Archivos Mensuales: abril 2013

Hermano , atento y dile NO a las sectas

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CONOZCA UN POCO AL EL PROTESTANTISMO

CONOZCA UN POCO AL EL PROTESTANTISMO

por Pedro Kike Briceño (Notas) el Sábado, 5 de septiembre de 2009 a la(s) 21:33

 

Es bueno comenzar diciendo que toda gran rama protestante tiene su origen en la Iglesia Católica y siempre por descontento de algún miembro que por razones meramente humanas se aparta de la Iglesia Madre.

Recordemos que el primer protestante fue Martín Lutero (1483-1546), nacido en Eisleben (Sajonia), profesó como Fraile Agustino y enseñó Teología en Wittemberg. Según parece, esperaba que le encomendasen la publicación de unas indulgencias que concedió el Papa León X, pero estas fueron encargadas a los Frailes Dominicos. Llevado entonces por la envidia, comenzó al principio a atacar violentamente los abusos de la predicación de las indulgencias; luego pasó a atacar directamente las indulgencias en sí mismas y el poder de concederlas; más tarde comenzó a decir que la Iglesia de Roma “ya no era la Iglesia de Cristo” empezando a encarecer la fe, y la fe sola, diciendo que lo que importaba era tener fe, y que esto bastaba para la justificación y el perdón de los pecados. El punto de partida de Lutero, de su doctrina sobre la justificación, es la persuasión de que la naturaleza humana quedó completamente corrompida por el pecado de Adán y de que ese pecado original consistía formalmente en la concupiscencia.

La justificación la concibe Lutero como un acto judicial o forense por el cual Dios declara justo al pecador. La justificación, según su faceta negativa, no es una verdadera remisión de los pecados, sino una simple no-imputación o encubrimiento de los mismos. Así pues, según su faceta positiva, no es una renovación o santificación internas, sino una mera imputación externa de la justicia de Cristo. La condición subjetiva de la justificación, es para Lutero, la fe fiduncial, es decir, la confianza del hombre, que va unida a la certidumbre de su salvación, en que Dios misericordioso le perdona los pecados por amor a Cristo. Por ello afirma Lutero:”Cree y puedes pecar, porque aunque peques, si crees te salvarás”. Este lema de Lutero lo deja el resumido de una forma muy sencilla: “Sola fide, sola gratia” (sólo por la fe, sólo por la gracia), basándola en las palabras de Romanos 1,17: “…el justo vive de la fe…”, así por ello la salvación del hombre para Lutero, no viene ni se obtiene por las obras, sino sólo por la fe. Así, empujados por este axioma, se hace inevitable la afirmación de Calvino: “Nosotros llamamos predestinación al consejo eterno de Dios, por el cual ha determinado lo que debe hacer cada hombre. Porque no los creó a todos en una condición paralela, sino que ordena para unos la vida eterna y para otros la eterna condenación”. Hoy en día esta doctrina ha sido abandonada por la mayor parte de los protestantes, prescindiendo por tanto de esa predestinación absurda, y centrando su fe en Jesucristo salvador. Así Lutero termina dando su famoso axioma de que para la fe basta única y exclusivamente las Sagradas Escrituras interpretadas por cada cual como quiera, es decir el “libre examen”.

Todo esto sucedía por el año 1517, fecha en la cual el Papa, tras varias tentativas para atraerle, finalmente no lo queda más remedio que lanzar una bula contra Lutero excomulgándole, por sus doctrinas contrarias a la única fe de Cristo; Más Lutero quemó públicamente la bula y se declaró en rebelión abierta contra Roma. Así por ello, dejó la Orden de los Agustinos y se casó con una mujer que había sido antes monja llamada Catalina Bora (1525) . Luego Lutero rechazó la doctrina católica por razones meramente humanas, sociales y económicas. Siguiendo estos pasos un poco más tarde también lo hicieron Zwinglio en Suiza y Calvino en Ginebra.
Pero merece una especial mención el Rey Enrique VIII de Inglaterra (1491-1547), ya que en un principio lucho y rechazó las desviaciones de Lutero e hizo incluso un tratado sobre los siete sacramentos. Pero tiempo después este Rey deseoso de un heredero varón para asegurar la dinastía Tudor, y viendo que su legítima esposa Catalina de Aragón no le había dado más que una hija, solicito la anulación de su matrimonio. Roma fue dando largas al asunto y finalmente negó la anulación. Pero el Rey Enrique VIII estaba ya apasionadamente enamorado de Ana Bolena, la que fue segunda de las seis esposas que tuvo, y por tanto el rey no podía tolerar que nadie se opusiera a su poder ni tampoco a sus deseos carnales. Así por el año 1538 y con la indicación del rey, el Parlamento Ingles anuló su primer matrimonio y ratificó el segundo; por ello Roma no tuvo otra solución que declarar la excomunión de Enrique VIII, y el rey para poder mantener su autoridad no vio otro recurso que separar la Iglesia de Inglaterra de la de Roma.
En el año 1534 era nombrado jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra el mismo rey Enrique VIII. Durante los siglos XVII y XVIII se difundió el Anglicanismo fuera de Inglaterra a favor de la expansión Marítimo-colonial. En el siglo XVIII , y del Anglicanismo nacen los Metodistas, inspirados en Wesley. En el siglo XIX y dirigidos por Nexman y como otra nueva escisión del Anglicanismo, surge el movimiento de Oxford. Tengamos por último en cuenta que no solo han surgido diferentes movimientos del Anglicanismo, sino que incluso dentro de esa misma Iglesia existe tendencias muy claras por la diversidad doctrinal: vemos en ella los “High Church” (Anglo-católicos); Los “Low Church (Evangélica); y los Modernistas. Por ello esta Iglesia Anglicana desde su invención se ha declarado a la vez católica, a la vez protestante y reformada.

Después de las anteriores menciones, han ido apareciendo más reformadores y protestantes de mil clases. Dando por ello hoy en día una total falta de “Unidad” entre ellos, ya que se han y se van multiplicando de una forma divergente en sus doctrinas, todo ello motivado por el libre examen de la Biblia y el no existir más regla que las Escrituras, la Biblia, pero interpretada como cada uno quiera, como a cada cual se le figure que le inspira el Espíritu Santo. De ello, aun a pesar de haberlo inventado el, el mismo Lutero luego se quejaba poco tiempo después de su reforma, ya que muy pronto hubo gran diversidad en la fe que profesaban. Pero incluso ni los mismos reformadores protestantes se pusieron de acuerdo: Lutero es distinto a Calvino; Calvino y Lutero distintos a Zwinglio, y los tres de Enrique VIII. Así tras varios siglos de discrepancias, de divisiones por intereses personales y particulares,…, hoy en día nos encontramos con el cínico espectáculo de encontrar centenares de sectas protestantes en el mundo entero, siendo además su rivalidad tal, que desconcierta a cualquier intento de encuesta y de descripción. Pero bien podemos englobarlas todas estas sectas en tres grandes grupos: En primer lugar los denominados Milenarios, que son grupos escatológicos polarizados hacia el fin de los tiempos y el retorno del Señor, entre los cuales a modo de ejemplo podemos mencionar a los Adventistas, a los Testigos de Jehová, a los Amigos del Hombre,…; En segundo lugar los denominados Movimientos de “acción”, llamados a despertar a las Iglesias en sus letargos, entre los cuales podemos mencionar los Cuáqueros, el Ejercito de Salvación…; Y en tercer lugar sectas curadoras.
No obstante, para una mayor claridad enmarcamos un esquema, para así poder ver su origen y pertenecía de un sin fin de grupos:
LUTERANOS.
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-Hermanos Moravos.
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-Anabaptistas.
ANGLICANOS.
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-Metodistas.
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-Ejercito de Salvación.
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-Presbiterianos.
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-Darbystas.
GRUPOS ABIERTOS
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Grupos estrictos.
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-Ravenistas.
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-Congregacionalistas.
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-Apostólicos.
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-Neo-apostólicos.
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-Nueva Iglesia Neo-apostólica.
BAPTISTAS.
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-Iglesia baptista Indete.
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-Federación de Iglesias evangélicas baptistas.
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-Asociación Evangélica de Iglesias Baptistas.
ADVENTISTAS.
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-Iglesia de Dios.
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-Adventistas reformados.
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-Adventistas tiempos venideros.
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-Iglesia cristiana Adventista.
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-Unión, vida y advenimiento.
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-Estudiantes de la Biblia.
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-Testigos de Jehová. -Los amigos del hombre.
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-rama suiza.
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-rama sayerce.
PENTECOSTALES
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-Comunidad para la evangelización y activación.
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-Voz de la curación.
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-Asambleas de Dios.
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-Iglesia Evangélica de acción.
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-Asamblea de los cristianos evangélicos.
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-Iglesia Evangélica de Filadelfia.
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-La última lluvia.
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-Pentecostales liberados.
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-Iglesia apostólica.
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-Pentecostales independientes.
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-Alianza cristiana pentecostal.
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-evangélicos en acción.
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-Bethesda.
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-Misión del evangelio.
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-Misión pentecostal internacional.
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-Misión Franco-Suiza de Pentecostés.
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-Pentecostales de aguas vivas.
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-Movimiento independiente.
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-Elim.
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-La unión por la acción.
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-Iglesia de Dios pentecostal.
*
-Iglesia evangélica pentecostal”Salem” -…,y tantas otras,…

 

