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Juan Pablo II explica los orígenes del culto a la Virgen María

El culto a la Virgen María

Juan Pablo II explicaba así los orígenes de la devoción a la Virgen

1. «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Ga 4, 4).

El culto mariano se funda en la admirable decisión divina de vincular para siempre, como recuerda el apóstol Pablo, la identidad humana del Hijo de Dios a una mujer, María de Nazaret.

El misterio de la maternidad divina y de la cooperación de María a la obra redentora suscita en los creyentes de todos los tiempos una actitud de alabanza tanto hacia el Salvador como hacia la mujer que lo engendró en el tiempo, cooperando así a la redención.

Otro motivo de amor y gratitud a la santísima Virgen es su maternidad universal. Al elegirla como Madre de la humanidad entera, el Padre celestial quiso revelar la dimensión —por decir así— materna de su divina ternura y de su solicitud por los hombres de todas las épocas.

En el Calvario, Jesús, con las palabras: «Ahí tienes a tu hijo» y «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19, 26-27), daba ya anticipadamente a María a todos los que recibirían la buena nueva de la salvación y ponía así las premisas de su afecto filial hacia ella. Siguiendo a san Juan, los cristianos prolongarían con el culto el amor de Cristo a su madre, acogiéndola en su propia vida.

2. Los textos evangélicos atestiguan la presencia del culto mariano ya desde los inicios de la Iglesia.

anunciacion

Los dos primeros capítulos del evangelio de san Lucas parecen recoger la atención particular que tenían hacia la Madre de Jesús los judeocristianos, que manifestaban su aprecio por ella y conservaban celosamente sus recuerdos.

En los relatos de la infancia, además podemos captar las expresiones iniciales y las motivaciones del culto mariano sintetizadas en las exclamaciones de santa Isabel: «Bendita tú entre las mujeres (…). ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1, 42. 45).

Huellas de una veneración ya difundida en la primera comunidad cristiana se hallan presentes en el cántico del Magníficat: «Desde ahora me felicitarán todas las generaciones» (Lc 1, 48). Al poner en labios de María esa expresión los cristianos le reconocían una grandeza única, que sería proclamada hasta el fin del mundo.

Además, los testimonios evangélicos (cf. Lc 1, 34-35; Mt 1, 23 y Jn 1, 13) las primeras fórmulas de fe y un pasaje de san Ignacio de Antioquía(cf. Smirn. 1, 2: SC 10, 155) atestiguan la particular admiración de las primeras comunidades por la virginidad de María, íntimamente vinculada al misterio de la Encarnación.

El evangelio de san Juan, señalando la presencia de María al inicio y al final de la vida pública de su Hijo, da a entender que los primeros cristianos tenían clara conciencia del papel que desempeña María en la obra de la Redención con plena dependencia de amor de Cristo.

3. El concilio Vaticano II

Juan Pablo IIEl concilio Vaticano II, al subrayar el carácter particular del culto mariano, afirma: «María, exaltada por la gracia de Dios, después de su Hijo, por encima de todos los ángeles y hombres, como la santa Madre de Dios, que participó en los misterios de Cristo, es honrada con razón por la Iglesia con un culto especial» (Lumen Gentium, 66).

Luego, aludiendo a la oración mariana del siglo III«Sub tuum presídium» —«Bajo tu amparo»— añade que esa peculiaridad aparece desde el inicio: «En efecto, desde los tiempos más antiguos, se venera a la santísima Virgen con el título de Madre de Dios, bajo cuya protección se acogen los fieles suplicantes en todos sus peligros y necesidades» (ib.).

Esta afirmación es confirmada por la iconografía y la doctrina de los Padres de la Iglesia, ya desde el siglo II.

En Roma, en las catacumbas de santa Priscila, se puede admirar la primera representación de la Virgen con el Niño, mientras, al mismo tiempo, san Justino y san Ireneo hablan de María como la nueva Eva que con su fe y obediencia repara la incredulidad y la desobediencia de la primera mujer. Según el Obispo de Lyon, no bastaba que Adán fuera rescatado en Cristo, sino que «era justo y necesario que Eva fuera restaurada en María» (Dem., 33). De este modo subraya la importancia de la mujer en la obra de salvación y pone un fundamento a la inseparabilidad del culto mariano del tributado a Jesús, que continuará a lo largo de los siglos cristianos.

