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El poder de las llaves

El poder de las llaves


‘Aquel día llamaré a Elyaquim, hijo de Jilquías. Le revestiré de tu túnica, con tu fajín le sujetaré, tu autoridad pondré en su mano, y él será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; abrirá y nadie la cerrará, cerrará y nadie la abrirá’ (Isaías 22:20-22)

PRESENTACION

La expresión ‘el poder de las llaves’ se deriva de las palabras de Cristo a San Pedro: ‘A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos, y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’ (Mateo 16:19).

Esta promesa halla su explicación en el texto bíblico del encabezamiento de este estudio(Isaías 22:20-22), en donde ‘la llave de la casa de David’ le es conferida a Elyaquim, el hijo del sacerdote Jilquías, como símbolo de plena autoridad en el reino de Judá. Al emplear esta expresión ante Simón Pedro, Cristo denotó claramente su intención de conferirle a San Pedro la autoridad suprema sobre su Iglesia.

EL PODER DE LAS LLAVES Y LOS PADRES DE LA IGLESIA

En los escritos de los Padres aparecen con frecuencia referencias a la promesa de Jesús contenida en Mateo 16:19, los cuales son prueba del poder de la Iglesia para perdonar los pecados. Por otra parte, la facultad de otorgar o de negar el perdón puede compararse con un abrir o cerrar las puertas del Cielo.

Sin embargo, esta interpretación restringe un poco el sentido, ya que la remisión de los pecados no es sino una de las diversas formas en que se ejerce la autoridad eclesiástica. San Agustín decía: ‘¿Cómo podría Él haber mostrado mayor liberalidad y misericordia mayor que por el don del perdón total a los que se arrepienten de sus pecados? Él dio estas llaves a su Iglesia para que cualquier cosa que redima en la tierra sea redimida en el Cielo’ (PL XXIV, 25).

Es relativamente raro que los Padres, al hablar del poder de las llaves, hagan alguna referencia a la primacía de San Agustín ya que cuando se ocupan de esta cuestión, normalmente no apelan al don de las llaves, sino a su oficio como la roca sobre la que está fundada la Iglesia. En sus referencias a la ‘potestas clavis’ o ‘llaves del poder’, por lo general intentan vindicar el poder inherente a la Iglesia para perdonar. Por ello San Agustín declara que la autoridad para atar y desatar no era un don personal concedido a San Pedro, sino que le fue conferido como representante de la Iglesia. Por ello toda la Iglesia ejerce el poder de perdonar los pecados en nombre del Señor.

De vez en cuando la promesa de Cristo no se limita a denotar el poder de perdonar los pecados, sino que abarca más ampliamente el don de la autoridad sobre la Iglesia. San Máximo, en un sermón en la fiesta de los santos Pedro y Pablo, dijo que a Pedro se le dio la llave del poder, la ‘clavis potentiae’, y a San Pablo la llave del conocimiento, la ‘clavis scientiae’. La idea de una llave del conocimiento se deriva claramente de las palabras de Cristo a los fariseos: ‘¡Ay de vosotros, los legalistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia!’ (Lucas 11:52). Esta distinción entre ‘clavis potentiae’ y ‘clavis scientiae’ se repite con frecuencia entre los escritores medievales, aunque sin hacer referencia a San Pablo,

EL PODER DE LAS LLAVES Y LA TEOLOGIA ESCOLASTICA

Según Francisco Suárez, el teólogo y Doctor Eximius (1548-1617), la frase que empleó Cristo en su promesa a San Pedro denota el don de la autoridad eclesiástica en su más amplio alcance. Suárez entendía que la ‘potestas clavium’ incluye:

.- El poder del orden, o sea, el poder ejercido en relación con el sacrificio y sacramento.

.- El poder de jurisdicción.

.- El poder de definir en cuestiones de fe y de moral.

Según él, los diversos poderes así conferidos a la Iglesia se consideraban como pertenecientes al ‘clavis potentiae’ o al ‘clavis scientiae’, entendiéndose que este último significa el poder de enseñar, mientras que los otros ámbitos de autoridad pertenecían  a la‘clavis potentiae’.

Santo Tomás de Aquino en su Suma Teológica dice que el poder de las llaves es una consecuencia necesaria del carácter sacerdotal, en esencia idéntico al poder de consagrar. La definición generalmente aceptada en el período escolástico es que las llaves son un poder especial para atar y desatar, por el cual el juez eclesiástico debe recibir a los dignos en el Reino de los Cielos, y excluir de allí a los indignos. Aquí se entiende que la ‘clavis scientiae’es la autoridad sacerdotal para interrogar al penitente y así obtener el conocimiento de los hechos, y el ‘clavis potentiae’ es la autoridad de conceder o denegar la absolución.

Pero no faltaron teólogos que restringieran el alcance de este don y afirmaran que denotaba las prerrogativas especiales pertenecientes a San Pedro y a sus sucesores. Así, el Cardenal Cayetano, Maestro General de los dominicos (1469-1534), afirmaba que mientras que el poder de atar y desatar pertenecía a todos los sacerdotes, el poder de las llaves, o sea, la autoridad de cerrar y de abrir, era propia del Sumo Pontífice, y que esa expresión denotaba su autoridad para gobernar la Iglesia, definir un dogma, legislar y dispensar leyes.  Los franciscanos sostuvieron opiniones similares, afirmando que el Papa poseía una ‘clavis scientiae’ y una ‘clavis potentiae’, lo cual fue rechazado por el Papa Juan XXII.

