Archivos Mensuales: mayo 2010

Ya viene la fiesta de Pentecostes




Hermanos,

Este domingo 23 se celebra la fiesta de Pentecostes. Preparemonos para recibir con fe al Espiritu Santo.

Hechos 2, 1-4

“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, semejante a un viento impetuoso, y llenó toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas como de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”.

Importante recalcar los dones que recibimos, los listo para que los apreciemos mas:

Dones del Espíritu Santo

Para hablar del Espíritu Santo utilizamos símbolos, porque su personalidad la tenemos menos definida que la del Padre o la de Jesucristo. No sabemos definir muy bien qué es el Espíritu pero sentimos su fuerza, su libertad, su alegría, su vida, su amor. Le experimentamos como luz y fuego, como brisa y viento y como dador de dones. Dones que no son adorno sino alimento porque robustecen, liberan y salvan. Son gracia y esperanza; son la misma vida.

Don de sabiduría

El don de sabiduría tiene más que ver con el sabor que con el saber, es el don de buen gusto en las cosas del Espíritu. El saber discernir, disfrutar, agradar. Es la espontaneidad con Dios. La fraternidad con los hombres. La alegra confianza.
Es saber gustar donde la gente sólo consume; saber disfrutar donde la gente se intoxica, saber parar donde todo el mundo tiene prisa. Elñ don de sabiduría es el don de vivir, de apreciar y sentir a Dios en la vida, en el aire, en los hombres, en la naturaleza...

Don de entendimiento

Es el don de entender y comprender lo que más merece la pena conocer: entender a Jesús, comprender su doctrina, conocer al Padre y al Espíritu. Entender por dentro, profundizar, penetrar, estudiar a fondo, llegar al corazón.
Es ver con los ojos de Dios, entender con su mente, contemplar con su Espíritu. Reconocer la mano de Dios donde otros ven sólo circunstancias humanas. Descubrir amor en el sufrimiento.

Don de consejo

El consejo se basa en la sabiduría y en conocimiento. El don de consejo es aconsejarnos y aconsejar. Vivimos unos junto a otros y el mejor servicio que podemos prestarnos es ayudarnos a tomar decisiones. La palabra oportuna, el consejo legal, el momento de luz cuando todo era oscuro. El escuchar callado y atento cuando alguien habla en confianza. Silencio que puede ser el mejor consejero.

Don de fortaleza

El don de fortaleza es fuerza, valor, constancia, perseverancia. El don de fortaleza no es sólo para ocasiones extraordinarias, es para todas las ocasiones y para todas las horas. Es el don que da fuerza para vivir. Fuerza que viene de arriba, de dentro, del Dios que nos creó y nos puso en este mundo, un mundo con peligros que él sabe y contratiempos que él conoce; ahora refina su presencia y aumenta su poder en nosotros con el don del Espíritu que llena nuestras facultades y protege nuestros sentidos.

Don de ciencia

El don de ciencia es la llamada urgente a ejercer en todos los campos del saber. Nos enseña a juzgar rectamente las cosas creadas, a ver en ellas un reflejo de la imagen de Dios y a amarlas. Nos revela el orden del universo, que es igualdad, justicia, paz.
Por este don el Espíritu ilumina nuestra inteligencia y la capacita en la búsqueda de la verdad.

Don de piedad

El don de piedad es el don de sentirse hijo. El don de tener a Dios por Padre y saberlo y disfrutarlo con paz y alegría filial. El don de piedad es sentir ternura, obediencia, admiración y afecto hacia Dios como Padre. Es don de familia. Dios es Padre de todos. Don de fraternidad, que nos hace sentirnos hermanos sin fronteras.

Don de temor de Dios

El don de temor de Dios es la conciencia humilde de la propia fragilidad. Es el don de la reverencia, del respeto a Dios y a los hermanos. Este temor, nacido de la reverencia y del misterio, acalla los labios y dobla las rodillas, logra así una intimidad mayor. Es el don de sentirse pequeño ante la grandeza de Dios.

No olvidemo al Espiritu Santo, pidanmosle fuerza, dones y fe.

ESPÍRITU SANTO,
sé voz profética en nuestros grupos y comunidades,
háblanos de lo concreto y dinos que hacer,
haz que nuestras acciones vuelen con nuestros sueños,
no dejes que reinen en nuestros corazones los esquemas del mundo,
denuncia nuestros conformismos e instalaciones,
hincha las velas de nuestros anhelos más evangélicos,
destruye nuestros miedos y temores al riesgo,
libera nuestros cuerpos para lo nuevo,
da luz a nuestras miradas para ver
lo más urgente, oportuno y eficaz,
ábrenos a tu llamada a lo diferente,
disponnos al discernimiento comunitario de tus signos.

ESPÍRITU SANTO,
exígenos, denúncianos, ilumínanos, consuélanos,
sé voz profética en nuestra conciencia,
háblanos en lo concreto a nosotros,
pobres y desorientados,
que nos ponemos en tu presencia.
Arde entre nosotros con tus dones
para que seamos luz y sal,
signo y símbolo de lo nuevo, del Reino de Dios
que ya está entre nosotros. Amén.


POR RAUL ALONSO
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EL TERCER SECRETO DE FATIMA,AQUI ESTA ,LEELO

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE
EL MENSAJE DE FÁTIMA

PRESENTACIÓN 

En el tránsito del segundo al tercer milenio, Juan Pablo II ha decidido hacer público el texto de la tercera parte del « secreto de Fátima ».
Tras los dramáticos y crueles acontecimientos del siglo XX, uno de los más cruciales en la historia del hombre, culminado con el cruento atentado al « dulce Cristo en la Tierra », se abre así un velo sobre una realidad, que hace historia y la interpreta en profundidad, según una dimensión espiritual a la que la mentalidad actual, frecuentemente impregnada de racionalismo, es refractaria.
Apariciones y signos sobrenaturales salpican la historia, entran en el vivo de los acontecimientos humanos y acompañan el camino del mundo, sorprendiendo a creyentes y no creyentes. Estas manifestaciones, que no pueden contradecir el contenido de la fe, deben confluir hacia el objeto central del anuncio de Cristo: el amor del Padre que suscita en los hombres la conversión y da la gracia para abandonarse a Él con devoción filial. Éste es también el mensaje de Fátima que, con un angustioso llamamiento a la conversión y a la penitencia, impulsa en realidad hacia el corazón del Evangelio.
Fátima es sin duda la más profética de las apariciones modernas. La primera y la segunda parte del « secreto » —que se publican por este orden por integridad de la documentación— se refieren sobre todo a la aterradora visión del infierno, la devoción al Corazón Inmaculado de María, la segunda guerra mundial y la previsión de los daños ingentes que Rusia, en su defección de la fe cristiana y en la adhesión al totalitarismo comunista, provocaría a la humanidad.
Nadie en 1917 podía haber imaginado todo esto: los tres pastorinhos de Fátima ven, escuchan, memorizan, y Lucía, la testigo que ha sobrevivido, lo pone por escrito en el momento en que recibe la orden del Obispo de Leiria y el permiso de Nuestra Señora.
Por lo que se refiere la descripción de las dos primeras partes del « secreto », por lo demás ya publicado y por tanto conocido, se ha elegido el texto escrito por Sor Lucía en la tercera memoria del 31 de agosto de 1941; después añade alguna anotación en la cuarta memoria del 8 de diciembre de 1941.
La tercera parte del « secreto » fue escrita « por orden de Su Excelencia el Obispo de Leiria y de la Santísima Madre…. » el 3 de enero de 1944.
Existe un único manuscrito, que se aquí se reproduce en facsímile. El sobre lacrado estuvo guardado primero por el Obispo de Leiria. Para tutelar mejor el « secreto », el 4 de abril de 1957 el sobre fue entregado al Archivo Secreto del Santo Oficio. Sor Lucía fue informada de ello por el Obispo de Leiria.
Según los apuntes del Archivo, el 17 de agosto de 1959, el Comisario del Santo Oficio, Padre Pierre Paul Philippe, O.P., de acuerdo con el Emmo. Card. Alfredo Ottaviani, llevó el sobre que contenía la tercera parte del « secreto de Fátima » a Juan XXIII. Su Santidad, « después de algunos titubeos », dijo: « Esperemos. Rezaré. Le haré saber lo que decida ».1
En realidad, el Papa Juan XXIII decidió devolver el sobre lacrado al Santo Oficio y no revelar la tercera parte del « secreto ».
Pablo VI leyó el contenido con el Sustituto, S. E. Mons. Angelo Dell’Acqua, el 27 de marzo de 1965 y devolvió el sobre al Archivo del Santo Oficio, con la decisión de no publicar el texto.
Juan Pablo II, por su parte, pidió el sobre con la tercera parte del « secreto » después del atentado del 13 de mayo de 1981.S. E. Card.Franjo Seper, Prefecto de la Congregación, entregó el 18 de julio de 1981 a S. E. Mons. Martínez Somalo, Sustituto de la Secretaría de Estado, dos sobres: uno blanco, con el texto original de Sor Lucía en portugués, y otro de color naranja con la traducción del « secreto » en italiano. El 11 de agosto siguiente, Mons. Martínez devolvió los dos sobres al Archivo del Santo Oficio.2
Como es sabido, el Papa Juan Pablo II pensó inmediatamente en la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María y compuso él mismo una oración para lo que definió « Acto de consagración », que se celebraría en la Basílica de Santa María la Mayor el 7 de junio de 1981, solemnidad de Pentecostés, día elegido para recordar el 1600° aniversario del primer Concilio Constantinopolitano y el 1550° aniversario del Concilio de Éfeso. Estando ausente el Papa por fuerza mayor, se transmitió su alocución grabada. Citamos el texto que se refiere exactamente al acto de consagración:

« Madre de los hombres y de los pueblos,Tú conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas, Tú sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que sacuden al mundo, acoge nuestro grito dirigido en el Espíritu Santo directamente a tu Corazón y abraza con el amor de la Madre y de la Esclava del Señor a los que más esperan este abrazo, y, al mismo tiempo, a aquellos cuya entrega Tú esperas de modo especial. Toma bajo tu protección materna a toda la familia humana a la que, con todo afecto a ti, Madre, confiamos. Que se acerque para todos el tiempo de la paz y de la libertad, el tiempo de la verdad, de la justicia y de la esperanza ».3

Pero el Santo Padre, para responder más plenamente a las peticiones de « Nuestra Señora », quiso explicitar durante el Año Santo de la Redención el acto de consagración del 7 de junio de 1981, repetido en Fátima el 13 de mayo de 1982. Al recordar el fiat pronunciado por María en el momento de la Anunciación, en la plaza de San Pedro el 25 de marzo de 1984, en unión espiritual con todos los Obispos del mundo, precedentemente « convocados », el Papa consagra a todos los hombres y pueblos al Corazón Inmaculado de María, en un tono que evoca las angustiadas palabras pronunciadas en 1981.

« Y por eso, oh Madre de los hombres y de los pueblos, Tú que conoces todos sus sufrimientos y esperanzas, tú que sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que invaden el mundo contemporáneo, acoge nuestro grito que, movidos por el Espíritu Santo, elevamos directamente a tu corazón: abraza con amor de Madre y de Sierva del Señor a este mundo humano nuestro, que te confiamos y consagramos, llenos de inquietud por la suerte terrena y eterna de los hombres y de los pueblos.
De modo especial confiamos y consagramos a aquellos hombres y aquellas naciones, que tienen necesidad particular de esta entrega y de esta consagración.
¡“Nos acogemos a tu protección, Santa Madre de Dios”!
¡No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades! ».

