Archivos Mensuales: noviembre 2010

Martin Valverde – Gloria

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Cristo es el Rey del universo y de cada uno de nosotros

“Fiesta de Cristo Rey
21 de noviembre 2010, último domingo del año litúrgico. ¡Prepárate para la fiesta del Rey del universo!
Autor: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net

ÚLTIMO DOMINGO DEL AÑO LITÚRGICO:

Cristo es el Rey del universo y de cada uno de nosotros.

Es una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico, porque celebramos que Cristo es el Rey del universo. Su Reino es el Reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz.

Un poco de historia

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925.
El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.

Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres.

Con la fiesta de Cristo Rey se concluye el año litúrgico. Esta fiesta tiene un sentido escatólogico pues celebramos a Cristo como Rey de todo el universo. Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace casi dos mil años, pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía.

Si quieres conocer lo que Jesús nos anticipó de ese gran día, puedes leer el Evangelio de Mateo 25,31-46.

En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, empresas y ambiente.

Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo 13 de Mateo:

“es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto y crece y se convierte en un árbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas”;

“es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda”; “es semejante a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta, y lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo”;

“es semejante a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra”.

En ellas, Jesús nos hace ver claramente que vale la pena buscarlo y encontrarlo, que vivir el Reino de Dios vale más que todos los tesoros de la tierra y que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, pero eficaz.

La Iglesia tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo entre los hombres. Su predicación y extensión debe ser el centro de nuestro afán vida como miembros de la Iglesia. Se trata de lograr que Jesucristo reine en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las sociedades y en los pueblos. Con esto conseguiremos alcanzar un mundo nuevo en el que reine el amor, la paz y la justicia y la salvación eterna de todos los hombres.

Para lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos son medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su amor. Se trata de conocer a Cristo de una manera experiencial y no sólo teológica.

Acerquémonos a la Eucaristía, Dios mismo, para recibir de su abundancia. Oremos con profundidad escuchando a Cristo que nos habla.

Al conocer a Cristo empezaremos a amarlo de manera espontánea, por que Él es toda bondad. Y cuando uno está enamorado se le nota.

El tercer paso es imitar a Jesucristo. El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana. Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros.

Por último, vendrá el compromiso apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado. No nos podremos detener. Nuestro amor comenzará a desbordarse.

Dedicar nuestra vida a la extensión del Reino de Cristo en la tierra es lo mejor que podemos hacer, pues Cristo nos premiará con una alegría y una paz profundas e imperturbables en todas las circunstancias de la vida.

A lo largo de la historia hay innumerables testimonios de cristianos que han dado la vida por Cristo como el Rey de sus vidas. Un ejemplo son los mártires de la guerra cristera en México en los años 20´s, quienes por defender su fe, fueron perseguidos y todos ellos murieron gritando “¡Viva Cristo Rey!”.

La fiesta de Cristo Rey, al finalizar el año litúrgico es una oportunidad de imitar a estos mártires promulgando públicamente que Cristo es el Rey de nuestras vidas, el Rey de reyes, el Principio y el Fin de todo el Universo.

QUE VIVA MI CRISTO

Que viva mi Cristo, que viva mi Rey
que impere doquiera triunfante su ley,
que impere doquiera triunfante su ley.
¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!

Mexicanos un Padre tenemos
que nos dio de la patria la unión
a ese Padre gozosos cantemos,
empuñando con fe su pendón.

Él formó con voz hacedora
cuanto existe debajo del sol;
de la inercia y la nada incolora
formó luz en candente arrebol.

Nuestra Patria, la Patria querida,
que arrulló nuestra cuna al nacer
a Él le debe cuanto es en la vida
sobretodo el que sepa creer.

Del Anáhuac inculto y sangriento,
en arranque sublime de amor,
formó un pueblo, al calor de su aliento
que lo aclama con fe y con valor.

Su realeza proclame doquiera
este pueblo que en el Tepeyac,
tiene enhiesta su blanca bandera,
a sus padres la rica heredad.

Es vano que cruel enemigo
Nuestro Cristo pretenda humillar.
De este Rey llevarán el castigo
Los que intenten su nombre ultrajar.

imagen:www.corazones.org

– Enviado mediante la barra Google”

¿Se puede comulgar en pecado mortal?

¿Se puede comulgar en pecado mortal?

¿Se puede comulgar en pecado mortal?

Por Raúl Alonso
Hoy
quiero tocar este tema, ya que recientemente asistí a una misa de
acción de gracias de una sobrina que cumplió XV años, y como no estaba
preparado para comulgar (tenia pecado mortal) y solo hice la comunión
espiritual,  a la salida platicando con mi cuñada, salió el tema, y ella
me dijo:

“Hubieras
comulgado, el padre nos dice que si deseamos con nuestro corazón
comulgar, solo debemos de arrepentirnos, comulgar y cuando se pueda
confesarse”

Esta situación es muy frecuente, y algunos sacerdotes o amigos nuestros creen que no hay problema.
La respuesta a esa afirmación es simple, pero no quiero detenerme a responder nada mas, sino que quiero enfatizar en PORQUE.
Me
pregunto a veces, mas bien, muchas veces, ¿Por qué muchos católicos
pasan por el Sagrario, como si pasaran frente a un extraño?

Creo sé porque.
Por ahí escuche un dicho protestante:
“Si
los católicos de verdad creyeran que en las hostias consagradas está
realmente Cristo, las Iglesias estuvieran siempre llenas”

Triste, pero ¿Cierto?, nosotros los católicos como dogma de fe proclamamos que ahí, en las sagradas especies esta El Cuerpo de Cristo, Su Sangre, Alma y Divinidad. Al momento de la consagración, se cambia la sustancia del pan y del vino, y se hace presente Jesús.
Imposible
de creer para muchos no católicos, y difícil de creer para algunos
católicos, y es ignorado otros, y así es en ese pedazo de Pan y Vino ya
no está más solo el producto del hombre, sino Jesús mismo!!!

¿Tú realmente lo crees?
Partamos
de un hecho innegable: Los que nos decimos creyentes y somos bautizados
contamos con la gracia santificante, que nos permite que la Fe ocurra,
es por tanto que por esa Fe que creemos que hay un Dios que creó el
Universo, un Dios que nos creo, un Dios que se revelo a su pueblo, un
Dios Omnipotente, Omnipresente, Omnisciente, etc. Etc. Si estudiamos un
poco de historia entenderán como desde el inicio de la Iglesia
primitiva, la fracción del pan era considerado
EL Sacramento, la conmemoración del sacrificio único y eterno de Jesús.
Veamos el catecismo:

CIC 1412 Los
signos esenciales del sacramento eucarístico son pan de trigo y vino de
vid, sobre los cuales es invocada la bendición del Espíritu Santo y el
presbítero pronuncia las palabras de la consagración dichas por Jesús en
la última cena: “Esto es mi Cuerpo entregado por vosotros…Este es el
cáliz de mi Sangre…”
CIC 1413 Por
la consagración se realiza la transubstanciación del pan y del vino en
el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las especies consagradas del pan y
del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera
verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su
divinidad (cf Cc. de Trento: DS 1640; 1651).

Que decían los Santos Padres?

San Ignacio de Antioquia (110 d.C.)

Obispo de Antioquia, martirizado en Roma (devorado por los leones) en tiempos del emperador Trajano (98-117).

Carta a los Efesios, San Ignacio de Antioquia. C.20.n2 (FUNK-BIHLMEYER, 86,14-16; Ruiz Bueno (B.A.C.) 459; MG 5,661 A)
…partiendo de un mismo pan, que es medicina de inmortalidad, antídoto para no morir, sino vivir por siempre en Cristo Jesús
Carta a los Filadelfios, San Ignacio de Antioquia. C.4 (FUNK-BIHLMEYER, 103,5-9; Ruiz Bueno 459; MG 5,661 A)
Esforzaos, por lo tanto, por
usar de una sola Eucaristía; pues una sola es la carne de Nuestro Señor
Jesucristo y uno sólo es el cáliz para unirnos con su sangre
,
un solo altar, como un solo obispo junto con el presbítero y con los
diáconos consiervos míos; a fin de que cuanto hagáis, todo hagáis según
Dios
Carta a los Romanos, San Ignacio de Antioquia. C.7 n.3 (FUNK-BIHLMEYER, 100.18-102,2; Ruiz Bueno 479; MG 5,693 A-B)
No siento placer por la comida corruptible ni por los deleites de esta vida. El pan de Dios quiero, que es la carne de Jesucristo, el del linaje de David; y por bebida quiero la sangre, de él, el cual es caridad incorruptible

¿Porque podría San Ignacio resaltar y honrar de tal manera a un pedazo de pan, y un poco de vino?
Resalto
que San Ignacio nace en los primeros 100 años después de haber estado
Jesús con nosotros, por lo tanto la iglesia era naciente, y por tanto
sus creencias con base a La Palabra de Dios (Biblia no había).

Cito estos dos versículos donde se resalta la fracción del pan:
Hechos 2, 42.Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones.
Lucas 24, 35.Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.
Por
tanto,  se prueba que en la biblia y en la Iglesia primitiva
consideraban que en ese pan y ese vino se encontraba físicamente el
Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor.

No me meteré a asuntos de apologética sobre si es o no solo una mera representación.
Entonces hermanos, asumiendo que creemos lo arriba resaltado sobre su presencia física en las Sagradas Especies.
¿Cómo tratarían al Cuerpo de Nuestro Señor?
Me imagino que con el mayor de los cuidados.
¿Cómo debe de estar su cuerpo para recibir a Nuestro Señor?
Espero que por mera lógica digan: LIMPIO
Pero, no me crean a mí, veamos que dice la Iglesia:
Enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1457):
“Según
el mandamiento de la Iglesia todo fiel llegado a la edad del uso de
razón debe confesar al menos una vez la año, los pecados graves de que
tiene conciencia
.
Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave que no celebre la
misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión
sacramental

a no ser que concurra un motivo grave y no haya posibilidad de
confesarse; y, en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un
acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse
cuanto antes. Los niños deben acceder al sacramento de la penitencia
antes de recibir por primera vez la sagrada comunión
.
¿Que nos decía Pablo?
1 Cor 11
27.
De manera que cualquiera que comiere este pan, o bebiere el cáliz del
Señor indignamente, reo será del Cuerpo y de la Sangre del Señor.
28. Por tanto, examínese a sí mismo el hombre, y de esta suerte coma de aquel pan y beba de aquel cáliz.
29
.
Porque quien lo come, y bebe indignamente, se traga y bebé su propia
condenación, no haciendo el debido discernimiento del Cuerpo del Señor
.
TRAGARIAMOS y BEBERIAMOS nuestra PROPIA CONDENACION.
Más claro no puede ser.
NO PODEMOS COMULGAR EN PECADO MORTAL.
Por
favor, díganles a sus familiares y amigos que no cometan sacrilegio, y
si hubiere algún sacerdote que esté equivocado háganselo saber.

PARA PROPAGAR LA COMUNIÓN DIARIA

¡Oh
dulcísimo Jesús, que habéis venido al mundo para dar a todas las almas
la vida de la gracia, y, para conservar y aumentar en ellas esta vida,
habéis querido ser el manjar de cada día y el remedio cotidiano de su
cotidiana debilidad! Humildemente os suplicamos, por vuestro Corazón
abrasado en amor nuestro, que derraméis sobre todas las almas vuestro
divino Espíritu; haced que vuelvan a Vos y recobren la vida de la gracia
aquellas que estén en pecado mortal, y que las almas dichosas que por
vuestra bondad viven de esta vida divina se acerquen devotamente cada
día, siempre que puedan, a vuestra sagrada Mesa, a fin de que por medio
de la Comunión diaria reciban cada día el antídoto de sus pecados
veniales cotidianos, y, alimentando en ellas cada día la vida de la
gracia y hermoseándolas con ella, lleguen por fin a poseer con Vos la
vida bienaventurada. Amén.

Una lectura desde la fe católica

Una lectura desde la fe católica
Un mensaje que penetra en la propia vida desde la fe, porque la Palabra de Dios es viva, eficaz, y tajante más que una espada.
Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net

Leemos un pasaje de la Biblia. En el corazón surgen preguntas o dudas. ¿Cómo interpretarlo? ¿A quién se refiere? ¿Qué quiso decir el autor sagrado? ¿Qué pretendía comunicar Dios a la gente de aquel tiempo? ¿Qué nos dice a nosotros, después de tantos siglos que nos separan de un pasado que parece remoto?

Quisiéramos tener a alguien a nuestro lado para comprender, para penetrar en el mensaje que Dios quiere dejar en nuestras almas. Nos sentimos como el etíope eunuco de los Hechos de los apóstoles, que preguntaba: “¿Cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía?”. Quisiéramos, entonces, encontrar a un Felipe que nos explicase el sentido de la Palabra de Dios… (cf. Hch 8,27-39).

En realidad, tenemos ya quien nos ayuda a comprender el mensaje divino. La Iglesia, desde la luz del Espíritu Santo, con el trabajo de miles y miles de obispos y sacerdotes, ha ofrecido y ofrece a cada generación la Palabra que salva.

Es importante recordarlo: los católicos vivimos como miembros vivos de una comunidad de creyentes. Nuestra fe no es un acto aislado, como el del explorador que empieza a caminar, entre las sombras, en medio de un bosque desconocido. La fe nos une a la comunidad, nos hace Iglesia, nos acerca a quienes tienen la misión de enseñar, regir y santificar a los bautizados.

Es hermoso, entonces, acoger tantas ayudas y guías que nos ofrecidas para recibir un mensaje que viene de Dios. Un mensaje, lo sabemos, que se expresa en gestos y en palabras, que está en la Biblia y en la Santa Tradición (cf. constitución dogmática Dei Verbum del Concilio vaticano II). Un mensaje que penetra en la propia vida desde la fe, porque “la Palabra de Dios es viva, eficaz, y tajante más que una espada de dos filos, y penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta las coyunturas y la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hb 4,12).

La fe nos lleva, entonces, a leer la Palabra en comunidad. Porque, “si ningún hombre es una isla, tanto menos lo es el cristiano, que descubre en la Iglesia la belleza de la fe compartida y testimoniada junto a los demás en la fraternidad y en el servicio de la caridad” (Benedicto XVI, Ángelus, 5 de septiembre de 2010).

Esa comunidad, Iglesia fundada por Cristo, nos ayuda a entender el mensaje, a vivir el Evangelio, a transmitirlo a quienes viven a nuestro lado.

Lo sabemos: “la Palabra de Dios no está encadenada” (2Tm 2,9). Conocerla y comunicarla con el testimonio de la propia vida y con palabras que se nutren con la fuerza del Espíritu Santo son la consecuencia suave de quien repite, como el profeta: “Se presentaban tus palabras, y yo las devoraba; era tu palabra para mí un gozo y alegría de corazón” (Jer 15,16).

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Pedro la Roca

Pedro la Roca

Tu eres “Pedro” Según los planes de Dios, el nombre de una persona es muy importante, especialmente el nombre de Dios (Ver Dt 5, 11; Ex 3, 14 “Yo Soy”; Is 43, 1; y Ap 3, 5). La Biblia nos muestra algo significativo: cada vez que Dios cambia el nombre de una persona no es por casualidad sino por una razón. El nombre corresponde a su nueva IDENTIDAD, FUNCION Y/O MINISTERIO.

En el AT vemos ejemplos de esta idea de que el nombre corresponde con la nueva identidad de la persona, así Dios nos preparó para que entendiéramos lo que iba a hacer su Hijo Jesús.

 
En el caso de Abrám Dios cambió su nombre por el de ABRAHAM (Gn 17, 5).El nombre Abrahám significa “padre de las naciones”. ¿Es verdad que Abraham es padre de las naciones? Sí, porque Dios le prometió que lo iba a ser: te he puesto por padre de muchedumbre de gentes (Gn 17, 5). Así vemos que su nuevo nombre corresponde con su nuevo ministerio e identidad.
 