En su tratado ‘De Clavibus Petris’ (Roma, 1660), el Obispo Macedo atribuye a ciertos teólogos y canonistas la opinión de que las llaves denotan la autoridad suprema en los ámbitos civil y eclesiástico, y que Cristo le confirió al Papa por medio de San Pedro la supremacía directa sobre ambos órdenes. Pero los escritores que le atribuyen al Papa sólo una autoridad indirecta en lo que respecta a los gobiernos civiles, encontraron un argumento a favor de sus puntos de vista en este mismo pasaje. Señalaron que fueron las llaves del Reino de los Cielos y no las de los reinos de este mundo las que Cristo concedió a su vicario.

EL PODER DE PERDONAR CONCEDIDO A LA IGLESIA

Las palabras de Jesucristo a los apóstoles: ‘Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’ (Juan 20:22-23). Esto indica la naturaleza judicial del poder que les confiere de perdonar y de retener los pecados.

El Concilio de Trento definió que la absolución sacramental es eficaz y perdona los pecados, puesto que constituye un discernimiento y sentencia pronunciada por el ministro ordenado, quien ha recibido de Cristo un poder judicial sobre los fieles.

La sentencia de los ministros es autoritativa y eficaz, dado que perdona o retiene los pecados ante Dios. El sentido del vocablo ‘retener’ no es una omisión del perdón, sino una potestad positiva en cuanto a la necesidad de recurrir al tribunal de la misericordia, dado que el pecador puede comenzar un proceso de cambio que torne su situación en el tiempo, en el proceso de conversión cristiana.

El ejercicio del poder judicial absolutorio es la penitencia reúne todos los elementos que entran en la definición de Sacramento:

.- Es un rito sensible ejercido ante el penitente por el ministro consagrado, quien manifiesta sus pecados, y la absolución exterior es de índole indicativa y constituye el signo apto del perdón interior.

.- Confiere la gracia interior, porque la absolución es perdón y causa la remisión de los pecados.

El carácter judicial de la Penitencia expresa la dimensión sacramental del juicio histórico y salvífico del Padre, realizado en Cristo crucificado, que nos obtuvo la salvación para la remisión de los pecados. La absolución constituye una auténtica sentencia de reconciliación que mueve al penitente a la esperanza del perdón. Se celebra la Pasión del Señor de tal modo que el sacerdote manifiesta la misericordia de Dios ante el penitente que es consciente de su pecado. La satisfacción, junto a la contrición por los pecados cometidos y la absolución que dimana del poder de las llaves, es efecto del Sacramento de la Reconciliación y signo del perdón de los pecados.

CONTRICION Y ATRICION

La contrición perfecta proviene de un arrepentimiento informado por la gracia santificante, acompañada por la virtud infusa de la caridad, y que perdona instantáneamente las faltas cometidas. La atrición, en cambio, es un arrepentimiento imperfecto que precede y prepara normalmente la infusión de la gracia santificante.

Si la contrición por sí misma obtiene el perdón de Dios y nos reconcilia con Él, ¿cuál sería el papel de la absolución del sacerdote en nombre de la Iglesia, y cuál sería su eficacia? Al respecto conviene aclarar las diversas posturas que existen:

.- Los primeros escolásticos: A principios del siglo XII se consideraba que la remisión del pecado no se debía sólo a la contrición, puesto que la eficacia de la absolución se debe a la sola contrición, puesto que la eficacia de la absolución consiste en declarar auténticamente el perdón concedido. La remisión del pecado se debe a la sola contrición; el sacerdote solamente declara de modo oficial el perdón concedido por Dios en virtud de la contrición previa a la confesión, con el fin de readmitir al penitente en el seno eclesial.

.- Beato Duns Escoto: Este beato consideró un doble camino para la justificación: la contrición es necesaria fuera del sacramento, y la atrición dentro del sacramento. En el primer caso el hombre queda inmediatamente justificado ante Dios, siendo innecesaria la absolución, o bien, en el segundo lugar, recibe inmediatamente la remisión de los pecados sin exigir una disposición psicológica perfectiva, dispensando al penitente de la contrición. La esencia del Sacramento de la Reconciliación, en sentido estricto, consiste únicamente en la absolución del sacerdote y se reduce a ella por completo.

.- Santo Tomás de Aquino: Para él la justificación tiene siempre un carácter sacramental porque los sacramentos son la prolongación instrumental de la humanidad del Verbo encarnado. Concilia la virtud de la penitencia y el Sacramento de la Reconciliación. Los actos del penitente son la verdadera causa de la remisión de los pecados y de la gracia que se infunde en el alma. Las palabras de absolución del sacerdote constituyen la forma del sacramento que obtienen la gracia y la remisión de los pecados.

A modo de resumen podemos decir que sólo hay un camino para el perdón de los pecados, el cual pasa por la mediación de la Iglesia y por la conversión personal, que es indispensable para la persona que haya pecado mortalmente después del Bautismo. Es necesario resaltar que el sacramento no suple lo que le falta al penitente, sino que le auxilia para que el dolor de la contrición imperfecta o atrición se adapte a la gracia de la contrición que justifica al pecador.

CONCLUSIÓN

Las llaves de San Pedro son un símbolo de la Iglesia Católica y, más específicamente, del Papado. Simbolizan las llaves del Cielo confiadas a Simón Pedro; son de oro y plata para representar el poder de atar y desatar, confirmando lo manifestado bíblicamente por Jesús a Pedro: ‘Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los Cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los Cielos’ (Mateo 16:19).