Acto seguido, el Papa continúa con mayor fuerza y con referencias más concretas, comentando casi el triste cumplimiento del Mensaje de Fátima:

« He aquí que, encontrándonos hoy ante ti, Madre de Cristo, ante tu Corazón Inmaculado, deseamos, junto con toda la Iglesia, unirnos a la consagración que, por amor nuestro, tu Hijo hizo de sí mismo al Padre cuando dijo: “Yo por ellos me santifico, para que ellos sean santificados en la verdad” (Jn 17, 19). Queremos unirnos a nuestro Redentor en esta consagración por el mundo y por los hombres, la cual, en su Corazón divino tiene el poder de conseguir el perdón y de procurar la reparación.
El poder de esta consagracióndura por siempre, abarca a todos los hombres, pueblos y naciones, y supera todo el mal que el espíritu de las tinieblas es capaz de sembrar en el corazón del hombre y en su historia; y que, de hecho, ha sembrado en nuestro tiempo.
¡Oh, cuán profundamente sentimos la necesidad de consagración para la humanidad y para el mundo: para nuestro mundo contemporáneo, en unión con Cristo mismo! En efecto, la obra redentora de Cristo debe ser participada por el mundo a través de la Iglesia.
Lo manifiesta el presente Año de la Redención, el Jubileo extraordinario de toda la Iglesia.
En este Año Santo, bendita seas por encima de todas las creaturas, tú, Sierva del Señor, que de la manera más plena obedeciste a la llamada divina.
Te saludamos a ti, que estás totalmente unida a la consagración redentora de tu Hijo.
Madre de la Iglesia: ilumina al Pueblo de Dios en los caminos de la fe, de la esperanza y de la caridad. Ilumina especialmente a los pueblos de los que tú esperas nuestra consagración y nuestro ofrecimiento. Ayúdanos a vivir en la verdad de la consagración de Cristo por toda la familia humana del mundo actual.
Al encomendarte, oh Madre, el mundo, todos los hombres y pueblos, te confiamos también la misma consagración del mundo, poniéndola en tu corazón maternal.
¡Corazón Inmaculado! Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se arraiga en los corazones de los hombres de hoy y que con sus efectos inconmensurables pesa ya sobre la vida presente y da la impresión de cerrar el camino hacia el futuro.
¡Del hambre y de la guerra, líbranos!
¡De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable y de todo tipo de guerra, líbranos!
¡De los pecados contra la vida del hombre desde su primer instante, líbranos!
¡Del odio y del envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios, líbranos!
¡De toda clase de injusticias en la vida social, nacional e internacional, líbranos!
¡De la facilidad de pisotear los mandamientos de Dios, líbranos!
¡De la tentativa de ofuscar en los corazones humanos la verdad misma de Dios, líbranos!
¡Del extravío de la conciencia del bien y del mal, líbranos!
¡De los pecados contra el Espíritu Santo, líbranos!, ¡líbranos!
Acoge, oh Madre de Cristo, este grito lleno de sufrimiento de todos los hombres. Lleno del sufrimiento de sociedades enteras.
Ayúdanos con el poder del Espíritu Santo a vencer todo pecado, el pecado del hombre y el « pecado del mundo », el pecado en todas sus manifestaciones.
Aparezca, una vez más, en la historia del mundo el infinito poder salvador de la Redención: poder del Amor misericordioso. Que éste detenga el mal.Que transforme las conciencias.Que en tu Corazón Inmaculado se abra a todos la luz de la Esperanza».4

Sor Lucía confirmó personalmente que este acto solemne y universal de consagración correspondía a los deseos de Nuestra Señora (« Sim, està feita, tal como Nossa Senhora a pediu, desde o dia 25 de Março de 1984 »: « Sí, desde el 25 de marzo de 1984, ha sido hecha tal como Nuestra Señora había pedido »: carta del 8 de noviembre de 1989). Por tanto, toda discusión, así como cualquier otra petición ulterior, carecen de fundamento.
En la documentación que se ofrece, a los manuscritos de Sor Lucía se añaden otros cuatro textos: 1) la carta del Santo Padre a Sor Lucía, del 19 de abril del 2000; 2) una descripción del coloquio tenido con Sor Lucía el 27 de abril del 2000; 3) la comunicación leída por encargo del Santo Padre en Fátima el 13 de mayo actual por el Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado; 4) el comentario teológico de Su Eminencia el Card. Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Una indicación para la interpretación de la tercera parte del « secreto » la había ya insinuado Sor Lucía en una carta al Santo Padre del 12 de mayo de 1982. En ella se dice:

« La tercera parte del secreto se refiere a las palabras de Nuestra Señora: “Si no [Rusia] diseminará sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre sufrirá mucho, varias naciones serán destruidas” (13-VII-1917).
La tercera parte es una revelación simbólica, que se refiere a esta parte del Mensaje, condicionado al hecho de que aceptemos o no lo que el mismo Mensaje pide: “si aceptaren mis peticiones, la Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, diseminará sus errores por el mundo, etc.”.
Desde el momento en que no hemos tenido en cuenta este llamamiento del Mensaje, constatamos que se ha cumplido, Rusia ha invadido el mundo con sus errores. Y, aunque no constatamos aún la consumación completa del final de esta profecía, vemos que nos encaminamos poco a poco hacia ella a grandes pasos. Si no renunciamos al camino del pecado, del odio, de la venganza, de la injusticia violando los derechos de la persona humana, de inmoralidad y de violencia, etc.
Y no digamos que de este modo es Dios que nos castiga; al contrario, son los hombres que por sí mismos se preparan el castigo. Dios nos advierte con premura y nos llama al buen camino, respetando la libertad que nos ha dado; por eso los hombres son responsables ».5

La decisión del Santo Padre Juan Pablo II de hacer pública la tercera parte del « secreto » de Fátima cierra una página de historia, marcada por la trágica voluntad humana de poder y de iniquidad, pero impregnada del amor misericordioso de Dios y de la atenta premura de la Madre de Jesús y de la Iglesia.
La acción de Dios, Señor de la Historia, y la corresponsabilidad del hombre en su dramática y fecunda libertad, son los dos goznes sobre los que se construye la historia de la humanidad.
La Virgen que se apareció en Fátima nos llama la atención sobre estos dos valores olvidados, sobre este porvenir del hombre en Dios, del que somos parte activa y responsable.

Tarcisio Bertone, SDBArzobispo emérito de Vercelli
Secretario de la Congregación
para la Doctrina de la Fe

EL « SECRETO » DE FATIMA

PRIMERA Y SEGUNDA PARTE DEL « SECRETO »
EN LA REDACCIÓN HECHA POR SOR LUCÍA
EN LA « TERCERA MEMORIA » DEL 31 DE AGOSTO DE 1941
DESTINADA AL OBISPO DE LEIRIA-FÁTIMA
(texto original)


 

(Traducción) 6

Tendré que hablar algo del secreto, y responder al primer punto interrogativo.
¿Qué es el secreto? Me parece que lo puedo decir, pues ya tengo licencia del Cielo. Los representantes de Dios en la tierra me han autorizado a ello varias veces y en varias cartas; juzgo que V. Excia. Rvma. conserva una de ellas, del R. P. José Bernardo Gonçalves, aquella en que me manda escribir al Santo Padre. Uno de los puntos que me indica es la revelación del secreto. Sí, ya dije algo; pero, para no alargar más ese escrito que debía ser breve, me limité a lo indispensable, dejando a Dios la oportunidad de un momento más favorable.
Pues bien; ya expuse en el segundo escrito, la duda que, desde el 13 de junio al 13 de julio, me atormentó; y cómo en esta aparición todo se desvaneció.
Ahora bien, el secreto consta de tres partes distintas, de las cuales voy a revelar dos.
La primera fue, pues, la visión del infierno.
Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo que caían hacia todos los lados, parecidas al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin equilibrio ni peso, entre gritos de dolor y gemidos de desesperación que horrorizaba y hacía estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.
Esta visión fue durante un momento, y ¡gracias a nuestra Buena Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo! (en la primera aparición). De no haber sido así, creo que hubiésemos muerto de susto y pavor.
Inmediatamente levantamos los ojos hacia Nuestra Señora que nos dijo con bondad y tristeza:
— Visteis el infierno a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra pronto terminará. Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.7 

TERCERA PARTE DEL « SECRETO »
(texto original)



(Traducción)8

« J.M.J.
Tercera parte del secreto revelado el 13 de julio de 1917 en la Cueva de Iria-Fátima.
Escribo en obediencia a Vos, Dios mío, que lo ordenáis por medio de Su Excelencia Reverendísima el Señor Obispo de Leiria y de la Santísima Madre vuestra y mía.
Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: « algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él » a un Obispo vestido de Blanco « hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre ». También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios.

Tuy-3-1-1944 ».
INTERPRETACIÓN DEL « SECRETO »

CARTA DE JUAN PABLO II
A SOR LUCÍA
(texto original)

 

(Traducción)
 Reverenda Sor
María Lucía
Convento de Coimbra

En el júbilo de las fiestas pascuales, le presento el augurio de Cristo Resucitado a sus discípulos: « ¡la paz esté contigo! »
Tendré el gusto de poder encontrarme con Usted en el tan esperado día de la beatificación de Francisco y Jacinta que, si Dios quiere, beatificaré el próximo 13 de mayo.
Sin embargo, teniendo en cuenta que ese día no habrá tiempo para un coloquio, sino sólo para un breve saludo, he encargado ex profeso a Su Excelencia Monseñor Tarcisio Bertone, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que vaya a hablar con Usted. Se trata de la Congregación que colabora más estrechamente con el Papa para la defensa de la fe católica y que ha conservado desde 1957, como Usted sabe, su carta manuscrita que contiene la tercera parte del secreto revelado el 13 de julio de 1917 en la Cueva de Iria, Fátima.
Monseñor Bertone, acompañado del Obispo de Leiria, su Excelencia Monseñor Serafim de Sousa Ferreira e Silva, va en mi nombre para hacerle algunas preguntas sobre la interpretación de la « tercera parte del secreto ».
Reverenda Sor Lucía, puede hablar abierta y sinceramente a Monseñor Bertone, que me referirá sus respuestas directamente a mí.
Ruego ardientemente a la Madre del Resucitado por Usted, por la Comunidad de Coimbra y por toda la Iglesia.
María, Madre de la humanidad peregrina, nos mantenga siempre estrechamente unidos a Jesús, su amado Hijo y Hermano nuestro, Señor de la vida y de la gloria.
Con una especial Bendición Apostólica.

JUAN PABLO II

Vaticano, 19 de abril de 2000.

COLOQUIO
CON SOR MARÍA LUCÍA DE JESÚS
Y DEL INMACULADO CORAZÓN

La cita de Sor Lucía con Su Excia. Mons. Tarcisio Bertone, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, encargado por el Santo Padre, y de Su Excia. Mons. Serafim de Sousa Ferreira e Silva, Obispo de Leiria-Fátima, tuvo lugar el pasado jueves 27 de abril en el Carmelo de Santa Teresa de Coimbra.
Sor Lucía estaba lúcida y serena; estaba muy contenta del viaje del Papa a Fátima para la beatificación, que ella tanto esperaba, de Francisco y Jacinta.
El Obispo de Leiria-Fátima leyó la carta autógrafa del Santo Padre que explicaba los motivos de la visita. Sor Lucía se sintió honrada y la releyó personalmente, teniéndola en sus propias manos. Dijo estar dispuesta a responder francamente a todas las preguntas.
Llegados a este punto, Su Excia. Mons. Tarcisio Bertone le presentó dos sobres, uno externo y otro dentro con la carta que contenía la tercera parte del « secreto » de Fátima, y ella dijo inmediatamente, tocándola con los dedos: « es mi carta »; y después, leyéndola: « es mi letra ».
Con la ayuda del Obispo de Leiria-Fátima, se leyó e interpretó el texto original, que está en portugués. Sor Lucía estuvo de acuerdo en la interpretación según la cual la tercera parte del secreto consiste en una visión profética comparable a las de la historia sagrada. Reiteró su convicción de que la visión de Fátima se refiere sobre todo a la lucha del comunismo ateo contra la Iglesia y los cristianos, y describe el inmenso sufrimiento de las víctimas de la fe en el siglo XX.
A la pregunta: « El personaje principal de la visión, ¿es el Papa? », Sor Lucía respondió de inmediato que sí y recuerda que los tres pastorcitos estaban muy apenados por el sufrimiento del Papa y Jacinta repetía: « Coitandinho do Santo Padre, tenho muita pena dos peccadores! » (« ¡Pobrecito el Santo Padre, me da mucha pena de los pecadores! »). Sor Lucía continúa: « Nosotros no sabíamos el nombre del Papa, la Señora no nos ha dicho el nombre del Papa, no sabíamos si era Benedicto XV o Pío XII o Pablo VI o Juan Pablo II, pero era el Papa que sufría y nos hacía sufrir también a nosotros ».
Por lo que se refiere al pasaje sobre el obispo vestido de blanco, esto es, el Santo Padre —como se dieron cuenta inmediatamente los pastorcitos durante la “visión”—, que es herido de muerte y cae por tierra, Sor Lucía está completamente de acuerdo con la afirmación del Papa: « una mano materna guió la trayectoria de la bala, y el Papa agonizante se detuvo en el umbral de la muerte » (Juan Pablo II, Meditación desde el Policlínico Gemelli a los Obispos italianos, 13 de mayo de 1994).
Puesto que Sor Lucía, antes de entregar al entonces Obispo de Leiria-Fátima el sobre lacrado que contenía la tercera parte del « secreto », había escrito en el sobre exterior que sólo podía ser abierto después de 1960, por el Patriarca de Lisboa o por el Obispo de Leiria, Su Excia. Mons. Bertone le preguntó: « ¿por qué la fecha tope de 1960? ¿Ha sido la Virgen quien ha indicado esa fecha? Sor Lucía respondió: « no ha sido la Señora, sino yo la que ha puesto la fecha de 1960, porque según mi intuición, antes de 1960 no se hubiera entendido, se habría comprendido sólo después. Ahora se puede entender mejor. Yo he escrito lo que he visto, no me corresponde a mí la interpretación, sino al Papa ».
Finalmente, se mencionó el manuscrito no publicado que Sor Lucía ha preparado como respuesta a tantas cartas de devotos de la Virgen y de peregrinos. La obra lleva el título « Os apelos da Mensagen da Fatima » y recoge pensamientos y reflexiones que expresan sus sentimientos y su límpida y simple espiritualidad, en clave catequética y parenética. Se le preguntó si le gustaría que la publicaran, y ha respondido: « Si el Santo Padre está de acuerdo, me encantaría, si no, obedezco a lo que decida el Santo Padre ». Sor Lucía desea someter el texto a la aprobación de la Autoridad eclesiástica, y tiene la esperanza de poder contribuir con su escrito a guiar a los hombres y mujeres de buena voluntad por el camino que conduce a Dios, última meta de toda esperanza humana.
El coloquio se concluyó con un intercambio de rosarios: a Sor Lucía se le dio el que le había regalado el Santo Padre y ella, a su vez, entrega algunos rosarios confeccionados por ella personalmente.
La bendición impartida en nombre del Santo Padre concluyó el encuentro.