En el mismo Génesis también vemos que Saraí recibió el nombre de SARA que significa “princesa”. Otra vez el cambio de nombre corresponde con la nueva identidad dentro de la realeza. Sara iba a ser madre de reyes (Gn 17, 16). A Jacob, Dios le cambió su nombre por ISRAEL porque luchó con Dios y con los hombres y venció (Gn 32, 28).
Leemos en Isaías 62,4 que el pueblo de Dios entero recibió un nombre nuevo: Nunca más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se dirá más Desolada; sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra, Beula; porque el amor de Jehová estará en ti, y tu tierra será el Dios tuyo.(1) Aquí se trata de una nueva relación con Dios que le daría una nueva identidad. Este cambio de nombre también afectaría su posición con el mundo político. (Otro ejemplo lo tenemos en 2 R 23, 34.)
Como podemos ver, el nombre nuevo refleja la identidad de la persona. Lo mismo sucede en el NT. En Mt 1, 21 el ángel dice a María: Y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS (2), porque él salvará a su pueblo. El nombre dado por el ángel corresponde a su identidad y ministerio: Jesús salva
Otro ejemplo es: Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros (Mt 1, 23). Es claro que Jesús es Dios-con-nosotros. Vemos que en el plan de Dios, cuando él cambia el nombre de una persona éste corresponde a su ministerio e identidad. Jesús sigue la manera de su Padre.
 
En la Biblia (Reina-Valera), en Jn 1, 42 Jesús dijo a Simón: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro), se nota que Cefas y Pedro significa lo mismo. Ahora, hermano, mira al pie de la página de tu Biblia que corresponde a los números que van con “Pedro” y “Cefas”, en el texto, dice: “1, 2 De la palabra piedra en arameo y en griego, respectivamente”. Entonces Jesús cambió el nombre de Simón, a Pedro y Pedro quiere decir piedra en Griego. Ahora, examinemos a Mt 16, 13-19 para entender la voluntad de Jesucristo. Primero vemos que Pedro contesta la pregunta de Jesús sobre su identidad. ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Es una pregunta de identidad y la contesta Pedro. Tú eres el Cristo. Después Jesús, usando las mismas palabras “TÚ ERES”, también trata la identidad de Simón: Y yo también te digo, que tú eres Pedro (Mt 16, 18).
Jesús cambió el nombre de Simón a Pedro y recordemos qué sucede cuando Dios cambia el nombre de la persona: corresponde a su nueva identidad. Vimos en Jn 1, 42, (en la nota al pie de página) que “Pedro” quiere decir PIEDRA. ¿Por qué cambió su nombre por Pedro entonces? Es que corresponde con su nueva identidad de ser “piedra”. Si no es así, ¿por qué cambiar su nombre? Al contestarme, un pastor bautista me dijo que Jesús le dio otro nombre a Pedro porque cambió su vida, pero Jesús no cambió los nombres de los demás Apóstoles, y ellos cambiaron su vida también ya que les dijo que serían pescadores de hombres (Mc 1, 17). (Además “Piedra” no es un nombre, es una cosa.) Jesús cambió su nombre, porque Pedro sería la Piedra/Roca sobre la que Jesús edificaría su Iglesia. Se indica aquí, claramente, la correspondencia entre nombre y función de la persona.
Es notable que en Jn 1, 42 cuando Jesús llama a Simón, lo hace mirándole. La palabra en español no capta lo que dice el griego. Jesús fija sus ojos en Pedro. Juan utiliza la palabra INTUITUS, no ASPEXIT ni VIDIT. Es decir, mirar profundamente con mirada penetrante. Jesús estaba diciendo algo sumamente serio y su mirada penetraba el alma de Pedro. Hay cristianos que no aceptan que Pedro es la roca. En el libro de William Soto Santiago leemos que la roca es “la revelación de Quién es la Palabra encarnada” que Pedro confesó.(3)
 
Pero entonces les preguntamos: ¿por qué Jesús cambió su nombre? Estas personas argumentan que el griego presenta dos diferentes palabras: Tu eres Pedro (Petros), y sobre esta roca (petra) edificaré mi Iglesia. Dicen, que petros es una piedra pequeña, distinta a petra que es una roca. Por lo tanto Pedro no puede ser la piedra de la Iglesia. Jesús, es la piedra como lo dice en 1 P 2, 4.
Pero este argumento es erróneo. Todos los expertos de la Biblia dicen que Jesús habló en arameo no en griego, y en este idioma no existe tal distinción. Jesús hubiera dicho en arameo: “Tú eres Kefa/Cefas y sobre este Kefa/Cefas edificaré mi Iglesia”.El primer Padre Apostólico que habla de este evangelio es el obispo Papías, y él testifica que el evangelio fue escrito en arameo.(4) Cuando se tradujo Mateo en griego, no quisieron traducir CEFAS a un nombre femenino. En vez de decir PETRA, (“piedra” en español), masculinizó el nombre: PETROS (Piedro). En francés la misma palabra femenina “pierre” (piedra) se usa para el nombre “Pierre” (Pedro)(5)
 
 Un Comentario bíblico evangélico dice, “Pedro (pétros) [sic] es el sustantivo griego que significa “piedra”. El equivalente en arameo es “cefas”…. Algunos opinan que el juego de palabras es significativo. Tú eres Pedro (pétros), que significa una piedra pequeña, y sobre esta roca (pétra) edificaré mi iglesia. Pétros es masculino y se usa cuando se refiere a un hombre. En cambio, pétra es femenino y se refiere a una roca grande. Sin embargo, debemos recordar que Jesús enseñaba en arameo, y en ese idioma no hay tal diferencia entre los términos para piedra y roca”(6).
En el griego del NT existen dos opciones para la palabra piedra: PETRA y LITHOS, como en castellano: “piedra” y “roca”. Acudiendo al griego original de la Reina-Valera presentado en el libro de C.P. Denyer, vemos que en ocasiones PETRA, que la Reina-de Valera traduce como “Roca” en Mt 16, 18, es utilizada también para una roca pequeña como en 1 P 2, 8 y Ro 9, 32-33. En estos textos PETRA es una roquita que puede hacer a uno tropezar.
Continuando con el argumento de que la Biblia utiliza las dos palabras por rocas grandes y pequeñas, vemos que Jesús es llamado LITHOS (1 P 2, 4), pero que también esta misma se usa para hablar de una piedra pequeña como la que iban a arrojar a la mujer adultera (Jn 8,7) o a Jesús (Jn 8, 59). En 1 Pedro 2, 8 y 1 Co 10, 4 encontramos las dos palabras, PETRA y LITHOS, para Jesús. Entonces, cuando se habla de Pedro la Roca no tiene nada que ver con si ella es grande o pequeña.
 
Hemos visto el asunto del griego y del arameo. Es interesante notar que el griego emplea para sobre esta piedra el adjetivo demostrativo, caso dativo TAUTEE con el artículo dativo TEE para mostrar la fuerza implicada en la cualidad demostrativa. Del griego, esta frase puede ser traducida ESTA MISMA. Así que Mt 16, 18 dice: Tú eres Pedro y sobre ESTA MISMA PIEDRA edificaré mi iglesia (ver 2 Co 9, 4; Mr 14, 30; Hch 27, 23). Jesús no dice “sobre esta piedra” o “sobre una piedra” pero con el uso de TAUTEE es claro que Jesús está hablando de la misma piedra que acaba de mencionar: “sobre esta misma piedra”.
El argumento de que siendo Jesús la piedra en 1 P 2, 4 y de que por eso él se refiere a sí mismo cuando dijo “y sobre esta roca edificaré” es erróneo porque en 1 P 2, 5 todos somos llamados piedras (aunque no “PETROS” o “PETRA” sino “LITHOS ” porque sólo Pedro es llamado así). En otro momento Jesús le dio a Pedro otro título. Jesús quien es el Buen Pastor que cuida a las ovejas (Jn 10, 11) nombra a Pedro Pastor después de su resurrección (Jn 21, 15-17). Dios es Rey de Israel pero también lo es David de una manera subordinada.
Cuando miramos el contexto de Mt 16, 18 (vv. 17 a 19) vemos que Jesús dice tres cosas, y todas están dirigidas a Pedro. La primera comienza con Bienaventurado eres, la segunda: Tú eres Pedro/Roca, y la tercera con Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos. La primera y la tercera son honores que Jesús le otorga a Pedro. En este contexto, la segunda frase ubicada entre estas dos va a ser un honor también: Tú eres la roca. No tiene sentido que Jesús le diga “Tú eres una pequeña piedrita insignificante, sin embargo aquí están las llaves del reino”(7). Además, la segunda parte de cada una de estas frases tiene que ver con la primera mitad, la explica: Pedro es bienaventurado (v. 17) ¿ porque?, porque el Padre le reveló que Jesús era el Mesías. La tercera frase: te daré las llaves del reino es seguida con la explicación: lo que atares… y lo que desatares en la tierra es en los cielos. Entonces, la segunda frase tiene que seguir el mismo patrón: sobre esta roca edificaré mi iglesia explica el porqué Jesús le llama a Pedro la Roca.

Muchos famosos expertos bíblicos protestantes como W. F. Albright, Oscar Cullman, Herman Ridderbos y C.S. Mann escribieron que Pedro es la Roca en Mt 16, 19, y que decir lo contrario según ellos solamente “demuestra prejuicios”. Gunter Bornkamm escribió: “En la interpretación de las palabras sobre Pedro y la Iglesia, la teología romano-católica y la protestante se han aproximado entre sí desde hace bastante tiempo. La <> no es Cristo, como ya pensaba Lutero, la roca ni es la fe de Pedro ni el oficio de la predicación, como lo entendieron los reformados, sino el mismo Pedro como director de la Iglesia”. 

Algunos dirán que Dios es llamado “Roca o “Piedra” y por lo tanto un hombre no lo puede ser. Pero Dios llamó a Abraham, la piedra en Isaías: Oídme, los que seguís la justicia, los que buscaís a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados. Mirad a Abraham vuestro padre (51, 1-2). Si después de negarlo, Jesús hubiera llamado a Pedro “lodo” y le hubiera dicho: “tú eres lodo y sobre este lodo no construiré mi Iglesia”, ningún hermano cuestionaría entonces que Jesús estaría refiriéndose a Simón-Pedro.
Si Jesús se estaba refiriendo a la confesión de Pedro como la roca y no al Apóstol mismo, ¿por qué no nombró a la confesión de Natanael como roca, porque de inmediato él confesó: tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel (Jn 1,49) solamente porque Jesús le había visto debajo de una higuera.
 
Jesús no dijo “sobre mí, edificaré mi iglesia”, ni dijo “sobre la confesión de Pedro” edificaré mi Iglesia”. Tenemos que ser honestos con la Biblia y no añadir palabras. ¿Por qué Pablo siguió llamando a Pedro CEFAS (ver 1 Co 15, 5 entre otros) si no lo era? Si Mateo quería que entendiéramos que Jesús era la Roca, ¿por qué no lo clarificó? Porque lo claro es que era Pedro.
A la pregunta ¿por qué cambió su nombre a “Pedro”, cuando no corresponde con su identidad? Es claro que Jesús es la Piedra invisible y que Pedro es la Roca visible sobre la cual Jesús edificó su Iglesia. Jesús no cambió su nombre por casualidad, lo que nos llevaría a la confusión. Pedro es la Roca y la Iglesia de Jesucristo se va edificando sobre él.  Los siguientes textos demuestran el plan de Dios, que consiste en edificar esta Iglesia. Y será visible, porque es la familia de Dios (Ef 3, 14), y las familias no son invisibles. Y esta Iglesia enseñará hasta a los ángeles (Ef 3, 10), y durára por todas las edades (3, 21): Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo (Ef 2, 20). Aquí los Apóstoles forman el fundamento, mientras Jesús es la Piedra del ángulo en que se mantiene unida toda la estructura.Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero (Ap 21, 14).

Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas (Hch 9, 31).

Vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios (1 Co 3, 9).

Vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu (Ef 2, 22).

 
Al igual que Dios, al llamar a Abraham roca lo hizo el fundamento de su pueblo Israel (recuerda que cambió su nombre), así Jesús, al cambiar su nombre, confiaría a Pedro el fundamento del Nuevo Israel, la Iglesia. Pedro es padre del Nuevo Israel como Abraham es padre del Antiguo (Gn 17, 5. Ver el mismo Is 51, 1-2). (Recordamos que el nombre de Jacob fue cambiado a Israel). También Jesús cumple la profecía de Am 9., 11 de “construir la casa”.
Hay una cosa en Mateo 16,18 que es muy importante. Jesús habla de una iglesia, edificaré mi iglesia. Es singular. Es la única Iglesia que existía en ese tiempo. Jesús no dijo “edificaré mis iglesias”: “Santiago agrupa a los bautistas, Pedro a los católicos, Mateo porque no edifica a los nazarenos y Juan a los mormones…” Hay muchísimas iglesias hoy día. ¿Cuál es la edificada sobre Pedro? Ya sabemos.

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El Purgatorio

El Purgatorio

1.- Una enseñanza fundamentada en la Palabra de Dios.
Lo primero que hay que mencionar, es que hay pasajes bíblicos que hablan muy claramente sobre la realidad del purgatorio. Uno de ellos, y tal vez el principal, es cuando el Apóstol San Pablo nos habla sobre el día del juicio y sobre qué pasará con aquellas personas que tuvieron fe y sirvieron a Dios, pero que su obra no fue tan buena, él lo explica así:
 
“Un día se verá el trabajo de cada uno. Se hará público en el día del juicio, cuando todo sea probado por el fuego. El fuego, pues, probará la obra de cada uno. Si lo que has construido resiste el fuego, será premiado. Pero si la obra se convierte en cenizas, el obrero tendrá que pagar. Se salvará pero no sin pasar por el fuego”.  1Cor 3,13-15
 
Notemos dos aspectos fundamentales de lo que San Pablo quiere enseñar acerca de un creyente en Dios: en primer lugar afirma que si la obra resiste al ser examinada la persona se salvará, en este caso se está refiriendo a un cristiano que va directamente a salvarse, sin necesidad de pasar por una purificación. Pero, inmediatamente agrega que hay otra situación donde la obra de la persona no resistió el juicio y no dice que se va a condenar, sino que ese cristiano tendrá que pagar o ser castigado y se salvará, pero como quien pasa por el fuego. Esto es precisamente el purgatorio, una purificación que algunos necesitarán para poder disfrutar plenamente de la amistad eterna con Dios.
 
No es un invento de la Iglesia como lo dicen algunos, sino la clara enseñanza de la Biblia por medio del Apóstol San Pablo que usa la figura de “salir, pagar, castigar o escapar a través del fuego” para enseñar acerca de la purificación. Así está escrito en todas la Biblias del mundo, en palabras muy similares. A esta realidad que la Sagrada Escritura nos muestra le llamamos purgatorio=purificación. Que esta palabra no venga en la Biblia no nos interesa, pues tampoco viene la palabra “Trinidad” ni “Encarnación” y el protestante las acepta. Lo que importa no es la palabra, sino la realidad de lo que significa, y en ese aspecto el Purgatorio está muy claro en la Sagrada Escritura.
 
2.- En el cielo no entrará nada manchado.
Al seguir estudiando la Biblia sobre este tema, encontraremos que la existencia del purgatorio es una consecuencia lógica de la Santidad de Dios, pues si Él es el tres veces santo(Is 6,3) o sea la plenitud de la santidad y perfección, entonces quienes estén junto a Él también deben de serlo(Mt 5,48), por eso, quien es fiel a Dios, pero no se encuentra en un estado de gracia plena a la hora de morir, no puede disfrutar del cielo porque la misma Biblia dice que en la ciudad celestial:
 
“No entrará nada manchado (impuro)” Ap 21,27
Entonces, si un cristiano no puede entrar al cielo por tener alguna mancha o impureza, ni tampoco sufrir el castigo eterno, es claro que tendrá que ‘pagar’ en esta vida o en la otra. Esto está escrito en la Biblia: “Al que calumnie al Hijo del Hombre se le perdonará; pero el que calumnie al Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otroMt 12,32.
Aquí Nuestro Señor Jesucristo habla de que hay pecados que no son perdonados en la otra vida; por lo tanto, hay otros que sí, ese es el sentido de la purificación o sufrimiento en el purgatorio y del porqué nosotros podemos orar (pedir) y ofrecer la Misa por ellos para que Dios tenga misericordia de esos hermanos difuntos que la necesiten, como el caso de Oniséforo mencionado en la Biblia (2 Tim 1,16-18).
 