‘Si en la Iglesia no hubiera remisión de los pecados, no habría ninguna esperanza ni tampoco ninguna expectativa de una vida eterna y de una liberación eterna. ¡Debemos dar gracias a Dios que ha dado a la Iglesia semejante don!’           (San Agustín, Sermón 213,8)

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LA UNICA IGLESIA VERDADERA, LA CATOLICA Y PUNTO ¡

LA UNICA IGLESIA VERDADERA Y LEGITIMA DE CRISTO SE SUSTENTA SOBRE EL CIMIENTO DE LOS APOSTOLES.
Luego de haber fundado y edificado la Iglesia los beatos Apóstoles (Pedro y Pablo), entregaron el servicio del episcopado a Lino: a este Lino lo recuerda Pablo en sus cartas a Timoteo (2 Tim 4,21). meme apostolesAnacleto lo
sucedió. Después de él, en tercer lugar desde los Apóstoles, Clemente heredó el episcopado, el cual vio a los beatos Apóstoles y con ellos confirió, y tuvo ante los ojos la predicación y Tradición de los Apóstoles que todavía resonaba; y no él solo, porque aún vivían entonces muchos que de los Apóstoles habían recibido la doctrina. En tiempo de este mismo Clemente suscitándose una disensión no pequeña entre los hermanos que estaban en Corinto, la Iglesia de Roma escribió la carta más autorizada a los Corintos, para congregarlos en la paz y reparar su fe, y para anunciarles la Tradición que poco tiempo antes había recibido de los Apóstoles
SAN IRENEO DE LYON, 130-202 DC CONTRA LOS HEREJES, LIBRO III, EXPOSICION DE LA DOCTRINA CRISTIANA

Pedro y el papado: ¿cómo sabemos que Pedro fue el primer papa?

 

Pregunta:

Quisiera saber… acerca de la veracidad de que San Pedro estuvo en Roma y fue el primer papa y cómo podría yo decirles o demostrar que esto es cierto a quienes lo cuestionan.

Respuesta:

Estimada:

1. El Primado de Pedro

a) El dogma

Cristo constituyó al apóstol San Pedro cómo primero entre los apóstoles y como cabeza, visible de toda la Iglesia, confiriéndole inmediata y personalmente el primado de jurisdicción. Para los católicos esto es una verdad de fe.

El concilio Vaticano I definió (cf. Dz 1823) y lo repitió con fuerza el Concilio Vaticano II (Lumen gentium, n.18).

La cabeza invisible de la Iglesia es Cristo glorioso. Pedro hace las veces de Cristo en el gobierno exterior de la Iglesia militante, y es, por tanto, vicario de Cristo en la tierra.

Se oponen a este dogma la Iglesia ortodoxa griega y las sectas orientales, algunos adversarios medievales del papado (Marsilio de Padua y Juan de Jandun, Wicleff y Hus), todos los protestantes, los galicanos y febronianos, los Viejos Católicos (Altkatholiken) y los modernistas. Según la doctrina de los galicanos (E. Richer) y de los febronianos (N. Hontheim), la plenitud del poder espiritual fue concedida por Cristo inmediatamente a toda la Iglesia, y por medio de ésta pasó a San Pedro, de suerte que éste fue el primer ministro de la Iglesia, designado por la Iglesia (‘caput ministeriale’). Según el modernismo, el primado no fue establecido por Cristo, sino que se ha ido formando por las circunstancias externas en la época postapostólica (Dz 2055 s).

b) Fundamento bíblico

Cristo distinguió desde un principio al apóstol San Pedro entre todos los demás apóstoles. Cuando le encontró por primera vez, le anunció que cambiaría su nombre de Simón por el de Cefas = roca: ‘Tú eres Simón, el hijo de Juan [según la Vulgata: de Jonás]; tú serás llamado Cefas (Jn 1,42; cf. Mc 3,16). El nombre de Cefas indica claramente el oficio para el cual le ha destinado el Señor (cf. Mt 16, 18). En todas las menciones de los apóstoles, siempre se cita en primer lugar a Pedro. En Mt se le llama expresamente ‘el primero’ (Mt 10,2). Como, según el tiempo de la elección, Andrés precedía a Pedro, el hecho de aparecer Pedro en primer lugar indica su oficio de primado. Pedro, juntamente con Santiago y Juan, pudo ser testigo de la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5, 37), de la transfiguración (Mt 17, 1) y de la agonía del Huerto (Mt 26, 37). El Señor predica a la multitud desde la barquilla de Pedro (Lc 5, 3), paga por sí mismo y por él el tributo del templo (Mt 17, 27), le exhorta a que, después de su propia conversión, corrobore en la fe a sus hermanos (Lc 22, 32); después de la resurrección se le aparece a él solo antes que a los demás apóstoles (Lc 24, 34; 1 Cor 15, 5).

A San Pedro se le prometió el primado después que hubo confesado solemnemente, en Cesárea de Filipo, la mesianidad de Cristo. Díjole el Señor (Mt 16, 17-19): ‘Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás, porque no es la carne ni la sangre quien eso te ha revelado. sino mi Padre que está en las cielos. Y yo te digo a ti que tú eres Pedro [= Cefas], y sobre esta roca edificaré yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos’.

Estas palabras se dirigen inmediata y exclusivamente a San Pedro. Ponen ante su vista en tres imágenes la idea del poder supremo en la nueva sociedad que Cristo va a fundar. Pedro dará a esta sociedad la unidad y firmeza inquebrantable que da a una casa el estar asentada sobre roca viva; cf. St 7,24 y siguientes. Pedro ha de ser también el poseedor de las llaves, es decir, el administrador del reino de Dios en la tierra; cf. Is 22,22; Apoc 1,18; 3,7: las llaves son el símbolo del poder y la soberanía. A él le incumbe finalmente atar y desatar, es decir (según la terminología rabínica): lanzar la excomunión o levantarla, o también interpretar la ley en el sentido de que una cosa está permitida (desatada) o no (atada). De acuerdo con Mt 18,18, donde se concede a todos los apóstoles el poder de atar y desatar en el sentido de excomulgar o recibir en la comunidad a los fieles, y teniendo en cuenta la expresión universal (‘cuanto atares… cuanto desatares), no es lícito entender que el pleno poder concedido a San Pedro se limita al poder de enseñar, sino que resulta necesario extenderlo a todo el ámbito del poder de jurisdicción. Dios confirmará en los cielos todas las obligaciones que imponga o suprima San Pedro en la tierra.