Todas estas sectas de orientación cristiana han procurado varias veces unirse si convenían en algunos artículos, ya que todas se llaman, así mismas, Cristianas; Al efecto introdujeron la teoría de distinguir entre artículos fundamentales, que todos debieran creer, y los no fundamentales, que se dejarían en libertad de creer o no; Cosa que es anticristiana y absurda. Pero ni aún así pudieron convenir en uno. Hoy en día no habrá ni tres artículos en que todos convengan, y gracias si convienen en la divinidad de Jesucristo, pues no faltan sectas de las enumeradas que la nieguen. Así Bossuet les dirigió su “Historia de las variaciones de los protestantes”, probándoles por ella que todas esas sectas no eran verdad ni estaban en la verdad, pues la verdad no varía.
Por tanto bien puede afirmarse que esta multiplicidad es esencial al protestantismo, y se han ido acentuando más y más cada día, pues ellos no poseen ninguna regla de fe, y por ello mismo se van permitiendo el ir variando sus doctrinas erróneas. Cada secta da su doctrina según su libre interpretación y capricho.
Otra de las características de los protestantes en su globalidad, es la traducción de la Biblia a lengua vernácula, y muchas de esas traducciones orientadas de una forma deliberada, con un designio pérfido. Así por ejemplo durante los años de la reforma, por el 1529,1532 y 1533, surgió una controversia a razón de la falsa traducción realizada por Willian Tyndale, uno de los asociados de Cramer, en cuya traducción, así como en casi todas las traducciones protestantes de la Biblia, habían cambiado y corrompido las buenas y saludables doctrinas de Cristo por sus propias herejías diabólicas, a tal punto que en muchas de ellas se había convertido en caso abiertamente contrario.
Véanse la “Hexapla” inglesa que contiene las seis versiones de traducciones a la lengua vernácula, impresa en columnas paralelas y que incluyen a Wyclif, de Tyndale y de Cramer; siendo estas de un valor inestimable para la comparación. Así y sin temor de rubor, muchos de los términos originales fueron cambiados (permutados) a capricho del traductor protestante, haciendo traducciones deliberadamente erróneas, cambiando así el mensaje real y extirpando de estas traducciones la doctrina original de Jesucristo, trasmitida fielmente por la Iglesia Católica.
De esta forma, por ejemplo, el termino “ídolos” lo tradujeron de una forma capciosa por “imágenes” forjando así un eficaz instrumento contra el culto de los santos y de la Santa humanidad de Cristo. El termino “confesar” que podía sugerir el sacramento de la penitencia, se mal tradujo por “reconocer”.. Las grandes palabras claves del evangelio “gracia” y “salvación” se mal tradujo por “favor” y “salud”. El termino “sacerdote” fue cambiado por el de “anciano” -elder-. El termino “iglesia” se tradujo por “asamblea”,…;y otros tantos términos traducidos de forma errónea.
Veamos por ejemplo, en el consejo apostólico de la epístola de Santiago:”¿Alguno de entre vosotros está enfermo? Que llame a los sacerdotes de la Iglesia y que estos recen por el después de haberle dado la unción de aceite en nombre del Señor.” Es muy evidente que la referencia al sacramento de la extremaunción podía ser mantenido y por ello en su traducción protestantes ve como:”los sacerdotes de la Iglesia” se tornaron en “ancianos de la Asamblea”.
De esta forma los protestantes podían tomar como testigo a la Biblia en lengua vulgar para probar que el nuevo testamento no contenía ninguna referencia que justificase las enseñanzas y las prácticas católicas contemporáneas de las doctrinas en disputa.

Así bien y a consecuencia de las traducciones tendenciosas de la Biblia y del principio de la libre interpretación, surgió lo inevitable entre los protestantes, de lo que uno de sus artífices se queja con estas palabras:”El azote de la división, tal como no se había visto desde tiempos de la pasión de Cristo, ha sobrevenido en nuestra Iglesia reformada, por instigación del diablo, porque no hemos sido oyentes diligentes de la Palabra de Dios, ni de su verdaderos predicadores,…”(Cramer).
Otro reformado expresaba:” He aquí arrianos, marcionistas, libertinos, davistas y semejantes monstruosidades en gran número; nos hace falta ayuda contra los sectarios y los epicúreos y los seudo-evangelistas, que han comenzado a sacudir nuestras iglesias con una violencia más fuerte que nunca” (carta original relativa a la reforma inglesa-Micronius a Bullinger ,año 1550,reformadores protestantes).
Es así, como hoy se ve, bien puede decirse que hay muchas sectas protestantes, pero no una iglesia protestante digna de tal nombre.

Muchas cosas más podríamos decir de los orígenes del protestantismo y de sus primeros fundadores, así como de sus doctrinas iniciales que en muchos casos han sido repugnantes incluso a la propia conciencia natural; Pongamos por ejemplo las palabras de Lutero:”Cree de firme y peca más de firme” (Pecca fortiter, sed credere fortius) (texto de una carta dirigida a Melanchthon), en esa carta dice Lutero: “Se pecador, y peca fuertemente y alégrate en Cristo, que es vencedor de la muerte y del mundo. Hay que pecar mientras aquí estemos. Basta que conozcamos, por la riqueza de la gloria de Dios, al cordero que quita los pecados del mundo, no nos separará de él el pecado, aunque en un día forniquemos y matemos mil veces”. En la lectura de esta carta disparatada que escribe Lutero, nos damos cuenta perfectamente que aquí él pretende decir que las obras no son necesarias para salvarse, no dice que el evangelio no nos exige buenas obras, antes en tal caso las condena. Este y otros principios de este mismo estilo es pauta de reformadores protestantes. Así por ejemplo, Calvino niega el libre albedrío con las siguientes palabras: “Dios excita al hombre a violar sus leyes, y que el hombre cae, porque así Dios lo ha ordenado. “Otro reformador protestante llega con su doctrina a las blasfemias, este es el caso de las palabras de Zwinglio:”Dios es el primer principio del pecado”

IMAGENES E ICONOS EN LA IGLESIA

IMAGENES E ICONOS EN LA IGLESIA

 

En la actitud de la Iglesia primitiva frente a las imágenes hay que hacer una distinción que no siempre se tiene en cuenta: el uso y el culto.

El uso precedió al culto. El uso de imágenes apareció muy pronto en las comunidades cristianas primitivas, como lo atestiguan las catacumbas romanas y el baptisterio y la iglesia de Dura Europas (Irak) (ciudad que fue destruida en el año 256).

El  culto a las imágenes se implantó más lentamente entre los cristianos; sin duda por la prohibición explícita del Antiguo Testamento: «No te harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas bajo la tierra. Ni te postrarás ante ellas, ni les darás culto, porque yo, Yahvé, tu Dios, soy un Dios celoso» (Ex 20,4s). Sin embargo, esta prohibición tan tajante no hay que entenderla de un modo absoluto porque, de hecho, en lo más santo de Israel, el arca de la alianza, había unos querubines: «Harás además dos querubines de oro […] en los dos extremos del propiciatorio» (Ex 25,18; cf. Ez 41,18-20). También se puede considerar como una imagen la serpiente de bronce levantada por Moisés en el desierto (Núm. 21,8s).

El descubrimiento de la sinagoga de Dura Europos, bellamente decorada con escenas del Antiguo Testamento, demuestra que, en la práctica, los judíos no eran tan ajenos al uso de imágenes, aunque el caso de esta sinagoga es verdaderamente excepcional.
En los primeros siglos cristianos no faltaron algunas voces contrarias al uso de las imágenes, apoyándose precisamente en la prohibición del Antiguo Testamento. Sobresalen Tertuliano (De spectaculis 23,5: Dios, absoluta verdad, tiene que ser forzosamente refractario a la falsedad). Pero Tertuliano, después de haber pasado al montanismo, dice que los católicos tienen cálices con la figura grabada del Buen Pastor. También Clemente de Alejandría (Stromata VIl,5,28: Dios no puede ser circunscrito), Minucio Félix y Orígenes, quien rechazaba la argumentación de los paganos para representar a Dios en imágenes, alegando que el honor debido a la imagen va dirigido a su prototipo (Contra Celsum VI,14). Y, especialmente, el Concilio de Elvira, cuyo canon 36 prohíbe expresamente la presencia de pinturas en las iglesias: «Se dispuso que no debe haber pinturas en las iglesias, para que lo que se venera y se adora no se pinte en las paredes».
Eusebio de Cesárea ve en las imágenes un peligro de idolatría o, cuando menos, un claro influjo del paganismo: «… hemos indagado que se conservan pintadas en cuadros las imágenes de los apóstoles Pablo y Pedro, e incluso del mismo Cristo, cosa natural, pues los antiguos tenían por costumbre honrarlos de este modo, sin miramiento, como salvadores, según el uso pagano vigente entre ellos» (Historia eclesiástica VIl,18,4). La emperatriz Constancia, hermana de Constantino y esposa de Licinio, desea conseguir una imagen de Cristo; y Eusebio se niega a proporcionársela alegando que «ahora la forma humana de Cristo ha sido divinizada, de modo que, en adelante, ya no puede ser representada» (ibid).

Después de la paz de la Iglesia (313), con la progresiva desaparición del paganismo, el peligro de idolatría se hace cada vez más remoto; y, por consiguiente, el uso de imágenes se difunde sin problemas por todas las comunidades cristianas. El Concilio de Nicea le atribuye a san Basilio esta expresión: «el honor debido a la imagen va dirigido a su prototipo»; pero esta frase está sacada de su contexto, puesto que no se refiere en modo alguno al culto de las imágenes, sino a la teología de la imagen de Dios (De Spiritu Sancto, XVIll,45).
Todavía a finales del siglo IV o principios del V, san Epifanio de Salamina decía que las pinturas o imágenes de Cristo «van contra nuestra religión» (citado por San Jerónimo, Epist. 51).

El culto a las imágenes en la Iglesia primitiva
A comienzos del siglo V, en contra de la opinión y praxis de san Epifanio, muchos Santos Padres se refieren ya a las imágenes sin manifestar ningún rechazo hacia ellas. El culto de las imágenes empieza por la cruz. Y no sólo el madero de la cruz de Jesús descubierto por santa Elena, que es venerado como una reliquia auténtica, sino el signo de la cruz propiamente dicho, que empieza a multiplicarse: Prudencio habla de la cruz que los emperadores llevan sobre la corona (Apotheosis 448); y Teodoreto de Ciro habla de la veneración del signo, no de la reliquia de la cruz (Graec. Af. Curatio IV). Pero todos los testimonios de imágenes pintadas, de este tiempo, se refieren más al uso que al culto.
Los testimonios que garantizan la existencia del culto de las imágenes de Cristo, de la Virgen y de los santos son más bien escasos hasta el siglo VI. A finales de esta centuria, Leoncio, obispo de Neápolis (Chipre), defiende a los cristianos contra las acusaciones de los judíos, que los tachaban de idólatras por el culto que tributaban a las imágenes; y él fue quien trazó las primeras líneas de una teología del culto a la cruz y a las imágenes (Discurso 50).
San Gregorio Magno (+ 604) corrige a Sereno, obispo de Marsella, el cual había destruido algunas imágenes por miedo a que el pueblo cayese en la idolatría. Se puede afirmar que fue este papa quien explicitó definitivamente la doctrina ortodoxa relativa al culto de las imágenes cuando afirmaba: «Una cosa es adorar las imágenes, y otra distinta venir en conocimiento, por medio de ellas, de lo que se ha de adorar. Lo que la Escritura es para el lector, eso mismo es la imagen para quienes no saben leer. No cabe duda de que no es desacertado elevarse por lo visible a lo invisible» (Epist. 11).
San Gregorio de Nisa ya había llamado a las imágenes la Biblia de los pobres y de los ignorantes. San Basilio atribuía a la pintura la misma función que a la palabra: la pintura, es decir, las imágenes, hacen visible, a través de la imitación, cuanto el discurso manifiesta a través del oído (PO 31,524). Las imágenes son como un libro abierto que estimula al deseo de las realidades espirituales. Por eso, él prefería que las basílicas fuesen decoradas con escenas bíblicas y alegóricas. San Nilo aconseja al emperador Olimpiodoro que, en vez de pinturas simplemente ornamentales de animales y plantas, pinte escenas del Antiguo y Nuevo Testamento que sean aptas, a la vez, para instruir a los analfabetos y para transmitirles deseos del cielo.

