Archivos Mensuales: febrero 2012

Saber corregir a los hijos . un arte o una necesidad que debemos satisfacer ?

Saber corregir

                                                                                                                                      Más allá de connacer a los niños, los padres deben saber cómo actuar para alcanzar el efecto deseado. Las buenas intenciones no son bastantes.

La corrección tiene normas y técnicas. Sin esto, podría ser contraproducente.

Veamos cuál debe ser la buena corrección.

1º) Rara

El educador debe ver todo, disimular mucho, corregir cuando sea necesario.

Ver todo, para conocer bien a los niños, para no dejarse sorprender, ni pasar por tonto a los ojos de los niños.

Disimular mucho, porque muchas faltas no tienen realmente importancia, unas son propias de la edad y pasan con ella, otras los mismos niños las notan y, cuando están siendo bien educados, ellos mismos tratan de enmendarse.

Corregir cuando sea necesario, porque la corrección exagerada es dañosa a la educación.

Cuando es muy frecuente, ella:

* pierde el efecto saludable de inspirar repugnancia por la falta cometida, con el consiguiente deseo de enmienda;

*
debilita la autoridad del educador, en vez de consolidarla, como lo hace cuando es esporádica;

* insensibiliza al niño, que no acoge ya las advertencias, por la misma imposibilidad de hacerlo al ser numerosas;

*
puede ser incluso contraproducente, llegando a ser irritante. En las pocas recomendaciones que San Pablo hizo sobre la educación de los niños, él pidió que no se los irritase (Ef. 5, 4).

Comprimidos por una disciplina demasiado estrecha, censurados a cada instante, los niños terminan por carecer de carácter o caer en una situación emocional abrumadora, que acabará por enfermarlos.

Es una pena que muchos padres, precisamente entre los más celosos y bien intencionados, insistan, incluso cuando reconocen que sus intervenciones no avanzan, y terminan por empeorar la situación.

Se diría que lo hacen más por satisfacer la propia conciencia (mal orientada) que para el bien del hijo.

Algunos hasta se molestan cuando les pedimos que no insistan con las correcciones.

***

2º) Justa

Tiene que corresponder a una falta cierta. El sentido de la justicia está generalmente muy vivo en los niños, y ellos rechazan, heridos, las correcciones injustas, rebelados, aunque se trate de simples advertencias.

Aunque el rechazo sea meramente interior, no producirá ya el efecto querido.

Cuando por sí mismo el niño percibe que ha errado y decide enmendarse, la intervención de los padres será solamente para apoyarlo y estimularlo en su intención.

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3º) Afectuosa

Como toda la educación,
la corrección es obra del amor. Cuando reviste aspectos ásperos, tiene que ser (y debe parecer) tan dolorosa a quién la aplica como a quién la recibe, al igual que ciertos tratamientos médicos que estamos obligados a hacer a los niños.

En cualquier caso que sea, ella manifestará siempre el cumplimiento de un deber, la preocupación de hacer bien, manifestación del amor.

Para esto, debe ser:

* tranquila: el educador, en el dominio perfecto de sí mismo, moderado en las palabras, los gestos y la mirada, de modo que no sea una ejecución de cólera lo que solamente debe ser ejecución del amor, recordando que solamente
la razón tiene el derecho de corregir, como dijo Fenelon, y que quien se deja conducir por las pasiones más necesita imponerse la corrección a sí mismo que a los otros;

* bondadosa: nunca la impondremos porque hemos sido desobedecidos, sino porque el niño lo requiere; no le daremos aspecto de venganza, sino de expiación de la orden violada; nunca por razones nuestras, sino por los intereses del niño y del mantenimiento de la moral.

Por lo tanto, evitaremos las burlas y las humillaciones, que más sirven para irritar y para endurecer que para mover los niños al cambio de vida.

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4º) Profunda

La corrección es solamente eficaz cuando va a la raíz de la falta.

No es suficiente ver que el niño robó; es necesario ver por qué robó. No basta obligarlo a restituir el objeto robado; es necesario remover el motivo del robo. Dígase lo mismo de los otros defectos.

Respecto de las faltas aisladas, fruto de meras ocasiones, accidentales por lo tanto, las correcciones superficiales son suficientes.

Pero las que corresponden a tendencias profundas, si no las cortamos de raíz, deberemos limpiar la tierra permanentemente, con la certeza de que nuevos frutos aparecerán en la primera ocasión.

Es posible que, a fuerza de insistencias, de extrema vigilancia e incluso de castigos, haya una mejoría: el niño se somete, pero no se corrige, porque la mala inclinación no fue alcanzada y espera solamente el momento para manifestarse de nuevo.

También sucede que, refrenado en una falta, él se compense con otra, a veces peor que la primera…

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5º) Proporcionada

Tengamos el máximo cuidado de que la manera de corregir una falta sea la que mejor permite al niño ver las funestas consecuencias morales, naturales o sociales de su acto.

Sólo así le facilitaremos entender el error y el que quiera enmendarlo, formando el sentido moral y la voluntad de ser bueno.

Para esto la corrección debe ser proporcionada a la edad, la persona, la falta.

* A la edad. En los pequeñitos, en la medida en que prevalece la vida de los sentidos, será más un adiestramiento, con afirmaciones simples y categóricas, que tienen como objetivo la formación de hábitos y la impregnación del subconsciente.

Es necesario llegar a la sensibilidad, dado que no se puede todavía obtener la comprensión. No hay que satisfacer sus caprichos, no rendirse a sus insistencias y lágrimas, no alimentar las malas tendencias que se manifiestan (gula, terquedad, egoísmo, cólera).

Hay que encaminarlos de manera positiva, por medio de actos que faciliten buenos hábitos.

Con el desarrollo de la inteligencia y de la voluntad, las preocupaciones van a pasar gradualmente para este terreno. Se apela, entonces, a la comprensión, comenzando por las razones más simples; con tareas que van a darles el dominio consciente de sí mismos, que atañen a sus gustos o libertad; con ocupaciones útiles referentes a lo que debían haber hecho o que han realizado mal.

Si la educación tiene un desarrollo normal, el adolescente podrá ser llamado a la razón, cabiendo apenas una ayuda en su autogobierno, dado que las pasiones lo seducen con energía especial.

* A la persona. El error común entre los padres es tratar a los niños a todos de una manera similar. En casos de fracasos, oímos con frecuencia la queja: “Los eduqué a todos de una manera similar, y son tan diferentes…”

Cada uno debe ser educado de acuerdo con sus características.

Dos niños tienen tipos físicos diversos -uno gordo y bajo, otro flaco y alto-, no se le ocurrirá ciertamente a la madre vestirlos con igual ropa, solamente porque son hermanos.

Mayores son las diferencias del espíritu y del carácter, igualmente visibles. Tratarlos con los mismos moldes no es tan irrisorio como muy nocivo.

Imaginemos al doctor que dé a todos los niños de su clínica la misma prescripción, alegando que están en la misma enfermería, y que él debe tratar a todos de una manera similar

Es una pena que los errores pedagógicos no clamen hacia fuera con la misma fuerza.

Una errada noción de justicia lleva a ciertos educadores a tratar de una manera similar a todos los educandos. Quizás temen la pérdida de imparcialidad. Esquivan las explicaciones que la diferencia del tratamiento exige.

Es dañar la formación de los niños, puesto que cada uno de ellos tiene que ser conducido exactamente al mismo fin pero por
diversos caminos.

* A la falta. Las faltas son más o menos graves, conforme sean las reglas que violan y las circunstancias en que han sido cometidas.

Hay quien miente por vanidad o en defensa, y quien miente calculadamente para calumniar; quien roba una bolita por el deseo de tener una bolita, y quien rompe la muñeca de la hermana por envidia…

Todos tienen una falta que corregir, pero en grados muy diversos.

Cuanto más grave es la falta, tanto más cuidadosa debe ser la corrección.

No perdamos de vista el sentido de la expiación que ella tiene, ni la preocupación por ir a las causas.

Hay padres que divulgan las faltas de honradez de los niños, pero los castigan seriamente porque han roto un plato. Es porque muchos piensan más en castigar que en corregir.

Otros no dan importancia a la falta en sí misma, pero se horrorizan con la mera posibilidad de que llegue al conocimiento de los vecinos…

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6º) Contraria a la falta

Tenga el perezoso el cuidado de satisfacer los deberes sin retraso y bien su trabajo de cada día.

La muchacha desorganizada, será encargada de arreglar la casa, tomando conciencia del deber por cumplir y el cuidado de hacerlo bien, por satisfacción propia y para la gloria de Dios.

El egoísta será orientado hacia la ayuda fraternal en todos los terrenos, principalmente en aquellos donde más se revela su falta.

Al mentiroso, que se le imponga la rectificación, entonces perderá el apetito de mentir.

No juzguemos, sin embargo, sean estas fórmulas mágicas que resuelven todo rápidamente, y que, cuando no lo resuelven, el caso es irremediable.

No hay fórmulas mágicas en la educación.

Las soluciones rápidas son pedidas, en general, por los que no tienen tiempo para perder con los niños, y por eso los niños se pierden.

Finalmente, si la falta es solamente un síntoma, no es luchando contra el síntoma que se cura un mal, sino yendo a la raíz. Y si la raíz no es alcanzada, desesperan los educadores superficiales… y no se corrige el niño…

José Durr (“El arte de las artes”) tiene a propósito una página sin gran vuelo pero útil, sin embargo, al educador común. Aconseja que al goloso o al niño perezoso se impongan ejercicios físicos, trabajo regular y bien hecho; al agitado un régimen firme, que se le exija orden y puntualidad; al trabajador y ambicioso, inclinado a dominar, las ocasiones de moderación, mansedumbre y paciencia; al tímido se le den como antídoto, ejercicios físicos, trabajos de jardín, etc., cultivando la iniciativa y la confianza en sí mismo.

Como vemos, con frecuencia el niño ni sabe que se le está corrigiendo… El remedio se toma insensiblemente respecto de la causa del mal. En ciertos casos es necesario que no aparezcan nuestras intenciones.