Contra todos los intentos por declarar este pasaje (que aparece únicamente en San Mateo) como total o parcialmente interpolado en época posterior resalta su autenticidad de manera que no deja lugar a duda. Asta se halla garantizada, no sólo por la tradición unánime con que aparece en todos los códices y versiones antiguas, sino también por el colorido semítico del texto, que salta bien a la vista. No es posible negar con razones convincentes que estas palabras fueron pronunciadas por el Señor mismo. No es posible mostrar tampoco que se hallen en contradicción con otras enseñanzas y hechos referidos en el Evangelio.

El primado se lo concedió el Señor a Pedro cuando, después de la resurrección, le preguntó tres veces si le amaba y le hizo el siguiente encargo: ‘Apacienta mis corderos, apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas’ (Jn 21,15-17). Estas palabras, lo mismo que las de Mt 16,18s, se refieren inmediata y exclusivamente a San Pedro. Los ‘corderos’ y las ‘ovejas’ representan todo el rebaño de Cristo, es decir, toda la Iglesia; cf. Jn 10. ‘Apacentar’, referido a hombres, significa lo mismo que gobernar (cf. Act 20,28), según la terminología de la antigüedad profana y bíblica. Pedro, por este triple encargo de Cristo, no quedó restaurado en su oficio apostólico (pues no lo había perdido por su negación), sino que recibió el supremo poder gubernativo sobre toda la Iglesia.

Después de la ascensión a los cielos, Pedro ejerció su primado. Desde el primer momento ocupa en la comunidad primitiva un puesto preeminente: Dispone la elección de Matías (Act 1,15ss); es el primero en anunciar, el día de Pentecostés, el mensaje de Cristo, que es el Mesías muerto en la cruz y resucitado (2,14 ss); da testimonio del mensaje de Cristo delante del sanedrín (4,8 ss); recibe en la Iglesia al primer gentil: el centurión Cornelio (10,1 ss); es el primero en hablar en el concilio de los apóstoles (15,17 ss); San Pablo marcha a Jerusalén ‘para conocer a Cefas’ (Gal 1,18).

c) El testimonio de los padres de la Iglesia.

Los padres, de acuerdo con la promesa bíblica del primado, dan testimonio de que la Iglesia está edificada sobre Pedro y reconocen la primacía de éste sobre todos los demás apóstoles. TERTULIANO dice de la Iglesia: ‘Fue edificada sobre él’ (De monog. 8). SAN CIPRIANO dice, refiriéndose a Mt 16,18s: ‘Sobre uno edifica la Iglesia’ (De unit. eccl. 4). CLEMENTE DE ALEJANDRÍA llama a San Pedro ‘el elegido, el escogido, el primero entre los discípulos, el único por el cual, además de por sí mismo, pagó tributo el Señor’ (Quis dives salvetur 21,4). SAN CIRILO DE JERUSALÉN le llama ‘el sumo y príncipe de los apóstoles’ (Cat. 2, 19). Según SAN LEÓN MAGNO, ‘Pedro fue el único escogido entre todo el mundo para ser la cabeza de todos los pueblos llamados, de todos los apóstoles y de todos los padres de la Iglesia’ (Sermo 4,2).

En su lucha contra el arrianismo, muchos padres interpretan la roca sobre la cual el Señor edificó su Iglesia como la fe en la divinidad de Cristo, que San Pedro confesara, pero sin excluir por eso la relación de esa fe con la persona de Pedro, relación que se indica claramente en el texto sagrado. La fe de Pedro fue la razón de que Cristo le destinara para ser fundamento sobre el cual habría de edificar su Iglesia.

2. Pedro y Obispo de Roma y Primer Papa

Una antigua tradición basada en los anales de la Iglesia y de la Arqueología romana nos indica que Pedro muere en Roma, donde fue Obispo. Este es el origen de la Preeminencia del Obispo de Roma sobre los demás Obispos sucesores de los Apóstoles.

Tiene fundamento escriturístico en el texto de 1Pe 5,13: ‘La Iglesia que está en la Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan’.

La expresión ‘Babilonia’ se refiere a Roma, como notan todos los exégetas: ‘casi todos los autores antiguos y la mayor parte de los modernos ven designada en esta expresión a la Iglesia de Roma… El nombre de Babilonia era de uso corriente entre los judíos cristianos para designar la Roma pagana. Así es llamada también en el Apocalipsis (14,8; 16,19; 17,15; 18,2.10), en los libros apócrifos y en la literatura rabínica. La Babilonia del Eúfrates, que en tiempo de San Pedro era un montón de ruinas, y la Babilonia de Egipto, pequeña estación militar, han de ser excluidas’ (José Salguero, O.P., Biblia Comentada, tomo VII, BAC, Madrid 1965, p. 145).

Esto lo reconocen incluso los autores protestantes serios. Por ejemplo, Keneth Scott Laturet, prestigioso historiador, escribe en su libro ‘Historia de la Iglesia’ (Tomo I, p. 112, Ed. Casa Bautista de Publicaciones) dice: ‘Pedro viajaba, porque sabemos estuvo en Antioquía, y lo que parece una tradición digna de confianza, sabemos que estuvo en Roma y allí murió’.

La Enciclopedia Británica, tomo IX, p. 123 da la referencia de todos los Obispos de Roma comenzando por San Pedro y terminando por Juan Pablo II, 264 Obispos en sucesión ininterrumpida.

La ‘New American Encyclopedia’ dice en su sección sobre los Papas ‘Cuando San Pedro dejó Jerusalén vivió por un tiempo en Antioquia antes de viajar a Roma donde ejerció como Primado’.

