Archivos Mensuales: septiembre 2013

Armadura Espiritual – Efesios cap. 6 – 10 – 18

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El Gran Milagro – animado

El GPS del Católico -R&C

TODOS TENEMOS PROBLEMAS, la forma en que los enfrentamos es lo que nos hace diferentes

Es vital que te concentres en el plan de Dios, no en tu dolor o en tu problema. Así es como Jesús soportó el dolor de la cruz, y así se nos insta a seguir su ejemplo: “Mantengamos fijos los ojos en Jesús que, sin importarle lo oprobioso de tal muerte, estuvo dispuesto a morir en la cruz porque sabía el gozo que tendría después” Hebreos 12:2. Corrie ten Boom, que estuvo recluida y sufriendo en un campo de concentración nazi, explicó el poder del pensamiento concentrado: “Si miras al mundo, te afligirás. Si miras tu interior, te deprimirás.

Pero si miras a Cristo, ¡reposarás!”. Tu enfoque determina tus sentimientos. El secreto de la paciencia es recordar que tu dolor es temporal, pero tu recompensa eterna. Moisés soportó una vida de problemas “porque tenía la mirada puesta en la recompensa” Hebreos 11:26. Pablo resistió las penalidades de la misma manera. Él dijo: “Nuestros problemas presentes son bastante pequeños y no durarán mucho tiempo. ¡Sin embargo producen para nosotros una gloria inmensamente grande que durará para siempre!” 2 Corintios 4:17.
No cedas ante el pensamiento a corto plazo. Mantén tu mirada enfocada en el resultado final: “Si hemos de compartir su gloria, también debemos compartir su sufrimiento. Lo que sufrimos ahora no es nada comparado con la gloria que Él nos dará después” Romanos 8:17-18.
Regocíjate y da gracias. La Biblia nos dice: “den gracias a Dios en toda situación, porque esta es la voluntad para ustedes en Cristo Jesús” 1 Tesalonicenses 5:18. ¿Cómo es posible eso? Considera que Dios nos dice que demos gracias “en todas las circunstancias”, no “por todas las circunstancias”. Dios no espera que le agradezcas por el mal, el pecado, el sufrimiento o por sus consecuencias dolorosas en el mundo. En cambio, quiere que le agradezcas porque usará tus problemas para cumplir sus propósitos.
La Biblia dice: “Alégrense siempre en el Señor” Filipenses 4:4

El bautismo es para todos, es UNIVERSAL

La universalidad del Bautismo está en Mt 28,19 en donde  TODOS es y significa  TODOS

 

La necesidad del bautismo sin el cual NO SE PUEDE entrar en el Reino de los cielos está en Jn 3,5


La antigua alianza usaba la circuncisión como el signo de pertenencia a ella, en la nueva alianza es el bautismo.

 
Veamos lo que dice Hechos 2,38-39
”Pedro les contestó: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo; pues la Promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro.”

También es importante aclarar que la profesión de fe antes del bautismo NO es necesaria, la razón es teológica.

Si entendemos que es Dios quien nos ofrece en una promesa el hacernos hijos de El por medio del bautismo, es un regalo de Dios para nosotros, el obtener la filiación divina NO puede en modo alguno ser una obra humana (la profesión de fe) ya que el hombre es carne, y según Juan 3,6 lo nacido de la carne es carne y del Espíritu es Espíritu.

Aquí una buena cita donde Dios es quien nos derrama el Espíritu en toda carne.
“«Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.” Jeremías 31,31-34

DE RAUL ALONSO

La sola escritura

Cinco llaves para entrar en la Eucaristía

Cinco llaves para entrar en la Eucaristía
Dios quiere hacernos escuchar su voz y para eso necesita que le des la oportunidad de hacerlo.
Autor: J.Leoz | Fuente: Servicio católico de Evangelización Pan y Vida

SILENCIO
El silencio es un poder. Sin él es muy difícil escuchar. Nuestras eucaristías son deficitarias en silencio. Parece como si nos violentásemos por el simple hecho de estar unos segundos sin decir nada.
El silencio es el ruido de la oración.
El silencio, después de la homilía, es interpelación.
El silencio, después de la comunión, es gratitud al Dios por tanto que nos ha dado.
En el silencio se llena todo de nuestras intenciones personales, peticiones o deseos.
La música o el canto, los símbolos y otras cosas secundarias, nunca pueden ser una especie de tapagujeros que hagan más “digerible” la eucaristía. El silencio no es ausencia de…., es cultivar un lugar para que Dios nazca.
CONTEMPLACIÓN
La Eucaristía se hace más sabrosa cuando se la contempla. En el horizonte inmenso todo parece igual, pero cuando los ojos quedan fijos en él, surgen detalles que a simple vista parecían no existir.
Con la Eucaristía ocurre lo mismo. Es un paisaje que puede parecer todos los días igual. Sentarse, relajarse, olvidarse de lo que rodea lleva al alma contemplativa, a la persona contemplativa a vivir una serie de sensaciones que es la presencia escondida de Dios.
Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile que me ayude”. Le respondió el Señor: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada”. (Lucas 10, 38-42).
ORACIÓN
La oración y la eucaristía van de la mano como la cerradura se acciona con la llave. La eucaristía. El diálogo con Jesús se hace más fecundo después de haber escuchado la Palabra de Dios. Para que la Eucaristía resulte vibrante, no es cuestión de recurrir a la ayuda puntual del ritmo maraquero o guitarrero. En el diálogo de las personas está el crecimiento personal y comunitario. En la oración reside uno de los potenciales más grandes para entender, comprender y vivir intensamente la Eucaristía.
“Cuando oréis, no seáis como los hipócritas que son amigos de rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas, para exhibirse ante la gente. Ya han cobrado su paga, os lo aseguro. Tú, en cambio, cuando quieras rezar, echa la llave y rézale a tu Padre que está ahí en lo escondido; Tu Padre que ve lo escondido te recompensará” (Mt. 6, 5-6).
CARIDAD
La fuente de la caridad perfecta es la Eucaristía. La fuente de la caridad que nunca se agota ni se cansa es la Eucaristía. En ella contrastamos nuestros personales egoísmos con las grandes carencias que existen en el mundo que nos rodea. Cada día que pasa es una oportunidad que Dios nos da para ofrecer algo o parte de la riqueza material o personal que podemos tener cada uno de nosotros.
Hay dos dimensiones que nunca podemos olvidar al celebrar la eucaristía: la caridad hacia Dios y la caridad hacia los hermanos. Amar a Dios con todo el corazón y con toda nuestra alma es subirse al trampolín, para saltar y amar, aunque se nos haga duro y a veces imposible, a los más próximos a nosotros. Y, esos próximos, ¡qué lejos los tenemos muchas veces del corazón y qué cerca físicamente!
Hoy, de todas maneras, está más de moda mirar horizontalmente al hombre que verticalmente acordarnos de que Dios existe.
«Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, cercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.” ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» El dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo».
ESCUCHA
Cuando Dios habla no nos da simple información: se nos revela. Su Palabra es un escáner por el que vamos conociendo el corazón de Dios, sus sentimientos, sus pensamientos y, también, lo qué tiene pensado para cada uno de nosotros. Lo qué quiere de cada uno de nosotros.
El Antiguo Testamento nos prepara a la venida de Cristo. Las epístolas y otras lecturas nos ofrecen las reflexiones de San Pablo y de otros contemporáneos sobre Jesucristo, su vida y su mensaje. El Evangelio nos da la clave de cada encuentro eucarístico. Es el punto culminante de toda la Liturgia de la Palabra. Es en este momento, cuando puestos de pie rendimos homenaje presente en la Palabra.
Le reclamaba una vez por la noche al Señor:
¿Por qué Señor no me escuchas?, si cada noche te hablo…
– ¿Por qué Señor no me atiendes?, cuando en cada momento te pido…
– ¿Por qué Señor no te veo?, si oro constantemente…
– En esta noche Señor hablo y hablo contigo, mas no siento tu presencia, ¿por qué Señor no me tomas en cuenta?