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7º) Oportuna

Hay un tiempo para callar, y un tiempo para hablar, nos recuerda la Biblia (Ecle. 3, 7).

Como la semilla, que parte de nuestra mano y se desarrolla en el seno de la tierra, así la corrección es muchas veces iniciativa nuestra, pero se completa en el niño por su obra.

Y como la semilla no se puede plantar en cualquier época, porque hay un tiempo para sembrar y un tiempo para recoger, también la corrección tiene que esperar el momento oportuno.

Sólo proponemos (o imponemos) con la esperanza de éxito. Y esto depende del recibimiento, que solamente puede ser favorable, si las circunstancias también lo son.

En la hora de la irritación, la tendencia es más para rechazarla que para sugerir una enmienda.

En presencia de la gente extraña, de colegas e incluso hermanos, cuando eso implica una humillación, tampoco es acertada.

Hay que esperar que pase la tormenta; tomar al niño a parte, y en la calma de lado a lado, proponer la medida que corresponda.

Las madres cristianas tienen una ocasión excelente cuando, después de la oración de la noche, van a ver si los niños están bien acomodados en la cama. Hablando con voz dulce y cariñosa, sentada al borde de la cama, es muy difícil que la madre no sea bien recibida.

Espérese, pues, el momento oportuno.

Sin embargo, tratándose de niños pequeños, no conviene posponer mucho la corrección. Ellos se olvidan de que han cometido una falta, no establecen fácilmente la relación necesaria entre el error y la enmienda, y pueden encontrar injustas las medidas impuestas, y entonces el efecto será contrario.

Ante estos peligros, podemos recurrir a las prácticas correctivas sin la referencia a los hechos olvidados, alcanzando los mismos resultados, sin las contraindicaciones.

Ya lo dijimos más arriba, pero una repetición siempre hace bien: se exige el momento
oportuno también para el educador, que sólo debe actuar cuando puede manifestar, por el dominio de sí mismo, que habla con la razón, y no con la pasión, que mira al bien del niño y no a satisfacer la propia cólera.

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8º) Perseverante

De parte del niño, de voluntad frágil porque aún está en la formación, se entiende que tenga desalientos en el constante recomenzar después de las faltas. De la parte de los padres, ¡no! Tienen siempre que desear la corrección de los niños.

Siempre, sincera y decididamente. Paciente, pero obstinadamente. ¡Santa terquedad! No se desalentarán ante las recaídas, no se abatirán ante los fracasos, no se cansarán de dar siempre las mismas recomendaciones prácticas.

No contarán con resultados fáciles, ni deben acobardarse ante las dificultades. Sobre todo, no se resignarán con los defectos de los niños; sino que lucharán para corregirlos.

Y no debe ser una lucha episódica, discontinua, sino sistemática y permanentes. No se trata de un temporal de verano, sino de una lluvia tenue pero obstinada, que humedece la tierra en profundidad.

Ese amor de la madre que no se cansa ni mira los sacrificios, cuando se trata de la salud de los niños, no tiene menos de dedicado y admirable en las restauraciones morales.

El amor enseñará a los padres a ser bondadosos hasta la ternura, pero determinados y persistentes, porque quién perseverare hasta el fin es el que será salvo.

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9º) Firme

Es por amor, el amor bien entendido, el que desea el bien, que la corrección tiene ser firme, no indulgente, sino determinada y fuerte.

Observa el gran pedagogo suizo Foerster (La Instrucción ética de la juventud) que la tendencia a la indulgencia, característica de nuestra época, es propia de hombres débiles, incapaces de soportar las consecuencias de sus actos, y que se justifican procurando evitárselas a los otros.

De hecho, la debilidad de los responsables de los niños y adolescentes generó y multiplica la “juventud desviada, y la complacencia de los responsables de la Seguridad Social estimula la marea de inmoralidades y crímenes, que la falta de formación religiosa desencadenó.

Si bien condeno los procedimientos de fuerza, estoy, sin embargo, en favor de la educación fuerte. La tolerancia con los defectos de los niños los lleva muchas veces el crimen.

La tolerancia con los crímenes multiplica los criminales y agrava los delitos.

La indulgencia, al contrario de lo que piensan los superficiales, es perjudicial para el educando.

Los que la aplican para la primera falta, guardan la energía para las otras, tan seguros están de que vendrán… Cuando es más lógico ser firme tan pronto como aparece el mal, para evitar que prosiga.

La serpiente se mata por la cabeza“, dice la sabiduría popular. Un tratamiento ajustado en la primera falta prevendrá probablemente la segunda.

Esto entra en la lógica de la corrección y en la psicología del culpable.

En la lógica de la corrección, porque, al menos cuando se trata de la ley moral violada, la expiación es requisito indeclinable.

En materia moral, nadie puede ser tolerante, porque todos estamos igualmente sometidos a ella.

En la psicología del culpable, porque si asocia a la primera falta una reacción desagradable, él estará inclinado a prevenirla; al paso que, si ninguna corrección le fuere aplicada, es probable se sienta estimulado para continuar en el error.

Podemos también confundir al niño: él pensaba realmente haber hecho un mal acto, esperaba la reacción de los padres, y ésta no ocurrió… Entonces, el acto no fue tan malo, porque nadie ignora que las actitudes de los padres son para los niños pequeños el criterio de lo bueno y de lo malo. Así se abre el camino para las recaídas…

Porque deseamos la corrección de todos, de los pequeños y de los adultos, es que reclamamos la firmeza antes que la indulgencia. Esta se toma generalmente como debilidad, y nada impresiona tan negativamente a los niños y a los jóvenes como la autoridad débil.

Recordemos, finalmente, que la firmeza no significa dureza, sino que requiere la comprensión del niño y la bondad en los modos, también necesarias como ya lo acentuamos.

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10º) Corta

Las correcciones muy largas son más bien castigos. En verdad, cansan a los niños, les dan impresión de injusticia, y las rechazan.

Por lo tanto, no producen el efecto buscado, o producen el contrario.

Ciertas medidas son más punitivas que educativas: un mes sin salir de la casa, una semana tomando las comidas solos, etc.

Ellas pecan, sobre todo, por quitar el estímulo para la enmienda. Si provocamos el desánimo en lugar del coraje, no estimulamos a niño para la perfección.

Para ayudar en la formación de buenos hábitos, más valen medidas más frecuentes, pero de corta duración.

Sin embargo, que no sean tan cortas que no permitan sentir el error, ni tan largas que hagan olvidar la relación con la falta, generando irritación, lo cual es contraproducente.

Satisfaciendo con facilidad lo que sugerimos, sin cansarse, incluso sintiendo que es capaz de hacer más, el niño aceptará con amor el trabajo de corregirse, y será estimulado para nuevas tareas, cuando sea necesario.

Esto es esencial para la corrección.

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11º) Olvidadiza

Cuanto más recaiga el niño, más necesidad tiene de ayuda. Recae porque la tendencia en él es muy fuerte, o porque la voluntad es muy débil.

Si no consigue caminar solo, necesita nuestra mano. Si, dándole la mano, lo apuramos o empujamos, caerá más rápido; si lo sostenemos, recibirá nuestra ayuda; si lo afligimos, huirá lejos.

Cuanto más frecuentes sean las recaídas, más debe ser estimulado.

Ahora bien, nada desanima más que el recuerdo de las faltas cometidas, o el número de veces que se propuso enmienda, o el poco fruto obtenido.

Tomaremos, pues, cada falta como si ella fuera la primera.

Si el niño multiplica las faltas o retrasa la enmienda más de lo que se debería esperar, tomaremos las medidas necesarias; pero sin acumular los carbones encendidos sobre su cabeza (Prov. 25, 22).

Humillado quizá con nuestras alegaciones, él concluirá que no se corregirá, que es inútil luchar; cayendo en el desánimo, que hará difícil sino imposible el deseo de enmendarse.

Teniendo que acompañar la vida moral del niño, el educador no puede olvidarse ni de las faltas ni de los esfuerzos por corregirse; pero no le dará a entender que conserva estos recuerdos; no le hablará del pasado, dándole la impresión de que el pasado está olvidado.

Y actuará en función de este “olvido”, salvo que el pasado se relacione directamente con el problema del momento presente.

Mucho se molestan los educandos con la recapitulación de sus faltas, hecha cada vez que van a ser corregidos. Es natural: se sienten avergonzados.

Los que juzgan contribuir así para enmendarlos se olvidan de la fuerza pedagógica del optimismo; y no pesan cuánto disminuye con esto la confianza de los niños.

Y cuando la confianza disminuye, aumentan las dificultades de la educación. Bien hace el educador que sabe mantener la confianza de los niños, tanto en él cuánto en ellos mismos.

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12º) Cristiana

Es una sola, pero ella es infinita, la diferencia entre el pagano y el cristiano: este está bautizado.

Así también es la educación.

El cristiano hace todo lo que hace el pagano, y cuenta, por otra parte, con la gracia de Dios.

El pagano se vale de todos los medios naturales y lleva al niño hasta donde se lo permiten las fuerzas humanas.

El cristiano continúa la subida, apoyado en los medios que Cristo enseñó e instituyó para elevar al hombre por encima de sí mismo y conducirlo a la perfección.

La educación cristiana no contradice el pagano, sino que lo excede.

La corrección cristiana contiene elementos que el pagano desconoce… cuando deseamos enseñar la virtud: la mortificación, la paciencia, la justicia, la prudencia, la fortaleza, la ayuda fraterna, el respecto a la ley y a las autoridades, la pureza…, allí está Cristo, vivo, completo, perfecto.

Y no es para nosotros solamente un ejemplo: es la fuerza que nos ayuda, es el estímulo de la recompensa que no faltará, es el Señor omnipotente que nos puede alimentar en el desierto, salvar del naufragio, liberar del demonio.

Tenemos el recurso a la oración, eso que los naturalistas desconocen.

Tenemos la total confianza en Cristo, eso que los que lo experimentan saben cuán buena es y de gran alcance.

Tenemos el ejercicio de la presencia de Dios, que está en todas partes, lo cual nos retiene frente al pecado, y nos invita permanentemente a la perfección, y cuyo temor es el comienzo de la virtud.