 
3.- Desde los primeros siglos los cristianos creemos en su existencia.
El purgatorio como estado temporal de purificación fue creído desde el principio por los primeros cristianos que destacaron por su fe y santidad y a los cuales se les llama ‘Padres de la Iglesia’, conozcamos lo que dijeron algunos de ellos sobre este tema:
* Año 211. Tertuliano: “Nosotros ofrecemos sacrificios por los muertos…”
 
* Año 307. Lactancio: “El justo cuyos pecados permanecieron será atraído por el fuego (purificación)…”
* Año 386. Juan Crisóstomo: “No debemos dudar que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo…”.
* Año 580. Gregorio Magno: “Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador…”.
 
Como te darás cuenta el testimonio histórico de ellos es de gran valor, pues de esta manera cualquier persona puede comprobar por sí misma buscando una biblioteca en los libros de historia del cristianismo donde ellos hablaban sobre esta enseñanza de la purificación=purgatorio.
 
 
4.- ¿Qué es el purgatorio?
Más que un lugar físico, es un estado de vida temporal para la persona que muere en gracia de Dios pero imperfectamente purificada, y donde, mediante el sufrimiento, se es purificado para disfrutar plenamente de la presencia de Dios. Es una persona salvada que vive en el amor de Dios y la salvación pero no de una manera plena.
 El caso del malhechor al que Jesús le dice que estará con él en el paraíso, nos muestra que esa purificación en el sufrimiento algunos la tendrán aquí y otros la tendrán en la otra vida como lo menciona San Pablo (1 Cor 3,13-15) y que hemos comprobado en este tema. No se trata de pensar en llamas, sino en un tipo de sufrimiento por no tener plenamente a la persona que más nos ama en el mundo: Dios.
 
Cualquier persona que haya amado a un ser querido y que por alguna circunstancia la deja de ver por una temporada sabe del sufrimiento de no poder disfrutar por un tiempo del amor de esa persona. Sabe que está viva, que lo ama y que lo volverá a ver, pero al no tenerlo plenamente cerca experimenta alegría y a la vez un dolor y deseo de tenerlo cerca por siempre, cara a cara. Algo similar, pero de mayor intensidad y forma será la ‘purificación’.

defiendetufe.org

BIBLIA Y TRADICION

La Biblia y la Tradición
La Iglesia es la autoridad establecida por Jesucristo para interpretar su Palabra.

La Biblia y la Tradición
La Biblia y la Tradición
Los Reformadores Protestantes decían que la Biblia es la única fuente de las verdades de la fe, y que para entender su mensaje había tan solo que leer las palabras del texto. Es lo que se llama la teoría protestante de la sola scriptura, o en español “solamente la Biblia”. Según esta teoría, ninguna autoridad no bíblica puede imponer una interpretación, y ninguna institución extrabíblica -por ejemplo la Iglesia- ha sido establecida por Jesucristo para hacer las veces de árbitro en caso de conflictos de interpretación.

Como buenos herederos de los Reformadores, las sectas fundamentalistas trabajan sobre la base de esta teoría, y no pierden oportunidad para sacar a relucir su principio, que por otro lado parecería ser su arma mas efectiva, algo que ellos aceptan como el fundamento indiscutible de sus puntos de vista.

Sin embargo, no hay cosa más difícil en el diálogo con los fundamentalistas que querer hacerlos demostrar porqué creen ellos en el principio de que la Biblia solamente, separada de toda otra fuente de autoridad, sea suficiente en cuestiones de fe. La cuestión se reduce a saber cuál es el motivo que un Fundamentalista tiene para creer que la Biblia es un libro inspirado, pues es obvio que ella puede tomarse como regla de fe solamente en el caso que pueda ser comprobada su inspiración, y por ende su inerrancia.

Claro que se trata de una cuestión que no preocupa demasiado a la mayoría de los cristianos, y ciertamente son pocos los que le ha brindado atención alguna vez. En general se cree en la Biblia porque es el libro aceptado por todos los cristianos, cuya autoridad no se discute; aún vivimos en tiempos en los que los principios cristianos influyen en la cultura y en el medio en el que vive la mayoría de la gente.

Un cristiano tibio que no daría ni la más mínima credibilidad al Corán, pensaría dos veces antes de hablar mal de la Biblia, ya que esta goza de cierto prestigio, aún cuando no pueda explicarla ni entenderla demasiado. Podría decirse que esa persona acepta la Biblia como inspirada -cualquiera sea su entendimiento de la inspiración- por razones de tipo cultural, razones que, sin duda, son de escaso o ningún valor, ya que por las mismas razones el Corán debería ser tenido como inspirado en países de cultura musulmana.

“Para mí es motivo suficiente”

Dígase lo mismo ante quien sostiene que la familia en la que uno vino al mundo siempre tuvo la Biblia como libro inspirado, y “para mí eso basta”. Sería un buen motivo solamente para aquel que no pueda hacer un trabajo de reflexión serio, y no debemos nunca despreciar una fe sencilla, sostenida sobre fundamentos más bien débiles. Pero sea como sea, la mera costumbre familiar o local no puede establecerse como la base para creer en la inspiración divina de la Sagrada Escritura.

Algunos sectarios dicen que la Biblia es un libro inspirado porque “es un libro que inspira”. Pero la palabra inspiración es precisamente lo que se quiere probar, y tengamos en cuenta que hay muchos escritos religiosos y muy antiguos que ciertamente son mas “inspirados” o “emotivos” que muchos textos, incluso libros enteros, del Antiguo Testamento. No es falta de respeto afirmar que ciertas partes de los escritos sagrados son tan áridos como lo serían estadísticas militares; ¡y algunas partes de la Biblia (Antiguo Testamento) son eso, estadísticas militares!

Por ello concluyamos que no es suficiente creer en la Sagrada Escritura por motivos culturales o por costumbre, ni tampoco por sus textos emotivos o su belleza espiritual: hay otros libros, alguno totalmente seculares, que sobrepasan en belleza poética muchos pasajes de la Escritura.

¿Qué dice la Biblia de sí misma?

¿Y qué decir de lo que la misma Biblia enseña sobre su inspiración? Notemos que son muy pocos los pasajes donde la Biblia misma enseña su inspiración, aunque sea de modo indirecto, y la mayoría de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento no dicen absolutamente nada sobre su inspiración. De hecho ningún autor de los libros del Nuevo Testamento dice estar escribiendo bajo el impulso del Espíritu Santo, excepto San Juan al escribir el Apocalipsis.

Además, en el supuesto caso de que cada libro de la Biblia comenzase con la frase: “Este libro es inspirado por Dios”, semejante frase no probaría nada: el Corán dice estar inspirado, el Libro del Mormón, varios libros de algunas religiones orientales. Es más, lo libros de Mary Baker Eddy, la fundadora de la Ciencia Cristiana, y de Ellen G.White, fundadora del Adventismo del Séptimo Día se auto-declaran inspirados. Se puede concluir, con bastante sentido común, que el hecho de que un escrito se atribuya cualidades de inspiración divina no quiere decir que así lo sea.

Al fallar estos argumentos, muchos fundamentalistas retroceden y nos afirman que “el Espíritu Santo me dice claramente que la Biblia es inspirada”, una noción bastante subjetiva, por decir lo menos, muy afín con aquella otra, tan común entre los sectarios, de que “el Espíritu Santo los guía para interpretar las Escrituras”. Y así, el autor anónimo del artículo “Cómo puedo entender la Biblia”, un folleto distribuido por la organización evangélica “Radio Bible Class” enlista doce reglas para estudiar la Biblia. La primera es “Busca la ayuda del Espíritu Santo. El Espíritu fue dado para iluminar las Escrituras y hacerlas revivir para ti cuando la estudies: deja que te guíe”.

Si con esta regla se entiende que cualquier persona que pida a Dios guía para interpretar la Biblia recibirá esa guía de lo alto -y en este sentido lo entienden la mayoría de los fundamentalistas- entonces la multiplicidad de interpretaciones contrarias y contradictorias, aún entre los mismos Fundamentalistas, daría la preocupante sensación de que el Espíritu Santo no ha estado haciendo bien su trabajo…

No con silogismos

Gran parte de los fundamentalistas no dicen directamente que el Espíritu Santo les habló, asegurándoles que la Biblia es un libro inspirado. Al menos no hablan de ese modo. Más bien sucede así: al leer la Biblia el Espíritu “los convence” que esa es la Palabra de Dios, reciben cierta sensación interior de que es una palabra divina, y punto.

De cualquier modo que se lo vea, la postura fundamentalista no resiste un razonamiento serio. Son contados con los dedos de la mano los fundamentalistas que en un primer momento se acercan a la Biblia como a un libro “neutral”, y luego de su lectura lo reconocen como tal, siguiendo un razonamiento lógico. De hecho los fundamentalistas comienzan dando por supuesto el hecho de la inspiración, tal como toman otras doctrinas de sus sectas sin razonar sobre ellas, y entonces encuentran partes de la Sagrada Escritura que parecen fundamentar la inspiración, cayendo así en un círculo vicioso, confirmando con la Biblia lo que ellos crían de antemano.

La persona que quiere reflexionar seriamente sobre el tema se defraudará con la posición fundamentalista de la inspiración bíblica, dándose cuenta de que no cuenta con una base sólida para mantener esa teoría. La posición católica es la única que, al fin de cuentas, puede dar una respuesta intelectualmente satisfactoria.

La manera de razonar católica para demostrar que la Biblia es inspirada es la siguiente: en un primer paso consideramos la Biblia como cualquier otro libro histórico, sin presumir que es inspirado. Estudiando el texto bíblico con los instrumentos de la ciencia moderna llegamos a la conclusión que se trata de una obra confiable, de gran precisión histórica, cuya precisión sobrepasa en mucho la de cualquier otro texto histórico.

Un texto preciso

Sir Frederic Kenyon, en The Story of the Bible hace notar lo siguiente: “Para todas las obras de la antigüedad clásica nos vemos obligados a acudir a manuscritos escritos mucho después del original. El autor que lleva la delantera en este sentido es Virgilio, aún cuando el manuscrito más antiguo que de él poseemos fue escrito 350 años después de su muerte. Para todas las demás obras clásicas, el intervalo que existe entre la fecha del escrito original y la del manuscrito más antiguo que de él se conserva es mucho mayor: para Livio es de unos 500 años, para Horacio de 900, para la mayoría de la obras de Platón es de 1300, para Eurípides 1600”. Aún así, nadie pone seriamente en duda el hecho de que poseemos copias fieles de las obras de estos autores.

No solamente poseemos manuscritos bíblicos más cercanos a los originales que los de la antigüedad clásica, sino que poseemos un número mucho mayor que aquellos. Algunos de estos manuscritos son libros enteros, otros son fragmentos, otros tan sólo algunas palabras, pero todos ellos juntos suman miles de manuscritos en hebreo, griego, latín, copto, siríaco y otras lenguas. Todo esto significa que poseemos un texto rigurosamente fiel, y podemos trabajar con él con toda confianza.

Tomado históricamente

En un segundo momento dirigimos nuestra atención a lo que la Biblia, considerada sólo como libro histórico, nos enseña, particularmente en el Nuevo Testamento y en los Evangelios. Examinamos el relato de la vida de Jesús, su muerte y su resurrección.

Usando lo que nos transmiten los Evangelios, lo que leemos en otros escritos extrabíblicos de los primeros siglos y lo que nos enseña nuestra propia naturaleza -y lo que de Dios podemos conocer por la luz de la razón- concluimos que Jesús o bien era lo que decía lo que era -Dios- o bien estaba loco. (Sabemos que no pudo haber sido tan solo un buen hombre que no fuese Dios, porque ningún buen hombre se atribuye el ser Dios, si no lo es).

También podemos excluir que era un loco, no solamente por lo que él dijo y enseño -ningún loco habló jamas como lo hizo él, aunque tampoco un hombre cuerdo nunca habló así…-, sino por lo que sus seguidores hicieron después de su muerte. Un fraude (la tumba supuestamente vacía) se comprende, pero nadie da la vida por un fraude, al menos por uno que no tiene ninguna perspectiva de provecho. En conclusión, debemos afirmar que Jesús verdaderamente resucitó, y que por lo tanto era Dios, como él decía, e hizo lo que prometió que iba a hacer.

Otra cosa que él dijo que haría es fundar su Iglesia, y tanto de la Biblia (tomada aún como simple libro histórico, no como libro inspirado por Dios) como de otras fuentes históricas antiguas sabemos que Cristo estableció una Iglesia con las notas que hoy vemos en la Iglesia Católica: papado, jerarquía, sacerdocio, sacramentos, autoridad para enseñar y como consecuencia de esta última, infalibilidad. La Iglesia de Cristo debía gozar de infalibilidad de enseñanza si iba a cumplir aquello para lo cual Cristo la fundó.

Hemos tomado materia meramente histórico y hemos concluido que existe un Iglesia, la Iglesia Católica, protegida por Espíritu Santo para que pueda enseñar hasta el fin de los tiempos sin error. Vayamos entonces a la última parte del argumento.

Esa Iglesia nos dice que la Biblia es inspirada, y podemos confiar en su enseñanza porque se trata de una enseñanza autorizada, infalible. Sólo después de haber sido enseñados por una autoridad propiamente constituida por Dios para transmitirnos las verdades necesarias para nuestra fe, tal como la inspiración de la Biblia, sólo entonces podemos usar de las Escrituras como de un libro inspirado.

Un argumento en espiral

Hay que notar que nuestro argumento no cae en un circulo vicioso: no estamos basando la inspiración de la Biblia en la infalibilidad de la Iglesia y la infalibilidad de la Iglesia en la palabra inspirada de la Biblia; eso sería precisamente un circulo vicioso. Lo que hemos hecho se llama argumento en espiral: por un lado hemos argumentado sobre la confiabilidad de la Biblia como texto meramente histórico; de allí sabemos que Jesús fundó una Iglesia infalible, y sólo entonces tomamos la palabra de esa Iglesia infalible que nos enseña que la palabra que nos transmite la Biblia es una palabra inspirada, Palabra de Dios. No se trata de un circulo cerrado, ya que la conclusión final (la Biblia es la Palabra de Dios) no es el enunciado del cual partimos (la Biblia es un libro históricamente confiable), y este enunciado inicial no esta basado en absoluto en la conclusión final. Lo que hemos demostrado es que, si excluimos a la Iglesia, no tenemos suficientes motivos para afirmar que la Biblia es la Palabra de Dios.

Claro que lo que acabamos de discutir no es precisamente el razonamiento que la gente habitualmente hace al acercarse a la Biblia, pero es la única manera razonable de hacerlo, a la hora de preguntarnos porqué creemos en la Biblia. Todo otro razonamiento es insuficiente; tal vez haya argumentos más cercanos a la gente desde el punto de vista psicológico, pero estrictamente son argumentos en el fondo no convincentes. En matemáticas aceptamos “por fe” (no en el sentido teológico del termino, claro) que dos más dos son cuatro. Es una verdad que nos parece evidente y satisfactoria sin demasiados argumentos, pero el que quiera estudiar el profesorado de matemáticas tendrá que estudiar un semestre entero tratando de probar esas verdades “obvias”.

Razones inadecuadas

El punto aquí es el siguiente: los fundamentalistas tienen mucha razón en creer que la Biblia es un libro inspirado por Dios, pero sus razones para creerlo son inadecuadas, insuficientes, ya que la aceptación de la inspiración divina de las Escrituras puede basarse satisfactoriamente sólo en una autoridad establecida por Dios que nos lo asegure, y esa autoridad es la Iglesia.