A lo que Dios contestó:
– Cada noche escucho tu clamor, cada noche trato de atender, cada noche trato de hacerme ver delante de ti, y quisiera cumplir tus deseos. Pero me hablas y pides muchas cosas, las cuales escucho con atención, sin embargo, en cuanto terminas de agradecer y de pedir lo que necesitas, terminas tu oración, sin darme oportunidad de hablar
Una conversación es un diálogo entre dos, muchas veces hablamos con Dios pero no nos damos un tiempo para escuchar su voz. ¿Alguna vez has tratado de hablar con alguien que no te deja decir ni una sola palabra? Pues bien, Dios quiere hacernos escuchar su voz y para eso necesita que le des la oportunidad de hacerlo, y solo entonces, al escuchar su voz y guardar silencio por un momento, tu oración será completa, y Dios cumplirá su promesa de darte todo aquello que pidas con fe.
Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumba enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero los preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.

La lucha espiritual

 

La lucha espiritual

San Isaac de Siria

“He caído, pero de nuevo me levanto; estoy sentado en las tinieblas, pero el Señor me ilumina”

(Miqueas 7,8)

 

 

1.Continuidad de la lucha

Mientras que uno no odia de corazón y de verdad la causa del pecado, no queda liberado de la dulzura que este produce en el corazón. Tal dulzura es el poder de la lucha que se eleva contra el hombre hasta hacerlo sangrar.

Cuanto más un hombre se compromete en la lucha por Dios, tanto más se acercará a la parresía del corazón en su oración

La lucha no termina en ningún momento, ni la gracia viene toda entera de una vez a habitar en el alma, sino que se da un poco y un poco. No se da una sin la otra: hay un tiempo para la tentación y un tiempo para la consolación. Una parte de la lucha durará hasta la muerte: no esperes aquí liberarte plenamente de ella.

Este mundo es la palestra de la lucha y el estadio de la carrera, y este tiempo es el tiempo de combate. Y tanto el lugar del combate y el tiempo de la lucha no están sujetos a una ley. Esto significa que el rey no ha puesto límite a sus trabajadores, hasta que no se termine la lucha y no estén todos reunidos en el lugar del Rey de reyes. Allí será examinado aquel que ha perseverado en la batalla y no ha sido derrotado, y aquel que no ha vuelto la espalda. En efecto, cuántas veces ha sucedido que un hombre que no servía para nada, que a causa de su falta de ejercicio era constantemente golpeado y tirado a tierra, y que estaba siempre en un estado de fragilidad, ha tomado luego el estandarte del campamento de los hijos de los valientes y su nombre se ha vuelto famoso más que el de aquellos que habían sido diligentes, de aquellos que se habían distinguido, de los hábiles y de los instruidos, y ha recibido la corona y los dones más preciosos que los que recibieron sus compañeros.

Por esto, que ninguno pierda la esperanza. Sólo le aconsejo que no deje la oración ni el pedir ayuda a nuestro Señor.

Tengamos bien claro esto: durante el tiempo en que estemos en este mundo y habitemos en este cuerpo, aunque fuésemos elevados hasta los cielos, no nos será posible permanecer sin fatiga, adversidad y sin preocupaciones.

2. Recomenzar

Una cosa son los tropiezos y las caídas tenidas sobre el camino de la virtud y de la justicia, según la palabra de los padres: “Sobre el camino de la virtud hay caídas, cambios, violencia, etcétera”. Y otra es en cambio la muerte del alma, la completa destrucción y la desolación total.

Es así como se conoce que se está en el primer caso: cuando uno, aunque caiga, no olvida el amor del Padre; y, aunque esté cargado de culpas de todo tipo, su solicitud por las obras bellas no es interrumpida; si no se detiene en su camino; si no es negligente en afrontar nuevas batallas contra las mismas cosas por las cuales ha sido derrotado; si no se cansa de volver a empezar, cada día, a construir desde los fundamentos de las ruinas de su edificio, teniendo sobre su boca la palabra del Profeta: “Hasta la hora en que yo deje este mundo, no te alegrarás de mí, ¡oh mi enemigo! Porque he caído, pero de nuevo me levanto; estoy sentado en las tinieblas, pero el Señor me ilumina”.(Miq 7,8)

Así, no cesará de combatir hasta la muerte. No se dará por vencido mientras que haya respiro en sus narices. Y aunque su nave naufragase cada día y los resultados obtenidos de su comercio terminaran en el abismo, no cesará de pedir prestado y cargar otras naves y navegar con esperanza. Hasta que el Señor, viendo su solicitud, tenga piedad de su ruina, dirija hacia él su misericordia y le dé un fuerte estímulo para soportar y afrontar los dardos ardientes del mal.

3. Convertir las fatigas

En las noches en que sudo, el Señor ha transformado el sudor del cansancio del trabajo sobre una tierra que hace crecer espinas y cardos, en un sudor que va mezclado con la oración.

El viento fecunda los frutos sobre la tierra y el Espíritu de Dios los frutos del alma. La ostra en la que se plasma la perla recibe su contenido a través del aire. Hasta ese momento la ostra no es más que carne desnuda. Así sucede con el corazón del monje: hasta que no recibe su contenido celeste, por medio del discernimiento, su práctica está todavía desnuda, y en él, en su ostra, no hay consolación.

Los frutos de los árboles son ásperos y desagradables al gusto, y no son buenos para comer, hasta que penetra en ellos la dulzura que le viene del sol. Así, las viejas fatigas de la conversión son amargas y muy desagradables, y no dan consolación al solitario, hasta que penetra en ellas la dulzura de la contemplación que remueve el corazón de la realidad terrena y el solitario no se olvida a sí mismo.