Tenemos el examen de conciencia, elemento de gran alcance para el conocimiento de sí mismo, sonda que penetra hasta lo más profundo de las intenciones, luz de nuestra alma y que nos muestra las causas y las raíces más secretas de nuestros actos y de nuestras intenciones, y que ningún educador debe obviar ni para sí mismo ni para los educandos.

Los católicos tenemos el contacto vital con la Santa Madre Iglesia, con el culto vivificante de la Santa Misa, con la fuerza eficiente de los Sacramentos.

Todo que esto levanta la corrección que consideramos. Todo se serena y se facilita cuando hablamos del amor de Dios, de alegrar a Cristo, para no crucificar de nuevo el Hijo de Dios.

Lo sobrenatural no tiene un lugar a parte en nuestra pedagogía; como la sangre, él se difunde hacia todo el organismo; como el alma en el cuerpo, él está todo en la educación cristiana y todo en cualquier parte de ella.

Sólo quienes lo utilizamos, sabemos cuánto vale. Entre nosotros, mejor lo saben aquellos que no lo sabían, pero se han convertido y ahora lo utilizan, apenados del tiempo en que no lo han utilizado, jubilosos de las maravillas que produce.

Feliz quien basa la vida y la educación de los niños en lo sobrenatural. Por grandes que sean las dificultades, son siempre menores que las de los otros, y mayores los frutos. Recibirá el céntuplo y tendrá la vida eterna.

***

Establecer principios

Quizás la exposición ha sido larga, y esto dé la impresión de que la corrección de los niños es difícil.

En la verdad, todo se obtiene armónicamente.

Hicimos el trabajo de análisis. Es como caminar: podemos explicar el mecanismo de nuestra marcha, difícilmente daríamos un paso con ello. Se camina, simplemente, y se hace todo, sin percibir…

Así es con la buena educación.

Pero, para facilitar un trabajo de unidad, reducimos todo a pocos principios, que no exigen explicaciones.

1)
Saber lo que se desea: hacer amar y obtener el ideal.

2) Desear con firmeza y continuidad.

3) Ver todo, disimular mucho, corregir lo necesario (el término disimular se entiende como hacer la vista gorda, dejar pasar).

4) Ir a las raíces de la falta.

5) Mantener la visión del conjunto.

6) Asegurar la confianza de los niños.

***

Maneras de corregir

Nuestra preocupación es llevar al niño a la práctica de la virtud, para que haga el bien y evite el mal, para prevenir las faltas, todo en la proporción de sus posibilidades personales.

Para esto utilizamos las propias consecuencias naturales de la falta, cuando estas se prestan a la explotación pedagógica, o utilizamos otras maneras proporcionadas.

En el primer caso, la aplicación varía.

En caso de faltas inocuas: el niño sufre malestar cuando come chocolate, pero continúa comiéndolo siempre que se le ofrece la ocasión. No tiene fuerza para resistir.

Otras faltas son irritantes, humillantes, vergonzosas incluso para los padres… La niña remolona que no está lista a la hora de la salida para dar un paseo, no va al paseo. Al mentiroso, no se le creerá. Al que rasgó el vestido nuevo, lo utilizará remendado. Quien arruinó el cuaderno, se quedará sin cuaderno.

Otras son realmente beneficiosas. El niño que se ha quemado moviendo el calentador; el que se ha herido con las maneras bruscas de jugar; el que fue expulsado del juego por los compañeros porque perturbó, etc.

En el segundo caso, son muy conocidas las maneras de la corrección, veamos:

1) Advertencias. Muy útiles, porque previenen la caída, lo cual siempre es mejor que remediarlas, sobre todo en la infancia. Justas, oportunas, rápidas, dan buenos resultados.

2) Censuras. Son necesarios, para la formación del criterio moral de los niños. Si no son censurados por el mal que hacen, pueden pensar que es bueno o indiferente. También serán, como las advertencias, justas, breves, oportunas, y hechas con seriedad, incluso cuando sean enérgicas.

3) Elogios. Superiores a la censura, y preferibles por lo tanto. La censura, por mejor que la realicemos, es siempre restrictiva y deprimente, al paso que el hombre necesita de estímulos para practicarla virtud, y en general son pocos nuestros impulsos para ella.

Se engañan los que temen fomentar la vanidad con los elogios. Siempre que sean justos, moderados, tengan como objetivo al esfuerzo (y no las cualidades naturales, dones gratuitos de Dios), y que despierten el entusiasmo para el bien, confianza en sí mismo y amor por el ideal, es importante utilizarlos y no temerlos.

También Cristo los utilizó en su pedagogía (ver Mt. 8, 10; 25, 23).

Siempre que el niño se esfuerce (aunque no alcance el éxito deseado), es digno de encomio.

Principalmente cuando está interesado en enmendarse: elogiémoslo, incluso si apenas obtiene disminuir las faltas, porque ya es un progreso.

4) Recompensas. Como todo lo que estimula y despierta las energías para el bien, son un elemento valioso en la educación.

Su fin es realzar el valor del acto practicado y favorecer su repetición.

No sólo pueden, sino que hasta deben ser otorgadas, desde que:

contribuyen para dar al niño la conciencia de la obra que practicó, inclinándolo así a repetirla;

conducen al gusto íntimo del deber;

ayudan a vencer los obstáculos

Para esto, procuremos evitar:

recompensas que favorecen las malas tendencias: no es bueno dar golosinas a los golosos, a las vanidosas maquillajes, dinero a los avaros, etc.;

prometerlas con frecuencias; porque perderán así el propósito, e incluso invertirlo, llevando al niño al trabajo antes por el premio que por el cumplimiento el deber;

darlas con mucha frecuencia, no sólo porque esto trivializa, sino también porque el niño pierde de vista el amor al deber, comienza a trabajar por las recompensas, y puede desalentarse cuando no las recibe.

Así como nos gustan los elogios y los regalos, mucho se alegran los niños con ellos. Cualquier cosa los contenta, siempre que no estén ya enviciados.

De acuerdo con el propósito pedagógico, procuremos aquellos que sean conformes con las tendencias de cada uno: afectuosos, honoríficos, instructivos, artísticos, lucrativos.

A veces, lo que alegra a uno, deja indiferente o decepcionado a otro. Es necesario que la recompensa contente, porque despertando el optimismo, ayuda y favorece el camino del deber.

***

Para que el niño desee corregirse es necesario que:

sapa que tiene defectos; lo que
concede fácilmente, porque todo el mundo los tiene;


sapa que tiene tal defecto, lo
cual es un poco más difícil, porque supone el conocimiento de sí mismo y la humildad;

reconozca que cometió la falta, porque nada es más irritante para el niño, y especialmente para el adolescente, que imputársele una falta que no cometió o no reconoce como falta;

esté en ésas disposiciones del penitencia, de las que acabamos de hablar;

acepte nuestra ayuda.

Todo esto supone el trabajo educativo lento, indirecto a veces, paciente, dirigido a la inteligencia y a la voluntad del educando.

No siempre es fácil convencerlo de que cometió un error: se pone en una posición emocional, y no consigue entender lo que le señalamos desde nuestro ángulo lógico.

Entonces, es necesario que lo entendamos de modo que él nos entienda.

Cuando algunos padres acusan a hijo de “no desear nada”, si este no es una persona anormal, la culpa está en ellos:

no lo han preparado desde temprano;

se han contentado con castigos (en vez de la corrección);

no lo condujeron a conocerse;

nunca le han pedido una actitud interior;

nunca le han hecho examinar la conciencia frente a Dios;

no le han hecho ver las consecuencias de su defecto;

ni le han dado las razones profundas para la reforma de sí mismo.

No es con gritos, humillaciones y castigos que conduciremos a alguien a desear lo que deseamos…

***

Prevenir la corrección

Por positivo que sea el trabajo de la corrección, en el fondo él es negativo: hubo una falta para enmendar…

Enteramente positivo sería prevenir la necesidad de la corrección.

Si esto es el ilusorio, porque los sentimientos y los pensamientos del corazón humano están inclinados al mal desde la infancia (Gen 8, 21), es posible, al menos, reducirlas al mínimo.

Es lo que se obtiene con la formación sólida de la voluntad, ayudada por la disciplina preventiva.

Aquí está toda la educación, y no entra en la finalidad de este capítulo. Aquí deseamos dejar solamente a los padres cuidadosos la esperanza, y darles algunas señales que puedan dirigirlos en este trabajo.

***

Cultivar las virtudes

En la tierra virgen del alma infantil las virtudes crecerán más fácilmente. Trabajo agradable y productivo, ahorrará las dificultades de la corrección.

En la medida que la buena semilla germine y crezca, la cizaña que el enemigo lanza brotará sin savia, más pronta a mirarse a sí misma que a ahogar el trigo.

Para estimular las virtudes, los padres animarán los esfuerzos, acostumbrando al niño a la fortaleza y a la generosidad espiritual, preparándolo para las victorias contra las pasiones, el ambiente y el demonio.

***

Comenzar temprano

Como las malas tendencias brotan muy temprano, es necesario madrugar con la educación para la virtud. Pronuncié la palabra que alarma al pagano: educación para la santidad.

Antes de que el niño manifieste las tendencias particulares, deben haber sido canalizadas ya en la dirección de la virtud las que constituyen la naturaleza y la herencia de toda la humanidad.

El cuidado de los padres requiere que:

no cierren los ojos a las manifestaciones del alma infantil, con la excusa de que es aún pequeño;

no teman ser exigentes y enérgicos;

no se contenten con correctivos superficiales;

no capitulen ante la presión de las abuelas y tíos que juegan con el niño como los niños con los muñecos;

no piensen recuperar más adelante el tiempo perdido: ¡lo mejor es no perder tiempo!;

tengan rapidez y firmeza ocupar todo el terreno (F. Gay), de modo que cuando los vicios quieran instalarse, no encuentren lugar.

***

Educar para la libertad

Mañana, este niño inevitablemente se independizará de vuestro yugo, y será dueño de sí mismo.