Y precisamente aquí llegamos a un problema más serio: puede parecerle a alguno que mientras yo crea en la Biblia como en la Palabra de Dios poco importa el motivo por el cual lo crea: lo importante es que acepto la Biblia como la Palabra de Dios. Pero el motivo por el cual una persona cree en la Biblia afecta sustancialmente la manera de interpretar la Biblia. El creyente católico cree en la Biblia porque la Iglesia así se lo enseña, y esa misma Iglesia tiene la autoridad de interpretar el texto inspirado. Los fundamentalistas, por su lado, creen en la Biblia -aunque basados en argumentos poco convincentes- pero no tienen ninguna otra autoridad para interpretar el texto bíblico excepto sus propios puntos de vista.

El Cardenal Newman lo expresaba en 1884 de la siguiente manera: “Ciertamente que si las revelaciones y enseñanzas bíblicas del texto sagrado se dirigen a nosotros de una manera personal y práctica, se hace imperante la presencia formal en medio de nosotros de un juez y expositor autoritativo de esas revelaciones y enseñanzas. Es antecedentemente irracional suponer que un libro tan complejo, tan poco sistemático, en partes tan oscuro, fruto de tantas mentes tan distintas, lugares y tiempos diferentes, fuésenos dado desde lo alto sin una autoridad interpretativa del mismo, ya que no podemos esperar que se interprete a sí mismo. El hecho de que sea un libro inspirado nos asegura la verdad de su contenido, no la interpretación del mismo. Como puede el simple lector distinguir lo que es didáctico de lo que es histórico, lo que es un hecho de lo que es una visión, lo que alegórico de lo que es literal, lo que es un recurso idiomático y lo que es gramatical, lo que se enuncia formalmente de lo que ocurre como al paso, cuales son las obligaciones que obligan siempre y cuales obligan sólo en determinadas circunstancias. Los tres últimos siglos han probado tristemente que en muchos países ha prevalecido la interpretación privada de las Escrituras. El regalo de la inspiración divina de las Escrituras requiere como complemento obligatorio el don de la infalibilidad de su interpretación”

Las ventajas del razonamiento católico son dos: en primer lugar, la inspiración es estrictamente demostrada, no sólo “sentida”. Segundo, el hecho principal que late detrás de este razonamiento -la existencia de una Iglesia infalible, docente- nos conduce como de la mano a dar una respuesta a la pregunta del eunuco etiope (Hechos 8:31): ¿Cómo sabemos qué interpretaciones del texto son las correctas? La misma Iglesia que autentica la Biblia, que establece su inspiración, es la autoridad establecida por Jesucristo para interpretar su Palabra.

LA FE,fundamento y fuente de la vida moral

La Fe, fundamento y fuente de la vida moral
Es la virtud sobrenatural por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado.
Autor: Miguel Carmena Laredo Fuente: El Amor es más Fuerte

Definición y Naturaleza de la Fe

Las virtudes teologales fundan, animan y caracterizan el obrar moral del cristiano. Le dan vida a todas las virtudes morales. Son infundidas por Dios en el alma de los fieles para que por medio de ellas, el hombre sea capaz de actuar como hijo suyo y de ese modo alcanzar la salvación. Son la garantía de la presencia y la acción del Espíritu Santo en el ser humano.

Por la fe el hombre se entrega libremente a Dios y por ella se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. Por eso se dice que la fe es el fundamento de la vida moral ( Catec. n 2087). Es el don más grande que puede recibir el hombre, es más grande que la vida. De hecho, la fe da sentido a la vida, enseña a comprender el dolor y el sufrimiento, da sentido a lo cotidiano, llena la vida con la presencia de Dios.

La fe, que es la virtud sobrenatural por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado y que la Iglesia nos propone, porque Él es la verdad misma. Es decir, es la virtud sobrenatural por la que creemos ser verdadero todo lo que Dios ha revelado. Es imposible sin tener fe, tener un contacto íntimo con Dios.

Es una virtud que nos viene dada por Dios (virtud teologal) pues casi todas las verdades que creemos exceden la capacidad natural de la mente humana y hace falta una gracia especial de Dios para que se pueda dar el asentimiento. Nos es dada en el Bautismo.

La fe es un requisito fundamental para alcanzar la salvación. Todo el que cree en Cristo se salvará, esto nos dice el Evangelio en Mc. 16,16: “el que creyere y fuere bautizado se salvará y el que no creyere se condenará”. Pero, hay que tener cuidado en no caer en la visión protestante de que sólo la fe basta, las obras no importan. Así como el que carece de fe no se salva el que, teniendo fe, no las convierte en obras, tampoco se salva. “Como el cuerpo sin el espíritu es muerto, así también es muerta la fe sin obras”. Sant. 2, 26. La fe es decir sí a las verdades reveladas por Dios.

La fe no es un simple sentimiento de la presencia de Dios en la vida sino fiarse de Dios, confiar en Él. No tiene como fin primario capacitar al hombre para su tarea en este mundo, sino iniciarle a la vida divina que sólo alcanzará su perfección en la vida eterna. La fe es adhesión de la inteligencia a la palabra de Cristo (Evangelio) y entrega confiada a Él de toda la persona. Tiene, por tanto, un carácter intelectual y una dimensión existencial (que abarca a toda la existencia en sus múltiples facetas).

Por tanto, en la fe entran la inteligencia y la voluntad; los actos de fe son actos humanos. Por ello no podemos reducir la fe sólo a sentimientos o a emociones, ni considerarla como algo irracional o absurdo que simplemente obedecemos sin buscar su significado profundo o su coherencia interna. La fe es racional aunque a veces al hombre le cueste encontrarle sentido. La dificultad, en este caso, no es de la fe sino de la limitación humana.

Deberes que la fe impone

Los deberes que impone la fe al que la posee son: conocerla, confesarla y preservarla de cualquier peligro.

1. Conocerla

No sólo saber de que se trata sino que también hay que interiorizarla. Todo hombre dependiendo de su estado y condición tiene el deber de conocer las principales verdades de fe. Es un deber gravísimo. Cuando menos hay que conocer:

Los dogmas fundamentales, contenidos en el Credo.

Lo que es necesario practicar para salvarse: los Mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia.

El Padrenuestro.

Los medios de salvación: Los sacramentos.

Estos apartados coinciden con las cuatro divisiones del Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica: la profesión de la fe, la celebración del misterio cristiano, la vida en Cristo y la oración cristiana.

2. Confesarla

Manifestándola con palabras y hechos. Así, por ejemplo, al recitar el Credo conscientemente estamos haciendo una confesión de fe en las verdades fundamentales que nos ha revelado Dios. Al hacer una genuflexión ante la Eucaristía, manifestamos nuestra fe en la presencia de Cristo bajo las especies de pan y vino. Muchas veces, estos gestos sin la presencia de la fe resultarían incomprensibles o grotescos.

A través de la coherencia entre lo que creemos y hacemos en la propia vida, por medio de las obras. En nuestra vida cotidiana, en nuestras palabras y, si es necesario, en la confesión clara y explícita, aun a costa de la propia vida, debe manifestarse nuestra fe. En determinadas ocasiones se podrá ocultar o disimular la fe (ante la persecución, por ejemplo), pero nunca es lícito negarla.

En los tiempos actuales en que la fe se debilita en muchos hombres, en que el paganismo avanza y parece ponerse de moda el vivir como si Dios no existiese, los católicos tenemos un deber especial de extender el Evangelio, de predicar, de utilizar todos los medios a nuestro alcance para iluminar a los hombres con la revelación de Cristo igual que hacían los primeros cristianos. Esto supone una vivencia auténtica de la fe, un verdadero amor a Cristo y una justa valoración de lo que significa la salvación de una alma.

Por la práctica del apostolado, que nos lleva a hacer partícipes a otros del don que poseemos.

3. Preservarla

Es obligatorio evitar todo lo que la pueda poner en peligro o debilitarla por ser la fe un don sobrenatural de inmensa riqueza. Una manera de preservarla es cumliendo fielmante los mandamientos y demás compromisos del cristiano. Las crisis de fe son generalmente crisis de conducta.

Pecados contra la fe

Se puede pecar contra la fe por negarla interiormente, por no confesarla exteriormente y por exponerla a peligros.

1. Por negarla

La fe puede ser negada de varias maneras (Catec. n. 2089):

Incredulidad: es la carencia culpable de la fe ya sea total (ateísmo) o parcial (falta de fe). Supone El rechazo del principio y fundamento de la salvación eterna.

Por negligencia en la instrucción religiosa;

Por rechazar o despreciar positivamente la fe después de haber recibido la instrucción religiosa básica.

Apostasía: abandono total de la fe cristiana recibida en el bautismo. No es una pérdida paulatina, como en la infidelidad, debida al desprecio, a la vida de pecado o a la negligencia en la propia formación, sino una opción clara y global: cambio de religión o adhesión intelectual al panteísmo, racionalismo, marxismo, masonería…

Herejía: es el error voluntario y pertinaz contra alguna verdad definida como dogma de fe. En realidad, la herejía, al rechazar una verdad de fe, está rechazando toda la fe y está rechazando implícitamente la autoridad de dios que revela. Es, por tanto, un pecado gravísimo pues se rechaza formalmente a Dios. Por eso, la Iglesia denuncia las herejías para proteger a los fieles.

Dudas contra la fe. Si estas dudas se vencen sometiendo humildemente nuestro entendimiento a la revelación, a Dios, hacemos un acto virtuoso. Sin embargo, si estas dudas son admitidas deliberadamente o no se ponen los medios para salir de ellas, se está incurriendo en una falta contra la fe.

2. Por no confesarla externamente por vergüenza o temor

Este defecto consiste en la vergüenza de confesar externamente la fe por miedo a la opinión que los demás puedan formarse sobre mí. Puede llevar a omitir preceptos graves (por ejemplo, no voy a Misa el domingo por temor a que se enteren mis amigos con los que estoy pasando el fin de semana), o a veces puede suponer desprecio de la religión o ser causa de escándalo (por ejemplo, no responder ante un ataque al Papa en una conversación).

3. Por exponerla al peligro

Es el pecado de los que no se apartan de todo lo que puede hacer daño a la fe. Se puede presentar de muchas formas: conversaciones, lectura de libros contrarios a la fe, películas, conferencias, negligencia en la formación religiosa, supersticiones (la guija, espiritismo, etc).

Cuando se perciba alguna ocasión de peligro para tu fe, conviene acudir a un director espiritual o confesor fiel a la Iglesia y consultarle sobre las dificultades o los peligros que puedan aparecer

LOS SANTOS NOS AYUDAN ?

LOS SANTOS ¿AYUDA O DESVIO?

Por Anwar Tapias Lakatt

LOS SANTOS ¿AYUDA O DESVIO?

Todo católico profesa en el Credo: “Creo en … la comunión de los santos”, pero muy pocos entienden a que se refiere. Para muchos de ellos los santos son seres que están en la Iglesia para hacer un favorcito solo con una oración mágica. Para otros los santos fueron personas muy buenas tanto como para ponerle sus nombres a lugares o a sus hijos. Pero donde han dado más de hablar es entre los no católicos, que han visto en la ignorancia católica la oportunidad de abrir camino.

Este tema lo vamos a estudiar de la siguiente forma:

a) La Intercesión en la Biblia

b) Lugares de eternidad

c) Cuerpo y alma en la oración

d) La unidad del Cuerpo de Cristo

e) La Única mediación de Cristo

f) La participación en el plan de Dios

a) La Intercesión en la Biblia

La intercesión en palabras del Catecismo de la Iglesia:

Interceder, pedir en favor de otro, es, desde Abraham, lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios. En el tiempo de la Iglesia, la intercesión cristiana participa de la de Cristo: es la expresión de la comunión de los santos. En la intercesión, el que ora busca “no su propio interés sino […] el de los demás” (Flp 2, 4), hasta rogar por los que le hacen mal (cf. San Esteban rogando por sus verdugos, como Jesús: cf Hch 7, 60; Lc 23, 28. 34). (2635)[1]

La intercesión requiere tres personas: (a) quien ora, (b) por quien se ora y (c) ante quien se pide intercesión. A lo largo de la Escritura podemos encontrar múltiples ejemplos de intercesión ante Dios por otra persona. Entre ellos podemos ver:

El intercesor toma la iniciativa ante Dios

Moisés:

Y dijo Yahveh a Moisés: “Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz.
Déjame ahora que se encienda mi ira contra ellos y los devore; de ti, en cambio, haré un gran pueblo. Pero Moisés trató de aplacar a Yahveh su Dios, diciendo: “¿Por qué, oh Yahveh, ha de encenderse tu ira contra tu pueblo, el que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y mano fuerte?

¿Van a poder decir los egipcios: Por malicia los ha sacado, para matarlos en las montañas y exterminarlos de la faz de la tierra? Abandona el ardor de tu cólera y renuncia a lanzar el mal contra tu pueblo.

Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel, siervos tuyos, a los cuales juraste por ti mismo: Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; toda esta tierra que os tengo prometida, la daré a vuestros descendientes, y ellos la poseerán como herencia para siempre.” Y Yahvé renunció a lanzar el mal con que había amenazado a su pueblo (Ex 32, 9-14)

En este caso aun cuando Dios ha decido castigar a Israel, Moisés intercede y logra aplacar la ira de Dios por el pecado de su pueblo. Otro ejemplo claro es en Esteban (Hch 7, 60)

Un tercero pide al intercesor que interceda

Aaron:

Apenas la nube se retiró de encima de la Carpa, Miriam se cubrió de lepra, quedando blanca como la nieve. Cuando Aarón se volvió hacia ella y vio que estaba leprosa, dijo a Moisés: “Por favor, señor, no hagas pesar sobre nosotros el pecado que hemos cometido por necedad.
No permitas que ella sea como el aborto, que al salir del seno materno ya tiene consumida la mitad de su carne”.
Moisés invocó al Señor, diciendo: “¡Te ruego, Dios, que la cures!”.
Pero el Señor le respondió: “Si su padre la hubiera escupido en la cara, ¿no tendría que soportar ese oprobio durante siete días? Que esté confinada fuera del campamento durante siete días, y al cabo de ellos vuelva a ser admitida”. (Num 12, 10-14)
En este caso, Dios castiga a Miriam y Aaron pide a Moisés que interceda ante Dios. Otro ejemplo lo vemos con los Apóstoles ante Cristo intercediendo por la cananea que pide por su hija (Mt 15, 23)

Dios toma la iniciativa y solicita que el necesitado pida al intercesor

Job:

Después de haber dirigido estas palabras a Job, el Señor dijo a Elifaz de Temán: “Mi ira se ha encendido contra ti y contra tus dos amigos, porque no han dicho la verdad acerca de mí, como mi servidor Job”.

Ahora consíganse siete toros y siete carneros, y vayan a ver a mi servidor Job. Ofrecerán un holocausto por ustedes mismos, y mi servidor Job intercederá por ustedes. Y yo, en atención a él, no les infligiré ningún castigo humillante, por no haber dicho la verdad acerca de mí, como mi servidor Job.

Entonces Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de Naamá fueron a hacer lo que les había dicho el Señor, y el Señor tuvo consideración con Job. (Job 42, 7-9)

Esta cita sí que es hermosa, pues es Dios mismo que nos da la lección de la intercesión, pidiéndole a los necesitados que vayan a solicitar a Job que interceda por ellos. ¿Requería Dios de esto? No, pero qué lección tan grande, de un Dios que nos hace participar de su obra.

La Iglesia intercede por uno de sus miembros

Por aquel entonces, el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos.

Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan, y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de “los panes Ácimos”.

Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él.(Hch 12, 1-5)

En el Nuevo Testamento vemos como la oración de intercesión se sigue dando como una muestra de preocupación de unos miembros por otros (1 Cor 12, 26, Stg 5, 14)

La intercesión surge del mismo amor que tenemos unos por otros y de la preocupación entre miembros del Cuerpo de Cristo (1 Cor 12, 25). San Pablo nos llama a interceder por “todos” sin desanimarnos (Ef 6, 18), y siendo constantes (Col 4, 2), incluso pide que se ore también por él (Rom 15, 30; Col 4, 3; Ef 6, 19)

Sobre este primer punto quiero colocar una afirmación hecha por una página evangélica en respuesta a un autor católico ex – protestante sobre este tema.