Pero, por encima de todos los Padres de la Iglesia oriental, fue san Juan Damasceno quien, siguiendo el pensamiento de la Iglesia occidental, mejor planteó el tema de la veneración de las imágenes: «Hubo un tiempo en que no se hacía imagen alguna de Dios, dado que él existe sin cuerpo ni figura. Ahora, en cambio, después de haberse manifestado en la carne y de haber vivido con los hombres, hago objeto de imagen cuanto de Dios es visible. No adoro la materia, sino al creador de la materia… No dejaré de honrar la materia que sirvió de instrumento para procurarme la salvación» Orat. I.
Según san Juan Damasceno, las imágenes perpetúan de algún modo la potencia divina, presente en los santos cuando estos vivían en la tierra: «Durante la vida, los santos estaban llenos del Espíritu Santo, y en la muerte, la gracia del Espíritu Santo perdura inseparable en sus almas, en sus cuerpos, en los sepulcros y en las santas imágenes que los representan, no, por cierto, en el plano de la esencia, sino en aquel de la gracia y de la acción» (ibid).
El iconoclasmo
A lo largo del siglo VII, el culto a las imágenes emprendió una marcha triunfal en la devoción de las gentes sencillas, favoreciendo así las leyendas e incluso la milagrería. Fue por entonces cuando empezaron a aparecer imágenes de Cristo no pintadas por mano de hombre (akeiropoieta), imágenes de la Virgen atribuidas a san Lucas, imágenes caídas del cielo; imágenes que derramaban sangre, que defendían contra las enfermedades…
Quizá por esa especie de fanatismo surgieron de nuevo algunas voces contra las imágenes. Había incluso regiones enteras, como Armenia, que eran hostiles a las imágenes; y no precisamente entre los herejes, especialmente los monofisitas, y sectarios, como los paulicianos, sino también entre obispos plenamente ortodoxos.

El origen de la iconoclastia parece que no estuvo tanto en el emperador León III el Isáurico, cuanto en algunos obispos del Asia Menor, entre los que sobresalieron Constantino de Nacoeo, el metropolita Tomás de Claudiópolis, y el también metropolita Teodoro de Éfeso. Estos obispos, antes de que brotase la contienda del iconoclasmo, habían pedido al patriarca Germán de Constantinopla, no sólo que moderara, sino incluso que reprimiera el culto a las imágenes.
No se puede decir con exactitud cuándo empezó el verdadero culto a las imágenes; pero tuvo que ser, más o menos, a finales del siglo VII, porque el Concilio Trulano o Quinisexto (692) promulgó tres cánones sobre el culto de las imágenes: el canon 73 se refiere a la veneración de la cruz; el 82 pide que se sustituyan las representaciones simbólicas y alegóricas de Cristo, por ejemplo el Cordero, por figuras humanas; y el 100 da normas concretas sobre la decencia en el arte sacro.
San Juan Damasceno fue el adversario más demoledor de los iconoclastas, porque, según éstos, la trascendencia divina, es decir, la esfera de lo sagrado, es absolutamente intangible; en cambio, según el Damasceno, la imagen va unida a la presencia viva y actual del evento narrado.
El decreto dogmático del Concilio II de Nicea
El Concilio II de Nicea fue convocado en el año 787 por la emperatriz Irene, regente durante la minoría de edad de su hijo Constantino IV (780-790), la cual había permanecido fiel, aunque en secreto, al culto de las imágenes. El papa Adriano I (772-795), invitado por la emperatriz al Concilio, no asistió personalmente, pero envió, como era costumbre, sus legados: Pedro, arcipreste de la basílica de San Pedro, y el abad Pedro, del monasterio de San Sabas.
Después de muchas dificultades provocadas por los obispos iconoclastas, que pretendían boicotear el Concilio, los Padres conciliares, juntamente con la emperatriz Irene y su hijo Constantino IV, firmaron las actas del concilio, en las que figura el siguiente decreto dogmático que había sido aprobado en la sesión VI (13.10.787): «Siguiendo el camino real, fieles al magisterio divinamente inspirado de nuestros Santos Padres y a la tradición de la Iglesia católica, pues la reconocemos ser del Espíritu Santo que habita en ella, definimos con todo esmero y diligencia que, como la de la preciosa y edificante Cruz, así también hay que exhibir las venerables y santas imágenes, tanto las de colores como las de mosaicos o de otras materias convenientes, en las santas iglesias de Dios, en los vasos y vestidos sagrados y en los muros y tablas, en las casas y en los caminos; a saber, tanto la imagen de Nuestro Señor Dios y Salvador Jesucristo, como la de nuestra Inmaculada Señora, la Santa Madre de Dios, y las de los honorables ángeles y de todos los santos y piadosos varones.
Porque cuanto más se las contempla en una reproducción figurada, tanto más los que las miran se sienten estimulados al recuerdo y afición de los representados, a besarlas y a rendirles el homenaje de la veneración (Proskinesis timetiké), aunque sin testificarle adoración (latría), la cual compete sólo a la naturaleza divina: de manera que a ellas (las imágenes) como a la figura de la preciosa y vivificante Cruz, a los santos evangelios y a las demás ofrendas sagradas, les corresponde el honor del incienso y de las luces, según la piadosa costumbre de los mayores, ya que el honor tributado a la imagen se refiere al representado en ella, y quien venera una imagen venera en ella a la persona representada» (Denzinger 600-601).
San Basilio asimilaba ontológicamente la imagen a la Palabra divina; y le brindó al Concilio II de Nicea la fórmula teológica: «La adoración de la imagen pasa a quien está pintado. Sea por el pensamiento en las palabras de la Escritura, sea por la representación del icono…, nosotros recordamos los prototipos (sus modelos vivientes) y somos introducidos al Iado de ellos».
Después de la victoria del culto a las imágenes, un sínodo de Constantinopla (860) sentenció en el siguiente decreto: «Lo que el Evangelio nos dice con palabras, el icono lo hace con colores y lo hace presente».
El Concilio Niceno II (787) acalló definitivamente todas las voces contrarias al culto de las imágenes; pero no logró acabar con las de algunas sectas, por ejemplo los paulicianos, los cuales encontrarán bastantes adeptos en la Edad Media, tales como Pedro y Enrique de Bruys, y posteriormente Wyclif, Juan Hus y los reformadores protestantes, en general, y muy especialmente Calvino. Contra todos ellos el Concilio de Trento proclamó de nuevo la legitimidad del culto a las imágenes.

el autor es Jesús Álvarez Gómez nació en San Pedro de Trones (León) en 1934.. Se graduó doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad Gregoriana (Roma) y es profesor de Arqueología cristiana en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid. Entre sus numerosas publicaciones cabe destacar Historia de la Vida Religiosa (3 vols).

LA FALTA DE UNIDAD EN LA IGLESIA

 

por Pedro Kike Briceño (Notas) el Sábado, 5 de septiembre de 2009 a la(s) 19:00

 

  La unidad de la iglesia es parte esencial de su constitución en el cuerpo de Cristo.

Así como el cuerpo humano no puede ser dividido sin exponerlo a muerte, todo cisma y soberbia es fatal para la vida del cuerpo de Cristo. El sistema de las denominaciones es esencialmente humano y contrario a la voluntad de nuestra Cabeza. Un principio doctrinal no tiene importancia suficiente como para suplantar el nombre del Señor, que es el solo nombre que debe regir en su Iglesia. El hecho de que Dios haya usado una iglesia dividida no es razón para creer que él apruebe su división.

Hay, sin embargo, un mal mayor que el de las denominaciones, y es el que dentro de la misma denominación o congregación, hay frecuentemente disensiones y divisiones mayores que las existentes entre las iglesias y sectas. La unidad de la iglesia es destruida no sólo por cismas y por el espíritu sectario, sino también por envidias secretas, celos y contiendas entre el pueblo del Señor, que acusan falta de amor, que es la gracia suprema del cristianismo.
Una de las causas de todo esto en la Iglesia es la falta de santificación individual de sus miembros, pues los males apuntados provienen de la naturaleza vieja y pecaminosa, como el apóstol escribió a los corintios: «Pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no soy carnales, y andáis como hombres?». Y en otro lugar los compara a niños y les dice que no ha podido hablarles como a espirituales.

Otra causa de estas divisiones es el apego indebido a ciertos hombres, como hombres. El culto de los héroes de esta creación es una de las causas principales de este gran mal que ha dividido y debilitado el cuerpo del Señor. Los males apuntados dañan, primeramente, la cabeza. Como una herida, por leve que sea, en el miembro más pequeño de nuestro cuerpo, inmediatamente se comunica a la cabeza; así Cristo es herido por nuestros celos, envidias, contiendas.
Cuando herimos a los hermanos, herimos al Señor Jesús, y cuando el cuerpo es destrozado, la Cabeza sufre con dolor mortal. Hiriendo a los demás miembros de la Iglesia, nos herimos a nosotros mismos por el hecho de ser un cuerpo. Si un miembro sufre, todos sufrimos. Hay una ley de retribución que hace recaer sobre el autor de un hecho sus consecuencias. Muchas personas hay que están sufriendo de enfermedades, y otras muchas que están paralizadas en su vida espiritual como consecuencia de injusticias y agravios inferidos que debieron ser confesados con oportunidad.
En tercer lugar, herimos todo el cuerpo de Cristo, puesto que todos formamos parte del mismo cuerpo. La frialdad se debe en gran parte a estas divisiones. La pérdida de la fe apostólica y del poder que la acompaña se debe a la desunión de los fieles. Su organismo espiritual está destrozado.

Además, tal estado de cosas estorba al testimonio de la Palabra de Dios en el mundo. La unidad de la Iglesia fue designada por Cristo como un testimonio al mundo, y la ausencia de esta unidad es el obstáculo mayor con que los hombres tropiezan en su aceptación al evangelio. Un historiador inglés del Imperio Romano lo reconoció cuando dijo que la unidad de la Iglesia primitiva había sido un testimonio al mundo que no se podía contradecir. Mas ¡ay! No se puede decir lo mismo hoy día.

“Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos míos, por los que son de Cloe, que hay entre vosotros contiendas; Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo; pues yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿ó habéis sido bautizados en el nombre de Pablo?”

paz y bien

Dios nos juzgará por la caridad

La catequesis de la audiencia general de hoy, 24 de abril de 2013, fue especialmente bella, una llamada de Jesús a nuestros corazones a través de la voz del Papa Francisco

Autor: Papa Francisco | Fuente: News.va

 

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

 

En el Credo profesamos que Jesús “de nuevo vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos”. La historia humana comienza con la creación del hombre y la mujer a imagen y semejanza de Dios y concluye con el juicio final de Cristo. A menudo nos olvidamos de estos dos polos de la historia, y sobre todo la fe en el regreso de Cristo y en el juicio final a veces no está tan clara y sólida en el corazón de los cristianos. Jesús durante su vida pública, a menudo ha reflexionado sobre la realidad de su venida final.
Sobre todo recordamos que, con la Ascensión, el Hijo de Dios ha llevado al Padre nuestra humanidad que Él asumió y quiere atraernos a todos hacia Sí mismo, llamar a todo el mundo para que sea recibido en los brazos abiertos de Dios, para que, al final de la historia, toda la realidad sea entregada al Padre. Hay, sin embargo, este “tiempo intermedio” entre la primera venida de Cristo y la última, que es precisamente el momento que estamos viviendo. En este contexto se coloca la parábola de las diez vírgenes (cf. Mt 25,1-13). Se trata de diez muchachas que esperan la llegada del Esposo, pero tarda y ellas se duermen. Ante el repentino anuncio de que el Esposo está llegando, todas se preparan para recibirlo. Pero mientras cinco de ellas, prudentes, tienen el aceite para alimentar sus lámparas, las otras, necias, se quedan con las lámparas apagadas, porque no lo tienen; y mientras lo buscan, el Esposo llega y las vírgenes necias encuentran cerrada la puerta que conduce a la fiesta de bodas. Llaman con insistencia, pero es demasiado tarde, el Esposo responde: no os conozco.
El Esposo es el Señor, y el tiempo de espera de su llegada es el tiempo que Él se nos da, con misericordia y paciencia, antes de su llegada final, tiempo de la vigilancia; tiempo en que tenemos que mantener encendidas las lámparas de la fe, de la esperanza y de la caridad, tiempo de mantener abierto nuestro corazón a la bondad, a la belleza y a la verdad; tiempo que hay que vivir de acuerdo con Dios, porque no conocemos ni el día, ni la hora del regreso de Cristo. Lo que se nos pide es estar preparados para el encuentro: preparados a un encuentro, a un hermoso encuentro, el encuentro con Jesús. Esto significa ser capaz de ver los signos de su presencia, mantener viva nuestra fe con la oración, con los Sacramentos, estar atentos para no caer dormidos, para no olvidarnos de Dios. La vida de los cristianos dormidos es una vida triste, ¿eh?, no es una vida feliz. El cristiano debe ser feliz, con la alegría de Jesús… ¡No se duerman!
La segunda parábola, la de los talentos, nos hacen reflexionar sobre la relación entre la forma en que usamos los dones recibidos de Dios y su regreso, cuando nos pedirá cómo los hemos utilizado (cf. Mt 25,14-30). Conocemos bien la historia: antes de salir de viaje, el dueño da a cada siervo algunos talentos para que sean bien utilizados durante su ausencia. Al primero le entrega cinco, dos al segundo y uno al tercero. Durante su ausencia, los dos primeros siervos multiplican sus talentos -se trata de monedas antiguas, ¿verdad?-, Mientras que el tercero prefiere enterrar su propio talento y entregarlo intacto a su dueño. A su regreso, el dueño juzga su trabajo: alaba a los dos primeros, mientras que el tercero viene expulsado fuera de la casa, porque ha mantenido oculto por temor el talento, cerrándose sobre sí mismo. Un cristiano que se encierra dentro de sí mismo, que oculta todo lo que el Señor le ha dado… ¿es un cristiano?… ¡no es un cristiano! ¡Es un cristiano que no agradece a Dios todo lo que le ha dado!
Esto nos dice que la espera del retorno del Señor es el tiempo de la acción. Nosotros somos el tiempo de la acción, tiempo para sacar provecho de los dones de Dios, no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los otros, tiempo para tratar siempre de hacer crecer el bien en el mundo. Y sobre todo hoy, en este tiempo de crisis, es importante no encerrarse en sí mismos, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino abrirse, ser solidarios, tener cuidado de los demás. En la plaza, he visto que hay muchos jóvenes. ¿Es verdad esto? ¿Hay muchos jóvenes? ¿Dónde están? A ustedes, que están en el comienzo del camino de la vida, pregunto: ¿Han pensado en los talentos que Dios les ha dado? ¿Han pensado en cómo se pueden poner al servicio de los demás? ¡No entierren los talentos! Apuesten por grandes ideales, los ideales que agrandan el corazón, aquellos ideales de servicio que harán fructíferos sus talentos. La vida no se nos ha dado para que la conservemos celosamente para nosotros mismos, sino que se nos ha dado, para que la donemos. ¡Queridos jóvenes, tengan un corazón grande! ¡No tengan miedo de soñar cosas grandes!
Por último, una palabra sobre el párrafo del juicio final donde viene descrita la segunda venida del Señor, cuando Él juzgará a todos los seres humanos, vivos y muertos (cf. Mt 25,31-46). La imagen utilizada por el evangelista es la del pastor que separa las ovejas de las cabras. A la derecha se sitúan los que han actuado de acuerdo a la voluntad de Dios, que han ayudado al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado, al extranjero. Pienso en los muchos extranjeros que hay aquí en la diócesis de Roma. ¿Qué hacemos con ellos? Mientras que a la izquierda están los que no han socorrido al prójimo. Esto nos indica que seremos juzgados por Dios en la caridad, en cómo lo hemos amado en los hermanos, especialmente en los más vulnerables y necesitados. Por supuesto, siempre hay que tener en cuenta que somos justificados, que somos salvados por la gracia, por un acto de amor gratuito de Dios que siempre nos precede. Solos no podemos hacer nada. La fe es ante todo un don que hemos recibido, pero para dar fruto, la gracia de Dios siempre requiere de nuestra apertura a Él, de nuestra respuesta libre y concreta. Cristo viene para traernos la misericordia de Dios que salva. Se nos pide que confiemos en Él, de responder al don de su amor con una vida buena, hecha de acciones animadas por la fe y el amor.
Queridos hermanos y hermanas, no tengamos nunca miedo de mirar el juicio final; que ello nos empuje en cambio a vivir mejor el presente. Dios nos ofrece con misericordia y paciencia este tiempo para que aprendamos cada día a reconocerlo en los pobres y en los pequeños, para que nos comprometamos con el bien y estemos vigilantes en la oración y en el amor. Que el Señor, al final de nuestra existencia y de la historia, pueda reconocernos como siervos buenos y fieles. Gracias. (Traducción de Eduardo Rubio- Radio Vaticana)

Misericordia

 

Misericordia: La disposición a compadecerse de los trabajos y miserias ajenas. Se manifiesta en amabilidad, asistencia al necesitado, especialmente de perdón y reconciliación. Es mas que un sentido de simpatía, es una práctica.

 

  • La misericordia es el amor en práctica: Historia del Buen Samaritano, Lc 10, 27-37

  • La misericordia es la razón de la Encarnación de Jesucristo.

  • La misericordia es un atributo de Dios. El es la fuente de la misericordia:

  • Su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Lucas 1:50

  • Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura. Lucas 1:78

  • Todos dependemos de la misericordia de Dios. Reconocerlo y responder con misericordia es el camino de la salvación.

  • Pues Dios encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar con todos ellos de misericordia. Romanos 11:32

  • La misericordia mueve a la entrega de alma y cuerpo según el amor divino.

  • Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual. Romanos 12:1

  • Jesús exige la misericordia como requisito para que el culto sea auténtico:

  • Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.» Mateo 9:13

  • La práctica de la misericordia es necesaria para obtener misericordia de Dios.

  • Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Mateo 5:7

Jesús, un hombre religioso

Jesús, un hombre religioso

por Pedro Kike Briceño (Notas) el lunes, 6 de junio de 2011 a la(s) 17:16

 

Cuantas veces no hemos oído y visto mensajes de los hermanos separados, sobre todo pentecostales y evangélicos que dicen más o menos así:

–          “Jesús no es una religión”

“La religión no salva”“…comprendí que mis problemas eran mas importantes que mi religión” “  hazle caso a la Biblia, no a la religión” ” Jesús quiere corazones, no religiones” “La religión no es el camino al cielo”  “ Jesús no es de ninguna religión”

–          “Jesús es vida, no religión”

¿Qué hay detrás de todo esto? Sin muchas palabras a lo que todos estos dichos hacen referencia es a rechazar a la Iglesia Católica. Hemos de saber que la gran mayoría de los hermanos separados no aceptan por ningún motivo que los católicos somos cristianos. Ellos ven al catolicismo como algo separado del cristianismo.

Primero tenemos que empezar por definir que es religión. Desafortunadamente el término religión es indefinido, pues no hay una definición concreta. Pero vallamos a analizar algunas que yo supongo que se acercan más a la realidad.

Religión puede ser:

Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto

Diccionario  Microsoft Encarta 2005.

Virtud que mueve a dar a Dios el culto debido

Def. 2 Diccionario  Microsoft Encarta 2005.

“Un sistema solidario de creencias y prácticas relativas a cosas sagradas” Emilio Durkheim, sociólogo francés. 

Ahora bien, creo que después de ver estas definiciones ningún hermano separado podrá negar que pertenece a una religión, cualquier definición que él busque tiene mucho que ver con su congregación a la cual no considera una religión. Pues tiene un conjunto de creencias en Dios, da culto, tiene normas morales, y rituales (Bautismo, cena del Señor, etc.) con cosas sagradas (Biblia, agua del bautismo, símbolos, etc.).

Los únicos que no pertenecen a ninguna religión son los ateos, esa es una verdad que la podemos encontrar en cualquier enciclopedia o diccionario.

Lo que pasa es que para muchos hermanos separados, religión es algo repugnante que según ellos es propio o referente del paganismo, pero no hay tal afirmación ni ninguna referencia de que religión signifique paganismo. Pues el cristianismo es una de las cinco grandes religiones del mundo, junto con:

·         Judaísmo, nacido de los hebreos.

