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LA UNIDAD DE SU IGLESIA EN LAS PALABRAS DEL MISMO JESUCRISTO

  • “No ruego sólo por éstos”
    (los Doce),
  • “sino también por aquellos que, por medio de SU palabra”
    (la predicación de los Doce),
  • “creerán en mí”
    (los demás miembros de la Iglesia en todas las épocas creen en Jesús creyendo a la predicación de sus antecesores).
  • “para que TODOS sean UNO”
    (los discípulos iniciales y los futuros deben ser uno pertenecer al mismo Cuerpo o Iglesia única que formó Cristo)
  • “Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno EN NOSOTROS”
    (la unidad de la Iglesia de Cristo es semejanza de la unidad de Dios, por eso no puede haber varias o cientos de iglesias independientes)
“PARA QUE EL MUNDO CREA que tu me has enviado”
(viendo el mundo la unidad universal de la Iglesia única de Cristo muchos creen en El, porque notan que ninguna otra institución sobre la Tierra ha alcanzado esa unidad entre los hombres de todos los pueblos, unidad que solo ha sido y es posible porque el Espíritu, el amor de Cristo, que es superior a cualquier amor humano, es quien la realiza y sostiene)
¿A QUIEN HABLABA JESUS?
A los que lo estaban escuchando porque lo seguían como miembros de su Iglesia, a los Doce, la que Cristo en persona formó con ellos..
¿HACE CUANTO TIEMPO SUCEDIÓ ESO?
Hace cerca de dos mil años. Esa misma Iglesia debe tener hoy cerca de dos mil años de existencia ininterrumpida…
Eso quiere decir que la Biblia está hablando siempre de los miembros de la Iglesia que hoy tiene cerca de dos mil años de existencia ininterrumpida, LA CATÓLICA, no de grupos independientes y recientemente formados por otras personas y no por Cristo cuando vino…
¿Y COMO SE REALIZA ESA UNIDAD DE LA IGLESIA?
Cuando cada miembro vive la experiencia real de recibir como en Pentecostés el Espíritu de Cristo que los unirá sobrenaturalmente: “Yo les he dado la gloria que tu me diste para que sean uno, yo en ellos y tu en mi, para que sean perfectamente uno”…
La unidad de la Iglesia no está basada en unas ideas sacadas de la Biblia o en los acuerdos de varias personas para formarla, está basada en la presencia real de Dios en ella que la une, porque su formación con esas características es la voluntad de Dios, no de seres humanos…
Solo recibieron en Pentecostés el Espíritu quienes habían seguido a Cristo como miembros de su Iglesia única (ver también Hecho 10, 44; 19, 6), lo que demuestra que no se recibe fuera de ella…
Y lo recibieron en forma visible (Hecho 2, 1ss), como un sello final que les dio la certeza de su transformación interior previa… lo que todos debemos vivir hoy para ser verdaderos cristianos…

LA FALTA DE UNIDAD EN LA IGLESIA

 

por Pedro Kike Briceño (Notas) el Sábado, 5 de septiembre de 2009 a la(s) 19:00

 

  La unidad de la iglesia es parte esencial de su constitución en el cuerpo de Cristo.

Así como el cuerpo humano no puede ser dividido sin exponerlo a muerte, todo cisma y soberbia es fatal para la vida del cuerpo de Cristo. El sistema de las denominaciones es esencialmente humano y contrario a la voluntad de nuestra Cabeza. Un principio doctrinal no tiene importancia suficiente como para suplantar el nombre del Señor, que es el solo nombre que debe regir en su Iglesia. El hecho de que Dios haya usado una iglesia dividida no es razón para creer que él apruebe su división.

Hay, sin embargo, un mal mayor que el de las denominaciones, y es el que dentro de la misma denominación o congregación, hay frecuentemente disensiones y divisiones mayores que las existentes entre las iglesias y sectas. La unidad de la iglesia es destruida no sólo por cismas y por el espíritu sectario, sino también por envidias secretas, celos y contiendas entre el pueblo del Señor, que acusan falta de amor, que es la gracia suprema del cristianismo.
Una de las causas de todo esto en la Iglesia es la falta de santificación individual de sus miembros, pues los males apuntados provienen de la naturaleza vieja y pecaminosa, como el apóstol escribió a los corintios: «Pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no soy carnales, y andáis como hombres?». Y en otro lugar los compara a niños y les dice que no ha podido hablarles como a espirituales.

Otra causa de estas divisiones es el apego indebido a ciertos hombres, como hombres. El culto de los héroes de esta creación es una de las causas principales de este gran mal que ha dividido y debilitado el cuerpo del Señor. Los males apuntados dañan, primeramente, la cabeza. Como una herida, por leve que sea, en el miembro más pequeño de nuestro cuerpo, inmediatamente se comunica a la cabeza; así Cristo es herido por nuestros celos, envidias, contiendas.
Cuando herimos a los hermanos, herimos al Señor Jesús, y cuando el cuerpo es destrozado, la Cabeza sufre con dolor mortal. Hiriendo a los demás miembros de la Iglesia, nos herimos a nosotros mismos por el hecho de ser un cuerpo. Si un miembro sufre, todos sufrimos. Hay una ley de retribución que hace recaer sobre el autor de un hecho sus consecuencias. Muchas personas hay que están sufriendo de enfermedades, y otras muchas que están paralizadas en su vida espiritual como consecuencia de injusticias y agravios inferidos que debieron ser confesados con oportunidad.
En tercer lugar, herimos todo el cuerpo de Cristo, puesto que todos formamos parte del mismo cuerpo. La frialdad se debe en gran parte a estas divisiones. La pérdida de la fe apostólica y del poder que la acompaña se debe a la desunión de los fieles. Su organismo espiritual está destrozado.

Además, tal estado de cosas estorba al testimonio de la Palabra de Dios en el mundo. La unidad de la Iglesia fue designada por Cristo como un testimonio al mundo, y la ausencia de esta unidad es el obstáculo mayor con que los hombres tropiezan en su aceptación al evangelio. Un historiador inglés del Imperio Romano lo reconoció cuando dijo que la unidad de la Iglesia primitiva había sido un testimonio al mundo que no se podía contradecir. Mas ¡ay! No se puede decir lo mismo hoy día.

“Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos míos, por los que son de Cloe, que hay entre vosotros contiendas; Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo; pues yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿ó habéis sido bautizados en el nombre de Pablo?”

paz y bien