Muy fuerte es también el testimonio de la tradición que manifiesta la enorme importancia que tuvieron los primeros Obispos de Roma sobre la naciente Cristiandad, justamente por ser sucesores de Pedro. Así, por ejemplo, en el año 96, o sea 63 años después de la muerte de Cristo, ante un grave conflicto en la comunidad de Corintios, quien tomó cartas par poner orden fue el Obispo de Roma, el Papa Clemente, y esto a pesar de que en ese tiempo todavía vivía el Apóstol Juan en la cercana ciudad griega de Éfeso. Sin embargo fue una carta de Clemente la que solucionó el problema y aun doscientos años después de este hecho se leía esta carta en esa Iglesia. Esto solo es explicable por la autoridad del sucesor de Pedro en la primitiva Iglesia.

Ireneo, Obispo de Lyon, y Padre de la Iglesia de la segunda generación después de los Apóstoles escribía pocos años después: ‘Pudiera darles si hubiera habido espacio las listas de Obispos de todas las Iglesias, mas escojo solo la línea de la sucesión de los Obispos de Roma fundada sobre Pedro y Pablo hasta el duodécimo sucesor hoy’.

Según el primer historiador de la Iglesia, Eusebio de Cesárea (año 312), esta sucesión es una señal y una seguridad de que el Evangelio ha sido conservado y transmitido por la Iglesia Católica.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

¿Estuvo Pedro en Roma?

Como primer punto debemos considerar que  la afirmación de que Pedro nunca estuvo en Roma no es una idea protestante.

En mi opinión  son los fundamentalistas y sectarios de inspiración anti católica quienes   dicen que Pedro nunca fue designado por Cristo para ser la cabeza terrenal de la Iglesia , esto ocurre   obedeciendo a su propio interés de desconocer la voluntad de Dios expresada en Mateo16,18 “Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.”
ellos aducen que   la Iglesia no tiene cabeza terrenal y  que nunca se quiso decir que tuviera una. Para ellos es un invento de Constantino del papado y desde allí que la iglesia católica perdió  su conexión con la voluntad de Dios por obedecer los mandatos de un emperador romano , para ellos, me refiero a los sectarios y fundamentalistas , nosotros  los católicos somos  romanos y no cristianos, intentando de esa manera descalificar la iglesia del Señor

Siendo honestos , es necesario admitir que en la Biblia no se habla con exactitud sobre  el discurrir de  San Pedro después de los primeros años de predicación,  solo sabemos lo que diversas fuentes históricas nos han dado y estas afirman  que  se fue a Roma y allí fue martirizado en torno al año 67, muy probablemente crucificado boca bajo porque no quiso  morir igual que su Señor. Los  primeros cristianos peregrinaron al Vaticano (la colina Vaticana) para visitar la tumba de San Pedro, ya desde el siglo I, y a finales del siglo primero levantaron sendos monumentos funerarios para honrar a Pedro y Pablo (los llamados “trofeos” romanos).

Entonces nos encontramos con unas de sus tantas  argumentaciones anti católicas ,  infiriendo que Pedro nunca estuvo en Roma y de este modo no pudo haber sido el primer papa, y eso convierte en una mentira el hablar de sus “sucesores”; la cadena ininterrumpida se rompe en el primer eslabón. ¿Cómo pueden los católicos hablar del origen divino del papado cuando su afirmación sobre el paradero de Pedro está equivocada?

Respondo de esta manera luego de haber recopilado algunos debates que me permiten dar razones de fe , la Biblia no dice explícitamente en ningún sitio que Pedro estuviera en Roma; pero por otra parte no dice que no estuviera. Del mismo modo que el Nuevo Testamento nunca dice: “Pedro fue entonces a Roma”, tampoco dice: “Pedro no fue a Roma”.Al llegar el siglo II vemos ya que los cristianos de Roma y de toda la cristiandad nunca dudaban de que Pedro hubiera muerto en Roma ni de que los obispos romanos fueran descendientes de Pedro y Pablo. Anteriormente no es que se dudara, es que no conservamos datos. Ellos tenían fresco el recuerdo de los acontecimientos; los anti católicos  de las últimas décadas se limitan a una fuente: analizar la Biblia. El problema es que la Biblia solo habla de algunas cosas, y la vida de Pedro después de su encarcelamiento en Jerusalén parece ser una de las cosas que a la Biblia “le interesa” muy poco, por decir no decir nada. Tampoco nos dice nada de cómo murió Pablo ni de si finalmente cumplió o no con su proyecto de visitar España, tal como nos había anunciado, pero eso no demuestra que Pablo no murió martirizado o que no pudo visitar España.

Veamos entonces que dice la biblia: “Os saluda la Iglesia que está en Babilonia, elegida como vosotros, y mi hijo Marcos” (1 Pe 5,13).Babilonia es una palabra para designar secretamente a Roma. Se usa de esta forma seis veces en el último libro de la Biblia y en fuentes extra bíblicas como los Oráculos Sibilinos (5,159f), el Apocalipsis de Baruc (2,1) y 4 Esdras (3,1). Eusebius Pamphilius, en La Crónica, compuesta hacia el 303 D.C., advirtió que “Se dice que la primera epístola de Pedro, en la cual hace mención a Marcos, fue compuesta en la misma Roma; y que él mismo indica esto, refiriéndose figurativamente a la ciudad como Babilonia”.