Las prácticas del cuerpo sin la pureza del pensamiento son un vientre estéril y unos pechos secos; no conducen al conocimiento de Dios. Algunos tienen el cuerpo cansado, pero no se preocupan en desarraigar las pasiones de sus pensamientos: tampoco ellos recogerán, ¡no recogerán absolutamente nada!

Como un hombre que siembra entre espinas y no puede cosechar nada, así es el que arruina su propia inteligencia con las preocupaciones, la ira y el deseo de amontonar riquezas y, mientras tanto, gime sobre su lecho por las muchas vigilias y abstinencias.

Para cada obra hay una medida y para cada práctica un tiempo. Si alguien comienza antes de tiempo algo que es superior a su medida obtendrá doble daño y ninguna utilidad.

Nada es comparable a las fatigas medidas, cuando son acompañadas de fidelidad. Su falta provoca un exceso de deseo, mientras su exceso da lugar a la confusión.

4. Discernir lo ambiguo

Hay una confianza en Dios que está acompañada de la fe del corazón y que es bella, y deriva del discernimiento del conocimiento. Y hay otra que es insípida y deriva de la necedad: esta segunda confianza es falaz.

El coraje del corazón y el hecho que uno desprecie todos los peligros, proceden de una de estas dos causas: o de la dureza del corazón o de una gran fe en Dios. De la primera es pariente el orgullo, de la segunda en cambio la humildad del corazón.

El silencio continuo y la custodia de la quietud perseveran en el hombre por una de estas tres causas: o en vista de la gloria de los hombres, o por motivo del ardor fogoso por la virtud, o porque se tiene en el interior una costumbre con Dios que atrae a sí el pensamiento. Quien no posee estas últimas dos causas, casi necesariamente se enferma de la primera.

Una conducta que no  tiene ojos es vana. Porque, a causa de su distracción, conduce fácilmente al disgusto. Ruega a nuestro Señor para que procure ojos a tu conducta. De aquí comienza a surgir para ti la alegría. Entonces, las tribulaciones serán para ti dulces como un panal de miel. De aquí encontrarás que tú reclusión es una estancia nupcial.

La vigilancia del discernimiento es mejor que cualquier actitud que se pueda asumir ante las varias situaciones de los hombres.

Es mejor la ayuda que viene de la vigilancia, que la ayuda que viene de las obras.

La vigilancia ayuda al hombre más que las obras. El ocio daña solo a los jóvenes, el relajamiento, en cambio, también daña a los perfectos y a los ancianos.

II. Los instrumentos de la lucha

1. El negarse a sí mismo

DISCÍPULO: ¿Qué hacemos con el cuerpo que, cuando está rodeado de desgracias, a causa de ellas la voluntad se debilita deseando de los bienes y la firmeza de otro tiempo?

MAESTRO: Esto sucede la mayoría de veces a aquellos que en parte siguen a Dios, pero en parte permanecen en el mundo. Es decir, el corazón de ellos no es todavía capaz de despegarse de aquí, y están divididos en sí mismos, ya que una vez miran tras de sí y otras veces miran hacia adelante. Pienso que el sabio amonesta a aquellos que se acercan al camino de Dios de tal modo divididos, cuando dice: “No te acerques a Él con doble corazón” (Ecl 1, 28), “sino acércate a él como quien siembra y como quien cosecha”. Y también nuestro Señor, a aquellos que quieren realizar este éxodo de modo perfecto, viendo que entre ellos hay algunos hombres como estos cuya voluntad está pronta pero cuyos pensamientos están todavía atraídos hacia atrás por el temor de las tribulaciones, causada por el amor al cuerpo, que todavía no ha despojado de sí mismo, para quitar por ello la flaqueza del pensamiento, dice: “Quién quiere venir detrás de mí, primero niéguese a sí mismo”. (Mt 16, 24)

¿Cuál es la negación de sí que aquí se recuerda? Es la negación de sí que sucede en el cuerpo, a imagen de aquel que, preparándose a subir sobre la cruz, toma (cf. Mt 16, 24) en sus pensamientos la inteligencia de la muerte y entonces va como uno que piensa ya no tener más parte en esta vida. Esto es lo que significa: “toma tu cruz y ven detrás de mí” (cf. Mt 16, 24). Llama cruz a la voluntad que está dispuesta a afrontar toda tribulación. Y explicando por qué ha de ser así, dice: “Quien quiera que su alma viva en este mundo, la hace morir para la vida verdadera; pero quien muere a sí mismo a causa de mí en esta vida, la reencontrará en el más allá” (Mt 16, 24). Es decir, quien dirige sus pasos sobre el camino de la crucifixión, pero luego sigue siendo solícito para esta vida del cuerpo, hace que decaiga su alma de la esperanza para la cual había salido y partido.

Nuestro Señor ha puesto delante de ti la cruz para que sentencies la sentencia de muerte sobre tu alma. Y sólo entonces dejará tu alma ir detrás de él.

No hay nada que sea poderoso como el estar sin esperanza en sí mismo. Este no puede ser vencido ni por algo favorable ni por algo desfavorable. Cuando un hombre, en su pensamiento, ha abandonado la esperanza que viene de su vida, nadie podrá ser más valiente que él, y ningún enemigo podrá atacarlo, y no hay aflicción cuyo indicio podrá debilitar su inteligencia. Porque cada aflicción existente es inferior a la muerte y él ha dejado que la muerte viniese sobre sí mismo.

No hay nadie que ame algo y no busque multiplicar sus efectos. No hay nadie que busque ocuparse de las cosas divinas si no ha alejado y despreciado las temporales, haciéndose extraño a los honores del mundo y a sus dulzuras, y estrechándose al oprobio de la cruz, bebiendo cada día el vinagre y las amarguras producidas por las pasiones, los hombres, los demonios y la miseria.

2. La renuncia

Abandona las cosas de poco valor para encontrar las preciosas. Muere en la vida y así no vivirás en la muerte. Has que tu alma muera en la solicitud, y no que viva en la condena.

No son mártires sólo los que a causa de la fe en Cristo asumen la muerte, sino también aquellos que mueren por custodiar sus mandamientos.

Por cada palabra dura que el hombre soporta con discernimiento, excepto el caso que sea él la causa de la ofensa, él recibe sobre su cabeza una corona de espinas en razón de Cristo. Y será feliz y también él será coronado en un tiempo que no conoce.

Aquel que huye de la gloria, conscientemente, experimenta en sí mismo la esperanza del mundo futuro.

Aquel que ha profesado el alejamiento del mundo y luego litiga con los hombres a causa de las cosas, para no estar impedido de hacer esto que le gusta, es completamente ciego. En efecto, ha abandonado al mundo entero voluntariamente y ahora litiga por una parte de él.