El autor católico[2] escribió:

NO SE ORA A MARIA…. se pide su intercesión…. es muy diferente…. No se ora a nadie más que a Dios…. se pide la intercesión de los la Bienaventurada Madre de Dios Hijo y de los santos para que ellos también, unidos a nuestras oraciones, intercedan para que recibamos las gracias que necesitamos.

El evangélico respondió:

Bueno esto es realmente risible, no porque cambie uno las palabras, cambias la práctica, el mismo catecismo habla sobre “oraciones marianas” e “invocaciones a María y los santos”:

Por lo tanto no puede salir con su absurdo, de que no ora a María, que solo le pide intercesión, si ese es el caso entonces, jamás oramos a Jesús cuando pedimos su intercesión para con el Padre.

Cuando analizamos la respuesta de este evangélico tenemos que lograr separar: (a) de quien se espera respuesta en la oración, de, (b) a través de quien se busca ser respondido. El ejemplo de la Virgen aplicaría igual que los que hemos puesto anteriormente. Para este evangélico “orar a” y “pedir intercesión a” es lo mismo y suenan como variables reemplazables en una ecuación; y para esto coloca el ejemplo de Jesús, el cual no aplica ya que está entrando al terreno de la distinción de funciones en las tres personas divinas. Pero sí, podemos compararlo con los ejemplos bíblicos anteriores. Analicemos un solo caso: Cuando Aaron pide a Moisés y Moisés intercede, según este evangélico Aaron oró a Moisés. Igual sucede cuando Dios pide a los amigos de Job que soliciten la intercesión de Job, quiere decir que Dios mismo los mandó a orar a Job. De verdad que es curioso lo que algunos le hacen decir a la Biblia.

b) Lugares de eternidad

Otro de los temas importantes a analizar en este estudio sobre los Santos tiene que ver con los lugares de Eternidad, pues con base en esto, muchos no católicos han usado citas erradamente para cuestionar la intercesión de los Santos.

Para clarificar este tema es necesario separar la concepción bíblica del Antiguo Testamento sobre la realidad después de la muerte, y la realidad cristiana vivida en la Iglesia como depositaria de la Revelación de Cristo.

¿A dónde iban los muertos antes de la Redención de Cristo?

Esta pregunta está relacionada a la concepción judía de la muerte y a donde se iba al morir. Los judíos utilizaban un término para designar el lugar a donde iban los muertos: “sheol”. Para entender qué comprendía esta palabra citamos la Jewis Encyclopedia[3], quien en la definición de esta palabra menciona varias características como:

· Lugar profundo debajo de la tierra (Is 7, 11; Ez 31, 14)

· Es el punto más distante del cielo (Am 9, 2)

· Se pueden arrojar vivos a ese lugar (Num 16, 33)

· Es un lugar con puertas (Is 38, 10)

· Los que están allí siguen su vida como en la tierra (Gen 37, 36; Is 14, 9)

· Los muertos no tienen memoria (Is 26, 14; Ecle 9, 5)

Un ejemplo claro en la Escritura lo da Cristo cuando narra la historia de Lázaro y el rico:

El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él.

Entonces exclamó: “Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan”. “Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí” (Lc 16, 22-26)

Aun cuando es claro que el rico NO está dormido y recuerda bien lo que sucede en la tierra, algunos no católicos disfrazan el contexto[4]:

Lo que contesta Abraham al rico es que Dios no permite que los muertos (aun en el cielo) se puedan regresar a comunicarse con los vivos.

¿Hemos hasta ahora en este estudio o en la explicación de esta doctrina, inferido siquiera que la Intercesión de los santos se da porque los católicos creamos que ellos pueden regresar?

Es claro que en el Sheol estaban los justos y los condenados, pero separados por un gran abismo. La pregunta es ¿Es el Sheol el lugar donde hoy se encuentran los que han muerto salvados por Cristo? La respuesta es NO. ¿Entonces por qué los que atacan la Intercesión de los Santos usan las citas del Antiguo Testamento? En un foro protestante dice lo siguiente[5]:

La práctica de la iglesia de Roma de orar a los santos, o cristianos que en vida se reconocieron por su santidad y que después la iglesia los canonizó, es una práctica completamente anti-bíblica, no solo no encontramos esta enseñanza en el NT, sino que el tono de la Biblia en general rechaza tales prácticas:

Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.6 También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol. (Ecle 9,5-6)

Este argumento es convincente porque nos dice de manera clara lo que la Biblia dice manera implícita, y es que los ya fallecidos no importa en qué estado estén no pueden intervenir en los asuntos de la tierra.

Al respecto Samuel Vila dice:

“La idea del autor es que (los muertos) no pueden participar en los negocios de la tierra, y esto es bien cierto, y contradice rotundamente la doctrina de la invocación de los santos. Solo Dios, que es omnipresente y omnisciente, puede interesarse e intervenir en nuestros asuntos, ya que ha prometido atender nuestras oraciones.” Enciclopedia explicativa de dificultades Bíblicas, Samuel Vila, pág. 55.

¿Argumento convincente? ¿Para quién? Para el que desconoce la realidad de la muerte para los cristianos. ¿Acaso los que hoy mueren en Cristo van al Sheol? ¿O van al Cielo con Cristo?

Así que se denota la ignorancia de algunos no católicos de cuestionar el papel de los que han muerto en Cristo y gozan de su presencia, con una cita del Antiguo Testamento para los que iban al Sheol, que NADA tiene que ver con lo anterior. Y más aún, querer inferir que si los católicos pedimos intercesión es para que los santos intervengan en asuntos terrenales.

Pero aun así, vemos que según la narración de San Lucas, el rico no pierde la memoria, muy al contrario, está preocupado por los que dejó en la Tierra y por eso quiere que Abraham lo ayude. Igual pasa con Samuel cuando Saúl lo llama a su tumba (1 Sam 28, 16-18), Samuel recuerda bien todo lo que ha sucedido con Saúl y el por qué Dios lo abandonó.

¿Por qué los muertos iban al Sheol y no al Cielo?

Debido al pecado de Adán la muerte entró en la humanidad (Rom 5, 12) y al suceder esto fuimos destituidos de la Gloria de Dios. El Catecismo nos expresa que la consecuencia de ese pecado es la perdida de la santidad y justicia original[6], y el libro de Sabiduría expresará:

Dios creó al hombre para que fuera incorruptible y lo hizo a imagen de su propia naturaleza, pero por la envidia del demonio entró la muerte en el mundo, y los que pertenecen a él tienen que padecerla (Sab 2, 23-24)

Así que la humanidad misma perdió el derecho de gozar de la presencia de Dios, y por eso mismo Dios anuncia su plan de Salvación en la persona de Cristo (Gen 3, 15). Hasta que eso no ocurriera, los muertos iban al Sheol, tanto justos como pecadores; Cristo viene a romper esa sentencia de muerte logrando arrancar al diablo su dominio:

Por tanto, así como los hijos participan de la sangre y de la carne, así también participó él de las mismas, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al Diablo, y libertar a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud. (Heb 2, 14)

Así, que al Cristo morir logró para nosotros la reconciliación con el Padre, y la posibilidad nuevamente de gozar en su presencia. De este modo, al morir Cristo va al Sheol a sacar a los justos y los lleva al Cielo. En ese instante, la recompensa de estar con Dios se hace palpable y desaparece la concepción de Sheol.

Los protestantes como vemos, trasladan los efectos de la muerte en el Sheol al Cielo, y por tanto deducen que lo que sucedía a los muertos en el Sheol, sigue sucediendo a los muertos en el Cielo. Sin embargo, cuando leemos el libro del Apocalipsis, nos damos cuenta que esto es totalmente anti bíblico.

¿Qué hacen los muertos en el Cielo?

A diferencia de lo que alegan los no católicos, la Biblia respalda la doctrina católica sobre el papel de los santos. El catecismo a este respecto enseña:

956 La intercesión de los santos. “Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad…no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra… Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad” (LG 49)

Y si miramos la Biblia encontramos:

Almas siendo conscientes de lo que vivieron en la tierra clamando a Dios justicia (Ap 6, 9-11)

Una muchedumbre de pie delante del trono alabando a Dios (Ap 7, 9)

Los ancianos y seres vivientes delante del Cordero presentando las necesidades de los santos en sus copas (Ap 5, 8)

Pero aun así, vemos como nos quieren vender lo contrario[7]:

La Biblia describe a los muertos como durmiendo, esto es, actividad mental en sus pensamientos, pero no sabiendo lo que les pasa afuera (Luc. 8.52-53; Jn 11:11-14; 1Tes 4:13-17; 1Cor 15:51; 11:29-30).

Los ejemplos dados no aplican, se refieren a casos concretos de reanimaciones, en donde Jesús los devuelve a la vida. Es obvio el sentido que Jesús le está dando: no están sujetos a la muerte pues Cristo tiene el poder de vencerla, así que de ese modo no hay que temer al que mata el cuerpo (Mt 10, 28), así no está muertos sino dormidos.

c) Cuerpo y Alma en la Oración

Siguiendo con el estudio, llegamos a analizar un punto importante: Si podemos interceder unos por otros en vida, y los muertos son conscientes en el cielo, ¿Pueden ellos interceder aunque no tengan cuerpo material?

Creo que la cuestión se aborda analizando si como dicen los no católicos, una persona solo puede interceder por otro si está dentro de un cuerpo material. La cuestión la abordo de esta manera y no referente a que este “vivo” por las palabras de Jesús:

Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él”.(Lc 20, 38)

Jesucristo fue claro: TODOS viven para Dios, y en esa cita incluye a vivos y muertos. Cuando estamos en vida, podemos interceder por nuestros hermanos como en diferentes circunstancias pidió San Pablo, pero el mismo Apóstol nos da una luz sobre nuestra situación al morir:

Por eso, nos sentimos plenamente seguros, sabiendo que habitar en este cuerpo es vivir en el exilio, lejos del Señor; porque nosotros caminamos en la fe y todavía no vemos claramente.

Sí, nos sentimos plenamente seguros, y por eso, preferimos dejar este cuerpo para estar junto al Señor (2 Cor 5, 6-8)

Yo me pregunto: ¿si estar en este cuerpo es estar lejos del Señor y sin embargo, podemos clamarle e interceder por los demás, cuanto más no lo podremos hacer estando junto a él? Ya vimos que un alma en el Cielo no está dormida, pero falta analizar si su facultad de interceder depende que tenga un cuerpo.

Al respecto de la anterior cita, surgen interpretaciones erróneas por parte de los protestantes. Por ejemplo en una página web expresa[8]:

Para mucha gente lo que la frase “estar ausente del cuerpo y estar presente con el Señor” significa, es que cuando uno muere está inmediatamente con El Señor. Sin embargo, una cuidadosa lectura demuestra que esto no es lo que el pasaje dice. Lo que dice es que “MÁS QUISIÉRAMOS ESTAR AUSENTES DEL CUERPO, Y PRESENTES CON EL SEÑOR.” La frase “más quisiéramos” nos enseña que el pasaje declara una voluntad, un deseo, el cual no es un deseo de morir sino un deseo de “estar ausentes del cuerpo y presentes con el Señor”. Así que una entera y clara imagen de lo que esta frase significa será posible solo después de un análisis de su contexto, lo podemos desde el principio excluir es que podría significar que cuando uno muere está inmediatamente con el Señor, porque si así fuera, habría una fuerte contradicción con 1 de Tesalonicenses 4:15-17 que dice:

1 Tesalonicenses 4:15-17

“Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así [es decir de esta manera, la resurrección los cristianos muertos y el cambio del cuerpo de los vivos] estaremos siempre con el Señor.”

Si en 2 Corintios 5:6-8 Dios dijera que cuando uno muere está inmediatamente con el Señor, entonces ¿Cómo en 1 Tesalonicenses 4:17 el mismo Dios dice que “Y ASÍ (es decir mediante la resurrección, y el cambio de los cuerpos) siempre estaremos con el Señor”? obviamente ya sea que la Palabra de Dios está equivocada, lo cual es imposible, o la interpretación que usualmente se da de 2 Corintios 5:6-8 está equivocada.

El error de interpretación de este pasaje radica en querer interpolar a un mismo instante, el juicio personal después de la muerte, con la Resurrección en el Juicio Universal. La Biblia es clara en afirmar que al morir viene el juicio(Heb 9, 27), por eso en el cielo San Juan puede ver almas conscientes alabando a Dios(Ap 7, 9), mucho antes que ocurra en el Juicio Final (Ap 20, 11-15). En cambio, cuando ese juicio final llegue, todos seremos presentados al mismo tiempo, y como bien dice San pablo, los vivos en ese instante no precederán a los muertos, pero eso no tiene nada que ver con lo que Pablo expresa para cuando le llega la muerte a una persona. Así que, vemos como nuestro cuerpo sólo nos retarda el encuentro personal con el Señor.

Nuevamente citando el Evangelio, vemos un pasaje que nos da luz sobre el asunto

Y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño” (Mt 2, 20)

El NT utiliza para referirse a “vida” la palabra griega “psuchen”

λέγωνἐγερθεὶςπαραλάβε τὸ παιδίον καὶ τὴν μητέρα αὐτοῦ καὶ πορεύου εἰς γῆν Ἰσραήλ·τεθνήκασιν γὰρ οἱ ζητοῦντες τὴν ψυχὴν τοῦ παιδίου.

Esta palabra es usada muchas veces para referirse a la vida terrenal de una persona; la misma palabra también se traduce por “alma” como por ejemplo:

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. (Mt 10, 28)

Conectando este texto con San Pablo, nos damos cuenta que el matar el cuerpo” es equivalente en mención a “dejar este cuerpo” y eso no significa que hayamos dejado de tener vida.

La misma cita en griego es:

καὶ μὴ φοβηθῆτε ἀπὸ τῶν ἀποκτεινόντων τὸ σῶμα, τὴν δὲ ψυχὴν μὴ δυνάμενων ἀποκτεῖναι· φοβεῖσθε δὲ μᾶλλον τὸν δυνάμενον καὶ ψυχὴν καὶ σῶμα ἀπολέσαι ἐν γεέννῃ.

La palabra ψυχὴν traduce “alma” o “vida” (psuchen). Es interesante que aunque podamos perder la vida terrenal (psuchen), Cristo mismo utilice esa palabra en un contexto referente a la muerte terrenal y a la muerte espiritual. Para evitar interpretaciones tendenciosas, en esta cita, se ve claro que aunque nos maten el cuerpo (que literalmente es perder la vida), Cristo mismo use la palabra “psuchen”, ahora referida al alma. Esto significa que realmente nuestra vida está en el alma NO en el cuerpo, por eso cuando algunos cuestionan que un muerto no puede interceder le están dando mayor autoridad y valor al cuerpo que al alma.

Cuando oramos, nuestro cuerpo, obvio que está en sintonía con nuestra alma, pero no es el cuerpo el que lidera y determina la oración en nuestra vida, tanto así que siempre la carne y el espíritu en San Pablo están enfrentados (Rom 8, 5).

Un ejemplo claro lo tenemos con la Virgen María en el Magnificat:

María dijo entonces: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador (Lc 1, 47)

Las palabras de María son dicientes: su alma es la que canta, la que proclama. Si leyéramos en griego qué palabra es usada para verter alma, vemos que es “psuchen”

Καὶ εἶπεν Μαριάμ· Μεγαλύνει ἡ ψυχή μου τὸν κύριον

La misma palabra usada por Jesús para advertir sobre el que puede matar el cuerpo (perder la vida) pero no el alma (psuchen). Así que según esto, para poder alabar a Dios no se necesita tener un cuerpo material, pues es el alma, la vida, lo que lo puede hacer, por eso en el Apocalipsis leemos:

Una muchedumbre de pie delante del trono alabando a Dios (Ap 7, 9)

Es obvio que esta muchedumbre se refiere a las almas que están en el cielo, y que aún no gozan de su cuerpo inmortal porque no ha llegado la Resurrección Final.