COMUNICADO DE SU EMINENCIA EL CARD. ANGELO SODANO
SECRETARIO DE ESTADO DE SU SANTIDAD

Al final de la solemne Concelebración Eucarística presidida por Juan Pablo II en Fátima, el Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado, ha pronunciado en portugués las palabras que aquí reproducimos en traducción española.

Hermanos y hermanas en el Señor:
Al concluir esta solemne celebración, siento el deber de presentar a nuestro amado Santo Padre Juan Pablo II la felicitación más cordial, en nombre de todos los presentes, por su próximo 80° cumpleaños, agradeciéndole su valioso ministerio pastoral en favor de toda la Santa Iglesia de Dios.
En la solemne circunstancia de su venida a Fátima, el Sumo Pontífice me ha encargado daros un anuncio. Como es sabido, el objetivo de su venida a Fátima ha sido la beatificación de los dos “pastorinhos”. Sin embargo, quiere atribuir también a esta peregrinación suya el valor de un renovado gesto de gratitud hacia la Virgen por la protección que le ha dispensado durante estos años de pontificado. Es una protección que parece que guarde relación también con la llamada “tercera parte” del secreto de Fátima.
Este texto es una visión profética comparable a la de la Sagrada Escritura, que no describe con sentido fotográfico los detalles de los acontecimientos futuros, sino que sintetiza y condensa sobre un mismo fondo hechos que se prolongan en el tiempo en una sucesión y con una duración no precisadas. Por tanto, la clave del lectura del texto ha de ser de carácter simbólico.
La visión de Fátima tiene que ver sobre todo con la lucha de los sistemas ateos contra la Iglesia y los cristianos, y describe el inmenso sufrimiento de los testigos de la fe del último siglo del segundo milenio. Es un interminable Via Crucis dirigido por los Papas del Siglo XX.
Según la interpretación de los pastorinhos, interpretación confirmada recientemente por Sor Lucia, el « Obispo vestido de blanco » que ora por todos los fieles es el Papa. También él, caminando con fatiga hacia la Cruz entre los cadáveres de los martirizados (obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y numerosos laicos), cae a tierra como muerto, bajo los disparos de arma de fuego.
Después del atentado del 13 de mayo de 1981, a Su Santidad le pareció claro que había sido « una mano materna quien guió la trayectoria de la bala », permitiendo al « Papa agonizante » que se detuviera « en el umbral de la muerte » (Juan Pablo II, Meditación desde el Policlínico Gemelli a los Obispos italianos, en: Insegnamenti, vol. XVII1, 1994, p. 1061). Con ocasión de una visita a Roma del entonces Obispo de Leiria-Fátima, el Papa decidió entregarle la bala, que quedó en el jeep después del atentado, para que se custodiase en el Santuario. Por iniciativa del Obispo, la misma fue después engarzada en la corona de la imagen de la Virgen de Fátima.
Los sucesivos acontecimiento del año 1989 han llevado, tanto en la Unión Soviética como en numerosos Países del Este, a la caída del régimen comunista que propugnaba el ateísmo. También por esto el Sumo Pontífice le está agradecido a la Virgen desde lo profundo del corazón. Sin embargo, en otras partes del mundo los ataques contra la Iglesia y los cristianos, con la carga de sufrimiento que conllevan, desgraciadamente no han cesado. Aunque las vicisitudes a las que se refiere la tercera parte del secreto de Fátima parecen ya pertenecer al pasado, la llamada de la Virgen a la conversión y a la penitencia, pronunciada al inicio del siglo XX, conserva todavía hoy una estimulante actualidad. « La Señora del mensaje parecía leer con una perspicacia especial los signos de los tiempos, los signos de nuestro tiempo … La invitación insistente de María santísima a la penitencia es la manifestación de su solicitud materna por el destino de la familia humana, necesitada de conversión y perdón » (Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 1997, n. 1, en: Insegnamenti, vol. XIX2, 1996, p. 561).
Para permitir que los fieles reciban mejor el mensaje de la Virgen de Fátima, el Papa ha confiado a la Congregación para la Doctrina de la Fe la tarea de hacer pública la tercera parte del « secreto », después de haber preparado un oportuno comentario.
Hermanos y hermanas, agradecemos a la Virgen de Fátima su protección. A su materna intercesión confiamos la Iglesia del Tercer Milenio.
Sub tuum praesidium confugimus, Santa Dei Genetrix! Intercede pro Ecclesia. Intercede pro Papa nostro Ioanne Paulo II. Amen.
Fátima, 13 de mayo de 2000.