Aquel que huye de las comodidades de aquí abajo, tiene el pensamiento fijo en el mundo futuro.

Aquel que posee bienes es esclavo de las pasiones. Y no consideres bienes solo al oro y a la plata, sino todo esto que tú posees con el deseo de tu voluntad.

Si has abandonado voluntariamente la realidad entera del mundo, no disputarás con nadie por pequeñas partes de él.

El árbol, hasta que no hace caer las viejas hojas, no hace despuntar las nuevas ramas. Del mismo modo el solitario, hasta que no sacuda de su corazón sus viejos recuerdos, no hará despuntar las nuevas ramas por medio de Jesucristo.

3. Un deseo más grande

DISCÍPULO: ¿Cómo puede el hombre dejar completamente el mundo?

MAESTRO: Por medio del deseo suscitado por la memoria de los bienes futuros, aquellos que la divina Escritura siembra en su corazón con la dulzura de sus versículos colmados de esperanza. En efecto, el pensamiento no puede despreciar su primer amor, hasta que un deseo más excelente no se contrapone a aquellas cosas que son consideradas gloriosas y agradables, de las cuales el hombre está poseído.

Lo que cada hombre desea se lo conoce por sus obras. Él será solícito a pedir en la oración lo que está en su corazón, y aquello por lo cual ora, tendrá cuidado de manifestarlo también en las obras externas.

Quien desea intensamente las cosas grandes, no se preocupa de las pequeñas.

Cuando en ti el amor por Cristo no es fuerte al punto de hacerte, para alegría en él, impasible a todas las aflicciones, sabed que en ti el mundo vive más que Cristo. Cuando la enfermedad, las necesidades, los tormentos del cuerpo, o el temor que viene de sus penas, turban tu pensamiento alejándolo de la alegría de tu esperanza y de la meditación límpida de nuestro Señor, sabed que en ti vive el cuerpo y no Cristo. En ti vive aquello a lo cual el amor tiene sobre ti más poder.

4. La pobreza

Ama la pobreza con perseverancia, para que tu pensamiento se recoja y no esté disperso. Odia la sobreabundancia, para ser preservado de la confusión de la inteligencia. Corta con la cantidad de cosas y cuida tu conducta, para que tu alma evite disipar la quietud interior.

Si posees algo de más respecto al alimento cotidiano, “vé y dalo a los pobres, y luego ven” (cf. Mt 19,21), presenta la oración con parresia (cf. Mt 5, 23-24), es decir habla con Dios como un hijo hace con su padre.

No hay nada que acerque el corazón más a Dios que la compasión, y no hay nada que dé más paz al pensamiento que la pobreza voluntaria.

Como no es posible que la salud y la enfermedad estén al mismo tiempo en el cuerpo, sin que una de ellas sea eliminada por la otra, de igual modo no es posible que el dinero y el amor estén en una misma casa, sin que uno de estos destruya a otro.

Mientras que un hombre se encuentra en la pobreza, continuamente se eleva en su pensamiento el éxodo de la vida, en todo instante medita sobre la vida que seguirá a la resurrección, y en todo momento se prepara a realizar lo que es útil para el más allá.

Pero cuando sucede que, por alguna causa, una de las cosas transitorias cae en sus manos y él la adquiere por obra de aquel que es sabio en todas las cosas malas, inmediatamente el amor del cuerpo comienza a moverse en su alma, él piensa tener una larga vida ante sí, y los pensamientos relativos al reposo del cuerpo florecen en él en todo momento. Él cuida a su cuerpo, para que de ser posible, no sufra en nada, y se afana en todas aquellas cosas que pueden dar reposo a su cuerpo. Pero así se priva de aquella libertad que no se somete a ningún pensamiento de temor. Y por lo tanto medita y reflexiona sobre todos aquellos motivos que le producen miedo y que son causa de temor, porque él está ya privado del coraje del corazón, coraje que tenía cuando, gracias a la pobreza, se había elevado sobre el mundo.

Ama a los pobres y gracias a ellos encontrarás misericordia

5. El recuerdo de los inicios

Cuando tú experimentas la derrota, la fragilidad, la falta de entusiasmo, y te encuentras ligado y encadenado por tu adversario en una terrible miseria y en el agotamiento que la práctica del pecado te produce, recuerda en tu corazón el ardor de los primeros tiempos, cuando mostrabas solicitud también por las pequeñas cosas, cuando eras movido por celo contra lo que impedía tu camino, cuando sentías dolor por las pequeñas cosas por ti descuidas sin tu culpa y cuando, en razón de todo esto, ceñías la corona de la victoria.

Entonces, por medio de tales recuerdos y de otros semejantes, tu alma se despertará como del sueño, se revestirá de un ardiente celo y se elevará de su entorpecimiento como de la muerte. Se corregirá y volverá a su lugar de antes, al encendido combate contra Satanás y contra el pecado.

Tú, hombre, que has ido detrás de Dios, en todo tiempo de tu lucha, recordad siempre el inicio, aquel primer ardor que fue el principio del camino, aquel pensamiento ardiente con el cual has salido de tu morada de un tiempo y con el cual tu alma fue a alinearse en el campo de batalla. Examínate a ti mismo cada día, para que no se apague el calor de tu alma hasta perder aquel ardor del cual estaba encendido. Que no te falte de ningún modo la armadura con la cual fuiste revestido al principio de tu lucha.

Un anciano tenía escrito sobre la pared de su celda varias frases, pensamientos de distinto contenidos y palabras maravillosas y diversas sobre todos los pensamientos. Y le preguntaron: “¿Qué es esto, Abba?” Él respondió: “Son los pensamientos de justicia que me son comunicados por un ángel que está junto a mí, para los rectos movimientos de la naturaleza. Yo los escribo cuando me encuentro en esta habitación, para que, en el tiempo de la tiniebla, yo me ocupe de ellos, y así me salve del error.”

6. La atención en las pequeñas cosas.

Quien falte en las pequeñas cosas, también en las grandes será un mentiroso y un engañador.

No rechaces las pequeñas cosas, para no ser privado de las grandes. Jamás se ha visto que un niño que aún mama la leche de su madre, coma carne. Por medio de las cosas pequeñas se abre la puerta a las grandes.

Sin cargar el fardo de las pequeñas cosas, no será posible evitar los grandes males.

Con lo cual hayas perdido los bienes, con eso mismo debes recuperarlo. ¿Tú debes a Dios una monedita? No aceptará de ti una perla en su lugar.

Esto que custodias por Dios, Dios lo custodiará para tu salvación

7. La estabilidad y la perseverancia

Grande es el poder de una conducta pequeña, cuando está unida a la fidelidad. La blanda gota, por su fidelidad, agrieta también la dura roca.

Cada conducta que no es estable y dura poco, no da frutos.