Incluso, leyendo un poco a Santo Tomás de Aquino al respecto podemos leer sobre las potencias del alma y sobre la que tiene relación directa con el cuerpo:

Los géneros de las potencias del alma se distinguen por sus objetos. Pues cuanto más noble es una potencia, tanto más universal es el objeto sobre el que actúa, como dijimos anteriormente (q.77 a.3 ad 4). El objeto de las operaciones del alma puede ser analizado en un triple orden. 1) Pues hay potencias del alma que tienen por objeto único el cuerpo que está unido al alma. Su género es llamado vegetativo en cuanto que la potencia vegetativa no actúa más que sobre el cuerpo al que está unida el alma[9].

Según Santo Tomás de Aquino en su obra, el alma vegetativa es la que actúa sobre el cuerpo, y él mismo nos dirá sobre qué funciones actúa:

Las potencias de la parte vegetativa son tres. Pues, como se dijo (a.1), lo vegetativo tiene por objeto el cuerpo que vive por el alma. Con respecto a esto, son necesarias tres operaciones del alma. 1) Una, por la que adquiere el ser; y a esto se orienta la potencia generativa. 2) Otra, por la que el cuerpo vivo adquiere su debido desarrollo; y a esto se orienta la facultad aumentativa. 3) Otra, por la que el cuerpo viviente se conserva en su ser y proporción; y a esto se orienta la facultad nutritiva.

¿En donde podemos encajar que para que un alma pueda orar, ser consciente e interceder necesita de un cuerpo? Acaso dentro de las potencias del alma vegetativa está el orar?

Después de esto, ¿seguiremos pensando que un muerto en el cielo no tiene capacidad de interceder por nosotros, si esto lo hacía en la tierra? Analizando que el alma es la que lo hace, se podrá pensar que en el cielo, donde ya no están sujetos al tiempo y al espacio, no lo pueden hacer estando en plena presencia de Dios?

Luego, nos queda responder a las inquietudes sobre cómo podría un santo en el cielo escuchar una plegaria en la tierra si precisamente no es omnisciente ni omnipresente; esto es lo que pregonan los protestantes:

La Biblia no da absolutamente ninguna indicación de que María o los santos puedan escuchar nuestras oraciones. María y los santos no son omniscientes. Aún glorificados en el Cielo, ellos son seres finitos con limitaciones. ¿Cómo es posible que puedan escuchar las oraciones de millones de gente?[10]

Así como erróneamente los protestantes trasladan las características de los muertos en el Sheol al Cielo, así trasladan erróneamente las limitaciones de nuestro tiempo y espacio al Cielo. Suponen entonces, que en el Cielo también se tienen las limitaciones de la Tierra. Aun cuando, en el Cielo también los santos llevan cierta especie de tiempo “por el hecho de que ocurre una sucesión de actos” y Sólo Dios es acto puro, no podemos es creer que están sujetos a las leyes físicas de este mundo[11]

Ejemplos bíblicos hay varios que los que están en el cielo están conscientes de lo que pasa en la tierra:

Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone (Heb 12, 1)

¿A qué testigos se refiere el autor? Si se lee el capítulo 11 de esta carta, podremos darnos cuenta que se refiere a los que habían muerto como modelos de fe. ¿Cómo entonces es posible que se diga que los muertos no son conscientes de lo que pasa en la tierra?

Y echándose tierra sobre su cabeza, llorando y lamentándose, decían:

“¡Ay, ay! ¡La gran Ciudad!

Con su opulencia se enriquecieron todos los que poseían barcos en el mar.

¡Y en una hora ha sido arrasada!”

“Que se alegre el cielo a causa de su ruina, y alégrense ustedes, los santos, los apóstoles y los profetas, porque al condenarla, Dios les ha hecho justicia”. (Ap 18, 19-20)

¿Cómo pueden alegrarse los profetas, apóstoles y santos de algo que ha sucedido en la Tierra (la caída de la Babilonia)? Acaso no están dormidos y sin memoria?

Incluso los mismos condenados, los reyes de la Tierra que habían fornicado con la Babilonia, también son conscientes de lo que pasaba en la Tierra:

Los reyes de la tierra, que fornicaron con ella y compartieron su vida lujosa, al ver la humareda del incendio, llorarán y se lamentarán por ella (Ap 18, 9)

Lo importante es que los santos en el Cielo, no logran ser conscientes de lo que sucede en la Tierra o escuchar oraciones humanas por alguna capacidad especial de omnisciencia sino por pertenecer en comunión al Cuerpo de Cristo.

d) La unidad del Cuerpo de Cristo

Leemos en el Catecismo:

789 La comparación de la Iglesia con el cuerpo arroja un rayo de luz sobre la relación íntima entre la Iglesia y Cristo. No está solamente reunida en torno a Él: siempre está unificada en Él, en su Cuerpo. Tres aspectos de la Iglesia “cuerpo de Cristo” se han de resaltar más específicamente: la unidad de todos los miembros entre sí por su unión con Cristo; Cristo Cabeza del cuerpo; la Iglesia, Esposa de Cristo.

Todos los bautizados formamos en Cristo un solo Cuerpo. Esta realidad debemos incluso visualizarla bajo el plan de Dios. Leyendo a San Pablo encontramos algo bien interesante:

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor.

Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido.

En él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, que Dios derramó sobre nosotros, dándonos toda sabiduría y entendimiento.

Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme al designio misericordioso que estableció de antemano en Cristo, para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos: reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo.

En él hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano —según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad—a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo, para alabanza de su gloria.

En él, ustedes, los que escucharon la Palabra de la verdad, la Buena Noticia de la salvación, y creyeron en ella, también han sido marcados con un sello por el Espíritu Santo prometido.(Ef 1, 3-13)

Varias veces en el pasaje podemos leer la expresión “en el”. No podemos ignorar esto, pues nosotros simplemente no pensamos que estamos en la Tierra por nuestra cara bonita; hay algo más profundo en los designios de Dios, nosotros fuimos creados en Cristo y por medio de su abundancia recibimos toda clase de bendiciones. Así, si estamos ordenados a Cristo. Nuevamente San Pablo lo expresará:

Él es la Imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra, los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades:

Todo fue creado por medio de él y para él. Él existe antes que todas las cosas y todo subsiste en él.(Col 1, 15-17)

Ya San Pablo no dirá que fuimos creados en él solamente sino que también dirá que “para él”. Si nuestra finalidad es Cristo y para él fuimos creados, es entonces claro que estamos llamados a estar en unión con él por medio de su gracia. Este es el orden de Dios, y es la nuestra finalidad (Ef 1, 3)

Para dar cumplimiento a este designio de amor, Dios en Cristo nos ha unido por medio de su Espíritu Santo, quien opera en los Sacramentos:

790 Los creyentes que responden a la Palabra de Dios y se hacen miembros del Cuerpo de Cristo, quedan estrechamente unidos a Cristo: “La vida de Cristo se comunica a los creyentes, que se unen a Cristo, muerto y glorificado, por medio de los sacramentos de una manera misteriosa pero real” (LG 7). Esto es particularmente verdad en el caso del Bautismo por el cual nos unimos a la muerte y a la Resurrección de Cristo (cf Rm 6, 4-5; 1 Co 12, 13), y en el caso de la Eucaristía, por la cual, “compartimos realmente el Cuerpo del Señor, que nos eleva hasta la comunión con él y entre nosotros” (LG 7).

Los cristianos al ser bautizados quedamos incorporados a Cristo y unidos a él. De este modo, todos somos un solo Cuerpo en donde Cristo es la Cabeza (Col 1, 18).

¿Qué nos produce ser parte del Cuerpo de Cristo?

El Bautismo es el que nos introduce al Cuerpo Místico de Cristo, bien lo dice San Pablo:

Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo.
Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo —judíos y griegos, esclavos y hombres libres— y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. (1 Cor 12-13)

Así que lo gramos formar UN SOLO CUERPO(Rom 12, 5-6), esto es algo hermoso, pues no importa cuan distintos seamos, todos por la gracia bautismal formamos un solo cuerpo con Cristo como Cabeza. Esta unión al Cuerpo de Cristo por el Bautismo, nos injerta a él (Rom 6) Algo muy hermoso para contemplar es que esa unión al Cuerpo de Cristo por el Bautismo no se pierde jamás, pues la gracia bautismal viene de Dios no del hombre, por lo cual es un sello indestructible. Para que podamos comprender hasta donde llegan los efectos de esta unión con Cristo, San Pablo nos dirá en su carta a los Romanos:

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.

Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección.(Rom 6, 4-5)

El ser parte del Cuerpo del Cristo en estos momentos nos lleva a que siendo fieles y constantes también nos identificaremos con él en la Resurrección, la cual ocurrirá al final del los tiempos. Quiere decir que aun muriendo, aun perdiendo el cuerpo material, aun dejando esta vida, seguimos injertados a Cristo por el Bautismo, y por tal seguimos formando UN SOLO CUERPO. Por eso, la Iglesia enseña que tanto los que han muerto como los que vivimos estamos íntimamente unidos EN CRISTO JESUS. Mientras que para otros credos, esta unión es tan débil que se rompe con la muerte, aun cuando Cristo la venció, para nosotros los católicos está unión es eterna porque fue operada por el propio Espíritu Santo en el Bautismo, por virtud de los méritos de Cristo.

Ahora sí, podemos entender por qué San Pablo expresó:

¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría.(1 Cor 12, 26)

Los santos en el cielo, siendo testigos, conscientes de lo que sucede en la Tierra, y aun más, por ser parte del mismo Cuerpo de nosotros, pueden interceder por nuestras necesidades; a menos que alguno aquí considere que ser parte del Cuerpo de Cristo se pierde al morir.

e) La Única mediación de Cristo

El principal texto con que los protestantes creen desvirtuar la intercesión de los santos en el Cuerpo de Cristo es:

“hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre” (1 Tim 2,5).

Una página protestante expresa:

No hay nadie más que pueda ser mediador ante Dios por nosotros. Si Jesús es EL ÚNICO mediador, eso indica que María y los santos no pueden ser mediadores. Ellos no pueden ser mediadores de nuestras peticiones en oración a Dios. Más aún, la Biblia nos dice que Jesucristo Mismo está intercediendo por nosotros ante el Padre “por lo cual (Jesucristo) puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.” (Hebreos 7:25). Con Jesús Mismo intercediendo por nosotros, ¿por qué necesitamos que María o los santos intercedan por nosotros? [12]

Hay varias cosas que tenemos que aclarar sobre este texto de San Pablo:

¿Qué es un mediador?

Un mediador es alguien que media entre dos, pero aún más, quien tiene como lograr obtener el favor. Para analizar este enfoque no podemos quedarnos con definiciones de diccionario, sino debemos ubicar la realidad del hombre y el papel de Cristo en la salvación de la Humanidad y de la instauración de una nueva Alianza.

Salvador del género humano

El hombre ha perdido la comunión con Dios por culpa del pecado, la muerte ha entrado a la humanidad y el hombre nunca será capaz de recuperar ese estado nuevamente por más que lo intente. Es por eso, que Dios Padre en su infinito amor decide enviar a Cristo a salvarnos:

Porque Dios no envió a su Hijopara juzgar al mundo,sino para que el mundo se salve por él.(Jn 3, 17)

El Catecismo nos enseña:

457 El Verbo se encarnó para salvarnos reconciliándonos con Dios: “Dios nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 4, 10).”El Padre envió a su Hijo para ser salvador del mundo” (1 Jn 4, 14). “El se manifestó para quitar los pecados” (1 Jn 3, 5):

Nuestra naturaleza enferma exigía ser sanada; desgarrada, ser restablecida; muerta, ser resucitada. Habíamos perdida la posesión del bien, era necesario que se nos devolviera. Encerrados en las tinieblas, hacía falta que nos llegara la luz; estando cautivos, esperábamos un salvador; prisioneros, un socorro; esclavos, un libertador. ¿No tenían importancia estos razonamientos? ¿No merecían conmover a Dios hasta el punto de hacerle bajar hasta nuestra naturaleza humana para visitarla ya que la humanidad se encontraba en un estado tan miserable y tan desgraciado? (San Gregorio de Nisa, or. catech. 15).

Y la Constitución Gaudium et Spes expresa:

Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejantes en todo a nosotros, excepto en el pecado.

Cordero inocente, con la entrega libérrima de su sangre nos mereció la vida. En El Dios nos reconcilió consigo y con nosotros y nos liberó de la esclavitud del diablo y del pecado, por lo que cualquiera de nosotros puede decir con el Apóstol: El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gal 2,20).Padeciendo por nosotros, nos dio ejemplo para seguir sus pasos y, además abrió el camino, con cuyo seguimiento la vida y la muerte se santifican y adquieren nuevo sentido.(GS 22, CVII)

¿No podía Dios salvarnos sin tener que enviar a su Hijo uniendo una naturaleza humana a su naturaleza divina? Claro que podía hacerlo, pero Dios nos da su muestra más grande de amor precisamente con este acto:

El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores? (Rom 8, 32)

Es una forma de decirnos, ¿si les envié a mi propio Hijo por amor a ustedes, qué no podré concederles? Así que la primera acción de esa venida de Cristo es la salvación del género humano. Y eso se logra según muestra San Pablo:

Pero no hay proporción entre el don y la falta. Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos.Tampoco se puede comparar ese don con las consecuencias del pecado cometido por un solo hombre, ya que el juicio de condenación vino por una sola falta, mientras que el don de la gracia lleva a la justificación después de muchas faltas.En efecto, si por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia.Por consiguiente, así como la falta de uno solo causó la condenación de todos, también el acto de justicia de uno solo producirá para todos los hombres la justificación que conduce a la Vida.(Rom 5, 15-18)

En el lenguaje paulino, la realidad humana de Cristo se realza; es una manera clara de San Pablo de mostrarnos que la encarnación de Cristo, su vida, su pasión y su muerte no fueron un espejismo, fueron una realidad[13]. Realmente Cristo padeció en su carne por nosotros, y San Pablo nos muestra que como hombre nos logró la reconciliación con Dios. La mediación de Cristo como hombre, no se puede entender como un simple rogar, como un simple suplicar a Dios que se conmueva del hombre y los restaure a la gracia. La verdadera mediación de Cristo consiste en entregarse él mismo y con su sangre lograrnos la Redención; esto es importante para no imaginarse por un solo instante que los católicos igualamos la mediación única de Cristo con la intercesión ante él que hacen los santos y la Virgen María. La Iglesia reconoce esta única mediación; cito un artículo del Padre Juan Carlos Sack sobre un documento magisterial:

Es también frecuente la tesis que niega la unicidad y la universalidad salvífica del misterio de Jesucristo. Esta posición no tiene ningún fundamento bíblico. En efecto, debe ser firmemente creída, como dato perenne de la fe de la Iglesia, la proclamación de Jesucristo, Hijo de Dios, Señor y único salvador, que en su evento de encarnación, muerte y resurrección ha llevado a cumplimiento la historia de la salvación, que tiene en él su plenitud y su centro[14].

¿Enseña la Iglesia Católica que hay muchos mediadores ante el Padre? NUNCA.

¿Podría a estas alturas del estudio algún lector, siquiera insinuar que la Comunión de los Santos enseñada por la Iglesia, donde los que han muerto en comunión con Cristo y están unidos a él por su gracia interceden por nuestras necesidades, se refiere a que ellos nos logren de parte del Padre la Redención? Eso jamás, y San Pablo es muy claro al colocar que hay UN SOLO MEDIADOR, porque nadie nos pudo devolver la amistad con Dios que no fuera Cristo Jesús. Es importante dejar claro esto, para no revolver la intercesión de los santos con la única mediación de Cristo. Y más aún, que se recalque que fue Cristo HOMBRE, para expresar que quien murió en la Cruz no fue una apariencia o una sombra sino realmente el Hijo de Dios hecho carne (Jn 1, 14).

Portador de una Nueva Alianza

Pero Cristo, además de lograrnos la Redención del género humano, logró anular la primera Alianza y traernos una nueva. Desde muchos siglos antes, Dios había anunciado que traería una nueva Alianza, debido a la imposibilidad de la primera por culpa del pecado del hombre contra la Ley.