Lo esencial es prepararlo para hacer el bien por sí mismo, cuando no tenga más vuestra tutela. Para esto debe saber utilizar bien su libertad.

Quién desea obtener este aprendizaje, eduque, el gusto del bien, procure la corrección…

Tengan los padres el cuidado de dar a los niños este gusto íntimo de la libertad y de esa capacidad de utilizarla para el bien.

En la medida en que lo obtengan, evitarán la necesidad de la corrección.

***

Organizar la vida del niño

Ajustado a actos regulares y dirigido por unos pocos principios de base, el niño tendrá la enorme facilidad de evitar las faltas.

La organización de los actos pertenece más a la madre; es parte del buen gobierno de la casa. Ella:

adiestra al niño desde temprano;

le exige esfuerzos en la edad escolar;

enseña al adolescente a dominarse;

orienta al niño que ya sabe cuánto debe hacer, a cómo hacerlo;

crea hábitos;

no permite que se pierda tiempo y energía, cediendo a la ociosidad y a la anarquía;

pero da a todos la posibilidad de usar la inteligencia y de ejercitar las fuerzas musculares, desarrollándose normalmente, sin las represiones que la corrección acarrea, por buena que sea.

Los principios serán pocos, pero básicos: señales para la vida.

Normas simples y claras, mil veces repetidas en el hogar, más en coloquios que intencionalmente, los cuales dirigirán las acciones en el alto mar de la vida.

La forma positiva es siempre preferible: es mejor conocer lo que debemos hacer; y lo que no tenemos que hacer viene como consecuencia.

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CUARESMA E IGLESIA

Cuaresma, camino de crecimiento espiritual

La Cuaresma que se nos puede presentar simplemente como camino de penitencia, como un camino de dolor, como un camino negativo, realmente es todo lo contrario. Es un camino sumamente positivo, o por lo menos así deberíamos entenderlo nosotros, como un camino de crecimiento espiritual. Un camino en el cual, cada uno de nosotros va a ir encontrándose, cada vez con más profundidad con Cristo. Encontrarnos con Cristo en el interior, en lo más profundo de nosotros, es lo que acaba dando sentido a todas las cosas: las buenas que hacemos, las malas que hacemos, las buenas que dejamos de hacer y también las malas que dejamos de hacer.
En el fondo, el camino que Dios quiere para nosotros, es un camino de búsqueda de Él, a través de todas las cosas. Esto es lo que el Evangelio nos viene a decir cuando nos habla de las obras de misericordia. Quien da de comer al hambriento, quien da de beber al sediento, en el fondo no simplemente hace algo bueno o se comporta bien con los demás, sino va mucho más allá. Está hablándonos de una búsqueda interior que nosotros tenemos que hacer para encontrarnos a Cristo; una búsqueda que tenemos que tenemos que ir realizando todos los días, para que no se nos escape Cristo en ninguno de los momentos de nuestra existencia.
¿Cómo buscamos a Cristo?¿Cuánto somos capaces de abrir los ojos para ver a Cristo? ¿Hasta que punto nos atrevemos a ir descubriendo, en todo lo que nos pasa, a Cristo? La experiencia cotidiana nos viene a decir que no es así, que muchas veces preferimos cerrar nuestros ojos a Cristo y no encontrarnos con Él.
¿Por qué nos puede costar reconocer a Cristo?¿Qué es lo que han hecho de malo los que no vieron a Cristo en los pobres? ¿Realmente dónde está el mal? Cuando dice Jesús Estuvieron hambrientos y no les disteis de comer; estuvieron sedientos y no les disteis de beber, ¿qué es lo que han hecho de malo? Lo que han hecho de malo, es el no haber sido capaces de reconocer a Cristo; el no haber abierto los ojos para ver a Cristo en sus hermanos. Ahí está el mal.
Lo que nos viene a decir el Evangelio, el problema fundamental es que nosotros tengamos la valentía, la disponibilidad, la exigencia personal para reconocer a Cristo. No simplemente para hacer el bien, que eso lo podemos hacer todos, sino para reconocer a Dios. Saber poner a Cristo en todas las situaciones, en todos los momentos de nuestra vida.
Esto que nos podría parecer algo muy sencillo, sin embargo es un camino duro y exigente. Un camino en el cual podemos encontrarnos tentaciones. ¿Cuál es la principal tentación? La principal tentación en este camino, del cual nos habla el Evangelio de hoy, es precisamente la tentación de no aceptar, con nuestra libertad, que Cristo puede estar ahí, o sea la tentación del uso de la libertad.
Creo que si hay algo a lo cual nosotros estamos profundamente arraigados, es a nuestra libertad y es lo que buscamos defender en todo momento y conservar por encima de todo. Cristo dice: “¡Cuidado!, no sea que tu libertad vaya a impedirte reconocerme. ¿Cuántas veces el ayudar a alguien significa tener que dejar de ser uno mismo? ¿Cuántas veces el ayudar a alguien significa tener que renunciar a nosotros mismos? “Tuve hambre y no me diste de comer”. Y tengo que ser yo quien te dé de comer de lo mío, es decir, tengo que renunciar. Tengo que ser capaz de detenerme, de acercarme a ti, de descubrir que tienes hambre y de darte de lo mío.
A veces podríamos pensar que Cristo sólo se refiere al hambre material, pero cuántas veces se acerca a nosotros corazones hambrientos espiritualmente y nosotros preferimos seguir nuestro camino; preferimos no comprometer nuestra vida, pues es más fácil, así no me meto en complicaciones, así me ahorro muchos problemas.
¿Cuántas veces podrían nuestros hermanos, los hombres, haber pasado a nuestro lado, haber tocado nuestra puerta y haber encontrado nuestro corazón, libremente, conscientemente cerrado? diciendo: “yo no me voy a comprometer con los demás, yo no me voy a meter en problemas”. Cuidado, porque esta cerrazón del corazón, puede hacer que alguien muera de hambre; puede ser que alguien muera de sed. No podemos solucionar todos los problemas del mundo; no podemos arreglar todas las dificultades del mundo, pero la pregunta es: ¿cada vez que alguien llega y toca a tu corazón, le abres la puerta? ¿te comprometes cada vez que tocan tu corazón? Este es un camino de Cuaresma, porque es un camino de encuentro con Cristo, con ese Cristo que viene una y otra vez a nuestra alma, que llega una y otra a nuestra existencia.
Todos nosotros somos de una o de otra forma, miembros comprometidos en la Iglesia, miembros que buscan la superación en la vida cristiana, que buscan ser mejores en los sacramentos, ser mejores en las virtudes, encontrarnos más con nuestro Señor. ¿Por qué no empezamos a buscarlos cuando Él llega a nuestra puerta? Cuidad con la principal de las tentaciones, que es tener el corazón cerrado.
A veces nos podría preocupar muchas tentaciones: lo mal que está el mundo de hoy, lo tremendamente horrible que está la sociedad que nos rodea. ¿Y la situación interior? ¿Y la situación de mi corazón cerrado a Cristo? ¿Y la situación de mi corazón que me hace ciego a Cristo, cómo la resuelvo? Las situaciones de la sociedad se pueden ignorar cerrando los ojos, no preocupándome de nada, metiéndome en un mundo más o menos sano. Pero la del corazón, la tentación que te impide reconocer a Cristo en tu corazón, ¿cómo la solucionas? Este es el peor de los problemas, porque de ésta es la que a la hora de la hora te van a preguntar: ¿Qué hiciste? ¿Dónde estabas? ¿Por qué no me abriste si estabas en casa?¿Por qué si yo te estaba buscando a ti, tu no me quisiste abrir la puerta? ¿Por qué si yo quería llegar a tu vida, preferiste quedarte dentro y no salir? ?¿Por qué si yo quería reunirme contigo, solucionar tus problemas, ayudarte a reconocerme, tú preferiste seguir viviendo con los ojos cerrados.
Esto es algo muy fuerte y la Cuaresma tiene que ayudarnos a preguntarnos y a plantearnos la apertura real del corazón y ver porqué nuestro corazón cerrado por nuestra libertad no quiere reconocer a Cristo en los demás. Atrevámonos a ver quiénes somos, cómo estamos viviendo nuestra existencia. Abramos nuestro corazón de par en par. No permitamos que nuestro corazón acabe siendo el sediento y hambriento por cerrado en si mismo. Podemos acabar siendo nosotros, auténticos hambrientos y sedientos, y estar Cristo tocando a nuestras puertas y sin embargo cerramos el corazón.
Hagamos de nuestro camino de cuaresmal, un camino hacia Dios abriendo nuestro corazón. Yo estoy seguro, de que siempre que abramos nuestro corazón vamos a encontrarnos con nuestro Señor, con Cristo que nos dice por dónde tenemos que ir. Así, nuestra alma va a decir: “efectivamente, yo se que tu eres el Señor, te he reconocido y por eso abro mi vida. Te he reconocido y por eso me doy completamente y soy capaz de superar cualquier dificultad. Te he reconocido”. Abramos el corazón, reconozcamos a Cristo, no permitamos que nuestra vida se encierre en sí misma. Tres condiciones para que podamos verdaderamente tener al Señor en nuestra existencia. De otra forma, quién sabe qué imagen tengamos de Dios y no se trata de hacer a Dios a nuestra imagen, sino hacernos a imagen de Dios.
Que el reclamo a la santidad, que es la Cuaresma, sea un reclamo a un corazón tan abierto, tan generoso y tan disponible que no tenga miedo de reconocer a Cristo en todas cada una de la situaciones por las que atraviesa; en todas y cada una de las exigencias, que Cristo, venga a pedir a nuestra vida cotidiana. No se trata simplemente de esperar hasta el día del Juicio Final para que nos digan: “tu a la derecha y tu a la izquierda”; es en el camino cotidiano, donde tenemos que empezar a abrir los ojos y a reconocer a Cristo.