·         Budismo, fundado por buda.

·         Islamismo, fundado por Mahoma.

·         Hinduismo, nacido en la India.

En el concepto de religión entran dos grandes distinciones, que son la religión natural, y la religión positiva o cierta. Dentro de la religión natural entran todas aquellas que han buscado a Dios o una espiritualidad trascendental, y en su búsqueda hicieron un dios o dioses a su modo, o formas de vivir su espiritualidad.

Entre el tipo de religiones naturales se encuentran el budismo, que no tienen un dios, pero sí una forma de espiritualidad que para ellos es trascendental, su maestro más elevado es Buda. También pertenecen a este tipo de religión los hindúes, que tienen muchos dioses hechos por sus sentimientos y no porque en realidad existan. Y aunque los musulmanes no lo acepten, también su religión es natural, pues surgió de Mahoma, quien combinó ideas del cristianismo con el judaísmo y el paganismo árabe. Es natural porque no hay intervención de Dios para formar esa religión, Mahoma fue simplemente un “profeta” del Islam. Las religiones positivas son aquellas que denotan una intervención de Dios en el transcurso de la historia de la humanidad. Aunque existan muchas religiones que puedan alegar que Dios las instituyó, no son religiones comprobables con hechos históricos, arqueológicos, antropológicos etc. Sino que se basan mas bien en leyendas.

A las religiones positivas únicamente pertenecen el judaísmo y el cristianismo, porque surgen de una iniciativa y directa intervención de Dios.

Pero no todas las iglesias cristianas son de religión positiva, pues la única que puede comprobar una descendencia desde el tiempo de Jesús, es la Iglesia Católica, ya que todas las demás iglesias cristianas surgen de una separación.

El en árbol de las congregaciones cristianas(ver foto) está elaborado en base a las separaciones que se fueron dando a lo largo de la historia, se observa cual iglesia surgió de cual, y es por demás decir que la gran mayoría de las congregaciones cristianas no tiene nada que objetar, pero en cuanto a la Iglesia la luz del mundo, los mormones, los adventistas, y alguno que otro podrá afirmar que su Iglesia la fundó Dios espiritualmente o por medio de visiones y que no se separaron de nadie para formar una iglesia nueva. Pero ninguna tiene manera de comprobarlo, pues para que Dios levantara una religión, no tendría que haber un solo receptor del mensaje, o un solo testigo de lo que Dios obrara. Por ejemplo para la religión judía con todas sus normas, Dios levantó a Moisés y todo un pueblo fue testigo de las obras de Dios. Mientras que para el cristianismo católico que es el único que comprueba su descendencia de los apóstoles, Dios envió a su Hijo y sus discípulos fueron quienes estuvieron siempre como testigos y en quien Jesús depositó la doctrina.

Pero la luz del mundo no puede afirmar que fue obra de Dios, ya que Aarón, el fundador, tuvo un sueño. Un sueño que nadie puede corroborar, aunque yo no soy quien para cuestionar a Dios, pero creo que nunca formaría una religión solo por darle un sueño o una visión a alguien, ya que hasta su servidor ha tenido visiones, y mas cuando no como bien, y no por eso me voy a sentir un profeta que tiene nuevas revelaciones. Cuando Dios hacía una obra por medio de una visión para un suceso importante, siempre había alguien que confirmara que esa visión fue verídica, por ejemplo:

· Cuando María fue visitada por el ángel, fue José quién confirmó la veracidad del hecho de la anunciación (Mt 1,24).

· La visión de Pablo fue confirmada por Ananías (Hch 9,10-11).

Pero para la visión del hermano Aarón no hay nadie que la confirme, ni su esposa, quien dormía con él la noche que supuestamente tuvo la visión o sueño y ella no vio nada. Por otro lado tampoco los mormones pueden reclamar ser una Iglesia fundada por Dios, pues tampoco hubo alguien que confirmara que José Smith tenía tales visiones, ya que de doce testigos que había en un principio solo quedaron tres y nueve “se echaron para atrás” ¿Por qué si se suponía que estaban convencidos no sostuvieron la verdad? Y sobre los adventistas del séptimo día, ni hablar.

Ahora bien, volviendo al contexto, todos tenemos una religión, todos los hermanos separados y nosotros los católicos somos de religión cristiana, por lo tanto, todas las frases célebres entre los hermanos separados, que mencioné al comienzo, no tienen fundamento alguno, son mas bien, sentimientos de rechazo a la Iglesia Católica que es de religión cristiana, quieran o no.

Las palabras “religión Católica” son en sí (según su origen etimológico), palabras mal acomodadas, pues no hay tal religión Católica, mas bien, la religión de los católicos, es el cristianismo, pero la Iglesia a la que pertenecen es la Católica, de la misma manera, debo aclarar a los católicos que no hay tal “religión evangélica” “Religión bautista” “religión luz del mundo ” “ religión pentecostal ” etc. pues aunque todos ellos pertenecen a una religión, no hay tales religiones, mas bien existe el cristianismo evangélico, el cristianismo pentecostal, etc. pues una Iglesia, que quiere decir, congregación o asamblea, no quiere referirse exactamente a las cosas de Dios. Es por eso que los que verdaderamente somos católicos pertenecemos a una asamblea universal que profesa la religión cristiana, pero no debemos utilizar el término o palabras “religión católica” para hacernos referencia, ni para que se nos haga referencia pues no somos una separación del cristianismo, decir que somos la religión católica  querría decir que somos una religión universal, y no hay tal religión. Pues una religión universal sería más bien como la nueva era, que acepta cualquier cosa de todas las religiones del mundo.

Jesús, un hombre religioso

Con las frases antes mencionadas al comienzo, nos queda claro que los hermanos separados ignoran muchas cosas acerca de nuestro salvador. Pues Jesús de Nazaret queramos o no era un hombre religioso y ritualista, según las tradiciones de su pueblo y obligaciones de la Torá.

Cuando Jesús entra en la sinagoga y lee los rollos de la ley, siempre se tenía que seguir el ritual judío de entronización. Y cuando se lee la Torá, se debe seguir bien las entonaciones y puntuaciones correctas, no era, ni es para los judíos simplemente leer como nosotros leemos la Biblia. Esto es una tradición religiosa la cual Jesús hacía (Lc 4,16-20), lo mismo san Pablo, que aunque ya no era judío siempre mostró respeto por la religión (Hch 13,14-15).

En la fiesta de los tabernáculos (Sukot), Jesús participaba como todo judío sujeto a la ley (Jn 7,2), en esta fiesta se hacían bailes, cánticos y procesiones con los rollos de la ley (Ex 34,22) (Ex 23,16) (Dt 16,13-16) (Dt  31,10-13) (Lev 23,34-36)

En cualquier día como en las fiestas y sábados, también se acostumbraba el rito del Hal-lel, que era una selección de salmos del 113 al 118, muy probablemente Jesús los cantó con sus discípulos en la última cena (Mc 14,26).

Y así podemos seguir mencionando las fiestas religiosas de las cuales Jesús tomaba parte, y darnos cuenta que sin dudar podemos afirmar algo que los hermanos podrían repugnar: Jesús era un hombre religioso.

La idea del rechazo al concepto de religión es una de las consecuencias del postmodernismo en las iglesias, es decir, con el postmodernismo se mezclaron las ideas light a la religión, esto no lo dudo, pues no dejo de ver que las nuevas iglesias y movimientos, no son mas que adaptaciones a las necesidades del hombre, y por eso llegan ahora a pensar en un Jesús que no tiene nada que ver con la religión, sino mas bien piensan solamente en un Jesús que puede satisfacerlos en todo. Pero ese no es el Jesús de la Biblia, ese no fue nunca el Jesús del cristianismo durante 1900 años, aunque Jesús nos puede curar nuestras dolencias, de eso no tengo dudas, pero Jesús no se adapta a nosotros, sino que nosotros somos los que debemos adaptarnos a él y a su voluntad. Pero pretender separar a Jesús de la religión es imposible, o separarlo de la Iglesia Católica, lo es todavía mas, pues la Iglesia Católica no existiría sin Jesús

el cristianismo a través de los años

NO ES “SOLO FE” , ES FE Y OBRAS LAS QUE TE SALVARAN HERMANO

por Pedro Kike Briceño (Notas) el Martes, 1 de septiembre de 2009 a la(s) 15:17

 

Que la PAZ sea con todos ustedes 

déjenme comenzar por efesios 2,8:”8 Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; para nosotros los católicos ,tiene mucha relevancia,es palabra de DIOS,pero para nuestro hermanos “cristianos” este versículo representa uno de sus pilares mas isignes en cuanto a base teológica se refiere. PERO EXISTE UN DETALLE,ALGUIEN MODIFICO EL ORDEN DE ESTAS PALABRAS ALTERANDO SU ESENCIA,JUSTIFICANDO ASI SU MODO MUY PARTICULAR DE INTERPRETAR LAS SAGRADAS ESCRITURAS Y PROCEDIENDO A REALIZAR UNA REFORMA QUE A SU JUCIO MUY PERSONAL DEBIA REALIZARSE PARA MEJORAR LA IGLESIA DEL AQUELLOS DIAS,QUE POR CIERTO,A PESAR DE TODOS LOS ATAQUE SE HABIA MANTENIDO CASI UNIFICADA Y TODOS LEIAN LA MISMA BIBLIA Y TENIAN EL MISMO CANON.dicho esto paso a exponer con citas bíblicas lo que mi iglesia católica expone tan acertadamente,y lo hace saben porque? porque en ella es la esposa de MI SEÑOR JESUS Ap. 21,17.Una de las Doctrinas de algunos de los sectores del Protestantismo que han devengado en “cultos” es la Doctrina de “salvo, siempre salvo” lo cual quiere decir que una vez que el creyente obtiene la Salvación JAMAS la pierde. Estos grupos han perdido el sentido Evangélico y la Doctrina de Jesús terminando por ser lo que tanto critican y que tan bien lo describió San Pablo en II Timoteo 4, 3
La Doctrina es  de Jesús, quien dice revelar “lo que oyó a su Padre” es bien clara y en ningún lugar indica que la Salvación es definitiva mientras caminamos en la vida así en San Mateo 6,14 condiciona mi salvación o condenación al perdón que de o niegue “ Queda bien claro que si ustedes perdonan las ofensas de los hombres también el Padre celestial los perdonara. En cambio, sino perdonan las ofensas de los hombres, tampoco el Padre los perdonara a ustedes”

Jesús aquí habla a los Apóstoles y seguidores y en ningún momento les asegura una salvación imperdible, mas bien les deja saber que esta depende de sus acciones.