Llegarán los días —oráculo del Señor— en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá. No será como la Alianza que establecí con sus padres el día en que los tomé de la mano para hacerlos salir del país de Egipto, mi Alianza que ellos rompieron, aunque yo era su dueño —oráculo del Señor—.

Esta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días —oráculo del Señor—: pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo.

Y ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: “Conozcan al Señor”. Porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande —oráculo del Señor—. Porque yo habré perdonado su iniquidad y no me acordaré más de su pecado (Jer 31, 31-34)

Así que Dios, en vista de la transgresión del hombre con la primera Alianza decide darnos una nueva y definitiva; en el lenguaje del NT ya se ve la caducidad de la primera Alianza:

Pues si aquella primera [Alianza] fuera irreprochable, no habría lugar para una segunda. Al decir nueva, declaró anticuada la primera; y lo anticuado y viejo está a punto de cesar.(Heb 8, 7.13)

La encíclica Lumen Gentium resumirá en palabras muy hermosas esta realidad de Nueva Alianza para todos.

Nueva alianza que estableció Cristo, es decir, el Nuevo Testamento en su sangre (cf. 1 Cor., 11,25), convocando un pueblo de entre los judíos y los gentiles que se condensara en unidad no según la carne, sino en el Espíritu, y constituyera un nuevo Pueblo de Dios[15]

Ya no seremos cobijados en esta Nueva Alianza por la circuncisión sino por el Bautismo y la Fe en Cristo (Col 2, 11-12)

Testamento y testador

Dentro de este punto, es importante entender qué es un testamento y por cuanto tiempo tiene validez. San Pablo lo explica muy bien referido al matrimonio en su carta a los Corintios, y luego la Carta a los Hebreos nos hará profundizar este misterio de fe:

La mujer permanece ligada a su marido mientras este vive; en cambio, si muere el marido, queda en libertad para casarse con el que quiera. Pero en esto, debe ser guiada por el Señor.(1 Cor 7, 39)

El Matrimonio funciona igual que un testamento; el hombre había roto su juramento de la Primera Alianza el cual había hecho a Yahvé:

Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.”Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel.”

Fue, pues, Moisés y convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todas estas palabras que Yahveh le había mandado.

Todo el pueblo a una respondió diciendo: “Haremos todo cuanto ha dicho Yahveh.” Y Moisés llevó a Yahveh la respuesta del pueblo. (Ex

El judío le había prometido a Dios que cumpliría la Alianza hecha con él en el Sinaí, pero el judío la rompió pervirtiéndose en el pecado. ¿Qué implicación tiene esto? Pues que cuando en un testamento o alianza se rompe por falta de uno, sólo la muerte puede anular dicha Alianza y evitar que sean aplicadas las consecuencias de dicha falta; esto es lo que se dirá en la carta a los Hebreos de la mediación de Cristo:

Por eso es mediador de una nueva Alianza; para que, interviniendo su muerte para remisión de las transgresiones de la primera Alianza, los que han sido llamados, reciban la herencia eterna prometida.

Pues donde hay testamento se requiere que conste la muerte del testador, ya que el testamento es válido en caso de defunción, no teniendo valor en vida del testador.(Heb 9, 15-18).

Así que si la Alianza antigua se había invalidado por culpa de quien prometió cumplirla, era necesaria su muerte para poder anular su efecto; es por eso que Dios, al no querer que el hombre muriera como consecuencia de esa trasgresión, decide tomar su lugar y morir por él, lo que la Escritura muestra en varias partes (1 Cor 5, 21); (1 Pe 2, 24), (Gal 1, 4)

Nuevamente, la única mediación de Cristo no contradice la intercesión de los santos, ya que la Iglesia no enseña que nadie fuera de Cristo se hizo mediador de la Nueva Alianza. ¿Entonces por qué los protestantes quieren revolver las citas? Y más curioso aún es ver dos argumentos protestantes que se contradicen entre sí:

· Cuando los católicos expresamos que los muertos pueden interceder por nuestras oraciones debido a que en vida también se hace, entonces ellos refutan diciendo que sólo se puede hacer en vida y que es válida sólo en vida

· Pero cuando usan la cita de San Pablo para decir que si Cristo es el único mediador ya no hace falta que nadie más interceda, ni María ni lo santos, entonces,

¿Cómo es que si consideran válida la intercesión en vida si Cristo es el único mediador?

Al respecto miremos una página evangélica que expresa

:Instrucciones Apostólicas Sobre la Oración

1ª Timoteo 2:1-8

• Diversos tipos de oración:

1. Rogativas
2. Oraciones
3. Peticiones
4. Acciones de gracias

Podemos ver que cada tipo de oración tiene un enfoque específico.

• Jesucristo el supremo intercesor.

1. Hay un solo Dios.
2. Hay un solo mediador entre Dios y los hombres.(Reconocen esta verdad bíblica)
3. Jesucristo Hombre.

• El principio del corazón limpio.

1. Quiero que los hombres oren en todo lugar.
2. Levantando manos santas.
3. Sin ira ni contienda.

Así que si queremos tener éxito en la batalla espiritual debemos ser persistentes en la oración, nadie que tenga una vida tibia de oración podrá lograr algo importante y poderoso en su ciudad.

DEFINICIÓN DE LA INTERCESIÓN.

• El intercesor es el que escucha los planes de Dios y los cubre en oración hasta su cumplimiento.
• Un intercesor es el que se pone en la brecha a favor del pueblo.

• C. Peter Wagner en su libro: “Sus dones espirituales pueden ayudar a crecer su iglesia” define el don de intercesión de la siguiente manera:

El don de intercesión es la capacidad especial que da Dios a ciertos miembros del cuerpo de Cristo de poder orar por largos períodos de tiempo de modo regular y ver respuestas frecuentes y específicas a sus oraciones, en un grado mucho mayor de lo que se espera de un cristiano corriente. (No se supone que Jesús es el único que intercede?)

EL LLAMADO A LA INTERCESIÓN.

EL PRINCIPIO DEL CORAZÓN LIMPIO (Sal. 51:10)

¿Quién es un intercesor? Es una persona a la que Dios le habla sus secretos(No se supone que Jesús es el único que intercede?)

, para que los cubra en oración. Cuanto más limpio este nuestro corazón, mejor podemos oírle, y cuanto más nos hable, más efectivas serás nuestras oraciones. Dios nunca podrá quitarnos algo sin que le demos nuestro consentimiento.

Como puede notar, los evangélicos aun sabiendo que Cristo es el único mediador, sí permiten que haya intercesores, por lo que su argumentación finalmente se reduce a que estén vivos o no. En este texto no hay ningún problema en que alguien más, interceda ante Dios por las necesidades de otro.

Finalmente, si la única mediación de Cristo anulara la oración de intercesión, independientemente que sea de vivos o no, entonces San Pablo estaba muy equivocado y los protestantes son los que tienen la razón. Dice una página:

La pregunta es, ¿por qué tienen que orar a otra persona, cuando el Dios del universo está en el cielo esperando oír oraciones para darles respuesta?

Supuestamente los llamados “santos” interceden ante el Padre por nosotros. Pero ya hemos visto que Jesucristo es nuestro único intercesor. Por tanto, sugerir lo contrario es sólo una tradición de hombres[16]

Pero a pesar de esto, San Pablo expresa:

Hermanos, orad por nosotros. (1Tes 5,25)

Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros (2Tes 3,1)

Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres (1Tim 2,1)

Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones (Rom 1,9)

con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos (Ef 6:18)

Así que estimado lector, se nota claramente la contradicción protestante en negar la intercesión de unos por otros alegando la única mediación de Cristo, y al mismo tiempo negar la intercesión de los muertos alegando a que sólo se hace en vida en la Biblia.

f) La participación en el plan de Dios

Finalmente nuestro estudio lo analizamos compartiendo sobre la participación del hombre en el plan de Dios, ya que sólo bajo esta perspectiva podemos entender la Intercesión de los Santos.

Anteriormente habíamos visto que todos formamos un solo Cuerpo en Cristo, y que además, Cristo es el único Mediador; pero así mismo, Cristo nos permite colaborar con su labor. Por ejemplo, la Palabra enseña:

Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos (Hen 1, 1-2)

Sin embargo, Jesús mismo dijo:

El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió (Lc 10, 16)

¿Es posible que Dios nos hable por medio de Jesucristo, pero que al mismo tiempo Jesús hable a través de los Apóstoles? En nada contradice que Jesús sea el encargado de hablar en nombre de Dios, y que al mismo tiempo Jesús lo haga a través de sus Apóstoles. En esto vemos como Dios permite al hombre colaborarle en su plan divino. En este ejemplo, los Apóstoles participan de la función de Cristo, no suplantándolo sino colaborándole, y es algo decidido por él mismo.

El Padre Jordi Rivero nos coloca unos ejemplos bíblicos muy sencillos[17]:

Jesucristo es el único juez supremo y los cristianos serán jueces en el cielo. (Cf. Mat. 19,28; Lucas 22,30; 1 Cor. 6,2-3).

Jesús es el único Pastor (Cf. Juan 10,16) y establece pastores (Cf. Juan 21,15-17; Ef 4,11)

Jesús es el único Rey y nosotros Reinaremos con EL: (Cf. Apocalipsis 4,4, 10).

Jesús es el único Mediador y en El, los santos son mediadores (Cf. St 5, 16; Ap 5,8; 6,9; 8,3-4; 18,18-20)

¿Cuál es la base para este actuar de Dios? La participación y cooperación en su plan y en su voluntad. Dios desea vincular al hombre a su plan, por eso usa a Moisés para liberar a Israel, usa a David para derrotar a los Filisteos, usa a la Virgen para traernos a Jesús, usa a los ángeles como mensajeros; ¿afecta esto en algo su Omnipotencia? Para nada, solo logra mostrar como su amor se desborda en llevar su plan haciendo partícipe a su creación.

El apóstol Pedro lo expresará en su carta:

Su poder divino, en efecto, nos ha concedido gratuitamente todo lo necesario para la vida y la piedad, haciéndonos conocer a aquel que nos llamó por la fuerza de su propia gloria.

Gracias a ella, se nos han concedido las más grandes y valiosas promesas, a fin de que ustedes lleguen a participar de la naturaleza divina, sustrayéndose a la corrupción que reina en el mundo a causa de los malos deseos. (2 Pe 1, 3-4)

Dios nos permite ser partícipes de su naturaleza divina, al ser injertados en Cristo por medio del Bautismo, logramos ser llenos del Espíritu Santo como anticipo de lo que recibiremos como herencia en el Cielo. Así que, de este modo, los santos participan más perfectamente de la intercesión de Cristo, no añadiendo nada.

Otro punto importante sería analizar si Dios comparte su gloria con los hombres. Esta es una pregunta que los protestantes siempre responden con un rotundo NO, pero Jesús mismo los contradice:

Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.(Jn 17, 5)

Pero líneas abajo leemos:

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno (Jn 17, 22)

La gloria que es de Dios, Cristo se la da a su Iglesia, la está haciendo partícipe de esa gloria que sólo es de él. Y se entiende que esa gloria la logran recibir para la unidad en Cristo. De este modo, la intercesión de los santos jamás suplanta o reemplaza la intercesión de Cristo, sino que ellos participan de esa intercesión, al igual que Cristo nombra pastores, jueces, reyes, luz, siendo que él lo es.

Y así podemos ver que aunque de Cristo se diga que es capaz de interceder (Heb 7, 25), también en la Biblia los ángeles y santos lo hacen como participación de la intercesión de Cristo por estar en la comunión de su Cuerpo, y esto aplica para los que han muerto en su gloria como con mayor razón de la Santísima Virgen María.

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[1] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s1c1a3_sp.html

[2] http://respuestasevangelicas.blogspot.com/search/label/oracion%20a%20los%20santos

[3] http://www.jewishencyclopedia.com/view.jsp?artid=614&letter=S

[4] http://www.davidcox.com.mx/folletos/c09_cox-honrando_a_los_ancestros_muertos.htm

[5] http://forocristiano.iglesia.net/showthread.php/34987-Argumento-Convincente-contra-la-oracion-a-los-Santos

[6] CIC. 405

[7] http://www.davidcox.com.mx/folletos/c09_cox-honrando_a_los_ancestros_muertos.htm

[8] http://www.jba.gr/es/Ausente-del-cuerpo-presentes-con-el-Senor.htm

[9] http://hjg.com.ar/sumat/a/c78.html Parte 1 Cuestión 78 Art 2

[10] http://www.gotquestions.org/espanol/oracion-Maria-santos.html

[11] http://www.es.catholic.net/foros/viewtopic.php?f=95&t=4117&p=80776#p80776

[12]http://www.gotquestions.org/espanol/oracion-Maria-santos.html

[13] La herejía doceta negaba que Cristo realmente tuviera una naturaleza humana, sino que era una “apariencia”. Pablo remarca la realidad de la encarnación de Cristo en contraposición a estas ideas. Dirá con firmeza que Cristo nació de mujer (Gal 4, 4). Leer #465 CIC.

[14]http://www.apologetica.org/unico-mediador.htm

[15]http://www.mercaba.org/MIS%20WEBS/CATECISMO/VATICANO%20II/LUMEN%20GENTIUM.htm

[16] http://bismarck77.obolog.com/santos-catolicos-interceder-almas-442440

JESUS,ES EL CAMINO

Jesucristo es el camino
En el camino hacia Dios abundan las pruebas y caídas, pero en esta carrera el hombre no camina solo, Dios es su acompañante.
Autor: P. Eusebio Gómez Navarro Fuente: Catholic.net

Un joven acudió una vez a un anciano y le pidió que orara por él:

– “Me doy cuenta que estoy cayendo continuamente en la impaciencia, ¿podría orar por mí para que pueda ser más paciente?”.

El anciano accedió. Se arrodillaron, y el hombre de Dios comenzó a orar:
– “Señor, mándale tribulaciones a este joven esta mañana, envíale tribulaciones en la tarde…”

El joven le interrumpió y le dijo:
– “¡No, no! ¡Tribulaciones no! ¡Paciencia!”.
-“Pero la tribulación produce paciencia -contestó el anciano-. Si quieres
tener paciencia, tienes que tener tribulación”.

Cualquier caminante necesita echar mano de la paciencia, pues el camino es largo, arduo y costoso, expresaba san Juan de la cruz y en todo camino se presentan dificultades y tribulaciones de todo tipo.

“Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). Jesús aparece el nuevo mediador de Dios (Mc 3,14) y la definitiva revelación de Dios (Jn 17, 22). Jesús señala las condiciones de este camino para entrar en el Reino (Mt 5,20). El caminar cristiano es una carrera (1Co 9,24-27). Para caminar hay que poner lo ojos en Jesús (Hb 12,1-2) y peregrinar (Hb 11,13-16), sin poseer una ciudad permanente (Hb 13, 14) siendo huéspedes de este mundo (1P 1,1). Él es camino de vida, de bendición. Juan lo mostró al mundo como el camino por donde tendría que ir la humanidad, camino recto; quien quiera transitar por caminos de vida, tendrá que caminar con él y por él.

El símbolo del “camino” nos evoca el seguimiento, el proceso espiritual, nos habla de nuestra condición de peregrinos. Somos extranjeros y peregrinos (1P 2,11), somos ciudadanos del cielo, buscamos otra ciudad (Hb 11,9-10). Aquí estamos de paso, esta tierra no es nuestra morada permanente.

El Señor resucitado nos invita a abandonar Jerusalén y a volver a Galilea -donde todo comenzó-, pues allí le veremos (Mc 16,7), nos invita a salir y ponernos en camino. No es fácil responder a esta llamada, ya que amamos la seguridad y estabilidad que nos ofrecen las instituciones y todo tipo de seguridades que nos hemos ganado. Tendemos a instalarnos en nuestras ideas, en nuestros sentimientos, en nuestros trabajos, en nuestras seguridades. Jesús también estuvo sometido a constantes tentaciones, que le invitaban a escoger otro camino más fácil, pero las venció todas y perseveró hasta el final. Nosotros también sufrimos el acoso de las tentaciones para dejar el camino.