4. María como «Theotókos»

theotokos

El culto mariano se manifestó al principio con la invocación de María como «Theotókos», título que fue confirmado de forma autorizada, después de la crisis nestoriana, por el concilio de Éfeso, que se celebró en el año 431.

La misma reacción popular frente a la posición ambigua y titubeante de Nestorio, que llegó a negar la maternidad divina de María, y la posterior acogida gozosa de las decisiones del concilio de Éfeso testimonian el arraigo del culto a la Virgen entre los cristianos. Sin embargo, «sobre todo desde el concilio de Éfeso, el culto del pueblo de Dios hacia María ha crecido admirablemente en veneración y amor, en oración e imitación» (Lumen Gentium, 66). Se expresó especialmente en las fiestas litúrgicas entre las que, desde principios del siglo V, asumió particular relieve «el día de María Theotókos», celebrado el 15 de agosto en Jerusalén y que sucesivamente se convirtió en la fiesta de la Dormición o la Asunción.

Además, bajo el influjo del «Protoevangelio de Santiago», se instituyeron las fiestas de la Natividad, la Concepción y la Presentación, que contribuyeron notablemente a destacar algunos aspectos importantes del misterio de María.

Podemos decir que el culto mariano se ha desarrollado hasta nuestros días con admirable continuidad, alternando períodos florecientes con períodos críticos, los cuales, sin embargo, han tenido con frecuencia el mérito de promover aún más su renovación.

Después del concilio Vaticano II, el culto mariano parece destinado a desarrollarse en armonía con la profundización del misterio de la Iglesia y en diálogo con las culturas contemporáneas, para arraigarse cada vez más en la fe y en la vida del pueblo de Dios peregrino en la tierra.

Juan Pablo II , 15 octubre 1997

LA VIRGEN MARÍA EN LA BIBLIA

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES.

¿Por qué Satanás odia a María y al rosario?

La Oracion mas antigua para nuestra excelsa Madre

recogemos este texto sobre una de las primeras oraciones dirigidas a la Virgen por los primeros cristianos.

EN UN PAPIRO EGIPCIO

 

Edgar Lobel, experto en papirología de laUniversidad de Oxford,  dedicó su vida al estudio de los papiros encontrados en Egipto. Como es conocido, el clima extremadamente seco de la mayor parte de Egipto ha hecho que se conserven multitud de fragmentos de papiros antiquísimos, con textos de hace milenios, en griego y en copto. Muchos de estos textos se habían perdido. En otros casos, los papiros sirven para confirmar la antigüedad de textos que sí que se habían conservado a través de sucesivas copias o traducciones.

Uno de estos papiros, descubierto en las proximidades de la antigua ciudad egipcia deOxirrinco, contenía una oración a la Virgen. Y no cualquier oración, sino una plegaria que continuamos rezando hoy en día, la oración Sub tuum praesidium. La versión latina es:

Sub tuum praesidium
confugimus,
Sancta Dei Genitrix.
Nostras deprecationes ne despicias
in necessitatibus nostris,
sed a periculis cunctis
libera nos semper,
Virgo gloriosa et benedicta.

La versión castellana, es muy conocida:

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

Y la versión en griego clásico, que es precisamente la que se encontró en el papiro. Basta fijarse con detenimiento en la foto del papiro para reconocer las palabras griegas originales:

Ὑπὸ τὴν σὴν εὐσπλαγχνίαν,
καταφεύγομεν, Θεοτόκε.
Τὰς ἡμῶν ἱκεσίας,
μὴ παρίδῃς ἐν περιστάσει,
ἀλλ᾽ ἐκ κινδύνων λύτρωσαι ἡμᾶς,
μόνη Ἁγνή, μόνη εὐλογημένη.