En la Parábola del Sembrador de San Mateo 13 1-23 Jesús dice que la Semilla se tiro y la Planta nació, o sea que dio frutos de vida y que después se murió por diversos motivos, si Dios es el sembrador y la semilla es su Palabra, al crecer la Planta que se planto con la semilla de la Palabra quiere decir que esta tomo vida, esta vida es la salvación que no es mas que la vida de Dios, estas gentes entraron en la salvación, pero la perdieron por los motivos que enseña la parábola, se atreverán a contradecir a Jesús? En San Mateo 7, 1-4 también Jesús condiciona la Salvación a los actos
“ No juzguen y no serán juzgados; porque de la manera que juzguen serán juzgados y con la medida que midan serán medidos”
Estos son consejos de como “cuidar la salvación”,no es forma de hablar a quienes no tienen nada que temer.
En San Mateo 7, 22-23 Jesús es mas especifico:
“ En el día del juicio muchos me dirán: Señor, Señor en tu nombre profetizamos y en tu Nombre arrojamos demonios e hicimos milagros.Yo les diré entonces: no os reconozco.Aléjense de mi todos los malhechores”
En este pasaje estas personas eran miembros de la comunidad de los creyentes y poseían dones espirituales y Jesús los condena, ellos se creían salvos…Se que los “siempre salvos” dirán que no eran “realmente salvos” entonces yo les pregunto: Como tienes seguridad entonces de tu salvación? Puedes estar en el mismo caso de estos!!
El Señor en San Mateo 10, 28 es contundente:
“No teman a lo que solo puede matar el cuerpo, pero no el alma;teman mas bien al que puede echar alma y cuerpo al infierno”
Luego entonces, hay algo que puede matar el alma del creyente, la muerte del alma es la perdida de la Salvación.San Mateo 25 Jesús habla de las Vírgenes necias y las prudentes..todas estaban juntas esperando al novio sin embargo en la espera a las necias se les acabo el aceite y se quedaron fuera del Banquete de Bodas, esa es una comparación perfecta para el creyente que espera su Redención y la pierde por no cultivar el espíritu.En San Mateo 25, 31-46 es la única vez que Jesús habla del Juicio final y definitivamente la gran pregunta es: si somos siempre salvos, para que juicio?

Un juicio es donde se decide la condena o la absolución, si somos absueltos no necesitamos juicio….Hay una teoría de estos grupos que dicen que este juicio no es para la Iglesia, sino para los paganos…no hay ningún indicio evangélico para esto, ya que es un juicio a la creación entera, a todas las Naciones , razas y credos.

Espero haber despejado dudas sobre el tema y ayudado a acrecentarlas,soy sembrador,mi PADRE se encargara del resto

LA RESPUESTA DEL HOMBRE A DIOS

 

por Pedro Kike Briceño (Notas) el Martes, 18 de enero de 2011 a la(s) 15:03

Por su revelación, transmitida oralmente o por escrito mediante  la Iglesia, “Dios invisible habla a los hombres como AMIGO(ver Éxodo 33, 11; Juan 15, 14-15), movido por su gran amor, mora con ellos (Baruc 3, 38) para invitarlos a la comunión consigo y recibirlos en su compañía” (Dei Verbum 2).

La respuesta adecuada por parte del hombre a la invitación de Dios es la FE. Esta fe nace en el corazón de los no creyentes y se alimenta en el corazón de los creyentes mediante la escucha de la Palabra de Dios en la Iglesia (ver Romanos 10,17), lleva a un consentimiento  y a un compromiso por parte del hombre con miras a instaurar una alianza duradera entre el Creador y su criatura. Por la fe, el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Con todo su ser, el hombre da su asentimiento a Dios que revela, se confía libre y totalmente a Dios. La Sagrada Escritura (ver Romanos 1, 5; Romanos 16, 26)llama “obediencia de la fe” a esta respuesta del hombre a Dios que revela.

“Obedecer en la fe”, es someterse libremente a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, que es la Verdad misma. De esta obediencia, Abraham es el modelo que nos propone la Sagrada Escritura: “Por la fe, Abraham obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba” (ver Hebreos 11, 8; Génesis 12, 1-4); por la fe, vivió como extranjero y peregrino en la Tierra prometida (ver Génesis 23, 4); por la fe, a Sara se le otorgó el concebir al hijo de la promesa y, finalmente, por la fe, Abraham ofreció a su hijo único en sacrificio (ver Hebreos 11, 17-19). Y aunque muchos hombres y mujeres del Antiguo Testamento merecieron el elogio de la fe ejemplar, Dios tenía ya dispuesto algo mejor: la gracia de creer  en su Hijo Jesús, “el que inicia y consuma la fe” (Hebreos 11, 40; Hebreos 12, 2).  La Virgen María realiza de la manera más perfecta la “obediencia de la fe”: en  la fe, María acogió el anuncio y la promesa que le traía el ángel Gabriel,  creyendo que “nada es imposible para Dios” (Lucas 1, 37; Génesis 18, 14) y dando su  asentimiento: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”  (Lucas 1, 38). Isabel la saludó: “¡Dichosa la que ha creído que se cumplirán la  cosas que le fueron dichas de parte del Señor!” (Lucas 1, 45); por esta fe  todas las generaciones la proclamarán bienaventurada (ver Lucas 1, 48). Durante  toda su vida, y hasta su última prueba (Lucas 2, 35), cuando Jesús, su hijo,  murió en la cruz, su fe no vaciló. María no cesó de creer en el “cumplimiento”  de la palabra de Dios. Ella, como dice San Ireneo, “obedeciendo fue causa de su salvación propia y de la de todo el género humano”. Por eso no pocos Padres  antiguos en su predicación gustosamente afirman con él: “El nudo de la desobediencia  de Eva fue desatado por la obediencia de María: lo que ató la virgen Eva por su  incredulidad, lo desató la Virgen María por su fe”; y comparándola con Eva  llaman a María “Madre de los vivientes”, y afirman con mucha frecuencia: “la  muerte nos vino por Eva, la vida por María (ver Lumen Gentium 56). María es  virgen porque su virginidad es signo de su fe “no adulterada por duda alguna” (Lumen  Gentium 63) y de su entrega total a la voluntad de Dios. Su fe es la que le  hace llegar a ser la madre del Salvador: “Más bienaventurada es María al  recibir a Cristo por la fe que al concebir en su seno la carne de Cristo” (San  Agustín, de sancta virginitate 3) 

Por todo ello, la Iglesia venera en María

la realización más pura de la FE.

La fe es ante todo una adhesión personal del hombre  a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a TODA la  verdad que Dios ha revelado. Para el cristiano, creer en Dios es  inseparablemente creer en Aquel que El ha enviado, su “Hijo amado” en quien ha  puesto toda su complacencia (Marcos 1, 11) Dios nos ha dicho que le escuchemos  (ver Marcos 9, 7). El Señor mismo dice a sus discípulos: “Creed en Dios, creed  también en mi” (Juan 14, 1). Podemos creer en Jesucristo porque es Dios, el  Verbo hecho carne:

Nosotros creemos y confesamos que Jesús  de Nazaret, nacido judío de una hija de Israel, en Belén en el tiempo del rey  Herodes el Grande y del emperador César Augusto; de oficio carpintero, muerto  crucificado en Jerusalén, bajo el procurador Poncio Pilato, durante el reinado  del emperador Tiberio, es el Hijo eterno de Dios hecho hombre, que ha  “salido de Dios” (Juan 13, 3), “bajó del cielo” (Juan 3,  13; Juan 6, 33), “ha venido en carne” (1 Juan 4, 2), porque “la  Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos visto su  gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de  verdad… Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia”  (Juan 1, 14. 16). (ver CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA n. 424)

“A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único que  está en el seno del Padre, el lo ha contado” (Juan 1, 18). Porque “ha visto al  Padre” (Juan 6, 16), él es único en conocerlo y en poderlo revelar (ver Mateo  11, 27). No se puede creer en Jesucristo sin tener parte en su Espíritu. Es el  Espíritu Santo quien revela a los hombres quien es Jesús. Para entrar en  contacto con Cristo, es necesario primero haber sido atraído por el Espíritu  Santo. El es quien nos precede y despierta en nosotros la fe. Mediante el  Bautismo, primer sacramento de la fe, la Vida, que tiene su fuente en el Padre  y se nos ofrece por el Hijo, se nos comunica íntima y personalmente por el Espíritu  Santo en la Iglesia. “El Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de  Dios… Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2,  10-11). Sólo Dios conoce a Dios enteramente. Nosotros creemos en el Espíritu  Santo porque es Dios. “La fe de todos los cristianos se cimenta en la Santísima  Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo” (San Cesáreo de Arlés)

LAS CARACTERISTICAS DE LA FE

1.   La fe es una gracia

Cuando San Pedro confiesa que Jesús es el  Cristo, el Hijo de Dios vivo, Jesús le declara que esta revelación no le ha  venido “de la carne y de la sangre, sino de mi Padre que está en los  cielos” (Mateo 16,17; confrontar con la vocación de San Pablo: Gálatas  1,15-17; y con la de los pequeños: Mateo 11,25). La fe es un don de Dios, una  virtud sobrenatural infundida por él, “Para dar esta respuesta de la fe es  necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio  interior del Espíritu Santo, que mueve el corazón y lo dirige a Dios, abre los  ojos del espíritu y concede a todos gusto en aceptar y creer la verdad'”  (Dei Verbum 5).

2.    La fe es un acto humano

Sólo es posible creer por la gracia y  los auxilios interiores del Espíritu Santo. Pero no es menos cierto que creer  es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la  inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las  verdades por él reveladas, porque “la razón más alta de la dignidad humana  consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo  nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios. Existe pura y  simplemente por el amor de Dios, que lo creó, y por el amor de Dios, que lo  conserva. Y sólo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando  reconoce libremente ese amor y se confía por entero a su Creador.