La vida en el Espíritu requiere, en primer lugar, tiempo y fidelidad. Si, en efecto, no es posible que uno aprenda las artes del mundo sin permanecer por mucho tiempo en la fidelidad de sus comercios – y solo entonces el pensamiento capta al objeto y el modo de practicar el arte que decidió aprender-, cuánto más esto es válido para nosotros. Si un arte visible a los ojos requiere tanto tiempo y fidelidad en el trabajo, ¡cuánto más el arte del Espíritu, que los ojos no ven, para el cual no se conoce lo que se tiene que aprender, y que necesita de una gran pureza! El maestro en esto es el Espíritu, y el arte es un arte escondido.

8. La vigilia

No pienses, hombre, que entre todas las fatigas de los ascetas haya una práctica más grande y más preciosa que la fatiga de la vigilia.

Da espacio a las fatigas de la vigilia y encontrarás que la consolación está cerca, que está en tu alma.

Prepara todo, con cada medio, a fin de que, entre el oficio de la noche y el de la mañana, tengas un tiempo para aquella meditación que es útil al crecimiento en el conocimiento divino para todos tus días. También esto es importante en la práctica de la vigilia, no creer que la vigilia consista solo en la repetición.

El alma que se cansa en la conducta de la vigilia se volverá experta, obtendrá ojos de querubín por la fineza y agudeza de su mirada.

Yo te ruego, que seas capaz de discernir y que desees adquirir la vigilancia del Intelecto en Dios y el conocimiento de la vida nueva, de no descuidar para tu vida la conducta de la vigilia, porque por ella tus ojos serán abiertos para ver toda la gloria entera de esta práctica y el poder del camino de la justicia.

Tú careces de discernimiento si piensas que las vigilias tienen como finalidad la fatiga en sí misma y no otra cosa que por ella es generada.

El equilibrio del vientre es claramente la balanza del sueño.

9. El ayuno

DISCÍPULO: Para aquel que ha rechazado para su alma todos los impedimentos y ha entrado el recinto de la lucha, ¿cuál es el inicio de su batalla contra el pecado?  Y ¿por donde inicia el combate?

MAESTRO: Es conocido por todos que la fatiga del ayuno precede cualquier otra lucha contra el pecado y sus deseos, sobre todo para aquel que combate el pecado que está dentro de sí. Y el signo del odio por el pecado y sus deseos, en aquellos que descienden en este combate invisible, es hecho visible  por el hecho que inician con el ayuno, seguido por la vigilia nocturna. Aquel que para toda su vida ama la costumbre del ayuno, es amigo de la castidad.

El ayuno es la morada de todas las virtudes, y quien lo desprecia pone en peligro todas las virtudes. En efecto, en el principio el primer mandamiento establece para nuestra naturaleza la prohibición de gustar un alimento, y justamente en esto cayeron nuestros antepasados. Por consiguiente los atletas del temor de Dios, cuando se disponen a la custodia de sus leyes, inician su entrenamiento justamente allí donde se produjo el primero daño.

También nuestro Salvador, después de su manifestación al mundo en el Jordán, lo inició desde aquí. En efecto está escrito: “Después que fue bautizado, el Espíritu lo hizo salir al desierto, y ayuno cuarenta días y cuarenta noches” y todos los que siguieron sus huellas, ponen el inicio de sus luchas en este fundamento.

10. La castidad

Ama la castidad, para no ser confundido en el momento de la oración, ante quien te mueve a la batalla.

Todo gusto del Espíritu es precedido por las tribulaciones de la cruz, mientras el gusto del pecado es generado por el reposo del cuerpo. Por esta razón, en el puerto de la castidad está la contemplación del Espíritu que purifica el intelecto, pero es el amor espiritual lo que la causa. Y ya que no se da una realidad segunda sin la causa que la precede, ni una tercera virtud sin aquella que viene antes que ésta, tú encontrarás que es en el seno de la castidad que despuntan las alas del Intelecto, por medio de las cuales éste se eleva hacia el amor divino. Aquel amor en el cual se osa escrutar la oscuridad.

Hermano mío, lava las bellezas de tu castidad con las lágrimas y el ayuno, habitando sólo contigo mismo.

11. La celda y la soledad

Permanece en tu celda, y la celda te enseñará todo.

La celda del monje, según la palabra de los padres, es la cavidad en la roca donde Dios habló con Moisés.

Muchas veces sucede durante las horas del día que si incluso a un hermano le fuesen dado todos los reinos de la tierra, no se tentaría en aquel momento de salir de su celda, ni siquiera si alguien le tocara la puerta. Es el tiempo en que pueden recibirse dones inesperados. Cuántas veces estas cosas van y vienen en los días que parecen de relajación: imprevistamente la gracia visita a aquel hermano, por medio de lágrimas sin medida; o por medio de la fuerza de una pasión que grita en el corazón; o por medio de una alegría sin razón; o por medio de la dulzura que la postración procura.

Conozco a un hermano que ya había puesto la llave en la puerta de su celda para cerrar y así salir a apacentar el viento, como dice la palabra de la Escritura, cuando de repente lo visitó la gracia e inmediatamente hizo marcha atrás.

La soledad nos hace partícipe de la mente divina y, en poco tiempo y sin obstáculos, nos acerca a la limpidez del pensamiento.

Donde quiera que tú estés, se solitario en tu inteligencia, mantente sólo y extranjero en tu corazón, y no mezclado.

En cualquier lugar que tú entres, por todos tus días, considérate un extranjero, para poder huir a los grandes males que nacen de la familiaridad.

 12. La quietud

La quietud, como ha dicho el beato Basilio – aquella lámpara que resplandece sobre toda la tierra-, es el principio de la purificación del alma. Cuando, en efecto, los miembros exteriores se aquietan del bullicio exterior, entonces la mente vuelve de su vagar, en su lugar interior,  el corazón se despierta para buscar los motivos interiores del alma.

Cuando los sentidos están circundados por una quietud que no tiene límites, y los recuerdos gracias a su ayuda envejecen, entonces percibes la naturaleza de los pensamientos del alma, de qué están hechos y de qué está hecha la naturaleza del alma, y percibimos los tesoros que están ocultos en ella.

El alma del solitario es semejante a una fuente de agua, según la semejanza empleada por los antiguos padres. En efecto, cada vez que se aquieta de todos los motivos del oído y de la vista, el solitario ve, de modo luminoso, a Dios y a sí mismo, y recoge del alma aguas limpias y dulces, que son suaves pensamientos de la firmeza.

Cuando, en cambio, se acerca a aquellos motivos, a causa del enturbiamiento que de ellos recibe, el alma se hace semejante a uno que camina de noche, mientras el aire es cubierto por las nubes, y ante él no está visible ni el camino ni el sendero, y él se extravía fácilmente yendo por lugares desiertos y peligrosos. Cuando, sin embargo, se aquieta junto a su alma, como uno sobre el cual sopla un límpido viento y sobre cuya cabeza el aire se aclara, comienza de nuevo a resplandecer ante sí mismo, ve lo que él es, discierne dónde se encuentra y por dónde se le pide ir, y ve de lejos el camino de la Vida.