Jesús acompañó en todo momento a sus discípulos. “No os dejo huérfanos, volveré a visitaros” (Jn 14,18). Y acompañó a los enfermos y a muchos sanó por su fe. “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y sigue sana de tu dolencia” (Mc 5, 33-34) Jesús acompañó a todos aquellos que se encontraron con él. En este acompañamiento de la persona Jesús va al fondo, lleva a la persona a nacer de nuevo. “Te aseguro que, si uno no nace de nuevo, no puede ver el reinado de Dios…Te aseguro que, si uno no nace de agua y de Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3, 3-5). Y nacieron de nuevo María Magdalena, Zaqueo, Pedro Ignacio de Loyola, Agustín, Carlos de Foucauld….

La vida cristiana se llama en los Hechos de los Apóstoles “el camino” (9,2; 18,25,24,22). En este camino hacia Dios abundan las pruebas y caídas (1P 1, 7) las grandes privaciones (1Co 9, 24-26) y el hacerse violencia (Mt 11, 12). Pero en esta carrera el ser humano no camina solo, Dios es su acompañante. El ser humano es un ser en camino, eterno peregrino a la casa del Padre. En esta marcha se encuentra con encrucijadas: caminos que conducen a la vida y caminos que conducen a la muerte. Y se presentan peligros, riesgos, dificultades de todo tipo. Para superarlos y no ceder al cansancio ni al desaliento, es necesario tener los ojos bien fijos en la meta y estar bien motivados. El ser humano está en continua elección: escoger la vida y seguir por el camino recto, estrecho y empinado, o escoger lo fácil, el camino de muerte.

El seguir a Jesús requiere el poner los ojos en él, en tener sus mismos sentimientos y actitudes, en dar la vida. Y en este camino se sube bajando, se entra saliendo, se es espiritual, encarnándose y se gana la vida perdiéndola. Es un camino totalmente imprevisible, en él abundan las pruebas y caídas (1P 1,7) grandes privaciones (1Co 9, 24-26) y hay que hacerse violencia (Mt 11,12). Pero en esta carrera el ser humano no camina solo, Dios es su compañero; por eso tenemos que tener confianza y saber que él nos acompaña y que aunque caminemos por cañadas oscuras nada debemos temer, porque él va con nosotros y su vara y su cayado nos sosiegan (Sal 22).

Jesús nos invita a seguirle, a caminar con él. La Biblia habla de camino, sendero, vía (Dt 30,15-16) y de la necesidad de escoger un camino u otro, el de salvación o el de perdición para la persona, de vida o de muerte (Dt 30,1-5). “Hay un camino que uno cree recto y que va a parar a la muerte” (Pr 14,12). Jesús nos ha dado a conocer al Padre. A Dios nadie lo ha visto nunca. El Hijo Único de Dios, que es Dios y está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer (Jn 1, 18). Quien lo ve a él, ve al Padre (Jn 14, 9). Él es el camino que nos lleva al Padre, la única posibilidad que tiene el hombre de encontrar la plenitud de la vida: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre, sino por mí” (Jn 14, 6).
Para que Jesús pueda acompañarnos necesitamos desearlo y permitirle que camine con nosotros. Y en este caminar con él necesitamos confiar en él, perseverar y tener paciencia; pues además de una confianza y fidelidad a toda prueba se necesita perseverancia, pues en cualquier campo de la vida no se adelanta nada sin constancia ya que cualquier proyecto necesita tiempo y esfuerzo para echarlo adelante.

Hay personas que parecen mariposas, saltando de médico en médico o de compromiso en compromiso; así en la vida espiritual comienzan un proyecto, con mucho calor, y a los pocos días se enfrían y se desinflan, son amigas de actos heroicos, pero a corto plazo, la vida diaria, el martirio de cada día no tiene atractivo, no aguantan ese ritmo.

Paciencia necesitamos cuando deseamos caminar; paciencia para entender y escuchar a Dios, al otro y a uno mismo; paciencia porque el camino es largo, complicado y lleva mucho tiempo. Sin embargo la marcha lenta obtiene grandes resultados, “poco a poco se va lejos”. La paciencia, como la paz y la felicidad, brotan de uno mismo; por mucho que intenten los otros de que perdamos los estribos, nadie nos arrebatará nuestra paz si nuestra paciencia está bien arraigada. Los obstáculos, las dificultades, los contratiempos desesperan a muchos; sin embargo, Dios nos ha dado los medios con que soportar las cosas que nos sobreviene sin dejarnos deprimir ni aplastar.

Preguntas o comentarios al autor

Evangelios apócrifos

Evangelios apócrifos  

Hace algun tiempo apareció en cartelera una película llamada “Estigma” la cual gira en torno a la oposición de la Iglesia de revelar el Evangelio de Tomas, el cual, de acuerdo a la cinta, contendría los dichos de Jesús, que es decir “la ipsisima verba Iesu” (las mismísimas palabras de Jesús). Esto, esencialmente es solo producto del escritor, ya que el Evangelio de Tomas se encuentra contenido en cualquier edición crítica de los libros que son conocidos como “Evangelios Apócrifos”, los cuales en su mayoría fueron escritos después del siglo II de nuestra era, y que fueron rechazados por la Iglesia por contener material contrario a la fe, esencialmente de carácter Gnóstico o Doscetista. Podemos decir que existen más de 64 escritos, entre fragmentos y obras completas, los cuales han sido considerados apócrifos, la mayoría de ellos, con el fin de ganar popularidad fueron propuestos como escritos por alguno de los apóstoles e incluso por la misma Virgen María. Sobre este particular, el evangelio de Lucas es testimonio de que ya desde los tiempos apostólicos, muchos habían buscado poner por escrito los pasajes relacionados con la salvación realizada por Cristo (cf. Lc. 1,1), sin embargo, ya Orígenes (+235-254), comentando este pasaje distinguía, al lado de los cuatro evangelios inspirados y recibidos como tales por la Iglesia, otros muchos “compuestos por quienes se lanzaron a escribir evangelios sin estar investidos de la Gracia del Espíritu Santo” (Hom. in Lc I; PG 13,1801). De acuerdo a su testimonio, tales libros estaban en poder de los herejes. “La Tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos constituyen la lista de los Libros Santos. Esta lista integral es llamada “Canon” de las Escrituras. Comprende para el Antiguo Testamento 46 escritos (45 si se cuentan Jr y Lm como uno solo), y 27 para el Nuevo”. CIC 120.
Podemos decir que el termino “apócrifo” fue adoptado por la Iglesia para designar los libros cuyo autor era desconocido y los cuales desarrollaban temas ambiguos, que aun presentándose con carácter sagrado, no tenían solidez en su doctrina e incluían elementos contradictorios a la verdad revelada. Esto hizo que estos libros fueran considerados como “sospechosos” y en general poco recomendables. Se pude decir que los apócrifos más antiguos, los que eran realmente de carácter tendencioso, han desaparecido, siendo remplazados en su mayoría, por escritos modificados que presentan una idea más ortodoxa. La mayoría de ellos se encuentran en la lengua original (principalmente griega, copta o siríaca). Como sería imposible mencionar todos estos escritos en esta sección, solamente mencionaremos los más importantes y los que más han influido en el pensamiento de la Iglesia a lo largo de los años, con el fin de tener una idea sumaria de estos escritos señalando las aportaciones positivas y negativas que han surgido de ellos. El más importante sin lugar a dudas sería el “Proto Evangelio de Santiago”. Este escrito es el apócrifo ortodoxo más antiguo que se conserva íntegro y que más ha influido en las narraciones sobre la vida de María y de la infancia de Cristo. Este escrito realizado por un desconocido, lo firmó y atribuyó a Santiago el menor, con el fin de que alcanzara popularidad y prestigio. Parece haber sido escrito en diferentes etapas; la primera de las cuales no es anterior a la mitad del siglo II (ca. 160) y su redacción final, tal como la tenemos ahora no va más allá del siglo IV.
Podemos decir que “Proto Evangelio de Santiago” pretende ante todo proteger la Virginidad Perpetua de María que se vería amenazada en el siglo II por el ataque de los paganos y de algunas sectas Judaicas. El autor, al parecer sería un cristiano helenista de Egipto o del Asia menor que se propuso tejer una narración novelada y sensacionalista de la vida de María con un fin más apologético que histórico. A pesar de todo, este escrito tuvo una fuerte influencia entre los escritores y oradores de los primeros siglos e impactó fuertemente la teología y la vida litúrgica de la Iglesia. A este documento se debe el nombre de los padres de la Santísima Virgen María y la fiesta de la Presentación en el Templo. Uno de los problemas con los que se enfrenta hoy la teología, es el hecho de que por siglos este escrito llegó a considerarse como histórico, llegando a darle credibilidad a muchas de las escenas que en ella se relatan y que no pueden ser sino producto de un amor desmedido por la Madre de Dios y que en nada pudieron estar referidas a la realidad vivida por la Santísima Virgen. En este escrito, que como decíamos pretende defender la Virginidad perpetua de María la cual se vería empañada incluso por algunos testimonios de la Sagrada Escritura (como es el hecho de la purificación de María, y la mención de los hermanos de Jesús), propuso historias fantásticas en las cuales se hace ver a la Virgen como una persona que era alimentada por los Ángeles, viviendo en una especie de monasterio en donde sus pies no tocaban el suelo al caminar.
En su afán de proteger la virginidad, salvando los pasajes en donde se mencionan a los “hermanos de Jesús”, el autor del Proto Evangelio de Santiago, presenta a José como un viejito viudo, el cual habría ya tenido familia con su primer esposa, y a quien se le encarga la custodia de María. Esto, aunque protege el pasaje bíblico, desencarna la realidad de la santa Pareja de Nazaret, ya que José, debió de haber sido un joven apuesto de unos 30 años y muy enamorado de la hermosa María. Tanto el nacimiento de Jesús como su infancia es narrada de manera novelesca y rodeada de un sinnúmero de milagros. Este escrito, pues, ha servido para enriquecer la liturgia, pero dado su carácter y su finalidad, ha creado confusión en muchos círculos teológicos por lo que hoy por hoy se ve con mucha cautela y sobre todo se distinguen en él su estilo, genero y sentido literario con el fin de no tener como histórico lo que no es. Sobre Tomas, existe dos escritos: uno llamado “Evangelio del Pseudo Tomás” y otro llamado “Evangelio de Tomas” (que es posiblemente al que se refiere la película Estigma). El primero libro apócrifo, se refiere a la Infancia de Jesús y que no tiene ninguna conexión con el “Evangelio de Tomas”. Por la manera en que está escrito, es muy posible que su autor haya sido un cristiano helenista mediocremente versado en lengua y literatura judaica. En él se ven fuertes influencias, del hinduismo, ya que las narraciones de la infancia son muy parecidas a las de Krishna y Buda. No faltan tampoco acentos Gnósticos y mágicos para darle colorido al escrito. A pesar de esto no se puede negar el influjo que algunos pasajes de este escrito han dejado en la leyenda y en la Iconografía.
En cuanto a la redacción final del Evangelio del Pseudo Tomas, podemos decir que es muy posible que se remonte al final del siglo II. En su escritura podemos ver muchos supuestos milagros realizados por Jesús en su infancia, y de su relación con los fariseos los cuales no son sino una proyección en retrospectiva de lo que fue su vida publica. Por otro lado presenta una imagen de Jesús, rencorosa en la cual, como si fuera un mago, usa de sus “poderes” para vengarse u obtener ventajas personales sobre algunas situaciones de la vida. Todo esto hace del escrito en cuestión, una fábula que poco puede decir al cristiano, y puede, incluso llegar a crearse una imagen equivocada de la vida oculta de Jesús y con ella del ministerio realizado en su vida pública. Lo pintoresco de los relatos pueden ser un buen aliciente para leerlo, pero en ellos se pude esconder el veneno de la herejía. Por lo que respecta al escrito conocido como “Evangelio de Tomas”, este se refiere a un escrito descubierto en 1945 en la Biblioteca de Nag Hammadi, el cual data muy posiblemente del final del siglo IV. Este documento ha traído la respuesta definitiva a una serie de interrogantes suscitados por un supuesto “Evangelio de Tomas” que se usaría en algunas sectas cristianas. De acuerdo a los especialistas, este documento más que un evangelio se refiere a una serie de dichos y parábolas evangélicas que serían usados principalmente por los Maniqueos (secta filosófica que considera un doble principio: uno el bien y otro el mal). Sobre este escrito, san Cirilo de Jerusalén advertía al final del siglo IV que nadie debía de leer este supuesto evangelio pues contenía material contrario a la fe. El documento consta de 114 dichos, distribuidos de manera arbitraria y solo unidos por la frase: “Jesús dijo”.
En este evangelio, Tomás aparece como el garante de las enseñanzas, como es común en otros escritos Gnósticos, como son las “Actas apócrifas de Tomas” y la “Pistis Sophia”. En este escrito, cuando se habla por ejemplo del Reino, este término no tiene el mismo sentido que en los evangelios canónicos en donde indica la soberanía de Dios, sino que hace referencia a un estado espiritual del gnóstico, al conocimiento de sí mismo y del universo. Por ello la salvación, más que un acto de fe y obediencia, es un acto de conocimiento. En algún tiempo los investigadores se preguntaron si los pasajes que tiene parecido a las parábolas y enseñanzas de Jesús en los evangelios Canónicos, podrían ser la base sobre la que luego se construirían los evangelios. Sin embargo hoy la mayoría de los investigadores están de acuerdo que estos dichos recopilados en el evangelio apócrifo de Tomás, corresponden a un desarrollo bastante posterior a los escritos canónicos, por lo que no pueden ser fuente de éstos. Es sin embargo posible que pertenezcan a una tradición paralela a la de los Sinópticos y en buena parte independiente de ella, posiblemente proveniente de una comunidad Judeo-cristiana radicada en Siria a mediados del siglo II. Sin embargo el texto que llega a nosotros es mucho posterior y refleja la influencia de los diferentes redactores.
Podemos decir, en suma, que la mayoría de estos escritos, o contienen material de carácter gnóstico o doscetista, y que en sus orígenes buscaron explicar algunos de los misterios del cristianismo, o fueron redactados para proteger algunas verdades de la Iglesia pero sin un fundamento teológico o histórico sólido. Por ello, aunque su lectura ha dado luz en algunas áreas de la Iglesia, el uso de estos por el común del pueblo, ha creado confusiones, mitos y creencias que en nada se acercan a la realidad histórica o evangélica, por lo que su lectura deberá ser hecha siempre bajo la guía de alguna persona versada en su contenido a fin de no desvirtuar ni su contenido ni la verdad revelada por Cristo en la Sagrada Escritura. “El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo, es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma.” CIC 85. Sin embargo, “el Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído”. DV10

Autor: 

Padre Ernesto María Caro Osorio

medjugorje_paz : Mensaje: Palabra de Vida/Septiembre de 2010

medjugorje_paz : Mensaje: Palabra de Vida/Septiembre de 2010: “«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».

Perdonar. Perdonar siempre. El perdón no es olvido, que muchas veces significa no querer mirar la realidad de frente. El perdón no es debilidad, es decir, pasar por alto una ofensa por miedo al que la ha cometido si es más fuerte. El perdón no consiste en decir que no tiene importancia lo que es grave o que es bueno lo que es malo.
El perdón no es indiferencia. El perdón es un acto de voluntad y de lucidez, por lo tanto de libertad, que consiste en acoger a los hermanos como son no obstante el mal que nos han hecho, como Dios nos acoge a nosotros, pecadores, no obstante nuestros defectos. El perdón consiste en no responder a la ofensa con la ofensa, sino en hacer lo que dice S. Pablo: «No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien» .
El perdón consiste en darle la oportunidad a quien te ha hecho un agravio de que pueda tener una relación nueva contigo; la oportunidad de que ambos podáis retomar la vida, tener un porvenir en el que el mal no tenga la última palabra

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