Muchos son, sin embargo, los que hoy  día se desentienden del todo de esta íntima y vital unión con Dios o la niegan  en forma explícita. Es este ateísmo uno de los fenómenos más graves de nuestro  tiempo. Y debe ser examinado con toda atención.  La  palabra “ateísmo” designa realidades muy diversas. Unos niegan a Dios  expresamente. Otros afirman que nada puede decirse acerca de Dios. Los hay que  someten la cuestión teológica a un análisis metodológico tal, que juzgan como  inútil el propio planteamiento de la cuestión. Muchos, rebasando indebidamente  los límites sobre esta base puramente científica sostienen que todo se explica  únicamente por esa razón científica o, por el contrario, rechazan sin excepción  toda verdad absoluta. Hay quienes exaltan tanto al hombre, que dejan sin  contenido la fe en Dios, ya que les interesa más, a lo que parece, la  afirmación del hombre que la negación de Dios. Hay quienes imaginan un Dios por  ellos rechazado, que nada tiene que ver con el Dios del Evangelio. Otros ni siquiera  se plantean la cuestión de la existencia de Dios, porque, al parecer, no  sienten inquietud religiosa alguna y no perciben el motivo de preocuparse por  el hecho religioso. Además, el ateísmo nace a veces como violenta protesta  contra la existencia del mal en el mundo o como adjudicación indebida del  carácter absoluto a ciertos bienes humanos que son considerados prácticamente  como reemplazos de Dios. La misma civilización actual, no en sí misma, pero sí  por su sobrecarga de apego a la tierra, puede dificultar en grado notable el  acceso del hombre a Dios.

Quienes voluntariamente pretenden apartar de su corazón a Dios y evitar con rodeo las cuestiones religiosas, desoyen el dictamen de su conciencia y, por tanto, no carecen de culpa. Sin embargo, también los creyentes tienen en esto su parte de responsabilidad.  Porque el ateísmo, considerado en su total integridad, no es un fenómeno  originario, sino un fenómeno derivado de varias causas, entre las que se debe  contar también la reacción crítica contra las religiones, y, ciertamente en  algunas zonas del mundo, sobre todo contra la religión cristiana. Por lo cual,  en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios  creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la  exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida  religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión” (Gaudium et spes 19).

En la fe, la inteligencia y la voluntad  humanas cooperan con la gracia divina: “Creer es un acto del entendimiento  que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios  mediante la gracia” (S. Tomás de A., s.tú. 2-2, 2,9; confrontar Concilio  Vaticano I: DS 3010).

El motivo de creer no radica en el  hecho de que las verdades reveladas aparezcan como verdaderas e inteligibles a  la luz de nuestra razón natural. Creemos “a causa de la autoridad de Dios  mismo que revela y que no puede engañarse ni engañarnos”. “Sin  embargo, para que el homenaje de nuestra fe fuese conforme a la razón, Dios ha  querido que los auxilios interiores del Espíritu Santo vayan acompañados de las  pruebas exteriores de su revelación” (DS 3009). Los milagros de Cristo y  de los santos (confrontar Marcos 16,17-18; Hechos 2,4), las profecías, la  propagación y la santidad de la Iglesia, su fecundidad y su estabilidad  “son signos ciertos de la revelación, adaptados a la inteligencia de  todos”, “motivos de credibilidad que muestran que el asentimiento de  la fe no es en modo alguno un movimiento ciego del espíritu” (Concilio  Vaticano I: DS 3008-10).

La fe es cierta, más cierta que todo  conocimiento humano, porque se funda en la Palabra misma de Dios, que no puede  mentir. Ciertamente las verdades reveladas pueden parecer oscuras a la razón y  a la experiencia humanas, pero “la certeza que da la luz divina es mayor  que la que da la luz de la razón natural” (S. Tomás de Aquino, s.tú. 2-2,  171,5, obj.3). “Diez mil dificultades no hacen una sola duda” (J.H.  Newman, apol.).

La fe trata de comprender” (S. Anselmo, prosl. proem.): es inherente a la fe que el creyente desee conocer mejor a Aquel en quien ha puesto su fe, y comprender mejor lo que le ha sido revelado; un conocimiento más penetrante suscitará a su vez una fe mayor, cada  vez más encendida de amor. La gracia de la fe abre “los ojos del  corazón” (Ef. 1,18) para una inteligencia viva de los contenidos de la  Revelación, es decir, del conjunto del designio de Dios y de los misterios de  la fe, de su conexión entre sí y con Cristo, centro del Misterio revelado.  Ahora bien, “para que la inteligencia de la Revelación sea más profunda,  el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus  dones” (Dei Verbum 5). Así, según el adagio de S. Agustín (serm. 43,7,9),  “creo para comprender y comprendo para creer mejor”. Cuando el  espíritu trata de comprender el por qué y el cómo de la vida cristiana para  adherirse y responder a lo que Dios pide, hay que ayudarse meditando las  Sagradas Escrituras, especialmente el Evangelio, empleando las imágenes  sagradas, los textos litúrgicos del día o del tiempo, los escritos de los  Padres espirituales, las obras de espiritualidad, el gran libro de la acción y  el de la historia, la página del “hoy” de Dios pues “en El vivimos, nos movemos  y existimos” (CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA n. 2705)

Fe y ciencia.

“A pesar de  que la fe esté por encima de la razón, jamás puede haber desacuerdo entre  ellas. Puesto que el mismo Dios que revela los misterios y comunica la fe ha  hecho descender en el espíritu humano la luz de la razón, Dios no podría  negarse a sí mismo ni lo verdadero contradecir jamás a lo verdadero” (Concilio  Vaticano I: DS 3017). “Por eso, la investigación metódica en todas las  disciplinas, si se procede de un modo realmente científico y según las normas morales, nuca estará realmente en oposición con la fe, porque las realidades  profanas y las realidades de fe tienen su origen en el mismo Dios. Más aún,  quien con espíritu humilde y ánimo constante se esfuerza por escrutar lo  escondido de las cosas, aun sin saberlo, está como guiado por la mano de Dios,  que, sosteniendo todas las cosas, hace que sean lo que son” (Gaudium et Spes  36,2).

“Ciertamente, Dios llama a los  hombres a servirle en espíritu y en verdad. Por ello, quedan vinculados por su  conciencia, pero no coaccionados. Porque Dios tiene en cuenta la dignidad de la persona humana que El mismo ha  creado, que debe regirse por su propia determinación y gozar de libertad. Esto  se hizo patente, sobre todo, en Cristo Jesús en quien Dios se manifestó  perfectamente a sí mismo y descubrió sus caminos. En efecto, Cristo, que es  Maestro y Señor Nuestro (ver Juan 13, 13) manso y humilde de corazón (ver Mateo  11, 28) atrajo pacientemente e invitó a los discípulos (Mateo 11, 28-30; Juan  6, 67-68)” (Dignitatis Humanae 11). Cristo invitó a la fe y a la  conversión, él no forzó jamás a nadie jamás. “Dio testimonio de la verdad  (ver Juan 18, 37), pero no quiso imponerla por la fuerza a los que le  contradecían. Pues su reino no se defiende a golpes (ver Mateo 26, 51-53; Juan  18,36) sino que se establece dando testimonio de la verdad y prestándole oído,  y crece por el amor con que Cristo, exaltado en la cruz, atrae a los hombres  hacia Él” (ver Juan 12, 36)  (Dignitatis Humanae 11).

 

“Los Apóstoles, enseñados por la palabra y por el ejemplo de  Cristo, siguieron el mismo camino. Desde los primeros días de la Iglesia los  discípulos de Cristo se esforzaron en inducir a los hombres a confesar a Cristo  Señor, no por acción coercitiva ni por artificios indignos del Evangelio, sino  ante todo por la virtud de la palabra de Dios (ver 1Corintios 2, 3-5;  1Tesalonicences 2, 3-12). Anunciaban a todos resueltamente el designio de Dios  Salvador, “que quiere que todos los hombres se salven, y lleguen al  conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2, 4); pero al mismo tiempo respetaban a los débiles,  aunque estuvieran en el error, manifestando de este modo cómo “cada cual  dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14, 12), debiendo obedecer  entretanto a su conciencia. Lo mismo que Cristo, los Apóstoles estuvieron  siempre empeñados en dar testimonio de la verdad de Dios, atreviéndose a  proclamar cada vez con mayor abundancia, ante el pueblo y las autoridades,  “la palabra de Dios con confianza” (Hechos 4, 31; Efesios 6, 19-20).

Pues creían con fe firme que el Evangelio mismo era verdaderamente la virtud de  Dios para la salvación de todo el que cree (Romanos 1, 16). Despreciando, pues,  todas “las armas de la carne”  (2Corintios 10,4; 1Tesalonicenses 5, 8-9), y  siguiendo el ejemplo de la mansedumbre y de la modestia de Cristo, predicaron  la palabra de Dios confiando plenamente en la fuerza divina de esta palabra  para destruir los poderes enemigos de Dios (ver Efesios 6, 11-17) y llevar a  los hombres a la fe y al acatamiento de Cristo (confrontar 2 Corintios 10, 3-5).

Los Apóstoles, como el Maestro, reconocieron la legítima autoridad civil:  “no hay autoridad que no provenga de Dios”, enseña el Apóstol, que en  consecuencia manda: “toda persona esté sometida a las potestades superiores…;  quien resiste a la autoridad, resiste al orden establecido por Dios” (Romanos 13, 1-2; 1Pedro 2, 13-17). Y al mismo tiempo no tuvieron miedo de contradecir al poder público, cuando éste  se oponía a la santa voluntad de Dios: “hay que obedecer a Dios antes que  a los hombres” (Hechos 5,  29; Hechos 4, 19-20). Este camino siguieron innumerables mártires y fieles a  través de los siglos y en todo el mundo” (Dignitatis Humanae 11).

 

Creer en Cristo Jesús y en Aquél que lo envió  para salvarnos es necesario para obtener esa salvación (ver  Marcos 16,16; Juan 3,36; Juan 6,40 e.a.).

“Puesto que `sin la fe… es imposible agradar a Dios’ (Hebreos 11,6) y  llegar a participar en la condición de sus hijos, nadie es justificado sin ella  y nadie, a no ser que `haya perseverado en ella hasta el fin’ (Mateo 10,22; Mateo  24,13), obtendrá la vida eterna” (Concilio Vaticano I: DS 3012; cf. Concilio  de Trento: DS 1532).

La fe es un don gratuito que Dios hace al  hombre.