Isaac el Sirio

 

Publicado en Hesicasmo.it/theoesis.blogspot.mx

El diezmo , es correcto pedirlo hoy día ??

Quiero presentarles este resumen del “bendito”   diezmo  y lo que pensamos muchos cristianos católicos al respecto

Desde hace años se viene proclamando esta “doctrina “  en casi  la mayoría de las sectas  protestantes de dar el 10% del ingreso en dinero, pero quiero alertar a mis hermanitos separados , esta costumbre no existe en las páginas de la Biblia.

1-El diezmo nunca se dio en dinero o moneda, sino en comida y animales

2- El diezmo era para los levitas, viudas y huérfanos, no para el pastor

3-El diezmo era una ley para los judíos en el Antiguo Testamento

4-Ni Jesús ni los apóstoles pidieron o mandaron pedir el diezmo

5-La Iglesia primitiva no cobraba el 10% semanal del salario

No existe una sola cita del Nuevo Testamento en la que Jesús o alguno de los apóstoles digan que hay que pagar el diezmo, y menos todavía que eso fuera el 10% del salario. Ni siquiera el de los alimentos y animales.

En los Evangelios solamente viene tres veces la palabra diezmo, y habla de los fariseos que lo daban (cfr. Mt 23,23; Lc 11,42), y, por cierto, no habla nada bien de ellos, y en el caso mencionado en Lc 18,12-14, el que daba el diezmo no salió ni justificado ni bendecido.

En la carta a los Hebreos sólo se menciona el diezmo que dio por única vez Abraham a Melquisedec, y era parte de un «botín» de guerra. En el Nuevo Testamento se habla de ayuda, colecta, apoyo, compartir todo lo que tenían, pero nunca del 10% semanal y en dinero.

¿Por qué nunca se le ocurrió a san Pablo mencionar a Moisés o a los profetas en relación con el diezmo, o bien soltarle a los cristianos el pasaje de Malaquías: «ustedes están robando a Dios», como muchos predicadores modernos lo hacen? Pues porque él sabía que vivía bajo una Nueva Alianza y estilo nuevo de dar con el corazón.

paz y bien

sepa defender su fe catolica

Sepa defender su fe

¿Podemos tener imágenes los cristianos católicos ?

¿Podemos tener imágenes?

Queridos hermanos católicos:

Cuántas veces hemos escuchado esta acusación de parte de nuestros hermanos evangélicos: «Los católicos hacen imágenes para adorarlas, mientras que la Biblia lo tiene estrictamente prohibido».

Muchos hermanos nuestros católicos no saben qué contestar, otros se dejan influenciar fácilmente por estas verdades a medias y algunos sienten la tentación de botar las imágenes de las capillas.

Les quiero aclarar este tema acerca de las imágenes, pero con la Biblia en la mano. Antes que nada, debemos hacer una clara distinción entre una imagen, un cuadro, un adorno religioso y un ídolo, que es «la imagen de un falso dios». La Biblia sí que rechaza enérgicamente el culto de adoración a los ídolos (falsos dioses), pero la Biblia nunca ha rechazado las imágenes como signos religiosos.

¿Qué es un ídolo según la Biblia?

Muchos años antes de Jesús, en tiempo de Moisés, Dios comenzó a formar a su pueblo elegido, el pueblo de Israel. Era gente muy primitiva que Dios había sacado del politeísmo para llevarla al monoteísmo. Todos estos pueblos antiguos tenían infinidad de dioses, los que adoraban y representaban a través de imágenes de baales, que tenían la forma de un toro, de un león o de otros animales. A esas imágenes, el pueblo de Moisés las llamaba «ídolos» o falsos dioses. La gente de aquel tiempo pensaba que estas imágenes tenían un poder mágico o una fuerza milagrosa. En el fondo estos ídolos eran representaciones de poderes o vicios del hombre mismo. Por ejemplo la imagen del becerro de oro que aparece en Exodo 32, era la expresión de la fuerza bruta de la naturaleza. También podía representar la encarnación del poder sexual desorientado y vicioso. Y el oro del becerro significaba el poder de la riqueza que explota y aplasta al hombre, es decir, el hombre con sus vicios, representados en el becerro de oro, quiere ser dios y no quiere dejar lugar al único y verdadero Dios.

Dios llamó al pueblo hebreo a avanzar por la senda del monoteísmo, dejando atrás los ídolos y dando adoración al verdadero Dios. Pero los israelitas de aquel tiempo atraídos por las prácticas de los pueblos paganos querían, a veces, volver al politeísmo y a la adoración de ídolos. Entonces Moisés, inspirado por Yavé-Dios les prohibió estrictamente hacer estos ídolos: «No tengas otros dioses fuera de mí, no te hagas estatua, ni imagen alguna de lo que hay en el cielo ni en la tierra ni te postres ante esos «ídolos», no les des culto».

Queridos hermanos, estos textos bíblicos son muy claros en su prohibición de hacer imágenes o estatuas de falsos dioses. Pero otra cosa muy distinta es aplicar estos textos a las imágenes como adornos o signos religiosos. Estos signos (imágenes) nunca han sido prohibidos por Dios ni por la Biblia.

Textos aclaratorios:

La Sagrada Escritura siempre hace la distinción entre imágenes como «ídolos» e imágenes como «adornos o signos religiosos». Leamos algunos textos en los cuales Dios mismo manda a Moisés hacer imágenes como símbolos religiosos: «Harán dos querubines de oro macizo, labrados a martillo y los pondrán en las extremidades del lugar del perdón, uno a cada lado… Allí me encontraré contigo y te hablaré desde el lugar del perdón, desde en medio de los querubines puestos sobre el arca del Testimonio…» (Ex. 25,18-22). Estos dos querubines parecidos a imágenes de ángeles, eran adornos religiosos para el lugar más sagrado del templo. Pues bien, estas imágenes, hechas por manos de hombres, estaban en el templo, en el lugar más sagrado y nunca fueron consideradas como ídolos, sino todo lo contrario, el mismo Dios ordenó construirlos.

Leamos otro texto del A. T.: Números 21, 8-9. Ahí se nos narra como en aquel tiempo los israelitas murmuraban contra Dios y contra Moisés. Entonces Dios mandó contra el pueblo serpientes venenosas que los mordían, de modo que murió mucha gente.

Moisés intercedió por el pueblo y Dios le respondió: «Haz una serpiente de bronce, ponla en un palo y todo el que la mire se salvará». Nos damos cuenta otra vez de que esta serpiente de bronce era una imagen hecha por manos de hombre, pero no para adorar, sino que era un «signo religioso» para invocar a Dios con fe.