Invocación de los santos, esencialmente diferente de la magia y necromancia

Invocación de los santos, esencialmente diferente de la magia y necromancia

Por Dave Armstrong

Capítulo 4 del libro “Biblical Evidence for the Communion of Saints”

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La comunión de los santos

El sociólogo luterano Peter Berger observó una vez que el protestantismo había cortado el “cordón umbilical” entre el cielo y la tierra. ¡Qué gran verdad dijo!. Por supuesto, la cuestión es si debería  haber un cordón en el primer lugar. Los católicos sostienen que debería haberlo, y mi tarea en este libro es proporcionar evidencias bíblicas de esto.

Un amigo protestante hizo una pregunta (con una analogía en términos empresariales) que siempre aparece en cualquier discusión sobre la visión católica de la comunión de los santos: “¿Por qué alguien se contentaría con la búsqueda de la intercesión de un gerente, cuando uno puede ir directamente al presidente de la compañía?”

Lo hacen por una sencilla razón: porque se nos enseña en la Biblia que las oraciones de algunas personas tienen más eficacia que las de otras. Incluso en la visión protestante, hay esta noción de “pedir a un hombre santo [o al pastor, etc.] orar por nosotros”.  De esta manera, alguien podría, por ejemplo, pedirle a Billy Graham que ore por ellos, porque piensan que de alguna manera su oración puede ser más eficaz. Esta intuición se basa realmente en el testimonio bíblico explícito:

unción de los enfermos

“¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor.  Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados.  Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder.  Elías era un hombre de igual condición que nosotros; oró insistentemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Después oró de nuevo y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto”[1]

Nótese aquí que la misma Biblia recomienda pedir a alguien más orar: “los ancianos” de la Iglesia, que, al igual que el resto de sus líderes[2], se supone que son personas ejemplares “dignas de doble honor[3]. Ellos tienen más poder, debido a su ordenación. De hecho, este es un texto que aparece en relación con el sacramento de la unción (también conocido como “extrema unción” o “últimos sacramentos”: cuando una persona está en peligro de muerte). Así que se les pide que oren por el mayor poder que tienen en términos de que ocurra un posible milagro, o que la gracia sobrenatural sea impartida a través de ellos. Ellos pueden hacer más que lo que podemos hacer nosotros mismos, por lo tanto, les pedimos su oración.

Para concretar este punto, el apóstol Santiago cita el ejemplo del profeta Elías. Gracias a su oración, no llovió durante tres años y medio. Santiago dice que este era el caso porque (este es el principio que desea transmitir): “La oración del justo tiene mucho poder”. Vemos la misma dinámica en el siguiente pasaje:

“Respondió el rey al hombre de Dios: «Aplaca, por favor el rostro de Yahveh tu Dios, para que mi mano pueda volver a mí.» Aplacó el hombre de Dios el rostro de Yahveh, volvió la mano al rey y quedo como antes”[4]

Abraham intercede

Esta es la razón bíblica para pedir a los otros con más estatura espiritual en el reino de Dios, o más santos (o, incluso y mejor todavía, ¡ambos!)  que rueguen por nosotros. Uno inmediatamente piensa en otros intercesores poderosos, como Abraham y Moisés. En ocasiones Dios no destruyó ciudades enteras como resultado de sus plegarias. Por supuesto que Dios no puede cambiar, y sabía lo que iba a hacer todo el tiempo, pero el punto es que él hace partícipe a sus criaturas en el proceso, de una manera menor y secundaria. Han participado, al igual que San Pablo dice que debemos “trabajar por nuestra propia salvación[5].

El apóstol Juan escribe: “En esto está la confianza que tenemos en él: en que si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha[6] . Textos similares abundan en las Escrituras. No será necesario documentarlo en adelante porque el principio está bien establecido en la Biblia. 

Siguiendo esta línea de pensamiento, entonces, si la Santísima Virgen María es inmaculada, en efecto (permanezco todavía dentro del paradigma católico, por el bien del argumento), entonces se sigue inexorablemente (de acuerdo a la Escritura) que sus oraciones tendrían mayor poder y eficacia, y no sólo a causa de su ausencia de pecado, sino por su condición de Madre de Dios y Madre espiritual, para la que Dios le designó.

Comunión de los santos

Oramos por los demás, porque tenemos que amarnos unos a otros, y la oración es un aspecto evidente de amor, porque si amamos a alguien, y sabemos que la oración puede ayudarle, lo hacemos buscando su bien. Eso es lo que la intercesión es. Dios nos concede ese gran privilegio, y lo hacemos porque amamos a los demás y deseamos manifestar el amor de Cristo. Jesús nos dice que oremos. Eso lo resuelve.

Los católicos están de acuerdo con los protestantes que la oración es sumamente importante, y es voluntad de Dios. El desacuerdo es sobre si los que han muerto y se han ido para estar con Jesús en la otra vida pueden seguir intercediendo (como intercesores a Dios en nuestro nombre). La mayoría de los protestantes creen que no debemos pedir su intercesión, por lo general indican que debemos ir directamente a Dios, pero algunos reconocen que no puede tomar ese principio demasiado lejos, de lo contrario todas las oraciones por los demás tendrían que ser desechadas.

La posición protestante  más común es aceptar las oraciones de aquellos que todavía están en la tierra, pero no de los (santos salvados) que se han apartado de la tierra como resultado de la muerte física. 

Es realmente algo bastante simple. O estas personas están vivas o no lo están. Está claro que están vivas (más de lo que nosotros lo estamos). Jesús alude a este hecho cuando habla de “el Dios de Abraham, Isaac y Jacob”, afirmando que “Él no es Dios de muertos, sino de vivos[7]. Todos los cristianos que no son nihilistas o creyentes en el “sueño del alma” (como, por ejemplo, los adventistas del séptimo día, o herejes trinitarios, como los Testigos de Jehová) creen que las almas están conscientes después de la muerte.

Sin duda, muchos protestantes responden “está bien, ellos están vivos, pero eso no prueba que puedan orar por nosotros o escuchar nuestras oraciones”. En ese momento, los católicos apelan a una combinación de pruebas bíblicas directas e indirectos muy sólidas.

Los santos en el cielo son claramente conscientes de los acontecimientos terrenales[8]. Si tienen esa conciencia, no es un salto muy grande deducir que pueden escuchar nuestras peticiones de oración. Pero ¿hay alguna evidencia bíblica de que pueden hacerlo? Creo que sin duda la hay.

En Jeremías 15,1, leemos: “Y me dijo Yahveh: Aunque se me pongan Moisés y Samuel por delante, no estará mi alma por este pueblo”. Aquí parece que Dios recibe las oraciones de los santos que han muerto como una cuestión de rutina. Moisés y Samuel fueron conocidos como intercesores, y Jeremías vivió siglos después que ambos[9].

Esta es nuestra enteramente racional razón para pedir a los santos su intercesión a Dios por nosotros: y todo está en la Biblia:

1. Las oraciones de las personas santas tienen un gran poder.

2. Aquellas personas santas que han muerto son perfeccionadas en santidad y siguen siendo parte del Cuerpo de Cristo.

3. La Santísima Virgen María, en particular, es excepcionalmente santa (Inmaculada desde su concepción), y como Madre de Dios sus oraciones tienen más poder y el efecto que el de cualquier otra criatura: todos por la gracia de Dios.

4. Sabemos que ellos son conscientes de lo que sucede en la tierra.

5. Sabemos que ejercen mucha caridad y ruegan por nosotros.

No estamos confiando en el poder de algunos “médiums” (muchos de los cuales se ha demostrado son falsos, para empezar, como Houdini, el increíble Randi, y muchos otros), o en lo oculto o los poderes demoníacos, sino en el poder de Dios. Los santos nos ven, nos oyen, y oran por nosotros, porque ellos están con Dios, fuera del tiempo, y les otorga las notables capacidades que aquellos que están en este estado. No sabemos todos los mecanismos de cómo funciona, pero sí sabemos que la Escritura dice que es “como” ser semejante a Dios en el más allá:

“Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es”[10].

Si por “rezar a un santo”, se entiende “pedir al santo para acceder a una solicitud por su propio poder”, entonces eso no es lo que los católicos creemos. Lo que estamos haciendo (línea inferior) es “pedirle a un santo que interceda ante Dios por nosotros”. Dios responde  con su poder. El principio es simple, y bíblico.

La oración en sí misma no es adoración. Yo no estoy adorando a Dios por simplemente pedirle que sane a mi esposa. Tampoco estoy adorando un santo si le pido que interceda ante Dios para que sane a mi esposa. Es simplemente el amor y la preocupación que tiene el Cuerpo de Cristo por cada uno de sus miembros. La muerte no pone fin a esto, porque Dios trasciende el poder de la muerte y la separación física. 

Tabla ouija para espiritismo

La nigromancia, la adivinación, la hechicería, la brujería y las diversas prácticas ocultistas fueron condenadas firmemente en la ley del Antiguo Testamento, sin embargo, los judíos que oraron por los muertos. Ellos no vieron ninguna contradicción, porque no había ninguna. 2 Macabeos 12,39-45 presenta oraciones por los muertos en los términos más incuestionables. 

Por supuesto, los protestantes contestarán que se trata de libros “apócrifos” de la Biblia que ellos rechazan, lo cual otra discusión, pero independientemente si se trata de la Escritura o no (la Iglesia primitiva pensaba así), el pasaje sigue mostrando que esta era la práctica de los Judíos, y que no veían ningún conflicto entre eso y las prácticas prohibidas. El cristianismo surgió del judaísmo. Muchas cosas en el judaísmo tardío, como la escatología, la angelología y las nociones de la resurrección del cuerpo se mantuvieron y fueron desarrolladas por la Iglesia primitiva. Rezar por los difuntos fue sólo uno de muchos ejemplos de eso. 

Es casi como si el Protestantismo adoptara los tontos estereotipos culturales de lo que el cielo supuestamente es, como si fuera el Valhalla nórdico, más que un lugar  (o estado) intensamente espiritual en donde las almas anhelan y arden en su deseo de que los seres humanos sean salvos y no condenados. Los santos que han muerto conocen la magnitud del asunto. Están en un lugar donde puedan dedicarse a la oración por nosotros (porque están perfeccionados en el amor), y saben muy bien lo mucho que hay en juego. Ellos ya no tienen que jugar todos los juegos que jugamos con el fin de ignorar la dimensión espiritual y olvidar el mundo venidero. Razón por la cual podemos, y ciertamente debemos, pedir su intercesión: la de la Santa Virgen María principalmente. 