Cabe destacar la presencia del términoTheotokos (en este caso, Theotoke, en vocativo), es decir, “Madre de Dios”. Dos siglos después, en el Concilio de Éfeso, se reconoció de forma  solemne que este título era adecuado para la Virgen María, contra el parecer de Nestorio. Es decir, en Éfeso, la Tradición de la Iglesia fue defendida contra los que preferían sus propios razonamientos a la enseñanza de siempre de la Iglesia.

Resulta impresionante rezar esta oración, sabiendo que los cristianos la rezaban ya, por lo menos, en el año 250 d.C., que es la fecha en la que Edgar Lobel dató el papiro en el que se encontraba. Nosotros no la hemos recibido de los arqueólogos, sino de latradición de la Iglesia, a través del latín en el caso de la Iglesia Latina o del griego y el eslavonio antiguo en Oriente. Resulta agradable, sin embargo, que la arqueología nos muestre una vez más que la tradición no es algo inventado, sino que verdaderamente nos transmite la herencia que los primeros cristianos recibieron de Cristo y de los Apóstoles.

THEOTOKOS, LA MADRE DE DIOS

La oración Sub tuum praesidium es un testimonio entrañable, probablemente el más antiguo y el más importante en torno a la devoción a Santa María. Se trata de untropario (himno bizantino) que llega hasta nosotros lleno de juventud. Es quizás el texto más antiguo en que se llama Theotokos a la Virgen, e indiscutiblemente es la primera vez que este término aparece en un contexto oracional e invocativo.

G. Giamberardini, especialista en el cristianismo primitivo egipcio,  en un documentado estudio ha mostrado la presencia del tropario en los más diversos ritos y las diversas variantes que encuentra, incluso en la liturgia latina. La universalidad de esta antífona hace pensar que ya a mediados del siglo III era usual invocar a Santa María como Theotokos, y que los teólogos, como Orígenes, comenzaron a prestarle atención, precisamente por la importancia que iba adquiriendo en la piedad popular. Simultáneamente esta invocación habría sido introducida en la liturgia.

En el rito romano, su presencia está ya testimoniada en el Liber Responsalis, atribuido a San Gregorio Magno y es copiado en el siglo IX en la siguiente forma: “Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genitrix”. Algunos manuscritos de los siglos X y XI, presentan unas deliciosas variantes de esta oración, manteniendo intacta la expresión Santa Dei Genitrix, en estricta fidelidad a la Theotokos del texto griego.

Se trata de traducciones fidelísimas del texto griego, tal y como aparece en el rito bizantino, en el que se utiliza la palabra griega eysplagknían, para referirse a las entrañas misericordiosas de la Madre de Dios. La consideración de la inmensa capacidad de las entrañas maternales de la Madre de Dios está en la base de la piedad popular que tanta importancia dio al título Theotokos para designar a la Madre de Jesús. Y quizás como lo más importante sea el hecho de que el testimonio del Sub tuum praesidium levanta la sospecha de que el título Theotokos se origina a mediados del siglo III en la piedad popular como invocación a las entrañas maternales de Aquella que llevó en su seno a Dios. Esta vez, quizás, la piedad popular fue por delante de la Teología. Al menos, es muy verosimil que así fuese.

Los fieles que, con sencillez, rezan esta oración a la Sancta Dei Genitrix, laTheotokos, la Madre de Dios,  porque la han recibido de manos de la Iglesia, son los que están más cerca de lo que transmitieron los primeros cristianos y, por lo tanto, más cerca de Cristo.

La versión latina esta oración ha sido inmortalizada en la música especialmente por Antonio Salieri y Wolfgang Amadeus Mozart.

 

FUENTES:

Lucas F. Mateo-Seco,  La devoción mariana en la primitiva Iglesia

Bruno Moreno Ramos, InfoCatólica

Cfr G. Giamberardini, Il “Sub tuum praesidium” e il titolo Theotokos nella tradizione egiziana, en “Marianum” 31 (1969) 350-351; A.M. Malo, La plus ancienne prière à notre Dame, en De primordis cultus mariani, cit., t. 2, 475-485.