Hay otros textos en la Biblia que nos hacen ver que en el templo de Jerusalén había varias imágenes o esculturas que no fueron prohibidas, menos aun consideradas como ídolos. Dice el Salmo 74, 4-5: «Tus enemigos rugieron dentro de tu santuario como leñadores en el bosque, derribaron con hacha las columnas y esculturas en el templo». Eso significa que en el templo de Jerusalén había también esculturas o imágenes.

Queridos hermanos católicos, esas indicaciones de la Biblia son suficientes para decir que la Biblia, sí, prohíbe la fabricación de imágenes como dioses falsos, (ídolos) pero nunca ha prohibido las imágenes o esculturas como adornos religiosos. Que nadie entonces los venga a molestar por tener una imagen o adorno en su templo o en su casa. Es por falta de conocimientos bíblicos, o por mala voluntad, que los hermanos evangélicos les meten estas cosas en la cabeza.

Las imágenes en nuestra vida diaria.

Ahora bien, hermanos, en nuestros tiempos vemos por todos lados imágenes y estatuas. Cada país tiene sus propios símbolos patrios y estatuas a sus héroes.

En nuestras casas tenemos cuadros que representan la imagen de alguna persona. Tengo en mi velador, por ejemplo, una foto de mi madre que ya está en el cielo; y contemplando esta foto me acuerdo de ella. Incluso puedo colocar esta foto en un lugar bien bonito y adornarlo con una flor y una velita… Y si alguien viene a mi casa a visitarme y me dice, refiriéndose a la foto: «Qué mono más feo», por supuesto que me siento muy ofendido. Así también tenemos cuadros e imágenes en nuestras capillas que representan algunas personas religiosas, como la Virgen María, la Madre de Jesús, algún santo patrono de nuestros pueblos. Y ningún católico va a pensar que estas imágenes son ídolos o falsos dioses. Estas imágenes simplemente nos hacen pensar en el mismo Jesús o en tal o cual santo que está en la presencia de Dios y nos ayudan a pensar en la belleza de Dios.

La Iglesia Católica acepta el respeto y la veneración a estas imágenes en nuestros templos, pero nunca ha enseñado la adoración a una imagen. A veces, dicen los hermanos de otra religión que nosotros adoramos a las imágenes. Están muy, pero muy equivocados y debemos, eso sí, perdonarles sus expresiones.

La Iglesia Católica acepta que guardemos imágenes o cuadros en nuestros templos siempre que no sea en forma exagerada. ¿Qué quiero decir con ello? Quiero decir que a veces nuestras iglesias parecen una exposición de santos y en algún caso están tan mal colocados, que no hay espacio ni para la imagen de Cristo. Ahí sí que exageramos. Por eso el Concilio Vaticano pidió que no se repitiera más de una imagen por cada santo y que el lugar central de la Iglesia, a ser posible, esté reservado siempre para la imagen de Cristo.

Está claro, entonces, que nunca podemos dar culto de adoración a una imagen, nunca podemos ponernos de rodillas delante de una imagen para adorarla, pero sí podemos ponernos de rodillas ante una imagen para pedir perdón por nues-tros pecados y para suplicar que el santo interceda ante Dios por nosotros.

En todas estas discusiones, hermanos míos, guardemos el amor. ¿Quién eres tu para juzgar a tú hermano? (Stgo. 4, 12). Cada uno puede arrodillarse en cualquier parte para invocar a Dios, en el patio de su casa, en el campo. En la noche antes de acostarse uno puede arrodillarse delante de un crucifijo para así hablar con Dios. A veces hay gente que piensa que tal imagen es milagrosa y le atribuyen un poder mágico. Debemos corregir estas actitudes y explicarles que sólo Dios hace mila-gros. Por supuesto aceptamos que Dios puede actuar por intercesión de los santos.

Hermanos: no aplastemos la fe de nuestros hermanos que tal vez tienen poca formación cristiana, no critiquemos y no hablemos mal de otros. Ofender al hermano es un pecado muy grave. Es triste constatar el lenguaje ofensivo de nuestros hermanos evangélicos hacia los católicos. Tratemos de devolver bien por mal.

Martín Lutero, el fundador del protestantismo y de las iglesias evangélicas, nunca rechazó las imágenes, todo lo contrario él dijo que las imágenes eran «el Evangelio de los pobres». ¿A quién de nosotros no le gusta contemplar un lindo cuadro o una hermosa imagen? Muchas veces mirando un cuadro o una imagen podemos más fácilmente entrar en oración y en un profundo contacto con Dios. ¿Quién puede negar por ejemplo la belleza de la Piedad de Miguel Angel? Pues bien, según los evangélicos habría que destruirla porque va contra la Biblia ¡Qué disparate tan grande! Ello es hacer decir a la Biblia lo que nunca la Biblia ha dicho. Ello es una distorsión de lo que Dios nos quiere decir en la Biblia. Una regla de oro para interpretar la Biblia es mirar siempre el contexto de una frase y no aferrarse a la letra, porque en este caso, sin el contexto, hasta se puede hacer decir a la Biblia que «Dios no existe» porque la Biblia pone esta frase en labios del tonto (Sal. 10, 4).

Los falsos dioses o ídolos de este mundo moderno.

Hermanos, los ídolos o falsos dioses de este mundo moderno no están en los templos, sino que son poderes que dominan al hombre moderno por dentro. Son poderes falsos que destruyen las buenas relaciones con el prójimo y con Dios. Estos ídolos modernos están a veces en nuestras calles, en nuestras instituciones, en nuestras comunidades y familias. Esta es la idolatría que hemos de desterrar.

Pienso, por ejemplo, en el falso dios del poder y de la dominación que quiere aplastar tu libertad y engañar pueblos enteros; en el falso dios «poder» que provoca guerras y matanzas de gente inocente. Este es el «ídolo» moderno que se pasea por el mundo. Pienso en el falso dios «dinero» que domina tu corazón, que comienza con mentiras, engaños, robos, tráfico de drogas etc. y que pareciera que en nombre de este dios dinero todo está permitido. Pienso en el falso dios del sexo desorientado, en el dios que destruye la unión familiar, en el dios de la pasión que engaña al hombre y a la mujer, es el falso dios que deja los niños desamparados, en el falso dios que destruye el verdadero amor y que se resiste a servir a una comunidad.

El lugar desde donde estos falsos dioses comienzan a brotar está en nuestro corazón. Es el demonio mismo que quiere destruir nuestro corazón como templo de Dios. Y mucha gente entre nosotros, sin darse cuenta, está bajo el poder de estos falsos dioses y no dan lugar en su corazón al único y verdadero Dios del amor.

Hermanos, no debemos buscar ídolos o falsos dioses en cosas de madera o de yeso, en imágenes o cuadros, sino en nuestro corazón. Si volviera ahora Moisés a nosotros, no se referiría a las imágenes ya que hoy no está el peligro de la idola-tría, sino que gritaría: «No te hagas falsos dioses dentro de tu corazón, destruye los vicios fuente de toda idolatría». Esto es lo que ya hicieron los profetas que vinieron después de Moisés.