Este don inestimable podemos  perderlo; San  Pablo advierte de ello a  Timoteo: “Combate el buen combate, conservando la fe y la conciencia  recta; algunos, por haberla rechazado, naufragaron en la fe” (1 Timoteo  1,18-19). Para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe debemos  alimentarla con la Palabra de Dios; debemos pedir al Señor que la aumente (ver  Marcos 9,24; Lucas 17,5; Lucas 22,32); debe “actuar por la caridad”  (Gálatas 5,6; confrontar Santiago 2,14-26), ser sostenida por la esperanza (confrontar  Romanos 15,13) y estar enraizada en la fe de la Iglesia.  La fe nos hace gustar de antemano el gozo y  la luz de la visión beatífica, fin de nuestro caminar aquí abajo. Entonces  veremos a Dios “cara a cara” (1 Corintios 13,12), “tal cual  es” (1 Juan 3,2). La fe es pues ya el comienzo de la vida eterna:

Mientras que ahora contemplamos las bendiciones de la fe como el reflejo en un espejo,  es como si poseyéramos ya las cosas maravillosas de que nuestra fe nos asegura  que gozaremos un día (S. Basilio, Spir. 15,36; confrontar  S. Tomás de A., s.tú. 2-2,4,1).  Ahora, sin embargo, “caminamos en la fe  y no en la visión” (2 Corintios 5,7), y conocemos a Dios “como en un  espejo, de una manera confusa,…imperfecta” (1 Corintios 13,12). Luminosa  por aquel en quien cree, la fe es vivida con frecuencia en la oscuridad.La fe puede ser puesta a prueba. El  mundo en que vivimos parece con frecuencia muy lejos de lo que la fe nos  asegura; las experiencias del mal y del sufrimiento, de las injusticias y de la  muerte parecen contradecir la buena nueva, pueden estremecer la fe y llegar a  ser para ella una tentación.

Entonces es cuando debemos volvernos hacia los testigos de la fe: Abraham,  que creyó, “esperando contra toda esperanza” (Romanos 4,18); la  Virgen María que, en “la peregrinación de la fe” (Lumen Gentium 58),  llegó hasta la “noche de la fe” (Juan Pablo II, Redemptoris Mater 18)  participando en el sufrimiento de su Hijo y en la noche de su sepulcro; y  tantos otros testigos de la fe: “También nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe” (Hebreos 12,1-2).

BIBLIOGRAFIA:

CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA.  n. 142-165

CONCILIO ECUMENICO VATICANO II

Constitución

Dogmática Lumen Gentium

Constitución

Dogmática Dei Verbum

Constitución

Pastoral  Gaudium et Spes

Declaración

Dignitatis Humanae

MAGISTERIO DE LA IGLESIA (DS)

 

¿CUAL ES ES TU RESPUESTA AMADO HERMANO ?

SOLO FIDES ? veremos

es solo fides?

por Pedro Kike Briceño (Notas) el Sábado, 29 de agosto de 2009 a la(s) 14:08

 

La doctrina “SOLA FIDE” no aparece en la Biblia. Martín Lutero, mal interpretando a Pablo, quien dijo “que el hombre no era justificado por las obras de la ley para que nadie se gloríe”, cometió el atrevimiento de adulterar las Sagradas Escrituras, introduciendo la palabra “Sola” en ROM.1:17: “Mas el justo por la sola fe vivirá”. De esta manera pensó que el hombre alcanzaba la salvación por la fe únicamente.El texto original dice: “Mas el justo por la fe vivirá”. creo que me has citado también Efesios 2:8-9:“Y sois salvos por gracia, por medio de la fe, y esto no de vosotros pues es un don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe”.Los “cristianos” sólo extraen de la Biblia la parte que les interesa, ocultando de la misma lo que le podría afectar en sus doctrinas. Con esta actitud se ponen en contra de la misma Biblia, a la cual dicen “apreciar tanto”. No toman en cuenta el versículo posterior a éste:“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas”. (Efesios 2:10). A la luz de la verdad bíblica, el mismo apóstol Pablo, nos exhorte a esforzarnos para ganar la salvación. Ver: 1 Corintios 6:9; Gálatas 5:14; 1 Corintios 9:24.Ellos tampoco toman en cuenta la carta del apóstol Santiago. En eso se parecen a Martín Lutero, el cual dudó de la autenticidad de la misma, calificándola de “Epístola Paja”, ya que no le favorecía en sus intereses.Este cometió el atrevimiento de adulterar las Sagradas Escrituras, al punto también de negar el libro del Apocalipsis.San Pablo exhorta a los cristianos de Éfeso a vivir virtuosamente en el Señor. Ver Efesios 4:1; 17-31. 5:1-5.

ENTERATE ¡¡¡

perdón Señor , perdón

DICEN: “FUE CONSTANTINO EL QUE INSTITUYÓ EL BAUTIZO DE LOS NIÑOS”. ¿SERÁ VERDAD

 

 

 
Decir esto es caminar sobre la mentira ya que existen documentos que evidencian explícitamente el bautismo de niños en el siglo II después de Cristo(1). Aquí se los presento:
 
IRENEO DE LYON (130-202 d.C.)
“Porque vino a salvar a todos: y digo a todos, es decir a cuantos por él renacen para Dios, sean bebés, niños, adolescentes, jóvenes o adultos. Por eso quiso pasar por todas las edades: para hacerse bebé con los bebés a fin de santificar a los bebés; niño con los niños, a fin de santificar a los de su edad, dándoles ejemplo de piedad, y siendo para ellos modelo de justicia y obediencia; se hizo joven con los jóvenes, para dar a los jóvenes ejemplo y santificarlos para el Señor”(2)
 
ORÍGENES: (185-254 d.C.)
“La Iglesia ha recibido de los Apóstoles la costumbre de administrar el bautismo incluso a los niños. Pues aquellos a quienes fueron confiados los secretos de los misterios divinos sabían muy bien que todos llevan la mancha del pecado original, que debe ser lavado por el agua y el espíritu”(3)
 
HIPÓLITO DE ROMA (¿? – 235 d. C.)
“Al cantar el gallo, se comenzará a rezar sobre el agua. Ya sea el agua que fluye en la fuente o que fluye en lo alto. Se hará así salvo que exista una necesidad. Pero si hay una necesidad permanente y urgente, se utilizará el agua que se encuentre. Se desvestirán, y se bautizarán los niños en primer término. Todos los que puedan hablar por sí mismos hablarán. En cuanto a los que no puedan, sus padres hablarán por ellos, o alguno de su familia. Se bautizará enseguida a los hombres y finalmente a las mujeres…”(4)
 
CIPRIANO DE CARTAGO (200-258 d.C.):
“Pero en relación con el caso de los niños, en el cual dices que no deben ser bautizados en el segundo o tercer día después de su nacimiento, y que la antigua ley de la circuncisión debe considerarse, por lo cual piensas que alguien que acaba de nacer debe no ser bautizado y santificado dentro de los ocho días, todos nosotros pensamos de manera muy diferente en nuestro Concilio. Porque en este curso que pensabas tomar, nadie está de acuerdo, sino que todos juzgamos que la misericordia y gracia de Dios no debe ser negada a ningún nacido de hombre… Por otra parte, la fe en la Escritura divina nos declara que todos, ya sean niños o mayores, tenemos la misma igualdad en los divinos dones…”(5)
 
1) Catecismo de la Iglesia Católica, 1252.
2) Ireneo de Lyon, Contra las herejías 2, 22, 4.
3) Orígenes In Rom. Com. 5,9: EH 249. Johannes Quasten, Patrología I, Biblioteca de Autores Cristianos 206. 5ta ed. Madrid 1995,  pág. 395.
4) Hipólito de Roma, Tradición Apostólica 20, 21.
5) Cipriano de Cartago, A Fido sobre el bautismo de infantes, Carta, 58.

MAS SOBRE APOLOGETICA DE LA EUCARISTIA:

https://www.facebook.com/Catolicosfirmesensufe?ref=stream

CAPITULO 18: Y asi como decimos

CAPITULO 18: Y así como decimos “Padre Nuestro” Mt 6,9 porque es Padre de los que le conocemos y creemos en él también decimos : El pan nuestro Mt 6:11 porque Cristo es pan de los que tocamos su cuerpo.Pedimos que cada día se nos de de ese pan, no sea que quienes estamos en Cristo y recibimos cada día la Eucaristía para alimento de Salvación, al cometer algún delito de importancia mientras absteniendo y no comulgando nos privamos del pan celestial, somos separados del cuerpo de Cristo, como el mismo dijo:Yo soy el pan de vida, que baje del cielo, si alguno comiere de este pan vivirá eternamente Juan 6:51, cuando dice que vivirá eternamente si alguno comiera de su pan es claro que viven quienes tocan su cuerpo y reciben la EUCARISTIA por el derecho de la comunión…..hay que temer y orar no sea que mientras uno se abstiene, se separe del cuerpo de Cristo, se separe de la salvación , pues el mismo dijo: Si no comieras la carne del Hijo del hombre y no bebieras su sangre no tendréis vida en vosotros Juan 6:53. Por esto pedimos que cada día se nos de nuestro pan, que es, Cristo, para que quienes permanecemos y vivimos en Cristo nos apartemos de su santificación y de su cuerpo.- SAN CIPRIANO DE CARTAGO. AÑO 255 D.C.-SOBRE LA ORACION DOMINICAL-CAPITULO 18.

HAS PERDIDO TU PAZ INTERIOR Y DESEAS RECUPERARLA ??

Hermanos, quien de nosotros no ha experimentado   situaciones que  se escapan de nuestro control, que tenemos reacciones contrarias al amor y la paz , y es allí cuando: nos faltan los buenos modales, la gentileza, nos tornamos antipáticos y perdemos el dominio, y, al mismo tiempo, la paz interior.Imagen

Pues bien mis amados estoy seguro , y lo digo por testimonio propio que en ocasiones,  tenemos la tendencia a dejarnos  llevar por la tristeza, el desánimo, el miedo, el enojo, la angustia, o cualquier otro sentimiento negativo . 

Y es alli cuando mas se nos exige ser coherentes e integros con la palabra de Dios que nos dice segun :Filipenses 4:5-7 Reina-Valera 1960 “Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.  Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” entonces:

 COMO RECUPERAR ESA PAZ INTERIOR ???

 Abriéndonos a la gracia de Dios, a través de la oración, y clamando desde el corazón como nos enseña el apóstol Pablo:
Preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también.
Ponte y activate , en oración,  con estos tres pasos que presenta san Pablo, en Filipenses, capítulo 4:

1. Presentar el problema a Dios, tal como lo siento.

2. Pedirle al Señor que lo resuelva según su sabiduría y no según “nuestras recetas”.

3.Dándole gracias en la fe, por las bendiciones que Dios sacará de esa dificultad. (Filipenses 4, 6)

Ten la seguridad de que si perseveras en la oración y en la alabanza, el Señor te consolará, te fortalecerá y te hará ver, con una nueva óptica, la adversidad.

Paz y bien