COMENTARIO TEOLÓGICO

Quien lee con atención el texto del llamado tercer “secreto” de Fátima, que tras largo tiempo, por voluntad del Santo Padre, viene publicado aquí en su integridad, tal vez quedará desilusionado o asombrado después de todas las especulaciones que se han hecho. No se revela ningún gran misterio; no se ha corrido el velo del futuro. Vemos a la Iglesia de los mártires del siglo apenas transcurrido representada mediante una escena descrita con un lenguaje simbólico difícil de descifrar. ¿Es esto lo que quería comunicar la Madre del Señor a la cristiandad, a la humanidad en un tiempo de grandes problemas y angustias? ¿Nos es de ayuda al inicio del nuevo milenio? O más bien ¿son solamente proyecciones del mundo interior de unos niños crecidos en un ambiente de profunda piedad, pero que a la vez estaban turbados por las tragedias que amenazaban su tiempo? ¿Cómo debemos entender la visión, qué hay que pensar de la misma?
 Revelación pública y revelaciones privadas — su lugar teológico
Antes de iniciar un intento de interpretación, cuyas líneas esenciales se pueden encontrar en la comunicación que el Cardenal Sodano pronunció el 13 de mayo de este año al final de la celebración eucarística presidida por el Santo Padre en Fátima, es necesario hacer algunas aclaraciones de fondo sobre el modo en que, según la doctrina de la Iglesia, deben ser comprendidos dentro de la vida de fe fenómenos como el de Fátima. La doctrina de la Iglesia distingue entre la « revelación pública » y las « revelaciones privadas ». Entre estas dos realidades hay una diferencia, no sólo de grado, sino de esencia. El término « revelación pública » designa la acción reveladora de Dios destinada a toda la humanidad, que ha encontrado su expresión literaria en las dos partes de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento. Se llama « revelación » porque en ella Dios se ha dado a conocer progresivamente a los hombres, hasta el punto de hacerse él mismo hombre, para atraer a sí y para reunir en sí a todo el mundo por medio del Hijo encarnado, Jesucristo. No se trata, pues, de comunicaciones intelectuales, sino de un proceso vital, en el cual Dios se acerca al hombre; naturalmente en este proceso se manifiestan también contenidos que tienen que ver con la inteligencia y con la comprensión del misterio de Dios. El proceso atañe al hombre total y, por tanto, también a la razón, aunque no sólo a ella. Puesto que Dios es uno solo, también es única la historia que él comparte con la humanidad; vale para todos los tiempos y encuentra su cumplimiento con la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo. En Cristo Dios ha dicho todo, es decir, se ha manifestado así mismo y, por lo tanto, la revelación ha concluido con la realización del misterio de Cristo que ha encontrado su expresión en el Nuevo Testamento. El Catecismo de la Iglesia Católica, para explicar este carácter definitivo y completo de la revelación, cita un texto de San Juan de la Cruz: « Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra…; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado todo en Él, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino que haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer cosa otra alguna o novedad » (n. 65, Subida al Monte Carmelo, 2, 22).
El hecho de que la única revelación de Dios dirigida a todos los pueblos se haya concluido con Cristo y en el testimonio sobre Él recogido en los libros del Nuevo Testamento, vincula a la Iglesia con el acontecimiento único de la historia sagrada y de la palabra de la Biblia, que garantiza e interpreta este acontecimiento, pero no significa que la Iglesia ahora sólo pueda mirar al pasado y esté así condenada a una estéril repetición. El Catecismo de la Iglesia Católica dice a este respecto: « Sin embargo, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos » (n. 66). Estos dos aspectos, el vínculo con el carácter único del acontecimiento y el progreso en su comprensión, están muy bien ilustrados en los discursos de despedida del Señor, cuando antes de partir les dice a los discípulos: « Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta… Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros » (Jn 16, 12-14). Por una parte el Espíritu, que hace de guía y abre así las puertas a un conocimiento, del cual antes faltaba el presupuesto que permitiera acogerlo; es ésta la amplitud y la profundidad nunca alcanzada de la fe cristiana. Por otra parte, este guiar es un « tomar » del tesoro de Jesucristo mismo, cuya profundidad inagotable se manifiesta en esta conducción por parte del Espíritu. A este respecto el Catecismo cita una palabra densa del Papa Gregorio Magno: « la comprensión de las palabras divinas crece con su reiterada lectura » (Catecismo de la Iglesia Católica, 94; Gregorio, In Ez 1, 7, 8). El Concilio Vaticano II señala tres maneras esenciales en que se realiza la guía del Espíritu Santo en la Iglesia y, en consecuencia, el « crecimiento de la Palabra »: éste se lleva a cabo a través de la meditación y del estudio por parte de los fieles, por medio del conocimiento profundo, que deriva de la experiencia espiritual y por medio de la predicación de « los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad » (Dei Verbum, 8).
En este contexto es posible entender correctamente el concepto de « revelación privada », que se refiere a todas las visiones y revelaciones que tienen lugar una vez terminado el Nuevo Testamento; es ésta la categoría dentro de la cual debemos colocar el mensaje de Fátima. Escuchemos aún a este respecto antes de nada el Catecismo de la Iglesia Católica: « A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas “privadas”, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia… Su función no es la de… “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia » (n. 67). Se deben aclarar dos cosas:
1. La autoridad de las revelaciones privadas es esencialmente diversa de la única revelación pública: ésta exige nuestra fe; en efecto, en ella, a través de palabras humanas y de la mediación de la comunidad viviente de la Iglesia, Dios mismo nos habla. La fe en Dios y en su Palabra se distingue de cualquier otra fe, confianza u opinión humana. La certeza de que Dios habla me da la seguridad de que encuentro la verdad misma y, de ese modo, una certeza que no puede darse en ninguna otra forma humana de conocimiento. Es la certeza sobre la cual edifico mi vida y a la cual me confío al morir.
2. La revelación privada es una ayuda para la fe, y se manifiesta como creíble precisamente porque remite a la única revelación pública. El Cardenal Próspero Lambertini, futuro Papa Benedicto XIV, dice al respecto en su clásico tratado, que después llegó a ser normativo para las beatificaciones y canonizaciones: « No se debe un asentimiento de fe católica a revelaciones aprobadas en tal modo; no es ni tan siquiera posible. Estas revelaciones exigen más bien un asentimiento de fe humana, según las reglas de la prudencia, que nos las presenta como probables y piadosamente creíbles ». El teólogo flamenco E. Dhanis, eminente conocedor de esta materia, afirma sintéticamente que la aprobación eclesiástica de una revelación privada contiene tres elementos: el mensaje en cuestión no contiene nada que vaya contra la fe y las buenas costumbres; es lícito hacerlo publico, y los fieles están autorizados a darle en forma prudente su adhesión (E. Dhanis, Sguardo su Fatima e bilancio di una discussione, en: La Civiltà Cattolica 104, 1953, II. 392-406, en particular 397). Un mensaje así puede ser una ayuda válida para comprender y vivir mejor el Evangelio en el momento presente; por eso no se debe descartar. Es una ayuda que se ofrece, pero no es obligatorio hacer uso de la misma.
El criterio de verdad y de valor de una revelación privada es, pues, su orientación a Cristo mismo. Cuando ella nos aleja de Él, cuando se hace autónoma o, más aún, cuando se hace pasar como otro y mejor designio de salvación, más importante que el Evangelio, entonces no viene ciertamente del Espíritu Santo, que nos guía hacia el interior del Evangelio y no fuera del mismo. Esto no excluye que dicha revelación privada acentúe nuevos aspectos, suscite nuevas formas de piedad o profundice y extienda las antiguas. Pero, en cualquier caso, en todo esto debe tratarse de un apoyo para la fe, la esperanza y la caridad, que son el camino permanente de salvación para todos. Podemos añadir que a menudo las revelaciones privadas provienen sobre todo de la piedad popular y se apoyan en ella, le dan nuevos impulsos y abren para ella nuevas formas. Eso no excluye que tengan efectos incluso sobre la liturgia, como por ejemplo muestran las fiestas del Corpus Domini y del Sagrado Corazón de Jesús. Desde un cierto punto de vista, en la relación entre liturgia y piedad popular se refleja la relación entre Revelación y revelaciones privadas: la liturgia es el criterio, la forma vital de la Iglesia en su conjunto, alimentada directamente por el Evangelio. La religiosidad popular significa que la fe está arraigada en el corazón de todos los pueblos, de modo que se introduce en la esfera de lo cotidiano. La religiosidad popular es la primera y fundamental forma de « inculturación » de la fe, que debe dejarse orientar y guiar continuamente por las indicaciones de la liturgia, pero que a su vez fecunda la fe a partir del corazón.
Hemos pasado así de las precisiones más bien negativas, que eran necesarias antes de nada, a la determinación positiva de las revelaciones privadas: ¿cómo se pueden clasificar de modo correcto a partir de la Sagrada Escritura? ¿Cuál es su categoría teológica? La carta más antigua de San Pablo que nos ha sido conservada, tal vez el escrito más antiguo del Nuevo Testamento, la Primera Carta a los Tesalonicenses, me parece que ofrece una indicación. El Apóstol dice en ella: « No apaguéis el Espíritu, no despreciéis las profecías; examinad cada cosa y quedaos con lo que es bueno » (5, 19-21). En todas las épocas se le ha dado a la Iglesia el carisma de la profecía, que debe ser examinado, pero que tampoco puede ser despreciado. A este respecto, es necesario tener presente que la profecía en el sentido de la Biblia no quiere decir predecir el futuro, sino explicar la voluntad de Dios para el presente, lo cual muestra el recto camino hacia el futuro. El que predice el futuro se encuentra con la curiosidad de la razón, que desea apartar el velo del porvenir; el profeta ayuda a la ceguera de la voluntad y del pensamiento y aclara la voluntad de Dios como exigencia e indicación para el presente. La importancia de la predicción del futuro en este caso es secundaria. Lo esencial es la actualización de la única revelación, que me afecta profundamente: la palabra profética es advertencia o también consuelo o las dos cosas a la vez. En este sentido, se puede relacionar el carisma de la profecía con la categoría de los « signos de los tiempos », que ha sido subrayada por el Vaticano II: « …sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? » (Lc 12, 56). En esta parábola de Jesús por « signos de los tiempos » debe entenderse su propio camino, el mismo Jesús. Interpretar los signos de los tiempos a la luz de la fe significa reconocer la presencia de Cristo en todos los tiempos. En las revelaciones privadas reconocidas por la Iglesia —y por tanto también en Fátima— se trata de esto: ayudarnos a comprender los signos de los tiempos y a encontrar la justa respuesta desde la fe ante ellos.
La estructura antropológica de las revelaciones privadas
Una vez que con las precedentes reflexiones hemos tratado de determinar el lugar teológico de las revelaciones privadas, antes de ocuparnos de una interpretación del mensaje de Fátima, debemos aún intentar aclarar brevemente un poco su carácter antropológico (psicológico). La antropología teológica distingue en este ámbito tres formas de percepción o « visión »: la visión con los sentidos, es decir la percepción externa corpórea, la percepción interior y la visión espiritual (visio sensibilis – imaginativa – intellectualis). Está claro que en las visiones de Lourdes, Fátima, etc. no se trata de la normal percepción externa de los sentidos: las imágenes y las figuras, que se ven, no se hallan exteriormente en el espacio, como se encuentran un árbol o una casa. Esto es absolutamente evidente, por ejemplo, por lo que se refiere a la visión del infierno (descrita en la primera parte del « secreto » de Fátima) o también la visión descrita en la tercera parte del « secreto », pero puede demostrarse con mucha facilidad también en las otras visiones, sobre todo porque no todos los presentes las veían, sino de hecho sólo los « videntes ». Del mismo modo es obvio que no se trata de una « visión » intelectual, sin imágenes, como se da en otros grados de la mística. Aquí se trata de la categoría intermedia, la percepción interior, que ciertamente tiene en el vidente la fuerza de una presencia que, para él, equivale a la manifestación externa sensible.
Ver interiormente no significa que se trate de fantasía, como si fuera sólo una expresión de la imaginación subjetiva. Más bien significa que el alma viene acariciada por algo real, aunque suprasensible, y es capaz de ver lo no sensible, lo no visible por los sentidos, una especie de visión con los « sentidos internos ». Se trata de verdaderos « objetos », que tocan el alma, aunque no pertenezcan a nuestro habitual mundo sensible. Para esto se exige una vigilancia interior del corazón que generalmente no se tiene a causa de la fuerte presión de las realidades externas y de las imágenes y pensamientos que llenan el alma. La persona es transportada más allá de la pura exterioridad y otras dimensiones más profundas de la realidad la tocan, se le hacen visibles. Tal vez por eso se puede comprender por qué los niños son los destinatarios preferidos de tales apariciones: el alma está aún poco alterada y su capacidad interior de percepción está aún poco deteriorada. « De la boca de los niños y de los lactantes has recibido la alabanza », responde Jesús con una frase del Salmo 8 (v.3) a la crítica de los Sumos Sacerdotes y de los ancianos, que encuentran inoportuno el grito de « hosanna » de los niños (Mt 21, 16).
La « visión interior » no es una fantasía, sino una propia y verdadera manera de verificar, como hemos dicho. Pero conlleva también limitaciones. Ya en la visión exterior está siempre involucrado el factor subjetivo; no vemos el objeto puro, sino que llega a nosotros a través del filtro de nuestros sentidos, que deben llevar a cabo un proceso de traducción. Esto es aún más evidente en la visión interior, sobre todo cuando se trata de realidades que sobrepasan en sí mismas nuestro horizonte. El sujeto, el vidente, está involucrado de un modo aún más íntimo. Él ve con sus concretas posibilidades, con las modalidades de representación y de conocimiento que le son accesibles. En la visión interior se trata, de manera más amplia que en la exterior, de un proceso de traducción, de modo que el sujeto es esencialmente copartícipe en la formación como imagen de lo que aparece. La imagen puede llegar solamente según sus medidas y sus posibilidades. Tales visiones nunca son simples « fotografías » del más allá, sino que llevan en sí también las posibilidades y los límites del sujeto perceptor.
Esto se puede comprender en todas las grandes visiones de los santos; naturalmente, vale también para las visiones de los niños de Fátima. Las imágenes que ellos describen no son en absoluto simples expresiones de su fantasía, sino fruto de una real percepción de origen superior e interior, pero no son imaginaciones como si por un momento se quitara el velo del más allá y el cielo apareciese en su esencia pura, tal como nosotros esperamos verlo un día en la definitiva unión con Dios. Más bien las imágenes son, por decirlo así, una síntesis del impulso proveniente de lo Alto y de las posibilidades de que dispone para ello el sujeto que percibe, esto es, los niños. Por este motivo, el lenguaje imaginativo de estas visiones es un lenguaje simbólico. El Cardenal Sodano dice al respecto: « … no se describen en sentido fotográfico los detalles de los acontecimientos futuros, sino que sintetizan y condensan sobre un mismo fondo, hechos que se extienden en el tiempo según una sucesión y con una duración no precisadas ». Esta concentración de tiempos y espacios en una única imagen es típica de tales visiones que, por lo demás, pueden ser descifradas sólo a posteriori. A este respecto, no todo elemento visivo debe tener un concreto sentido histórico. Lo que cuenta es la visión como conjunto, y a partir del conjunto de imágenes deben ser comprendidos los aspectos particulares. Lo que es central en una imagen se desvela en último término a partir del centro de la « profecía » cristiana en absoluto: el centro está allí donde la visión se convierte en llamada y guía hacia la voluntad de Dios.
Un intento de interpretación del secreto de Fátima
La primera y segunda parte del secreto de Fátima han sido ya discutidas tan ampliamente por la literatura especializada que ya no hay que ilustrarlas más. Quisiera sólo llamar la atención brevemente sobre el punto más significativo. Los niños han experimentado durante un instante terrible una visión del infierno. Han visto la caída de las « almas de los pobres pecadores ». Y se les dice por qué se les ha hecho pasar por ese momento: para « salvarlas », para mostrar un camino de salvación. Viene así a la mente la frase de la Primera Carta de Pedro: « meta de vuestra fe es la salvación de las almas » (1,9). Para este objetivo se indica como camino -de un modo sorprendente para personas provenientes del ámbito cultural anglosajón y alemán- la devoción al Corazón Inmaculado de María. Para entender esto puede ser suficiente aquí una breve indicación. « Corazón » significa en el lenguaje de la Biblia el centro de la existencia humana, la confluencia de razón, voluntad, temperamento y sensibilidad, en la cual la persona encuentra su unidad y su orientación interior. El «corazón inmaculado » es, según Mt 5,8, un corazón que a partir de Dios ha alcanzado una perfecta unidad interior y, por lo tanto, « ve a Dios ». La « devoción » al Corazón Inmaculado de María es, pues, un acercarse a esta actitud del corazón, en la cual el « fiat » —hágase tu voluntad— se convierte en el centro animador de toda la existencia. Si alguno objetara que no debemos interponer un ser humano entre nosotros y Cristo, se le debería recordar que Pablo no tiene reparo en decir a sus comunidades: imitadme (1 Co 4, 16; Flp 3,17; 1 Ts 1,6; 2 Ts 3,7.9). En el Apóstol pueden constatar concretamente lo que significa seguir a Cristo. ¿De quién podremos nosotros aprender mejor en cualquier tiempo si no de la Madre del Señor?
Llegamos así, finalmente, a la tercera parte del « secreto » de Fátima publicado íntegramente aquí por primera vez. Como se desprende de la documentación precedente, la interpretación que el Cardenal Sodano ha dado en su texto del 13 de mayo, había sido presentada anteriormente a Sor Lucia en persona. A este respecto, Sor Lucia ha observado en primer lugar que a ella misma se le dio la visión, no su interpretación. La interpretación, decía, no es competencia del vidente, sino de la Iglesia. Ella, sin embargo, después de la lectura del texto, ha dicho que esta interpretación correspondía a lo que ella había experimentado y que, por su parte, reconocía dicha interpretación como correcta. En lo que sigue, pues, se podrá sólo intentar dar un fundamento más profundo a dicha interpretación a partir de los criterios hasta ahora desarrollados.
Como palabra clave de la primera y de la segunda parte del « secreto » hemos descubierto la de « salvar las almas », así como la palabra clave de este « secreto » es el triple grito: « ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! ». Viene a la mente el comienzo del Evangelio: « paenitemini et credite evangelio » (Mc 1,15). Comprender los signos de los tiempos significa comprender la urgencia de la penitencia, de la conversión y de la fe. Esta es la respuesta adecuada al momento histórico, que se caracteriza por grandes peligros y que serán descritos en las imágenes sucesivas. Me permito insertar aquí un recuerdo personal: en una conversación conmigo Sor Lucia me dijo que le resultaba cada vez más claro que el objetivo de todas las apariciones era el de hacer crecer siempre más en la fe, en la esperanza y en la caridad. Todo el resto era sólo para conducir a esto.
Examinemos ahora más de cerca cada imagen. El ángel con la espada de fuego a la derecha de la Madre de Dios recuerda imágenes análogas en el Apocalipsis. Representa la amenaza del juicio que incumbe sobre el mundo. La perspectiva de que el mundo podría ser reducido a cenizas en un mar de llamas, hoy no es considerada absolutamente pura fantasía: el hombre mismo ha preparado con sus inventos la espada de fuego. La visión muestra después la fuerza que se opone al poder de destrucción: el esplendor de la Madre de Dios, y proveniente siempre de él, la llamada a la penitencia. De ese modo se subraya la importancia de la libertad del hombre: el futuro no está determinado de un modo inmutable, y la imagen que los niños vieron, no es una película anticipada del futuro, de la cual nada podría cambiarse. Toda la visión tiene lugar en realidad sólo para llamar la atención sobre la libertad y para dirigirla en una dirección positiva. El sentido de la visión no es el de mostrar una película sobre el futuro ya fijado de forma irremediable. Su sentido es exactamente el contrario, el de movilizar las fuerzas del cambio hacia el bien. Por eso están totalmente fuera de lugar las explicaciones fatalísticas del « secreto » que, por ejemplo, dicen que el atentador del 13 de mayo de 1981 habría sido en definitiva un instrumento del plan divino guiado por la Providencia y que, por tanto, no habría actuado libremente, así como otras ideas semejantes que circulan. La visión habla más bien de los peligros y del camino para salvarse de los mismos.
Las siguientes frases del texto muestran una vez más muy claramente el carácter simbólico de la visión: Dios permanece el inconmensurable y la luz que supera todas nuestras visiones. Las personas humanas aparecen como en un espejo. Debemos tener siempre presente esta limitación interna de la visión, cuyos confines están aquí indicados visivamente. El futuro se muestra sólo « como en un espejo de manera confusa » (cf. 1 Co 13,12). Tomemos ahora en consideración cada una de las imágenes que siguen en el texto del « secreto ». El lugar de la acción aparece descrito con tres símbolos: una montaña escarpada, una grande ciudad medio en ruinas y, finalmente, una gran cruz de troncos rústicos. Montaña y ciudad simbolizan el lugar de la historia humana: la historia como costosa subida hacia lo alto, la historia como lugar de la humana creatividad y de la convivencia, pero al mismo tiempo como lugar de las destrucciones, en las cuales el hombre destruye la obra de su propio trabajo. La ciudad puede ser el lugar de comunión y de progreso, pero también el lugar del peligro y de la amenaza más extrema. Sobre la montaña está la cruz, meta y punto de orientación de la historia. En la cruz la destrucción se transforma en salvación; se levanta como signo de la miseria de la historia y como promesa para la misma.
Aparecen después aquí personas humanas: el Obispo vestido de blanco (« hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre »), otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y, finalmente, hombres y mujeres de todas las clases y estratos sociales. El Papa parece que precede a los otros, temblando y sufriendo por todos los horrores que lo rodean. No sólo las casas de la ciudad están medio en ruinas, sino que su camino pasa en medio de los cuerpos de los muertos. El camino de la Iglesia se describe así como un viacrucis, como camino en un tiempo de violencia, de destrucciones y de persecuciones. Se puede ver representada en esta imagen la historia de todo un siglo. Del mismo modo que los lugares de la tierra están sintéticamente representados en las dos imágenes de la montaña y de la ciudad y están orientados hacia la cruz, también los tiempos son presentados de forma compacta. En la visión podemos reconocer el siglo pasado como siglo de los mártires, como siglo de los sufrimientos y de las persecuciones contra la Iglesia, como el siglo de las guerras mundiales y de muchas guerras locales que han llenado toda su segunda mitad y han hecho experimentar nuevas formas de crueldad. En el « espejo » de esta visión vemos pasar a los testigos de la fe de decenios. A este respecto, parece oportuno mencionar una frase de la carta que Sor Lucia escribió al Santo Padre el 12 de mayo de 1982: « la tercera parte del “secreto” se refiere a las palabras de Nuestra Señora: “Si no (Rusia) diseminará sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán destruidas” ».
En el viacrucis de este siglo, la figura del Papa tiene un papel especial. En su fatigoso subir a la montaña podemos encontrar indicados con seguridad juntos diversos Papas, que empezando por Pío X hasta el Papa actual han compartido los sufrimientos de este siglo y se han esforzado por avanzar entre ellas por el camino que lleva a la cruz. En la visión también el Papa es matado en el camino de los mártires. ¿No podía el Santo Padre, cuando después del atentado del 13 de mayo de 1981 se hizo llevar el texto de la tercera parte del « secreto », reconocer en él su propio destino? Había estado muy cerca de las puertas de la muerte y él mismo explicó el haberse salvado, con las siguientes palabras: « …fue una mano materna a guiar la trayectoria de la bala y el Papa agonizante se paró en el umbral de la muerte » (13 de mayo de 1994). Que una « mano materna » haya desviado la bala mortal muestra sólo una vez más que no existe un destino inmutable, que la fe y la oración son poderosas, que pueden influir en la historia y, que al final, la oración es más fuerte que las balas, la fe más potente que las divisiones.
La conclusión del « secreto » recuerda imágenes que Lucía puede haber visto en libros de piedad y cuyo contenido deriva de antiguas intuiciones de fe. Es una visión consoladora, que quiere hacer maleable por el poder salvador de Dios una historia de sangre y lágrimas. Los ángeles recogen bajo los brazos de la cruz la sangre de los mártires y riegan con ella las almas que se acercan a Dios. La sangre de Cristo y la sangre de los mártires están aquí consideradas juntas: la sangre de los mártires fluye de los brazos de la cruz. Su martirio se lleva a cabo de manera solidaria con la pasión de Cristo y se convierte en una sola cosa con ella. Ellos completan en favor del Cuerpo de Cristo lo que aún falta a sus sufrimientos (cf. Col 1,24). Su vida se ha convertido en Eucaristía, inserta en el misterio del grano de trigo que muere y se hace fecundo. La sangre de los mártires es semilla de cristianos, ha dicho Tertuliano. Así como de la muerte de Cristo, de su costado abierto, ha nacido la Iglesia, así la muerte de los testigos es fecunda para la vida futura de la Iglesia. La visión de la tercera parte del « secreto », tan angustiosa en su comienzo, se concluye pues con un imagen de esperanza: ningún sufrimiento es vano y, precisamente, una Iglesia sufriente, una Iglesia de mártires, se convierte en señal orientadora para la búsqueda de Dios por parte del hombre. En las manos amorosas de Dios no han sido acogidos únicamente los que sufren como Lázaro, que encontró el gran consuelo y representa misteriosamente a Cristo que quiso ser para nosotros el pobre Lázaro; hay algo más, del sufrimiento de los testigos deriva una fuerza de purificación y de renovación, porque es actualización del sufrimiento mismo de Cristo y transmite en el presente su eficacia salvífica.
Hemos llegado así a una última pregunta: ¿Qué significa en su conjunto (en sus tres partes) el « secreto » de Fátima? ¿Qué nos dice a nosotros? Ante todo, debemos afirmar con el Cardenal Sodano: « …los acontecimientos a los que se refiere la tercera parte del « secreto » de Fátima, parecen pertenecer ya al pasado ». En la medida en que se refiere a acontecimientos concretos, ya pertenecen al pasado. Quien había esperado en impresionantes revelaciones apocalípticas sobre el fin del mundo o sobre el curso futuro de la historia debe quedar desilusionado. Fátima no nos ofrece este tipo de satisfacción de nuestra curiosidad, del mismo modo que la fe cristiana por lo demás no quiere y no puede ser un mero alimento para nuestra curiosidad. Lo que queda de válido lo hemos visto de inmediato al inicio de nuestras reflexiones sobre el texto del « secreto »: la exhortación a la oración como camino para la « salvación de las almas » y, en el mismo sentido, la llamada a la penitencia y a la conversión. 
Quisiera al final volver aún sobre otra palabra clave del « secreto », que con razón se ha hecho famosa: « mi Corazón Inmaculado triunfará ». ¿Qué quiere decir esto? Que el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma. El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este « sí » Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y para siempre. El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimentamos continuamente; él tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de Dios. Pero desde que Dios mismo tiene un corazón humano y de ese modo ha dirigido la libertad del hombre hacia el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra. Desde aquel momento cobran todo su valor las palabras de Jesús: « padeceréis tribulaciones en el mundo, pero tened confianza; yo he vencido al mundo » (Jn 16,33). El mensaje de Fátima nos invita a confiar en esta promesa.