Dejemos esto bien en claro” el primado de la Iglesia Católica no se basa en el hecho de que Pedro estuviera en Roma, sino en la sucesión.”
El primado estaba ligado a Pedro, no a ninguna ciudad, y allí donde estaba Pedro, allí estaba la cabeza de la Iglesia. Los sucesores de Pedro han estado casi siempre ligados a Roma, pero cuando el papado trasladó su sede a Francia, en Aviñón, fue esa ciudad y no Roma la cabeza de la Iglesia, o mejor dicho, lo siguió siendo el papa. Los sectarios y anti católicos  están aquí disparando en la dirección equivocada, pero aquí estamos para  defender la tradición apostólica e  histórica ante una nueva idea que se está extendiendo en nuestra época.

Referencias históricas

En el mismo libro Tertuliano escribió que “esta es la manera en que las iglesias apostólicas transmiten sus listas: como la iglesia de Esmirna, que registra que Policarpo fue colocado allí por Juan; como la iglesia de Roma, donde Clemente fue ordenado por Pedro”. Este Clemente, conocido como Clemente Romano, sería más tarde el cuarto papa (Nótese que Tertuliano no dice que Pedro consagrara como papa a Clemente, lo cual habría sido imposible dado que un papa no consagra a su propio sucesor; simplemente ordenó sacerdote a Clemente). Clemente escribió su Carta a los Corintios quizá antes del 70 D.C., sólo unos pocos años después de que Pedro y Pablo fueran asesinados; en ella hacía referencia a Pedro acabando su vida donde Pablo acabó la suya.

En su Carta a los Romanos (110 D.C.), Ignacio de Antioquía observó que no podía mandar a los cristianos de Roma de la manera en que Pedro y Pablo lo hacían, comentario que solo tiene sentido si Pedro hubiera sido un jefe, si no el jefe, de la Iglesia de Roma.

Ireneo, en Contra los Herejes (190 D.C.), dijo que Mateo escribió su Evangelio “mientras Pedro y Pablo estaban evangelizando en Roma y echando los cimientos de la Iglesia”. Dice luego que los dos abandonaron Roma, quizá para asistir al Concilio de Jerusalén (49 D.C.). Algunas líneas más abajo hace notar que Lino fue nombrado sucesor de Pedro –es decir, el segundo papa– y que los siguientes de la lista fueron Anacleto (conocido también como Cleto) y Clemente Romano.

Clemente de Alejandría escribió a comienzos del siglo III. Un fragmento de su obra Esbozos ha quedado conservado en la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea, la primera historia de la Iglesia. Clemente escribió: “Cuando Pedro predicaba la palabra públicamente en Roma, y anunciaba el evangelio por el Espíritu, muchos de los presentes pidieron que Marcos, que había sido por largo tiempo su seguidor y recordaba sus dichos, pusiera por escrito lo que se había proclamado”.

Pedro de Alejandría fue obispo de esa ciudad y murió hacia el 311 D.C. Algunos años antes de su muerte escribió un tratado llamado Penitencia. En él dijo: “Pedro, el primero de los apóstoles, habiendo sido apresado a menudo y arrojado a la prisión y tratado con ignominia, fue finalmente crucificado en Roma”.

Lactancio, en un tratado llamado La muerte de los perseguidores, escrito alrededor del 318 D.C., advirtió que “Cuando Nerón aún reinaba, Pedro llegó a Roma, donde, en virtud de ciertos milagros que obró por el poder de Dios que le había sido conferido, convirtió a muchos a la virtud y estableció un firme y tenaz templo a Dios”. Nerón reinó del 54 al 68 D.C..

Creo haber dado al traste con esa argumentación que niega la historia e inclusive la arqueología , pero ese tópico lo abordaremos en una próxima entrega

paz y bien

SOLEMNIDAD DE LOS APÓSTOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO

SOLEMNIDAD DE LOS APÓSTOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO


HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

Basílica Vaticana

Viernes 29 de junio de 2012

…En el pasaje del Evangelio de san Mateo que hemos escuchado hace poco, Pedro hace la propia confesión de fe a Jesús reconociéndolo como Mesías e Hijo de Dios; la hace también en nombre de los otros apóstoles. Como respuesta, el Señor le revela la misión que desea confiarle, la de ser la «piedra», la «roca», el fundamento visible sobre el que está construido todo el edificio espiritual de la Iglesia (cf. Mt 16, 16-19). Pero ¿de qué manera Pedro es la roca? ¿Cómo debe cumplir esta prerrogativa, que naturalmente no ha recibido para sí mismo? El relato del evangelista Mateo nos dice en primer lugar que el reconocimiento de la identidad de Jesús pronunciado por Simón en nombre de los Doce no proviene «de la carne y de la sangre», es decir, de su capacidad humana, sino de una particular revelación de Dios Padre. En cambio, inmediatamente después, cuando Jesús anuncia su pasión, muerte y resurrección, Simón Pedro reacciona precisamente a partir de la «carne y sangre»: Él «se puso a increparlo: … [Señor] eso no puede pasarte» (16, 22). Y Jesús, a su vez, le replicó: «Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo…» (v. 23). El discípulo que, por un don de Dios, puede llegar a ser roca firme, se manifiesta en su debilidad humana como lo que es: una piedra en el camino, una piedra con la que se puede tropezar – en griego skandalon. Así se manifiesta la tensión que existe entre el don que proviene del Señor y la capacidad humana; y en esta escena entre Jesús y Simón Pedro vemos de alguna manera anticipado el drama de la historia del mismo papado, que se caracteriza por la coexistencia de estos dos elementos: por una parte, gracias a la luz y la fuerza que viene de lo alto, el papado constituye el fundamento de la Iglesia peregrina en el tiempo; por otra, emergen también, a lo largo de los siglos, la debilidad de los hombres, que sólo la apertura a la acción de Dios puede transformar.


