológico del cuerpo.