Joseph Card. Ratzinger
Prefecto de la Congregación
para la Doctrina de la Fe

 NOTAS
(1) Del diario de Juan XXIII, 17 agosto 1959: « Audiencias: P. Philippe, Comisario del S.O. que me trae la carta que contiene la tercera parte de los secretos de Fátima. Me reservo leerla con mi Confesor ».

 (2) Se puede recordar el comentario que hizo el Santo Padre en la Audiencia General del 14 de octubre de 1981 sobre « evento del 13 de mayo »: « la gran prueba divina », en Insegnamenti di Giovanni Paolo II, IV, 2, Città del Vaticano 1981, 409-412.
(3) Radiomensaje durante el Rito en la Basílica de Santa María la Mayor. Veneración, acción de gracias, consagración a la Virgen María Theotokos, en Insegnamenti di Giovanni Paolo II, IV, 1, Città del Vaticano 1981, 1246.
(4) En la Jornada Jubilar de las Familias, el Papa consagra a los hombres y las naciones a la Virgen, en Insegnamenti di Giovanni Paolo II, VII, 1, Città del Vaticano 1984, 775-777.
(5)

(6) En la « cuarta memoria », del 8 de diciembre de 1941, Sor Lucía escribe: « Comienzo, pues, mi nuevo trabajo y cumpliré las órdenes de V. E. Rvma. y los deseos del sr. Dr. Galamba. Exceptuando la parte del secreto que, por ahora, no me es permitido revelar, diré todo. Advertidamente no dejaré nada. Supongo que se me podrán quedar en el tintero sólo unos pocos detalles de mínima importancia ».

(7) En la citada « cuarta memoria », Sor Lucía añade: « En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe, etc… ».

(8) En la traducción se ha respetado el texto original incluso en las imprecisiones de puntuación que, por otra parte, no impiden la comprensión de lo que la vidente ha querido decir.
 

LA MUSICA EN NUESTRA LITURGIA

Música en la Liturgia – Parte I
Reciten entre ustedes salmos, himnos y cánticos inspirados; canten y salmodien en su corazón al Señor, dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.
(Efesios 5, 19-20)
  