Los primeros misioneros que evangelizaron América Latina trajeron de España y del Perú numerosas imágenes del Señor, de la Virgen y de los santos. Son imágenes religiosas cargadas de historia que penetraron hondamente en el alma de nuestro pueblo y que aparte de su valor escultórico tienen el mérito de que ante ellas oraron nuestros antepasados. Y cada capilla tiene las imágenes de sus patronos. Todas ellas nos recuerdan los misterios centrales de la encarnación e ilustran de alguna manera la Historia de la Salvación realizada por Dios a favor nuestro.

Así que cuando lleguen los evangélicos a las puerta de sus casas y les digan que los católicos somos unos idólatras porque adoramos las imágenes ya saben qué contestarles. Díganles que no es correcto sacar frases de la Biblia fuera de su con-texto para hacer decir a la Biblia lo que nunca dijo. Y que la Biblia nunca ha prohibido las imágenes como adornos religiosos.

Finalmente hay que tener presente que en el A. T. no podía representarse a Dios porque el Verbo no había tomado cuerpo ni forma humana. Pero en el N. T. es distinto. Con la Encarnación, el Verbo Dios tomó forma humana y si El mismo se hizo hombre hace dos mil años y nos mandó guardar su memoria es que quiere que nosotros lo representemos así, como hombre, para recordar que «el Verbo se encarnó y habitó entre nosotros». Y si representarlo en una pintura o en una imagen ayuda a recordar su memoria ¿qué de malo hay en ello?

Pero por sobre todo hay que entender la evolución gradual que hay entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Algunas sectas dan la impresión que quedaron petrificadas en el Antiguo Testamento y sólo por ignorancia o mala voluntad pueden decir lo que dicen. Es decir, se aferran de textos aislados, los sacan de su verdadero contexto, y confunden a los no iniciados en la Biblia. Y aquí le viene recordar que el mismo Jesús confirmó esta progresiva evolución entre el Antiguo y el Nuevo Testamento cuando dijo: «Antes se les dijo… ahora les digo».

Cuestionario

  1. ¿Qué es lo que prohíbe la Biblia referente a las imágenes?
  2. ¿Prohíbe las imágenes de falsos dioses?
  3. ¿Prohíbe las imágenes como objetos de adorno o de veneración?
  4. ¿Qué mandó construir Dios a Moisés?
  5. ¿Había esculturas en el templo de Jerusalén?
  6. ¿Qué habría que hacer, según los evangélicos, con todas las imágenes, incluida la famosa Piedad de Miguel Ángel?
  7. ¿Cuáles son los ídolos de hoy?
  8. ¿Cómo fustigaría hoy Moisés a los ídolos modernos?

Soy Católico.

anima aeternam


“Después me vuelvo sobre mí mismo y me pregunto: ¿quién soy? La respuesta es: “yo soy un hombre”. Tengo a mi servicio un cuerpo y un alma, uno en el exterior y la otra en el interior. ¿A cuál de estos dos elementos tendría que preguntar por ese Dios que he buscado con mi cuerpo desde la tierra hasta el cielo, tan lejos como he podido enviar como mensajeros los rayos de mis ojos? Pero más preciso es en mí el elemento interior, puesto, que es él al que se referían todos mis mensajes, de mi carne, como a un presidente y a un juez cuando el cielo y todas las criaturas me respondían: “nosotros no somos Dios” y “Él es el que nos ha hecho”.

“San Agustín”

Es verdad que hoy en día el ser católico puede ser objeto de burla y de prejuicios muy severos, muchas veces sin…

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Los Ángeles y los engaños del New Age

Catoliscopio.com

christian-angels-poem-angel-at-work-153096Hoy en día el movimiento llamado New Age ( Nueva Era ), ha puesto de moda a los ángeles, se han escrito una infinidad de libros que hablan de ellos de una manera que nosotros los Católicos no conocíamos ni estamos acostumbrados, y por lo tanto causa mucha confusión.

Se ha difundido en muchos de estos libros escritos por personas ajenas a la fe Católica que; los ángeles pueden hacer milagros, que los ángeles pueden curar todo tipo de enfermedades, que los ángeles intervienen en el Tarot, en los Horóscopos, que depende la vestimenta que tengan es la categoría de los ángeles, y los favores que pueden concedernos.

Todas estas ideas vienen de personas racionalistas que consideran a los ángeles como personificaciones de atributos divinos, o revuelven la angeología judeocristiana con un politeísmo primitivo usando muchos elementos del New Age, para introducir por medio de los ángeles, creencias y prácticas…

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¿Cómo es Dios?

Catoliscopio.com

aurora-boreal-portada-para-facebookEl primer artículo del Credo apostólico comienza con estas palabras: “Creo en Dios“. Sería bueno que nos preguntáramos si conocemos a Dios, en quien creemos. A pesar del secularismo, en nuestra sociedad continúa hablándose bastante acerca de Dios; pero a menudo se da de Él una imagen falsa o distorsionada.

Aunque el misterio de Dios supera la razón humana, ésta puede, si procede rectamente, conocer no sólo la existencia de Dios sino también algunos de sus atributos. La fe en la revelación divina confirma estos conocimientos naturales y permite ahondarlos en muchos puntos que superan a la sola razón. Así, por la fe y la razón, podemos conocer muchas propiedades de la naturaleza divina: Dios es infinito, inmenso, inmutable, incomprensible, todopoderoso, eterno, etc.

Es razonable pensar que no todos los atributos divinos tienen igual jerarquía y que entre ellos hay uno o algunos que expresan más perfectamente la…

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¿Por qué guardar tu virginidad?

Catoliscopio.com

Amor-1(Traducido por el hermano Antonio Espino)

Cuando os preguntáis sobre por qué guardar vuestra virginidad, supongo que las mismas viejas respuestas que surgen en mi cabeza aparecen también en las vuestras, es decir, que deberíais guardar vuestra virginidad para prevenir embarazos no deseados o que deberíais manteneros vírgenes para evitar las enfermedades de transmisión sexual o que deberíais guardar vuestra virginidad porque si vuestros padres se enterasen tendrían un tremendo disgusto con vosotros. ¿Os suena familiar?

Sin embargo, yo creo que merece la pena puntualizar que este tipo de razonamiento no da en el clavo. Me parece extremadamente superficial cuando un cristiano solo se preocupa por las enfermedades sexuales, los embarazos y los padres enfurecidos. En esa escena, la preocupación no es tanto el pecado de acostarse fuera del matrimonio tanto como las consecuencias de hacer tal cosa. ¿Qué clase de lógica retorcida es esa? Dejadme que lo ilustre.

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