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EL MAGNIFICAT

EL MAGNIFICAT

El Magnificat constituye la cima de la historia de Israel, en el momento en que, por la acción de Dios, alcanza su pleno sentido el cumplimiento de la antigua promesa hecha a Abrahán, en cuya persona estaba concentrada en el origen la vida del pueblo, del mismo modo que está concentrada al final en María. En ella se encarna la fe de Israel, interlocutor de la Alianza, su pura esperanza en Dios, por que en ella se haya en estado puro la pobreza y la humildad (“bajeza”). Y en ella, por tanto, esta fe es pura obediencia a la palabra de Dios. La virginidad de María es la superación escatológica del tema antiguo de la mujer “estéril” (Isabel, Ana, etc.) que da a luz por obra de la gracia de Dios. La fe y la esperanza de Israel deben concentrarse y personalizarse integramente, en el alma y en el cuerpo, pues ahí debe realizarse la promesa de Dios: en su morada corporal y espiritual en la hija de Sión. Jesús la mira. Y no ve a su madre, sino a la mujer. A la que es vida y dolor y amor. “Mujer, ahí tienes a tu hijo” ( Jn. 19, 26). “Si” de María a esta renuncia final. Tú no eres ya la madre de Jesús. Te es preciso renunciar a Jesús para que nazca el Cristo total. Él te dará una multitud de hijos. En ese momento, se convierte de nuevo en la madre de Cristo, del Cristo total. “Ahí tienes a tu madre” (Jn. 19, 27).

El pueblo de Dios se une en todas las circunstancias

 

 

Publicación: 01/06/2011 07:40:00 a.m.

Empapado de amor. Así caminó el pueblo católico desde la Plaza Macario Yépez hasta el Santuario de Santa Rosa.

Lo que inició como una manifestación de protesta, se convirtió en una genuina expresión de fe que invitaba al cese de la violencia, el odio y el rencor.

Entre cantos y oraciones, los fieles católicos pidieron a la Madre de Dios la conversión para aquellos que irrespetaron imagen y se encuentran alejados de la salvación de Jesús. “El pueblo de Dios se une en todas las circunstancias. En las situaciones positivas de la vida y en las adversas que nos causan dolor e indignación”, dijo el presbítero Domingo García.

El sacerdote en compañía de laicos comprometidos, exhortó a los creyentes a ensanchar su corazón para perdonar a quienes hirieron su espiritualidad. “Lo único que podemos sentir en este momento, es un amor muy grande por la Virgen María y un amor muy grande por todos nuestros hermanos, incluso, por aquellos que ofenden a la Madre de Dios”.

Por primera vez en la historia reciente del estado Lara, el pueblo católico caminó hasta Santa Rosa con el corazón marcado por la indignación. Sin embargo, el recorrido fue avivando su espíritu hasta convertir la caminata en una verdadera fiesta de fe, donde María y su hijo fueron los verdaderos protagonistas.

¡A evangelizar!

Las sagradas escrituras señalan que para los que aman a Dios, todo viene para bien. Esta reflexión sagrada se convirtió en un hecho evidente durante la tarde de este martes, pues a pesar de las responsabilidades laborales y los embates climáticos, buena parte de los católicos decidió interrumpir sus actividades y luchar por su fe.

A diferencia de las habituales protestas que colapsan la ciudad, esta manifestación dejaba un toque de paz por donde pasaba.

Así lo percibió el vicario de la Arquidiócesis de Barquisimeto, Oswaldo Araque, quien no dudó en agradecer a la colectividad por las muestras de afecto ofrecidas a la Iglesia. “Ese es el Espíritu Santo que nos guía. Es un signo positivo la gran cantidad de fieles que han caminado desde la Plaza Macario Yépez hasta el Santuario, lo que demuestra el arraigo del pueblo larense en su fe a Jesucristo y a la Santísima Virgen María como su madre”.

Quizá los grupos vandálicos que programaron los ataques a imágenes sagradas no se percataron del profundo dolor que causarían en la ciudadanía, ni tampoco se imaginaron que como respuesta, recibirían un sincero perdón. “Nuestra forma de responder como pueblo creyente es con amor y reconciliación. Hasta ahora, desconocemos a los responsables pero los cuerpos de seguridad se comprometieron a acelerar todas las acciones para frenar estos hechos vandálicos que han herido tan profundamente al pueblo larense”.