 
1.- Introducción
La música ha acompañado la adoración dedicada a Dios, lo cual podemos observar tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, y también lo podemos ver en la historia de la Iglesia. El canto es un elemento sumamente importante en la acción de adoración a Dios, El que canta ora dos veces” (San Agustín, Enarratio in Psalmum 72,1).
En este escrito trataremos de las normas dadas por el Magisterio en distintos documentos sobre la música Sagrada, así como explorar su función en la Liturgia de la Iglesia.
2.- La Liturgia
La Liturgia tiene una parte central en la vida del Católico, porque ella nos lleva al centro de nuestra vida: Cristo mismo, que se nos da en la Eucaristía. De la Constitución Sacrosanctum Concilium:
2. En efecto, la Liturgia, por cuyo medio “se ejerce la obra de nuestra Redención”, sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía, contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida, y manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia.
Sobre la música sagrada, presentaremos los documentos en orden cronológico.
3.- Motu Proprio “Tra Le Sollecitudini”
Publicado el 22 de noviembre de 1903 por San Pío X. Destaca la importancia del decoro que debe haber en la casa del Señor, ya que ahí se celebra la Eucaristía, centro de nuestra vida. Por lo tanto, nada debe haber que “turbe, ni siquiera disminuya, la piedad y devoción de los fieles”.
Cuando San Pío X escribe este Motu Proprio, se estaban generando abusos en cuanto a la música en la Liturgia, haciendo notar que algunas personas se estaban desviando de la recta norma. El romano Pontífice es claro en declarar su reprobación ante ese tipo de abusos, que son disconformes con la recta norma dada para las solemnidades de culto y los oficios sagrados. Y destacando la razón de esto nos dice:
Y en vano será esperar que para tal fin descienda copiosa sobre nosotros la bendición del cielo, si nuestro obsequio al Altísimo no asciende en olor de suavidad; antes bien, pone en la mano del Señor el látigo con que el Salvador del mundo arrojó del templo a sus indignos profanadores.
Así, da instrucciones sobre la música Sagrada, de los que mostramos brevemente algunos aspectos, aunque sin ver todos los puntos del documento:
              I – Principios generales
La música ayuda a aumentar el decoro de las celebraciones, contribuye a “revestir de adecuadas melodías el texto litúrgico […] su propio fin constribuye a añadir más eficacia al texto mismo”, y es que como hombres que somos, al necesitar de lo material, la música que acompaña a los textos en las celebraciones nos ayudan a mover nuestra devoción, y nos ayuda a prepararnos mejor para recibir los frutos de la Gracia.
Dicha música debe ser santa, excluyendo lo profano; debe tener bondad en las formas, ayudando a mover al fiel a la devoción; debe ser universal, porque aunque existan cambios para determinado caso (un país o región), debe conservar las características generales d ela música sagrada
II – Géneros de Música Sagrada
Entre los géneros de música sagrada, tenemos:
a) El Canto gregoriano: que tiene en grado sumo las cualidades que nos indica San Pío X, y que por tanto es el canto propio de la Iglesia. Tal es la importancia dada al canto gregoriano que “una composición religiosa será más sagrada y litúrgica cuanto más se acerque en aire, inspiración y sabor a la melodía gregoriana, y será tanto menos digna del templo cuanto más diste de este modelo soberano”.
b) Polifonía Clásica: Esta se acerca al canto gregoriano, y posee las cualidades para ser música sagrada, y así fue admitida a formar parte en las celebraciones solemenes, junto con el canto gregoriano.
c) La Iglesia fomenta el progreso de las artes, por tanto, nos dice San Pío X que  la música más moderna (tengamos en consideración el año de publicación de este Motu Proprio) se admite en la Iglesia. Sin embargo, nos advierte, se debe poner un mayor cuidado en la inclusión de ciertos géneros, aceptando la bondad y seriedad de las mismas, y rechazando lo que se aleje de lo digno para el culto a Dios.
d) Pero de igual manera, en el siglo XIX se dio una inclusión indebida en las celebraciones de un género de música teatral, misma que rechaza San Pío X, por alejarse del canto gregoriano.
III – Texto litúrgico
La lengua propia de la Iglesia romana es la latina, por lo cual está prohibido que en las solemnidades litúrgicas se cante cosa alguna en lengua vulgar, y mucho más que se canten en lengua vulgar las partes variables o comunes de la misa o el oficio. De nueva cuenta, consideremos que es un texto previo al Concilio Vaticano II, donde ya se admite el uso de la lengua vulgar (del pueblo). Sin embargo, sirva para ver cómo existe una evolución de algunos elementos de la Liturgia dada por la Autoridad de la Iglesia.
VI – Órgano e instrumentos
Pasamos a otro aspecto importante: los instrumentos. La música, dentro del canto liturgico, tiene la función de acompañar y nunca de suprimir el texto del canto, y dicho acompañamiento es mediante el órgano de tubos, permitiendo otros. Tenemos los siguientes elementos:
a) El órgano de tubos y los demás instrumentos deben sostener el canto.
b) No se permite anteponer al canto preludios largos ni tener piezas intermedias.
c) Está prohibido el uso del piano y otros instrumentos, como el tambor, platillos, etc.
d) Está prohibido que las bandas de música toquen dentro de las iglesias.
Es importante tener en consideración las instrucciones dadas, pues las retomaremos más adelante.
4.- Carta Encíclica “Mediator Dei”
Publicada el 20 de noviembre de 1947, por el venerable Pío XII, que trata sobre la Sagrada Liturgia. Este documento es importante, por ser la antesala de la Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II, siendo así pilares en el estudio de la Sagrada Liturgia.
Sobre lo que nos ocupa, la música sagrada, en los Consejos Prácticos, nos dice una vez más, en consonancia con sus predecesores, que el canto gregoriano es el propio de la Iglesia, y que no sólo añade decoro y solemnidad a la celebración de los divinos misterios, sino que contribuye en forma máxima a acrecer la fe y la peidad en los asistentes. Y recordemos: quien canta ora dos veces.
Asimismo, recuerda y confirma las normas dadas por sus predecesores que indican que en los Seminarios e institutos religiosos se cultive el estudio del canto gregoriano. Y como en el documento anteriormente visto, no excluye la música o el canto modernos; si estos no contienen nada inconveniente o profano, para la santidad del lugar, y no se consideran por tener elementos extraordinarios, se pueden incluir en las celebraciones, siempre que contribuya a la verdadera devoción.
Además, nos dice: Les exhortamos también, Venerables hermanos (*), a que procuren fomentar el canto religioso popular y ssu exacta ejecución, hecha con la conveniente dignidad, pudiendo esto estimular y acrecentar la fe y la piedad de la muchedumbre cristiana.
Y podemos observar que se destaca el propóstio y fin de la música sagrada: elevar la fe y la devoción de los fieles.
(*)Nota:  Esta encíclica fue dirigida A los Venerables Hermanos Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos y demás Ordinarios en paz y comunión con la Sede Apostólica.
5.- Constitución Apostólica “Sacrosanctum Concilium”
Esta Constitución, promulgada el 4 de diciembre de 1963, bajo el pontificado de Pablo VI, del Concilio Vaticano II. Tratar de este documento da para mucho (y animamos a nuestros lectores a que sea parte de sus estudias en la materia), pero siendo la música lo que nos ocupa, destaquemos lo que nos dice.
La música sagrada: sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la Liturgia solemne. En efecto, el canto sagrado ha sido ensalzado tanto por la Sagrada Escritura, como por los Santos Padres, los Romanos Pontífices, los cuales, en los últimos tiempos, empezando por San Pío X, han expuesto con mayor precisión la función ministerial de la música sacra en el servicio divino.
En esta constitución, se reafirman las normas dadas con anterioridad en la Iglesia, y hacemos destacar una expresión que puede resumir la función propia de la música:
              Gloria de Dios y la santificación de los fieles.
Aquí se muestran los elementos que destaca, además de reafirmar las normas en cuanto a la música sagrada:
a) Se debe dar mucha improtancia a la formación musical en los seminarios, casas de estudio, institutos y escuelas católicas.
b) La Iglesia reconoce el canto gregoriano como el propio de la Iglesia.
c) De ninguna manera se deben excluir los demás géneros de música sagrada; se debe de tener particular importancia a la polifonía dentro de estos.
d) La edición de libros de canto gregoriano, incluso se debe preparar la edición de dichos libros con modos más sencillos, para las iglesias menores.
e) Se debe fomentar el canto religioso popular, para que las voces de los fieles resuenen en los ejercicios espirituales y enlas acciones litúrgicas.
f) En las misiones, cuando se trate de la identidad musical de un pueblo, désele la estima debida, para que se promueva en su música tradicional en las escuelas y acciones sagradas, dentro de lo posible.
g) Se debe tener en gran estima el órgano de tubos. Se pueden admitir otros instrumentos, pero a juicio y con aprobación de la autoridad eclesiástica.
h) Los compositores cultiven el tesoro de la música sagrada, y compongan para que coros más modestos peudan interpretar sus composiciones.
i) Los textos destinados al canto deben ser conformes con la doctrina Católica; deben tomarse de la Sagrada Escritura y fuentes litúrgicas.
6.- Instrucción “Musicam Sacram”
Instrucción de la Sagrada Congregción de Ritos y del Consilium, del 5 de marzo de 1967. Aprobada por Pablo XVI. Documento imprescindible en el estudio de las normas referentes a la música sagrada en la Liturgia, de las cuales daremos breve reseña:
Introducción
Dado que a partir de la reforma litúrgica se observaron algunos problemas, se hizo preciso que se estudiaran dichos problemas, y que se redactara esta Instrucción, cuyo objetivo es establecer las normas principales, y las que se consideraron como más necesarias. Aquí, nos da las siguientes consideraciones:
a) Se entiende por música sagrada aquella que, creada para la celebran del culto divino, posee las cualidades de santidad y de perfección de formas.
b) Con el nombre de música sagrada se designa aquí: el canto gregoriano, la polifonía sagrada antigua y moderna, en sus distintos géneros, la música sagrada para órgano y para otros instrumentos admitidos, y el canto sagrado popular, litúrgico y religioso.
I – Algunas normas generales
Donde se dan consideraciones sobre la música en la celebración; nos dice que que la celebración adquiere una forma más noble cuando se realiza con canto, porque desde esta belleza, el espíritu se eleva más fácilmente a lo invisible. Sin embargo, la solemnidad de la acción litúrgica no depende de una forma rebuscada de canto sino de aquella celebración digna y religiosa que tiene en cuenta la integridad de la acción litúrgica misma, es decir: que en todas sus partes se realice como corresponde. Es contrario a la verdadera solemnidad todo lo que conduza a omitor, a cambiar o a realizar indebidamente uno de los elementos de la acción litúrgica.
De momento, concluimos con la primera parte. En la siguiente publicación seguiremos con los documentos de la Iglesia en materia de Música Sagrada.
Elaboró: Abraham Eliseo Cruz Herrera
Fuentes:
– Catecismo de la Iglesia Católica.
– La Santa Biblia.
– Motu Proprio “Tra Le Sollecitudini”.
– Carta Encíclica “Mediator Dei”.
– Constitución Apostólica “Sacrosanctum Concilium”.
– Instrucción “Musicam sacram”.
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Paz y Bien.

CATÓLICO DEFIENDE TU FE : CON LAS LECTURAS DEL DOMINGO.

PRIMERA LECTURA:

1 El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio
2 hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al cielo.
3 A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios.
4 Mientras estaba comiendo con ellos, les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la Promesa del Padre, “que oísteis de mí:
5 Que Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días”.
6 Los que estaban reunidos le preguntaron: “Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?”
7 El les contestó: “A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad,
8 sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.”
9 Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos.
10 Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco
11 que les dijeron: “Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo.”
Hechos 1:1-11

En esta primera lectura encontramos 3 temas de apologetica muy interesantes:

1.-SOLA ESCRITURA:

-Casi todos los protestantes creen que en la biblia viene todo lo necesario para salvarse y no se necesita nada más. Que ella es la única regla y máxima norma de Fe, moral y conducta, algo que desde luego no se encuentra en la Escritura. Pues bien esta lectura nos presenta un texto muy bueno para que el católico sepa que no todo viene en la Biblia:

A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios. Hechos 1:3

Curioso diga “Muchas pruebas”, poque si ellos hubieran sido Solo Escrituristas con los evangelios y las enseñanzas de Cristo durante su estancia en la Tierra hubiera sido suficiente para creer que él era Dios, y no serían necesario darles muchas pruebas. Además estas pruebas no dice cuales son, y si no lo dice, es que faltan, algo tan importante para los apostoles, y no esta en la Escritura.

¿como es que los apostoles necesitaban muchas pruebas que no vienen en las Escrituras y a nosotros nos quieren enseñar que solo con lo que viene en la Escritura es suficiente?

Pero además este no es el único caso en el que ocurre esto en la Escritura:

Marcos 4:33 Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas….

Pero ninguna de esas muchas parábolas viene en la escritura….

Marcos 6:34 . . . y se puso a enseñarles muchas cosas.

Pero ninguna de esas cosas se comentan ahí.

Juan 16:12 Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello.

Y cuando se lo dijo y cuantas cosas les dijo? No se dice en la Escritura.Esto prueba que en la escritura faltan cosas, por tanto eso de que todo esta en la biblia es totalmente falso.

2.-SER TESTIGOS DE CRISTO:

Este texto también es prueba de la universalidad de la Iglesia,Cristo quiere su Iglesia llegue a todo el mundo:

8 sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.” Hechos 1:8

Una de las caracteristicas de la Iglesia de Cristo es que fuera CATOLICA. Este término significa UNIVERSAL. Esto es sirva para todo el mundo, en todo lugar y enseñe todo el evangelio.

Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que Yo os he mandado. Y he aquí que Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” Mateo 18,19-20

Y pregunto yo: ¿Es que no han oído? ¡Cierto que sí! Por toda la tierra se ha difundido su voz y hasta los confines de la tierra sus palabras.” Rom 10:18

“Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.” Marcos 16:20

Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya.” Mat 26:13

Y les dijo: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.” Marcos 16:15

Los tres ‘TODOS’ son TODA la gente, TODA verdad, TODO el tiempo, verdaderamente ‘Universal’, verdaderamente ‘Católica’.

Solo la Iglesia Católica esta en todos los paises del mundo, es la única cumple todos estos versículos bíblicos.

La Iglesia del NT era tan católica como la Actual:

EUCARISTIA:

Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas …” Hechos 2:46

PRESBITEROS(SACERDOTES),OB

ISPOS Y DIÁCONOS:

“Designaron presbíteros en cada Iglesia y después de hacer oración con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.” Hechos 14:23

“Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos en Cristo Jesús, que están en Filipos, con los Obispos y Diáconos.” Filipenses 1:1

BAUTISMO DE TODOS SIN DISTINCION:

Hechos 16:15, “Cuando ella y los de su casa recibieron el bautismo…”

SUCESION APOSTOLICA:

Pues en el libro de los Salmos está escrito: = Quede su majada desierta, y no haya quien habite en ella. =Y también:= Que otro reciba su cargo. = Hechos 1:20

“Designaron presbíteros en cada Iglesia y después de hacer oración con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.” Hechos 14,23

ORACIONES POR LOS DIFUNTOS E INTERCESION:

2Timoteo 1:18,“Concédale el Señor encontrar misericordia ante el Señor aquel Día.”

Santiago 5, 16 “Por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho”

3.-SEGUNDA VENIDA DE CRISTO:

-Algunos dicen que ya vino Cristo, otros que vino y dejo profetas en la Tierra, sinembargo, podemos con la Escritura en la mano afirmar que todo esto es falso, porque hay una promesa en la Biblia y esta es que CRISTO volvera tal y como se fue:

9 Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos.
10 Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco
11 que les dijeron: “Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo.” Hechos 1:9-11

Cristo se fue en presencia de los apostoles y los ángeles prometen que vendría de nuevo tal y como le habían visto subir, esto es, en una nube y PUBLICAMENTE. Cierto, públicamente porque allí se encontraba toda la Iglesia viendo como el Señor subía al Cielo.

13 Y cuando llegaron subieron a la estancia superior, donde vivían, Pedro, Juan, Santiago y Andrés; Felipe y Tomás; Bartolomé y Mateo; Santiago de Alfeo, Simón el Zelotes y Judas de Santiago.
14 Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos. Hechos 1:13-14

Esa era la primera Iglesía, los apóstoles algunas mujeres y María la madre del Señor, y ellos eran los que vieron ascender al Señor ese día. Por tanto en la segunda venida, Cristo será visto por todos, no solo por unos pocos, como ciertos grupos dicen, o no solo vendrá a dejar aqui un profeta, sencillamente porque se habla de una venida de Cristo y no de varias, y esta venida será PÚBLICA, toda la Iglesia le verá.

SEGUNDA LECTURA:

17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerle perfectamente;
18 iluminando los ojos de vuestro corazón para que conozcáis cuál es la esperanza a que habéis sido llamados por él; cuál la riqueza de la gloria otorgada por él en herencia a los santos,
19 y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa,
20 que desplegó en Cristo, resucitándole de entre los muertos y sentándole a su diestra en los cielos,
21 por encima de todo Principado, Potestad, Virtud, Dominación y de todo cuanto tiene nombre no sólo en este mundo sino también en el venidero.
22 = Bajo sus pies sometió todas la cosas = y le constituyó Cabeza suprema de la Iglesia,
23 que es su Cuerpo, la Plenitud del que lo llena todo en todo.
Efesios 1:17-23

Se nos dice Cristo esta sentado a la derecha de Dios, eso es una expresión denota Igualdad con Dios como se ve en otros textos relacionados:

“A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás” (Dn 7, 14)

Este reino es el de Cristo, se le da a él que se sienta al lado del Padre, por tanto tiene la misma dignidad que el Padre.