En el Evangelio de hoy emerge con fuerza la clara promesa de Jesús: «el poder del infierno», es decir las fuerzas del mal, no prevalecerán, «non praevalebunt». Viene a la memoria el relato de la vocación del profeta Jeremías, cuando el Señor, al confiarle la misión, le dice: «Yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo; lucharán contra ti, pero no te podrán -non praevalebunt-, porque yo estoy contigo para librarte» (Jr 1, 18-19). En verdad, la promesa que Jesús hace a Pedro es ahora mucho más grande que las hechas a los antiguos profetas: Éstos, en efecto, fueron amenazados sólo por enemigos humanos, mientras Pedro ha de ser protegido de las «puertas del infierno», del poder destructor del mal. Jeremías recibe una promesa que tiene que ver con él como persona y con su ministerio profético; Pedro es confortado con respecto al futuro de la Iglesia, de la nueva comunidad fundada por Jesucristo y que se extiende a todas las épocas, más allá de la existencia personal del mismo Pedro.

Pasemos ahora al símbolo de las llaves, que hemos escuchado en el Evangelio. Nos recuerdan el oráculo del profeta Isaías sobre el funcionario Eliaquín, del que se dice: «Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá» (Is 22,22). La llave representa la autoridad sobre la casa de David. Y en el Evangelio hay otra palabra de Jesús dirigida a los escribas y fariseos, a los cuales el Señor les reprocha de cerrar el reino de los cielos a los hombres (cf. Mt 23,13). Estas palabras también nos ayudan a comprender la promesa hecha a Pedro: a él, en cuanto fiel administrador del mensaje de Cristo, le corresponde abrir la puerta del reino de los cielos, y juzgar si aceptar o excluir (cf. Ap 3,7). Las dos imágenes – la de las llaves y la de atar y desatar – expresan por tanto significados similares y se refuerzan mutuamente. La expresión «atar y desatar» forma parte del lenguaje rabínico y alude por un lado a las decisiones doctrinales, por otro al poder disciplinar, es decir a la facultad de aplicar y de levantar la excomunión. El paralelismo «en la tierra… en los cielos» garantiza que las decisiones de Pedro en el ejercicio de su función eclesial también son válidas ante Dios.

En el capítulo 18 del Evangelio según Mateo, dedicado a la vida de la comunidad eclesial, encontramos otras palabras de Jesús dirigidas a los discípulos: «En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos» (Mt 18,18). Y san Juan, en el relato de las apariciones de Cristo resucitado a los Apóstoles, en la tarde de Pascua, refiere estas palabras del Señor: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20,22-23). A la luz de estos paralelismos, aparece claramente que la autoridad de atar y desatar consiste en el poder de perdonar los pecados. Y esta gracia, que debilita la fuerza del caos y del mal, está en el corazón del misterio y del ministerio de la Iglesia. La Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de pecadores que se deben reconocer necesitados del amor de Dios, necesitados de ser purificados por medio de la Cruz de Jesucristo. Las palabras de Jesús sobre la autoridad de Pedro y de los Apóstoles revelan que el poder de Dios es el amor, amor que irradia su luz desde el Calvario. Así, podemos también comprender por qué, en el relato del evangelio, tras la confesión de fe de Pedro, sigue inmediatamente el primer anuncio de la pasión: en efecto, Jesús con su muerte ha vencido el poder del infierno, con su sangre ha derramado sobre el mundo un río inmenso de misericordia, que irriga con su agua sanadora la humanidad entera

APACIENTA MIS OVEJAS.

APACIENTA MIS OVEJAS.

 

-Uno de los testimonios más claros del primado de Pedro se encuentra en el capítulo 21 del evangelio de San Juan. En este capítulo observamos como el Señor pregunta 3 veces a San Pedro si le ama, y cada pregunta va contestada con un apacienta mis ovejas o apacienta mis corderos. 3 veces le preguntó porque 3 veces le negó. De esta forma fortaleció nuevamente la fe de San Pedro delante de todos los apóstoles.

-Siendo un capítulo de tan sumo interés apologético deseo estudiarlo detenidamente para poder demostrar como a Pedro se le da una función diferente a la que se da al resto de apóstoles.

1 Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera.
2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
 Juan 21:1-2

Aquí en estos primeros dos versículos vemos algo interesante:

1)Estaban los apóstoles en el mar de Galilea, en las orillas del mar de Tiberíades. Recordemos en el mar de Galilea es donde encontró Jesús a Pedro y le dijo fuera pescador de hombres.(Mateo 4:18). Curiosamente es en las orillas de este mar donde nuevamente se confirmará la misión de San Pedro.

2)El versículo 2 nos indica quienes eran los discípulos del Señor que estaban allí y curiosamente el primero en ser nombrado es San Pedro sin embargo al apóstol amado no se le nombra directamente por su nombre. Esto también nos indica hacia donde va encaminado ya el capítulo , a dejar claramente establecido el primado petrino.

3 Simón Pedro les dice: “Voy a pescar.” Le contestan ellos: “También nosotros vamos contigo.” Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
4 Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
5 Díceles Jesús: “Muchachos, ¿no tenéis pescado?” Le contestaron: “No.”
6 El les dijo: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.” La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces.
7 El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: “Es el Señor”, se puso el vestido – pues estaba desnudo – y se lanzó al mar.
 Juan 21:3-7