En cuanto a pedirle a un ángel para que ore por nosotros o nos ayude, la Biblia indica que los hombres son, por lo menos en algún sentido de un orden superior al de los ángeles[11]. Un ángel de la guarda es un siervo del hombre y no al revés. Por lo tanto, no tiene por qué sentir que estamos haciendo algo inadecuado al tratar con él. 

Saúl intentó contactar a los muertos por el camino equivocado: a través de un médium. Pero el hecho es que de alguna manera el fallecido profeta Samuel tenía conocimiento de lo que acontecía, de hecho se apareció a Saúl y se comunicó con él. Esto muestra que su alma estaba en un estado de consciencia y tenía la capacidad de “escuchar” y  de comunicarse con una persona en la tierra. 

Si, por el contrario, Dios deseara que no hubiera comunicación alguna entre el cielo y la tierra, entonces este y otros similares incidentes, (como la Transfiguración[12], etc) no hubieran ocurrido, ya que habrían estado en contra de la voluntad de Dios, y por lo tanto, no hubiesen sido permitidos por El. Este incidente, por lo tanto, sirve como prueba de que los santos muertos pueden oir las peticiones de aquellos que están en la tierra, y que Dios permite la comunicación bidireccional. Los protestantes generalmente niegan ambas cosas. 

En Lucas 16 se describen dos hombres muertos que hablan el uno al otro. Esto es distinto de un hombre en la tierra hablando con una persona muerta, pero aún así es relevante para esta discusión en la medida en que el hombre rico estaba rezando o pidiendo a Abraham. Eso no debe ocurrir, de acuerdo a la forma de pensar protestante, ya que la oración se supone que debe ir directamente a Dios. Eso se aplicaría a los hombres muertos, así como los de la tierra. 

¿Por qué estaría haciendo esto en lugar de ir a Dios directamente? Él está haciendo una petición específica de Abraham, no sólo le pide que ore por él a Dios (más que los católicos piden a la Santísima Virgen María para atender sus peticiones). Abraham se negó dos veces a sus peticiones, lo que demuestra que los muertos pueden desempeñar un papel, junto con Dios, incluso en rechazar (o por implicación, también el cumplimiento de las peticiones de oración).

Tenga en cuenta también que en Lucas 16:27-31 el hombre rico pide que Lázaro fuera enviado con sus hermanos, para advertirles de su terrible destino propio. Abraham se niega, pero no descarta la posibilidad de un hombre muerto pueda regresar a la tierra. Por lo tanto, una vez más, la supuesta “pared” entre el cielo y la tierra se hace mucho menos impenetrable de lo que sería según la mentalidad protestante.

Estas son las presuposiciones detrás de la creencia católica en la comunión e intercesión de los santos. Muchos críticos protestantes de nuestro punto de vista parecen estar buscando la correspondencia exacta de cada una de las aristas de estos argumentos (lo cual corresponde frecuentemente a la forma de pensar  protestante, ya que a menudo exigen de forma irrazonable pruebas bíblicas explícitas), mientras que yo estoy probando las diferentes partes de un todo con cada ejemplo: hacer un argumento acumulativo de las prácticas católicas.

Creo que vemos lo suficiente sobre la comunión de los santos en las Escrituras para establecer el principio. No se requiere tener una gran cantidad de material en la Biblia acerca de algo a fin de que pueda ser creído y seguido. Por ejemplo, el nacimiento virginal se basa en muy pocos pasajes  (sólo el dos o tres, calculo), pero está firmemente creída por todos los cristianos. El pecado original, que sólo se menciona muy pocas veces en la Escritura, es aceptada por casi todos los cristianos (con algunas raras excepciones).

Ángel de la guarda

Por otra parte, las doctrinas acerca de los ángeles y la vida después de la vida se encontraban en una temprana etapa de desarrollo en el momento en que se compiló el Nuevo Testamento. Muchas de ellas estaban muy desarrolladas en el período inter-testamentario, y por eso vemos mucho más de estas doctrinas en los deuterocanónicos que se derivan sobre todo de ese periodo de tiempo.

Esta es la razón, por la cual, los saduceos rechazaban la resurrección de los muertos y los conceptos de la angelología y la escatología judía. Eso es porque aceptaban sólo las leyes escritas de la Torá (cinco primeros libros del Antiguo Testamento[13]), y en éstos apenas se debaten estas cuestiones. Eran algo así como el “Solo la Escritura” de la gente de su tiempo. Los fariseos, en cambio, aceptaron todas estas doctrinas, por lo que Jesús operaba dentro de esa tradición, y por eso es que Pablo se llama a sí mismo un fariseo tres veces, incluso después de su conversión. Ellos aceptaron la Torá oral, así como por escrito, y estas tradiciones posteriores.

Por estas razones, no hay mucho en el Nuevo Testamento acerca de estas prácticas. Esto no plantea ningún problema, porque las doctrinas, incluso más importantes y centrales, como la Santísima Trinidad o de las dos naturalezas de Cristo se han desarrollado mucho más allá varios cientos de años después de la Biblia. En otras palabras, si incluso doctrinas como la Trinidad, la cristología, y el pecado original fueron sometidas a un intenso desarrollo en el período post-bíblico, entonces no es más difícil creer que las doctrinas católicas de la comunión de los santos, y la intercesión e invocación de los santos también lo hacen.

Si un santo es verdaderamente considerado como un sustituto de Dios, y un fin en sí mismo, entonces es idolatría. Si se pensara, por ejemplo, que María podría acceder a las solicitudes y de sí misma, sin la gracia de Dios, como si fuera autosuficiente (en efecto, como Dios), sería claramente Mariolatría y una clase de idolatría, ya que sería un reemplazo del mismo Dios. Desde el punto de vista católico, los santos reflejan la gloria de Dios. Son los intermediarios, los barcos. María señala a su Hijo, que es Dios, a los discípulos del Señor. Ella no se eleva a sí misma.

Los protestantes frecuentemente piden a los católicos que proporcionen incluso un solo ejemplo de la invocación de una persona muerta de cualquier manera, de forma o figura similar a la oración en la Biblia (especialmente en el Nuevo Testamento). Felizmente obligados a dar una respuesta, presentamos la siguiente documentación:

“Había en Joppe una discípula llamada Tabitá, que quiere decir Dorcás. Era rica en buenas obras y en limosnas que hacía. Por aquellos días enfermó y murió. La lavaron y la pusieron en la estancia superior. Lida está cerca de Joppe, y los discípulos, al enterarse que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres con este ruego: «No tardes en venir a nosotros.»  Pedro partió inmediatamente con ellos. Así que llegó le hicieron subir a la estancia superior y se le presentaron todas las viudas llorando y mostrando las túnicas y los mantos que Dorcás hacía mientras estuvo con ellas.  Pedro hizo salir a todos, se puso de rodillas y oró; después se volvió al cadáver y dijo: «Tabitá, levántate.» Ella abrió sus ojos y al ver a Pedro se incorporó. Pedro le dio la mano y la levantó. Llamó a los santos y a las viudas y se la presentó viva.”[14]

Tabitha fue una discípula que murió en Jope. San Pedro oró a ella cuando le dijo: “Tabita, levántate”. Ella estaba muerta y él se dirigía a ella. Caso cerrado. No hay muro impenetrable entre el cielo y la tierra. Esto no sólo es rezar (es decir, hablar) a los muertos, sino también por los muertos, ya que el pasaje dice que Pedro “oró” antes de dirigirse a Tabita en primera persona.

Nuestro Señor Jesús hace lo mismo con respecto a Lázaro. Ora por Lázaro (un muerto[15]) y luego se dirige directamente a un hombre muerto (en efecto, “orando”  a él): “¡Lázaro, sal fuera![16]. El profeta Elías también oró y consiguió que un muerto resucitara[17]. Así que tenemos tres casos: uno de nuestro Señor Jesucristo. Él proporcionó un ejemplo a imitar, y Pedro lo siguió con claridad, ya que Jesús había dicho que sus seguidores “resucitarían muertos”[18].

Dado que tanto Jesús y Pedro (y Elías en el antiguo pacto) “oraba” a la persona muerta al dirigirse a ellos cuando todavía estaban muertos, por deducción directa o implicación (la prueba bíblica explícita), todos los cristianos  podían potencialmente “orar” (o en todo caso, comunicarse con) una persona muerta. Pedro y Jesús ciertamente “llamaron a los muertos” (de una manera muy real, en el sentido propiamente dicho): y ellos resucitaron.

Por lo tanto, se deduce que el uso de médiums o participar en otras prácticas ocultistas abominables no son la suma total de todas las comunicaciones posibles con los muertos. Debido a que la práctica está mal, no se sigue que toda la comunicación (de distinta naturaleza) con los muertos también lo está.

La oración es la comunicación entre dos seres. Si uno dice que no se puede: 1) hablar con una persona muerta, o 2) que la persona muerta no podría oírnos todos modos, incluso si lo hiciéramos, entonces este pasaje (Hechos 9,36-41) refuta ambas objeciones de una sola vez (y ambas son las premisas de la invocación de los santos). Pedro habló con una persona muerta (Tabitá) y ella le escuchó porque obedeció su “orden” y volvió a la vida. Jesús hace lo mismo con Lázaro. El hecho de que Jesús dijo a sus discípulos que podrían resucitar a los muertos abre la posibilidad de que muchos casos similares.

Por último, los protestantes argumentan que no ven nada explícito o directo en el Nuevo Testamento respecto a pedir los santos que oren por nosotros. Pero esto también es verdad respecto de la oración al Espíritu Santo. El Espíritu Santo es Dios, e intercede por nosotros[19], por lo que uno (obviamente) puede orar a Dios.

Si la prueba bíblica directa es necesaria para la invocación de los santos para pedirles que oren por nosotros, entonces, por analogía, se requiere para la oración al Espíritu Santo también. Pero se carece de ella también. Por lo tanto (llevando este razonamiento protestante, a su conclusión lógica), la oración al Espíritu Santo también debería estar prohibida. Ergo: no se puede prohibir la intercesión de los santos, sin prohibir también la oración al Espíritu Santo.