TERCERA LECTURA:

46 y les dijo: “Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día
47 y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén.
48 Vosotros sois testigos de estas cosas.
49 “Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto.”
50 Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo.
51 Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
52 Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo,
53 y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.
Lucas 24:46-53

De nuevo tenemos aqui una prueba más de la catolicidad de la Iglesia, ” todas las naciones”, ser” sus testigos” , denota claramente que la Iglesia tenía ser universal.

El versículo 49 también nos enseña que el ES iba a ser dado a su Iglesia, este espíritu es llamado por San Juan espíritu de Verdad:

16 y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre,
17 el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce.Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros.
Juan 14:16-17

Este espíritu es quien guia a la Iglesia, de esta forma la Iglesia es infalible. Fue dado a la Iglesia, tal y como se muestra aca en Lucas:

33 Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, Lucas 24:33

Por tanto estaba toda la Iglesia reunida cuando Cristo dijo les daría el Espiritu Santo o Espiritu de Verdad, quien posee este espíritu no puede equivocarse, es por eso que la Iglesia es Infalible porque tiene el Espiritu de Verdad.

Prueba de esta infalibilidad se muestra en el primer concilio de la Iglesia:

28 Que hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que éstas indispensables:
Hechos 15:28

Vemos como el ES esta con los apóstoles y las decisiones de ambos coinciden, y es que Cabeza y Cuerpo jamás se contradicen. Tan importantes eran estas decisiones que fueron dadas a toda la Iglesia, es decir fue la primera declaración dogmática , el primer dogma cristiano, que curiosamente todos los cristianos cumplen:

4 Conforme iban pasando por las ciudades, les iban entregando, para que las observasen, las decisiones tomadas por los apóstoles y presbíteros en Jerusalén.
Hechos 16:4

Estas decisiones INFALIBLES fueron DOGMA para toda la Iglesia.

Por tanto, la Iglesia primitiva tenía DOGMAS y era INFALIBLE y encima, CATÓLICA…
Dios les Bendiga

MI IGLESIA CATOLICA

La santa Iglesia católica

No voy a hacer una exposición completa sobre la Iglesia. Teniendo ante los ojos los problemas teológicos actuales, voy a intentar poner de manifiesto el escándalo que para nosotros supone la fórmula “la santa Iglesia católica”, y dar la respuesta a la que apunta el texto del Símbolo. Sigue siendo válido lo que hemos afirmado antes sobre el lugar espiritual y el conjunto íntimo de esas palabras; por una parte, aluden a la fe en la obra poderosa del Espíritu Santo en la historia y, por la otra, quedan explicadas en la doctrina de la remisión de los pecados y de la comunión de los santos; en ella el bautismo, la penitencia y la eucaristía son como los pilares de la Iglesia, como su contenido propio y su verdadera forma existencial.

Quizá desaparezca gran parte de las molestias que nos produce nuestra profesión de fe en la Iglesia, cuando reflexionemos en este doble contexto. Hablemos también de lo que hoy día nos acosa. No intentemos disimularlo; hoy sentimos la tentación de decir que la Iglesia ni es santa ni es católica. El mismo concilio Vaticano II ha querido hablar no sólo de la Iglesia santa, sino de la pecadora. Estamos tan convencidos del pecado de la Iglesia que si hiciésemos alguna objeción al concilio diríamos que ha tocado el tema muy tímidamente. Es cierto que ahí puede estar influyendo la teología del pecado de Lutero y también un requisito nacido de previas decisiones dogmáticas; pero lo que hace esta “dogmática” está de acuerdo con lo que nos dice nuestra propia experiencia: La historia de la Iglesia está llena de compromisos humanos. Podemos comprender la horrible visión de Dante que veía subir al coche de la Iglesia las prostitutas de Babilonia, y nos parecen comprensibles las terribles palabras de Guillermo de Auvernia (siglo III), quien afirmaba que deberíamos temblar al ver la perversión de la Iglesia: La Iglesia ya no es una novia, sino un monstruo tremendamente salvaje y deforme…

La catolicidad de la Iglesia nos parece tan problemática como la santidad. Los partidos y contiendas han dividido la túnica del Señor, han dividido la Iglesia en muchas Iglesias que pretenden ser, más o menos intensamente, la única Iglesia verdadera. Por eso hoy la Iglesia se ha convertido para muchos en el principal obstáculo para la fe. En ella sólo puede verse la lucha por el poder humano, el mezquino teatro de quienes con sus afirmaciones quieren absolutizar el cristianismo oficial y paralizar el verdadero espíritu del cristianismo.

No hay teoría alguna que pueda refutar concluyentemente estos argumentos. Pero también es cierto, por otra parte, que estas ideas no carecen solamente de la razón sino de un amargor del corazón que quedó defraudado en su alta expectación y que ahora en amor enfermo y herido sufre la destrucción de su esperanza. ¿Qué diremos a todo esto? En último término sólo podemos profesar nuestra fe y dar el porqué que nos permite, a pesar de todo, amar en la fe a la Iglesia; sólo podemos decir por qué vemos el rostro de la Iglesia santa a través de su faz deformada.

Pero expliquemos ante todo el contenido. Como ya dijimos, la palabra “santo” no alude primariamente a la santidad en medio de la perversidad humana. El Símbolo no llama a la Iglesia “santa” porque todos y cada uno de sus miembros sean santos, es decir, personas inmaculadas. Este es un sueño que ha renacido en todos los siglos, pero que no tiene lugar alguno en el Símbolo; expresa el anhelo perpetuo del hombre por que se le dé un cielo nuevo y una tierra nueva, inaccesibles en este mundo. En realidad, las más duras críticas a la Iglesia de nuestro tiempo nacen veladamente de este sueño; muchos se ven defraudados, golpean fuertemente la puerta de la casa y tildan a la Iglesia de mentirosa.

Pero volvamos a nuestro tema. La santidad de la Iglesia consiste en el poder por el que Dios obra la santidad en ella, dentro de la pecaminosidad humana. Este es el signo característico de la “nueva alianza”: En Cristo Dios se ha unido a los hombres, se ha dejado atar por ellos. La nueva alianza ya no se funda en el mutuo cumplimiento del pacto, sino que es un don de Dios, una gracia, que permanece a pesar de la infidelidad humana. Es expresión del amor de Dios que no se deja vencer por la incapacidad del hombre, sino que siempre es bueno para él, lo asume continuamente como pecador, lo transforma, lo santifica y lo ama.

Por razón del don que nunca puede retirarse, la Iglesia siempre es la santificada por él; santificación en la que está presente entre los hombres la santidad del Señor. Lo que en ella está presente y lo que elige en amor cada vez más paradójico las manos sucias de los hombres como vasija de su presencia, es verdaderamente la santidad del Señor. Es santidad que en cuanto santidad de Cristo brilla en medio de los pecados de la Iglesia. Por eso la figura paradójica de la Iglesia en la que las manos indignas nos presentan a menudo lo divino, en la que lo divino siempre está presente sólo en forma de sin-embargo, es para los creyentes un signo del sin-embargo del más grande amor de Dios. La emocionante yuxta-posición de la fidelidad de Dios y la infidelidad del hombre expresada en la estructura de la Iglesia, es también la dramática figura de la gracia por la que se hace actualmente visible en el curso de la historia la realidad de la gracia como perdón de lo que en sí es indigno. Podría decirse que la Iglesia, en su paradójica estructura de santidad y pecado, es la figura de la gracia en este mundo.

Sigamos adelante. El sueño humano del mundo sanado e incontaminado por el mal, presenta la Iglesia como algo que no se mezcla con el pecado. Existe ahí en cierto sentido, un pensar blanco-negro, que despiadadamente separa y tira lo negativo (que puede concebirse de muy diversas maneras).

En la crítica actual de la sociedad y en sus acciones se revela claramente esta característica inexorable e inherente al ideal humano. Por eso los contemporáneos de Cristo se escandalizaban sobremanera al ver que a la santidad de Cristo siempre le faltase esta nota judicial: no era fuego que destruía los indignos, ni celo que arrancase la hierba que ellos veían crecer. Por el contrario, su santidad se mostraba en el contacto con lo pecadores que se acercaban a él, hasta el punto de que él mismo se convirtió en “pecado”, en maldición de la ley en la cruz, en plena comunidad con el destino común de los perdidos (cf. 2 Cor 5,21; Gal 3,13). Él atrajo los pecadores a sí, los hizo partícipes de sus bienes, y reveló así lo que era la “santidad”. Nada de separación, sino purificación, nada de condenación, sino amor redentor. ¿No es acaso la Iglesia la continuación de este ingreso de Dios en la miseria humana? ¿no es la continuación de la participación en la misma mesa de Jesús con los pecadores? ¿no es la continuación de su contacto con la necesidad de los pecadores, de modo que hasta parece sucumbir? ¿no se revela en la pecadora santidad de la Iglesia frente a las expectaciones humanas de lo puro, la verdadera santidad aristocrática de lo puro e inaccesible, sino que se mezcla con la porquería del mundo para eliminarla? ¿Puede ser la Iglesia algo distinto de un sobrellevarse mutuamente que nace de que todos son sostenidos por Cristo?

Confieso que para mí la santidad pecadora de la Iglesia tiene en sí algo consolador. ¿No nos desalentaríamos ante una santidad inmaculada, judicial y abrasadora? ¿Y quién se atrevería a afirmar que él no tiene necesidad de otros que lo sobrelleven, es más, que lo sostengan? Quien vive porque otros lo sobrellevan, ¿cómo podrá negarse a sobrellevar a otros? El único don que puede ofrecer, el único consuelo que le queda ¿no es sobrellevar a otros como él mismo es sobrellevado? La santidad de la Iglesia comienza con el sobrellevar y termina con el sostenerse. Pero donde ya no se da el sobrellevar, cae el sostenerse, y una existencia inconsistente cae necesariamente en el vacío. El cristiano reconoce la imposibilidad de la autarquía y la debilidad de lo propio. Cuando la crítica en contra de la Iglesia es biliosamente amarga y comienza a convertirse en jerigonza, late ahí un orgullo operante. Por desgracia a eso se junta a menudo un gran vacío espiritual en el que ya no se considera lo propio de la Iglesia, sino una institución con miras políticas; se considera su organización como lamentable y brutal, como si lo propio de la Iglesia estribase en su organización y no en el consuelo de la palabra y de los sacramentos que conserva en días buenos y aciagos. Los verdaderos creyentes no dan mucha importancia a la lucha por la reorganización de las formas cristianas. Viven de lo que la Iglesia siempre fue. Y si uno quiere conocer lo que es la Iglesia, que entre en ella. La Iglesia no existe principalmente donde está organizada, donde se reforma o se gobierna, sino en los que creen sencillamente y reciben en ella el don de la fe que para ellos es vida. Sólo sabe quién es la Iglesia de antes y de ahora quien ha experimentado cómo la Iglesia eleva al hombre por encima del cambio de servicio y de formas, y cómo es para él patria, y esperanza, patria que es esperanza, camino que conduce a la vida eterna.

Esto no quiere decir que hemos de quedarnos en el pasado y que hemos de soportarlo tal y como es. El sobrellevar puede ser también un acontecimiento altamente activo, una lucha para que la Iglesia siempre sea quien lleve y soporte. La Iglesia sólo vive en nosotros, vive de la lucha entre el pecado y la santidad, de la misma manera que esa lucha vive del don de Dios sin el que no podría existir; pero esa lucha será útil y constructora cuando esté vivificada por el espíritu que sobrelleva, por el amor real. Así llegamos al criterio que siempre debe medir esa lucha crítica por una santidad mayor, y que no contradice la resignación, sino que la exige. La medida es la construcción. La amargura que destruye se juzga a sí misma. Una puerta cerrada puede convertirse en signo que azota a quienes están dentro; pero es una ilusión creer que aislados podemos construir más y mejor que en equipo, como también es una ilusión colocar la Iglesia de “los santos” en lugar de la “Iglesia santa”, que es santa porque el Señor le da graciosamente el don de la santidad.

Nota:
Pasaje tomado del último capítulo del libro
“Introducción al cristianismo”, del Cardenal Ratzinger, hoy S.S. Benedicto XVI (1968)Windows Live Hotmail

ES HORA DE BUSCAR A DIOS

Buscando a Dios*

 *Cuando la vida pierde su brillo,
cuando el tiempo deja de existir,
cuando ya no queda esperanza,
cuando no hay deseo de vivir,
es hora de buscar a Dios.

Cuando las flores no te impresionan,
cuando no ves la belleza de una mariposa al volar,
cuando no oyes música en el piar de un pájaro,
cuando el arco iris no te hace pensar,
es hora de buscar a Dios.

Cuando el alborear no te habla,
cuando el rayar del día no te hace sonreír,
cuando el cantar del gallo no te anima,
cuando el calor del sol no te hace mejor sentir,
es hora de buscar a Dios.

Si te preguntas el por qué,
si buscas una explicación,
si la vida no tiene sentido,
si crees que nadie tiene razón,
es hora de buscar a Dios.

Si el embarazo de una mujer no te dice nada,
si el nacimiento de un niño no te hace llorar,
si un “papá dame un beso” no te llega al alma,
si un nieto no te hace soñar,
es hora de buscar a Dios.