La manifestación de calle que fue auspiciada por la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (Ucla), y respaldada por los sectores políticos, económicos, religiosos y sociales de la entidad, culminó con un sentimiento de regocijo. “¿Quién podrá separarnos del amor de Dios?. Nadie. Ni lo alto, ni lo bajo, ni lo ancho ni lo profundo, porque en Cristo somos más que vencedores”.

Movimiento regional

A la manifestación de fe, se sumaron grupos laicales y religiosos de diferentes municipios de la entidad.

En detalle, agrupaciones de danza provenientes de Carora y El Tocuyo, homenajearon a la madre de Dios con su tradicional danza San Antonio.

Imágenes religiosas también acompañaron la caminata; entre ellas: San José, la Virgen de Rosario, la Coromoto y La Milagrosa.

“Urge restituir el orden”

Tal y como se había anunciado en diferentes medios de comunicación, los sectores económicos que hacen vida en el estado Lara, también respaldaron la acción de calle en rechazo a los ataques cometidos contra las imágenes sagradas.

La Cámara de Comercio, Cámara de Pequeños y Medianos Industriales (Capmil), Fedecámaras y la Cámara Inmobiliaria, fueron algunas de las organizaciones empresariales que se solidarizaron con el fervor del pueblo.

Con evidente sentimiento, la presidenta de la Cámara Inmobiliaria exhortó a todos los ciudadanos a luchar por el rescate de las instituciones, el orden y la tolerancia. “Exigimos respeto porque María es la madre de todos los vivientes. No es sólo una figura, ella representa el espíritu de fe de todos los católicos. Por lo tanto, a quienes se hayan prestado para esta barbaridad, les recordamos que hay una justicia divina que nadie puede evadir. Preferimos morir repudiando estas acciones, que negando la fe hacia la madre de Jesús, nuestro Salvador”.

Es importante destacar que diferentes organizaciones empresariales, consideraron de emergencia la situación de anarquía que atraviesa la región larense.

En este sentido, no descartan ejercer acciones de protesta más contundentes para lograr el restablecimiento del orden en la ciudad.

Feligresía que acompaña

Yonela Peña

No es sólo una imagen

-En vista de los últimos acontecimientos sucedidos, decidí venir a apoyar mi fe y a rechazar todas estas acciones.

Mi llamado de reflexión va a esas personas que dañaron sin respeto las imágenes, pues María es la madre que nos guía y acompaña. Tienen que pensar muy bien lo que están haciendo.

No es sólo una imagen, sino el sentir de muchos larenses que respetamos a la Divina Pastora y que la amamos con sinceridad.

Claudia Oropeza

Mucho dolor

-Soy católica y para mí es muy importante el sentimiento que generó esta situación. Pertenezco a un grupo que se llama Proyecto de Amor y creo que lo que ocurrió causó mucho dolor, tanto en los jóvenes que siguen a Cristo como en los sacerdotes, religiosas y laicos. Nos afectó mucho ver que la imagen de la Divina Pastora fue tratada como un objeto sin valor, como una plaza más que está en la calle.

Sor Olga Rodríguez

Nuevo despertar

-El Señor se vale de todo estos acontecimientos para renovar el fervor y la fe. Este es un despertar que nos mueve de nuevo, y que nos hace tomar acciones para llenar a todos del amor de la madre de Cristo.

Tenemos que respetarnos. Si usted no cree no está obligado a hacerlo, pero no por eso debe atacar la espiritualidad y la devoción de otro. El respeto es un valor.

Padre Néstor Rojas

Libertad

-Esta manifestación es sin duda una recuperación de la fe, un regreso de la Divina Pastora que nos motiva a hacerle sentir a la gente, que el pueblo cristiano pide respeto a la libertad de culto, tal y como está contemplado en las leyes venezolanas.

Tenemos que evangelizar y demostrar que la religión no es un simple culto, sino una forma de vivir. Los católicos estamos más que convencidos que María es la madre de Dios y a todos nos ama.

Haydeluz Cardozo//Fotos: Simón Alberto Orellana