Como esto “prueba demasiado” y es lo que se llama reducción al absurdo en la lógica clásica, el protestante debe entonces abandonar su demanda excesiva de pruebas expresas bíblicas necesarias para la idea de pedir a los santos que oren por nosotros. De hecho, ambos casos son perfectamente aceptables, y ambos se basan en una gran cantidad de información bíblica indirecta o deductiva.

Diferentes razonamientos son convincentes a las personas. Se me ocurre pensar que todos los argumentos presentados en este volumen, en conjunto, proporcionan una evidencia muy sólida de que la comunión de los santos no sólo no está en contra la Escritura, sino que es positivamente sostenida por las Escrituras en todos sus detalles, desde la evidencia acumulativa. Por supuesto, no van a convencer a todos, debido a la naturaleza deductiva de algunas de las pruebas, pero es, sin embargo, un buen argumento, cuando todos los diferentes aspectos de la misma se consideran en conjunto.

Nota: Este artículo ha sido traducido y publicado con permiso del autor por José Miguel Arráiz para ApologeticaCatolica.org del capítulo 4 de su libro Biblical Evidence for the Communion of Saints. Puede reproducirlo libremente siempre que sea íntegro, citando la fuente e incluyendo esta nota. Puede ubicar y adquirir los libros del autor en su sitio web: Biblical Evidence for Catholicism

NOTAS


[1] Santiago 5,14-18

[2] 1 Timoteo 3,1-13, Tito 1,7

[3] 1 Timoteo 5,17

[4] 1 Reyes 13,6

[5] Filipenses 2,12

[6] 1 Juan 5,14 – 15

[7] Mateo 22,32

[8] Lucas 15,7s; Apocalipsis 6,9-11

[9] cf. 2 Mac 15,13-14, que revela Jeremías orando por los Judios después de su muerte

[10] 1 Juan 3,2

[11] 1 Corintios 6,3, 1 Pedro 1,12

[12] Marcos 9

[13] Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio

[14] Hechos 9,36-41

[15] Juan 11,41-42

[16] Juan 11,43

[17] 1 Reyes 17,17-24

[18] Mateo 10,8

[19] Romanos 8,26-27

Por esto NO se debe comulgar en la mano!(SACRILEGIO!!)

DIOS ROCA de Salvacion, Pedro ROCA de la Iglesia

Cinco llaves para entrar en la Eucaristía

Autor: J.Leoz | Fuente: Pan y Vida
Cinco llaves para entrar en la Eucaristía
Sentarse, relajarse, olvidarse de lo que nos rodea, lleva a vivir la presencia escondida de Dios.

Cinco llaves para entrar en la Eucaristía
Silencio

El silencio es un poder. Sin él es muy difícil escuchar. Nuestras eucaristías son deficitarias en silencio. Parece como si nos violentásemos por el simple hecho de estar unos segundos sin decir nada.

El silencio es el ruido de la oración.

El silencio, después de la homilía, es interpelación.

El silencio, después de la comunión, es gratitud al Dios por tanto que nos ha dado.

En el silencio se llena todo de nuestras intenciones personales, peticiones o deseos.

La música o el canto, los símbolos y otras cosas secundarias, nunca pueden ser una especie de tapagujeros que hagan más “digerible” la eucaristía. El silencio no es ausencia de…., es cultivar un lugar para que Dios nazca.

Comtemplación

La Eucaristía se hace más sabrosa cuando se la contempla. En el horizonte inmenso todo parece igual, pero cuando los ojos quedan fijos en él, surgen detalles que a simple vista parecían no existir.

Con la Eucaristía ocurre lo mismo. Es un paisaje que puede parecer todos los días igual. Sentarse, relajarse, olvidarse de lo que rodea lleva al alma contemplativa, a la persona contemplativa a vivir una serie de sensaciones que es la presencia escondida de Dios.

Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile que me ayude”. Le respondió el Señor: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada”. (Lucas 10, 38-42).

Oración

La oración y la eucaristía van de la mano como la cerradura se acciona con la llave. La eucaristía. El diálogo con Jesús se hace más fecundo después de haber escuchado la Palabra de Dios. Para que la Eucaristía resulte vibrante, no es cuestión de recurrir a la ayuda puntual del ritmo maraquero o guitarrero. En el diálogo de las personas está el crecimiento personal y comunitario. En la oración reside uno de los potenciales más grandes para entender, comprender y vivir intensamente la Eucaristía.

“Cuando oréis, no seáis como los hipócritas que son amigos de rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas, para exhibirse ante la gente. Ya han cobrado su paga, os lo aseguro. Tú, en cambio, cuando quieras rezar, echa la llave y rézale a tu Padre que está ahí en lo escondido; Tu Padre que ve lo escondido te recompensará” (Mt. 6, 5-6).

Caridad

La fuente de la caridad perfecta es la Eucaristía. La fuente de la caridad que nunca se agota ni se cansa es la Eucaristía. En ella contrastamos nuestros personales egoísmos con las grandes carencias que existen en el mundo que nos rodea. Cada día que pasa es una oportunidad que Dios nos da para ofrecer algo o parte de la riqueza material o personal que podemos tener cada uno de nosotros.

Hay dos dimensiones que nunca podemos olvidar al celebrar la eucaristía: la caridad hacia Dios y la caridad hacia los hermanos. Amar a Dios con todo el corazón y con toda nuestra alma es subirse al trampolín, para saltar y amar, aunque se nos haga duro y a veces imposible, a los más próximos a nosotros. Y, esos próximos, ¡qué lejos los tenemos muchas veces del corazón y qué cerca físicamente!

Hoy, de todas maneras, está más de moda mirar horizontalmente al hombre que verticalmente acordarnos de que Dios existe.

«Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, cercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.” ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» El dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo».

Escucha

Cuando Dios habla no nos da simple información: se nos revela. Su Palabra es un escáner por el que vamos conociendo el corazón de Dios, sus sentimientos, sus pensamientos y, también, lo qué tiene pensado para cada uno de nosotros. Lo qué quiere de cada uno de nosotros.

El Antiguo Testamento nos prepara a la venida de Cristo. Las epístolas y otras lecturas nos ofrecen las reflexiones de San Pablo y de otros contemporáneos sobre Jesucristo, su vida y su mensaje. El Evangelio nos da la clave de cada encuentro eucarístico. Es el punto culminante de toda la Liturgia de la Palabra. Es en este momento, cuando puestos de pie rendimos homenaje presente en la Palabra.

Le reclamaba una vez por la noche al Señor: – “¿Por qué Señor no me escuchas?, si cada noche te hablo…” – “¿Por qué Señor no me atiendes?, cuando en cada momento te pido…” – “¿Por qué Señor no te veo?, si oro constantemente…” – “En esta noche Señor hablo y hablo contigo, mas no siento tu presencia, ¿por qué Señor no me tomas en cuenta?

A lo que Dios contestó: – “Cada noche escucho tu clamor, cada noche trato de atender, cada noche trato de hacerme ver delante de ti, y quisiera cumplir tus deseos. Pero me hablas y pides muchas cosas, las cuales escucho con atención, sin embargo, en cuanto terminas de agradecer y de pedir lo que necesitas, terminas tu oración, sin darme oportunidad de hablar”

Una conversación es un diálogo entre dos, muchas veces hablamos con Dios pero no nos damos un tiempo para escuchar su voz. ¿Alguna vez has tratado de hablar con alguien que no te deja decir ni una sola palabra? Pues bien, Dios quiere hacernos escuchar su voz y para eso necesita que le des la oportunidad de hacerlo, y solo entonces, al escuchar su voz y guardar silencio por un momento, tu oración será completa, y Dios cumplirá su promesa de darte todo aquello que pidas con fe.

Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumba enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero los preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.

sin amor …… todo es diferente

SIN AMOR

La inteligencia sin amor, te hace perverso(a).

La justicia sin amor, te hace implacable.
La diplomacia sin amor, te hace hipocrita.

El exito sin amor, te hace arrogante.

La riqueza sin amor, te hace avaro(a).

La docilidad sin amor, te hace servil.

La pobreza sin amor, te hace orgulloso(a).

La verdad sin amor, te hace hiriente.

La autoridad sin amor, te hace tirano(a).

El trabajo sin amor, te hace esclavo(a).

La sencillez sin amor, te envilece.

La oracion sin amor, te hace introvertido(a).

La ley sin amor, te esclaviza.

La fe sin amor, te hace fanatico(a).

La cruz sin amor, se convierte en tortura.

La vida sin amor, no tiene sentido…

SALVO NO SIEMPRE SALVO

mi Señor Jesus te dice ……

¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida?
Déjame el cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor.

Cuando te entregues a Mí, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios. No te desesperes, no me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos. Cierra los ojos del alma y dime con calma:

¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!

Evita las preocupaciones angustiosas y los pensamientos sobre lo que puede suceder después. No estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser DIOS y actuar con libertad. Entrégate confiadamente a Mí. Reposa en Mí y deja en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente:

¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!

Lo que más daño te hace es tu razonamiento y tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera. Cuando me dices, ¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!, no seas como el paciente que le dice al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar con mis brazos divinos, no tengas miedo, yo te amo. Si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando, cierra los ojos del alma y confía. Continúa diciéndome a toda hora:

¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!

Necesito las manos libres para poder obrar. No me ates con tus preocupaciones inútiles. Satanás quiere eso: agitarte, angustiarte y quitarte la paz. Confía sólo en Mí. Reposa en Mí. Entrégate a Mí. Yo hago los milagros en la proporción de la entrega y confianza que tienes en Mí. Así que no te preocupes, echa en mi todas tus angustias y duerme tranquilo. Dime siempre:

¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!…

Y verás grandes milagros.

TE LO PROMETO POR MI AMOR.