Si el Firmamento no te pasma,
si las Estrellas no te vislumbran,
si la Luna no te mira,
si el Universo no te asombra,
es hora de buscar a Dios.*

Que tengas una buena semana
Saludos
Hno. Fernando  Fortunato
Monasterio Benedictino Santa María de los Toldos.
C.C.8 – B6015WAA Los Toldos
Buenos Aires – Argentina

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Respuesta a algunas objeciones hacia los católicos Respuestas ante objeciones a los católicos por algunas prácticas o afirmaciones de fe que, se dice, están reñidas con la Biblia.


Autor: Oscar Gerometta | Fuente:

Si bien las Escrituras nos han sido dadas por Dios para que conociéndolas y profundizando en ellas crezcamos en el conocimiento y amor de su Hijo Jesucristo, y de este modo alcancemos la Verdad; y no para que la empleemos como campo o instrumento de combate entre cristianos; dado que se suele objetar muy duramente a los católicos por algunas prácticas o afirmaciones de fe que, se dice, están reñidas con la Biblia, parece conveniente esbozar una breve respuesta a algunas de estas cuestiones.

Por supuesto que una respuesta acabada requiere de un estudio más detenido y detallado de cada una de las cuestiones.

Jesús es verdadero Dios

Testigos de Jehová, y Mormones niegan la divinidad de Cristo. Con un lenguaje confuso suelen darle el título de ´hijo de Dios´, pero lo interpretan como de un rango inferior a Dios Padre.

En este sentido hay que considerar ante todo:

  • Si bien asume el título de Hijo de Dios, y todos somos hijos de Dios, siempre mantiene una clara distinción entre el modo en que Él es Hijo, y el modo en que lo somos nosotros: “Ustedes oren de esta manera: ´Padre nuestro…´” (Mt 6,9).
  • Los signos que realiza Jesús y que lo muestran como Señor de la Vida (resucita muertos), Amo de todo el mundo creado (calma la tormenta), con poder para perdonar los pecados.
  • Él mismo se manifiesta Dios cuando asume la función de Legislador al dar a conocer la nueva Ley y reformar la Ley del Antiguo Testamento: “Ustedes han oído que se dijo… pero yo les digo…” (Cf. Mt 5).
  • El Sumo Sacerdote reconoce que Jesús se proclama Dios cuando lo acusa de blasfemia: “¡Ha blasfemado! ¿Qué falta nos hacen los testigos?…” (Mt 26,65).
  • Los discípulos lo reconocen como Dios cuando se postran ante Él, y Él admite este gesto que los judíos reservaban solo para Dios: Mt 20,20; Lc 5,12; Jn 9,38; 11,32.

    Además, hay algunas citas bíblicas, que la traducción jehovista deforma, entre otras:
    Jn 1,1: “Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.”

    La Virgen María no tuvo otros hijos además de Jesús

    Esta afirmación parte de Mc 3,31-32 entre otros párrafos, en los que se refieren a los ´hermanos de Jesús´, de donde se suele conjeturar que la Santísima Virgen debió tener otros hijos además de Jesús.

    Esta conjetura es errónea porque:

  • En el lenguaje bíblico se denomina indistintamente ´hermanos´ a todos los parientes cercanos, aquellos que nosotros distinguimos como tíos, primos, sobrinos, etc.. Esto puede verse claramente en el caso de Abraham, que siendo propiamente tío de Lot, en Gn 13,8 se dirige a su sobrino llamándolo ´hermano´. Por lo tanto, aquellos ´hermanos´ de Jesús, en realidad podrían ser sus primos.
  • En segundo lugar, Mt 13,5 y Mc 6,3 enumeran a estos ´hermanos´ de Jesús: Santiago, José, Judas y Simón. Si se revisan con atención los relatos de la Pasión, se podrá ver que al hacer el detalle de las mujeres que estaban al pie de la Cruz, se hace referencia a ´otra María´, la madre de estos primos del Señor.
  • En consecuencia, aquellos que se denominan ´hermanos´ de Jesús, no son hijos de María, la esposa de José, y son en realidad primos.

    Los católicos damos culto de veneración a la Santísima Virgen

    Los católicos distinguimos claramente el culto de adoración que debemos sólo a Dios, y el de veneración (es decir respeto, imitación, amor, etc.) que rendimos a la Santísima Virgen. No podemos adorar a María siendo que afirmamos claramente que no es Dios.

    Esta veneración está justificada:

  • Por el trato particular que le dispensa el Arcángel Gabriel al saludarla diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,28).
  • Por el modo particular en que la saluda santa Isabel: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres…!” (Lc 1,42).
  • Por las mismas palabras de María en el Magnificat: “En adelante todas las generaciones me llamarán feliz…” (Lc 1,48).
  • Por la misión particular que le confió Jesús desde la Cruz: “…dijo al discípulo: ´Aquí tienes a tu madre´” (Jn 19,27).
    Pero no sólo le rendimos veneración, sino que además acudimos a su intercesión ante el Hijo, intercesión que nos enseña el mismo Apóstol san Juan en el relato de las bodas de Caná (Jn 2,1-11), cuando su intercesión obtiene el milagro de la conversión del agua en vino.

    Necesidad universal del Bautismo

    Cuando la Iglesia bautiza, lo hace en fidelidad al mandato de Cristo: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo…” (Mt 28,19). Los Apóstoles desde un comienzo entendieron este mandato como universal, bautizando no sólo a paganos, sino también a familias enteras (lo que se supone que comprendía a los niños): “Inmediatamente después fue bautizado junto con toda su familia.” (Hch 16,33).

    El Bautismo es necesario para la salvación: “El que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios…” (Jn 3,5). ¿Por qué privar entonces a los niños del Bautismo?

    Necesidad de la Eucaristía para la Vida Eterna

    La Eucaristía fue aceptada desde siempre por los cristianos como el acontecimiento central de la vida de la Iglesia, y esta percepción es consecuencia de las palabras del mismo Jesús: “…si no comen la Carne del Hijo del Hombre y no beben su Sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna…” (Jn 6,52-53).

    Es Jesús el que instituye la Eucaristía y la deposita en manos de sus Apóstoles, cuando en la Última Cena, les dice: “Esto es mi Cuerpo que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía.” (Lc 22,19).

    ¿Cómo pueden ofrecer la verdadera Vida eterna o la Salvación, aquellos que por carecer de un sacerdocio ordenado carecen también del don de la Eucaristía?

    La confesión ha sido instituida por Jesús

    Se suele impugnar también el sacramento de la Reconciliación afirmando que Jesús perdonó los pecados pero que no requirió la confesión de los mismos.

    Obviamente quienes así se expresan están ignorando que, después de su Resurrección, Jesús depositó el poder de perdonar los pecados en manos de sus Apóstoles cuando, luego de infundirles el Espíritu Santo dijo: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonas a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.” (Jn 20,22-23).
    Es decir, cuando deseamos recibir el perdón de nuestros pecados hemos de recurrir a los sucesores de los Apóstoles, y serán ellos quienes, por el poder depositado por Cristo en ellos, nos administren ese perdón. Jesús no establece otro modo para que los hombres recibamos su perdón.

    Jesús instituyó una cabeza para su Iglesia

    Algunos grupos suelen impugnar la función y poder que la Iglesia adjudica al Papa, afirmando en algunos casos que pretendemos poner en sus manos lo que en realidad es atributo de Jesús.

    Esto no es así. Jesús mismo instituyó a san Pedro como cabeza de los Apóstoles y fundamento de la Iglesia al afirmar: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá sobre ella” (Mt 16,18), y al prometer que el poder de la muerte no prevalecerá sobre su Iglesia, está poniendo de manifiesto que las promesas que deposita en san Pedro exceden su persona y son propias de su carácter de cabeza de los Apóstoles.

    Pero además, Jesús deposita en san Pedro una serie de promesas y misiones, que por estar referidas a la Iglesia, es evidente que no se pueden restringir a la persona del primer Papa, sino que a través de él se extienden a sus sucesores para bien de la Iglesia:

  • Mt 16,19: “Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en los cielos.”
  • Lc 22,31-32: “… tú, después de que hayas vuelto, confirma a tus hermanos.”
  • Jn 21,15-17: “… apacienta mis corderos,… apacienta mis ovejas,… apacienta mis ovejas…”
    En consecuencia, negar que el Papa, como sucesor de san Pedro, es la cabeza de la Iglesia, es negarle a la Iglesia el cimiento sólido sobre el que Jesús mismo quiso edificarla.

    El alma humana no se reencarna después de la muerte

    Algunos grupos y muchos cristianos tienden a confundir el concepto cristiano de Resurrección con el oriental de reencarnación. La afirmación de la reencarnación es contraria a la fe cristiana pues:

  • Niega la unidad de cuerpo y alma propia del hombre, ya que reduce la persona a su sólo espíritu.
  • Considera a la muerte como liberación, no como castigo del pecado según lo expresa Gn 3.
  • Niega el valor redentor del sacrificio de la Cruz, ya que supone la necesidad de vidas consecutivas para poder alcanzar el estado de felicidad.
  • Ignora la Misericordia de Dios, ya que no deja lugar al arrepentimiento y el perdón, al exigir que toda culpa sea pagada en esta vida o en las sucesivas.
  • Contradice las afirmaciones del Nuevo Testamento en orden a que el hombre muere una sola vez: “…del mismo modo que está establecido que los hombres mueran una solo vez, y luego el juicio…” (Hb9, 27)
  • Contradice la fe cristiana de que el juicio personal de cada hombre, se da inmediatamente después de su muerte: “… Y decía (el buen ladrón): ´Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino´ Jesús le dijo: ´Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso´” (Lc 23,42-43).

    A este respecto, el Catecismo de la Iglesia Católica expresa claramente: “La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último destino.

    Cuando ha tenido fin ´el único curso de nuestra vida terrena´´, ya no volveremos a otras vidas terrenas. ´Está establecido que los hombres mueran una solo vez´ (Hb 9,27). No hay ´reencarnación´ después de la muerte” (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1012-1013).

    Hay que guardar el domingo, no el sábado

    Algunos grupos de tendencia judaizante (especialmente los Adventistas), sostienen que los católicos faltamos al precepto bíblico de guardar el séptimo día, ya que no observamos el descanso sabático y lo hemos transferido al domingo. Ciertamente el término sábado refiere al día séptimo, pero desde el nacimiento de la Iglesia los cristianos trasladaron el descanso sabático al primer día de la semana, el día de la Resurrección del Señor (de ahí la denominación de ´Domingo´, ´día del Señor´), para conmemorar el acontecimiento fundamental de nuestra Redención.

    Esto lo expresan claramente los Apóstoles en reiteradas ocasiones:

  • “Un domingo que nos reunimos para la fracción del pan, Pablo, que debía partir al día siguiente…” (Hch 20,7).
  • “Todos los domingos aparte y deposite cada uno lo que haya logrado ahorrar…” (1 Co 16,2).
  • “Un domingo, se apoderó de mí el Espíritu…” (Ap 1,10).

    Pero en definitiva, el verdadero seguidor de Cristo ha de ponerse más allá de estas discusiones, como expresa san Pablo: “… que nadie os juzgue por asuntos de comida o bebida, solemnidades, fiestas mensuales o semanales. Todo eso es sombra de lo venidero; la realidad pertenece a Cristo…” (Col 2,16-17)

    Las Escrituras no prohiben las imágenes

    A partir de la prohibición de adorar imágenes contenida en Ex 20,3-5; Lv 26,1; Dt 4,15-16; y el mandato de destruírlas, muchos grupos, especialmente de origen evangélico, acusan a los católicos de violar la Ley de Dios adorando imágenes.

    Ciertamente sigue vigente la condena a la idolatría del Antiguo Testamento, pero los católicos no adoramos imágenes ya que la Iglesia Católica nunca ha afirmado que las imágenes de la Santísima Virgen y de los santos sean dioses e, incluso, sería una falta grave brindar adoración a una imagen de Nuestro Señor, ya que la imagen no es la misma Persona Divina.

    En este sentido es preciso tener presente que:

  • Los textos bíblicos mencionados (Ex 20,3-5; Lv 26,1; Dt 4,15-16) se refieren específicamente a la idolatría (adoración de objetos materiales como si ellos mismos fueran dioses), no a la realización de imágenes para la ornamentación de los templos.
  • De hecho, el mismo Dios dispone y acepta el uso de imágenes en el mismo Templo de Jerusalén: Ex 25,18-19; Nm 21,8-9; 1R 6,25-29; 7,25-29; 9,3.
  • Hay un hecho particular que debe ser tenido muy en cuenta: cuando la plaga de serpientes en el desierto, el mismo Dios manda esculpir una imagen de serpiente que al ser mirada por los israelitas les otorga la salud (Nm 21,8-9); pero cuando la fe del pueblo se pervierta y comiencen a adorarla como a un ídolo, la imagen será destruida (2R 18,4).

    Consiguientemente la falta no está en utilizar imágenes, sino en confundirlas con el mismo Dios; esto es propiamente la idolatría. Claro que tampoco se obliga a nadie a utilizar imágenes


  • Autor: Oscar Gerometta | Fuente:catholic.net