Nociones elementales sobre la Biblia

Nociones elementales sobre la Biblia

La Biblia nos va a enseñar que la vida humana tiene sentido y que existe un Dios que es Creador y Salvador, Revelación de Dios que alcanza su plenitud en el Nuevo Testamento con la venida de Jesucristo, su predicación del Reino de Dios y sobre todo con su Pasión; Muerte y Resurrección, señal y prenda de la nuestra.

14/02/
Pedro Trevijano Etcheverria

Pedro Trevijano Etcheverria

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La palabra biblia viene del griego. Es el plural de la palabra biblion, que significa libro. Así pues, la palabra biblia significa libros.

La Biblia que manejamos, aunque sólo sea un libro, en realidad es como una pequeña biblioteca. Contiene 73 libros, escritos originariamente en hebreo y griego, con algunos fragmentos en arameo. Las biblias que nosotros usamos son traducciones, por lo que hay algunas diferencias entre ellas, porque cada una puede matizar de forma distinta la traducción del original, como sucede con las traducciones ordinarias. Dos pueden utilizar palabras distintas y sin embargo ambas están bien traducidas..

La Biblia actual está dividida en dos partes: 1ª) el Antiguo Testamento, con 46 libros, recoge la historia del pueblo de Israel desde sus orígenes hasta la época de Jesús. El Antiguo Testamento constituye prácticamente la Biblia de los judíos; 2ª) el Nuevo Testamento, con 27 libros, es el que hace referencia a Jesucristo. Contiene los cuatro evangelios de S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan, que narran la vida y enseñanzas de Jesús; los Hechos de los Apóstoles y las Cartas o Epístolas, que describen cómo eran los primeros cristianos, y el Apocalipsis.

En el proceso de formación de la Biblia podemos distinguir varias etapas: a) se producen unos acontecimientos o hechos históricos, b) sobre estos acontecimientos se reflexiona. Las personas religiosas lo hacen a partir de sus creencias y lo relacionan con Dios, dando así un significado religioso a lo que ocurrió; c) esta reflexión se transmite oralmente con el fin de comunicar una enseñanza religiosa; d) llega un momento en que esas tradiciones orales se ponen por escrito. Así surgen los diferentes libros, aunque haya pasado mucho tiempo, a veces siglos. Estos libros se leen en las celebraciones religiosas; e) todos esos libros se van reuniendo hasta formar la Biblia actual. La Biblia recoge casi 2.000 años de historia. Comienza con la figura de Abrahán (1.900 a.C.), recorre toda la historia del pueblo de Israel y termina con los acontecimientos de los primeros cristianos.

La Biblia comenzó a escribirse unos mil años antes de Cristo, tras la toma de Jerusalén por David. A partir de ese momento buena parte del pueblo termina con la vida errante, de nomadeo, y, por otra parte, les resulta conveniente tener documentos. Así empiezan a tener libros y se inicia también la escritura de la Biblia, que concluirá a finales del siglo I de la era cristiana.

Este largo período histórico se puede dividir en diez grandes etapas: 1. Patriarcas. 2. Éxodo. 3. Conquista de Canaán. 4. Monarquía. 5. División del reino. 6. Destierro. 7. Regreso del destierro. 8. Dominación griega. 9. Dominación romana. Vida de Jesús. 10. Primeros cristianos. Los libros que componen la Biblia fueron escritos en muy diversas épocas y con diversos géneros literarios. Llamamos géneros literarios a las diferentes maneras de expresarse de sus autores. He aquí algunos de los más utilizados en la Biblia: a) histórico; b) jurídico; c) profético; d) poético o sapiencial; e) epistolar; f) apocalíptico.

Lo más importante de la Biblia es el mensaje religioso que contiene; por eso no se debe considerar a la Biblia como un libro de historia o un libro científico. La intención de los autores era muy diferente: querían transmitir un mensaje religioso. De ahí que a la Biblia también se le llame Sagrada Escritura o también Palabra de Dios porque es Dios quien habla a las personas por medio de sus autores, aunque como Dios se sirve de personas humanas que son verdaderos autores de la Biblia con sus limitaciones propias también podemos decir que la Biblia es palabra humana y mensaje de Dios. En ella encontramos muchos mensajes para nuestra propia vida, como, por ejemplo, para qué vivimos, cómo hay que actuar, qué hay después de la muerte etc. La Biblia nos va a enseñar que la vida humana tiene sentido y que existe un Dios que es Creador y Salvador, Revelación de Dios que alcanza su plenitud en el Nuevo Testamento con la venida de Jesucristo, su predicación del Reino de Dios y sobre todo con su Pasión; Muerte y Resurrección, señal y prenda de la nuestra.

P. Pedro Trevijano, sacerdote

La Buhardilla de Jerónimo: Finalmente juntos, después de 477 años

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PECADO, QUES ES EL PECADO, DESTRUYENDO AL QUE TENIA EL IMPERIO DE LA MUERTE

Luis Maria Sandoval-Las Cruzad.flv

. Tecnicas sectarias para atraer adeptos. VACUNA DE FE

BOLETIN 15. Tecnicas sectarias para atraer adeptos.

Por: Joel Adán Domínguez

En Vacuna de Fe tenemos muchos años estudiando la acción del sectarismo, específicamente en su proselitismo y la manera de promoción que estos hacen con la gente.

Ellos tienen todo el derecho de predicar, eso no se lo podemos quitar, nos guste o no están en su libertad de decir lo que quieran. Pero hay acciones que no se valen, estrategias propias de empresas de marketing para atraer adeptos, inclusive, esto algunas sectas lo ven como una inversión, ya que una campaña publicitaria buena se ve reflejada en mas adeptos, mas entradas de dinero a la secta.

Hoy queremos destapar algunas estrategias para que la gente se dé cuenta y esté alerta de como trabajan.

VEN POR TU MILAGRO

¿Quieres un milagro? ¿Estás desesperado? ¿Te agobian los problemas económicos? Tienes que acudir a su congregación o a un evento que van a organizar, inclusive, se ha visto que después de estos slogans llamativos abajo viene una reseña que dice: Acude a tal parte, no importa de la religión que seas. La mayoría de estos slogans son utilizados por iglesias y pastores evangélicos o pentecostales de diferentes ramas.

Una vez que acudas con ellos a su evento o iglesia, te vas a dar cuenta de que son pastores muy capaces para mover los sentimientos de la gente, y que al final del encuentro se te va a pedir una cantidad de dinero tal, que salga de tu corazón, pero eso si, antes de pasarte la charola te van a decir: Quieres que Dios te ayude, dale a Dios un billete grande, deposita un billete grande, no te va a hacer falta. Si quieres darle a Dios migajas, vas a recibir migajas y no vas a salir de tu problema.

Si te creíste que te iban a ayudar, estás muy equivocado, estas personas solo negocian con la desesperación de la gente, ya diste tu dinero y tu problema no se solucionó, porque a Dios no se le pide con el dinero por delante, sino con tu corazón contrito. Pero para ellos, la religión es puro negocio.

EL VIRUS DE LA DUDA

Debemos de reconocer que existe gente muy habilidosa para hablarle a la gente por primera vez, ya que esta la aprovechan para sembrar la duda en las creencias de la gente a la que le están hablando, por ejemplo, he notado como un pentecostal al que conozco, les comienza por hablar a la gente de que la virgen no fue siempre virgen, que fue una pecadora como todo mundo etc. Les lee la biblia en textos mal interpretados y la gente se queda con el ojo cuadrado, con una semilla de duda que si le sigue haciendo caso y la sigue regando con el agua de su indiferencia seguramente germinará y tendremos un nuevo católico ignorante que se hizo protestante. Claro, a toda la gente que veo que la ha contaminado, yo tampoco pierdo el tiempo en irles a decir con la Biblia en mano que el hermano está equivocado, claro, el pentecostal me rehúye porque sabe que no tiene la verdad.

ORACIONES Y ADOCTRINAMIENTO A LA VEZ

Hay congregaciones sectarias que por lo regular están en los hospitales pareciendo que hacen una buena obra visitando a los enfermos y haciendo oración por ellos, pero lo que en realidad pasa ahí, es una campaña de búsqueda de adeptos para la secta.

Inclusive he visto la podredumbre de estas personas que llegan a decirles a los familiares del enfermo que el enfermo está así por que tienen una religión idólatra. Que necesitan abandonar las creencias que tienen para volverse a Cristo y así poder sanar a su enfermo. ¡Qué ingenuos! ¿Acaso solo los católicos estamos en los hospitales? ¿Acaso nunca hemos visto a un no católico en un centro médico o que asista con el doctor?

Claro que quien logra mover la ya predispuesta sensibilidad y sentimentalismo del enfermo y los familiares, es casi siempre seguro que se llevarán a toda la familia a engrosar la secta.

LA FALSA AYUDA

Comúnmente algunas sectas grandes destinan una parte de sus entradas a la compra de electrodomésticos, despensas y a la “ayuda comunitaria” hay quienes inclusive van con gente pobre que no tiene casa propia y les ofrecen vivir en una casita cerca del templo o central de la secta, les dicen que la casa ya es suya que Dios se las ha dado, pero obviamente tienes que acudir con ellos, cambiarte de religión y reportarte estrictamente con el diezmo, obvio ya no pagarás una renta, sino que vas a pagar de tu diezmo la renta de la casa, pero ¿Qué pasa si dejas de pagar o dejas de creer lo que la secta cree? ¡Te vas a la calle con todo y cosas, familia y mascotas! (Saludos a la secta de la Luz del Mundo). ¿Entonces donde estaba la ayuda? Nunca la hubo, sino que vieron en la persona a un nuevo ingreso para la secta.

LA TECNICA DEL HERMANISMO

Esta técnica se refiere a que de repente ya tienes un amigo de otra religión, te habla tan bonito que todo le crees, y todo le aceptas, te llena de libritos y folletos para que te vallas adentrando, y de repente te invita a la congregación nada mas para que veas. Heeeeey. Pero desde que llegas te hacen el pasillo, te saludan, te abrazan, te hacen sentir muy importante todos los miembros, te dicen que Dios te mandó, etc. Y sin darte cuenta, ya tienes un pandero o una biblia en la mano lanzando injurias contra la Iglesia Católica. ¡Aleluya hermanos!

Dios te Bendiga