-El impetuoso de Pedro se decide ir a pescar y curiosamente los demás dicen que van con él. Pero la mala suerte fue que no pescaron nada, así que tubo aparecerse el Señor y decirles donde tenían tirar las redes como hacía 3 años había hecho. Cuando ocurrió esto el discípulo amado le dice a Pedro que era el Señor, y la Escritura nos dice, que Pedro estaba “desnudo” y se vistió y luego se lanzó al mar. Es interesante el dato de que Pedro estaba “desnudo” quizás para muchos esto sea un dato más innecesario pero realmente este dato no tiene que pasar desapercibido ya que de nuevo este dato nos encamina a lo que más adelante pasará. En este momento Pedro se encontraba con mala consciencia por haber negado 3 veces al Señor, no se encontraba animado para realizar la tarea se le había encomendado, se encontraba desnudo espiritualmente ante el Señor, sin ser digno de él, por eso versículos después será reconfortado en su misión.
8 Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.
9 Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan.
10 Díceles Jesús: “Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.”
 Juan 21:8-10
Es muy interesante lo que se nos cuenta aca, realmente este capítulo rememora acontencimiéntos pasados para siempre llevarnos al mismo punto, la misión que dentro de poco el Señor encomendará a Pedro.
Si nos fijamos vemos que aca nos dice: “ ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas”. En griego la palabra usada para brasas es ἀνθρακιὰν y casualmente esta palabra solamente se usa una vez más en todo el evangelio de San Juan, donde? Aquí:

18 Los siervos y los guardias tenían unas brasas encendidas porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos calentándoseJuan 18:18
Antes de que Pedro negará 3 veces al Señor había unas brasas encendidas donde se calentaban. Antes de volver a ser confirmado por Cristo para ser Pastor universal de su rebaño, hay unas brasas encendidas también. ¿Curiosidad?….
11 Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red.
12 Jesús les dice: “Venid y comed.” Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres tú?”, sabiendo que era el Señor.
13 Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez.
14 Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Juan 21:11-14
Es curioso como en el versículo 10 Jesús les dice a todos en general que traigan los peces que acaban de coger y en el versículo 11 se nos dice que el único que fue por ellos es San Pedro. Cristo en el versículo 10 habla a todos pero en el 11 solo San Pedro realiza la acción, es decir San Pedro sirve a los demás, siendo así SIERVO DE SIERVOS y trae los peces.

Aquí el versículo 14 nos termina de narrar la preparación para lo que ha de venir, esta tercera vez que Jesús se manifestó a los discipulos será clave en la historia de la Cristiandad porque volverá a recordar a Pedro cual es su misión y para lo que le eligió.

Recordemos antes dijimos Pedro estaba desnudo espiritualmente, es decir avergonzado por haber negado al Verbo divino 3 veces. Esto le hacía sentirse mal y no capacitado para dirigir la Iglesia, no terminaba de entender porque Cristo le había dicho a él que era la roca, cuando otros como Juan habían sido más fieles al Señor que él mismo, pero el Señor le elige precisamente por eso, porque sabe que en Pedro se juntan dos cosas que todo hombre tiene, amor y pecado, y así quería fuera el líder de su Iglesia, era preciso pues confortarle y recordarle nuevamente su tarea. Y eso hará en los versículos que ahora estudiaremos.
15 Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: “Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?” Le dice él: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Le dice Jesús: “Apacienta mis corderos.”
16 Vuelve a decirle por segunda vez: “Simón de Juan, ¿me amas?” Le dice él: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Le dice Jesús: “Apacienta mis ovejas.”
17 Le dice por tercera vez: “Simón de Juan, ¿me quieres?” Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: “¿Me quieres?” y le dijo: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.” Le dice Jesús: “Apacienta mis ovejas.
 Juan 21:15-17
Estos 3 versículos son una prueba irrefutable del primado petrino. Es muy habitual que se pasen por alto o se estudien superficialmente por eso me dedicaré a hacer un estudio detallado de ellos demostrando que no queda lugar a dudas para afirmar el primado que Jesús concede a San Pedro.
Podemos destacar aca 3 cosas muy importantes:

1) El Señor primero le manda apacentar corderos y luego le manda apacentar las ovejas. Sabemos que el cordero es un animal diferente a la oveja, y solo y exclusivamente a Pedro se manda que apaciente a ambos animales.
 
2) El Señor usa dos veces la palabra griega apacentar “βόσκω” y luego una vez usa la palabra pastorear “ ποιμαίνω”. Dos palabras diferentes indican pues dos misiones diferentes. Además podemos establecer una relación entre apacentar y pastorear con ovejas y corderos de forma que quede más clara la misión de San Pedro.
3) 3 veces le pregunta a Pedro y tres veces le manda cuidar de su rebaño. Cada una de estas 3 veces es por cada una de las 3 negaciones que San Pedro le hizo al lado de las brasas. Públicamente debía el primer Papa afirmar su amor incondicional al Señor y ser fortalecido en su fe nuevamente para desarrollar el ministerio para el que fue elegido.
 

-Es bueno estudiar punto por punto para demostrar una sólida defensa del primado petrino en estos 3 versículos. Muchos hermanos separados dicen que el primado de Pedro solo se basa en Mateo 16:18 cuando olvidan este pasaje que es tan importante como el de Mateo y es preciso mostrar su matiz apologético y probar porque creemos que Pedro bíblicamente fue cabeza de todos los apóstoles.

1)OVEJAS Y CORDEROS:

-Volvamos a recordar que pone Juan 21:15-17:

15 Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: “Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?” Le dice él: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Le dice Jesús: “Apacienta mis corderos.”
16 Vuelve a decirle por segunda vez: “Simón de Juan, ¿me amas?” Le dice él: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Le dice Jesús: “Apacienta mis ovejas.”
17 Le dice por tercera vez: “Simón de Juan, ¿me quieres?” Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: “¿Me quieres?” y le dijo: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.” Le dice Jesús: “Apacienta mis ovejas.
 Juan 21:15-17
-Entonces aquí tenemos dos funciones diferentes: Apacentar corderos y apacentar ovejas. Algunos podrían pensar se trata de la misma función, más tarde veremos que no es la misma función. Ahora veamos que los corderos son animales diferentes a la ovejas. Es frecuente en la Escritura designar al pueblo de Dios por un rebaño, y en todo rebaño existen ovejas y corderos, el cordero es un animal más débil que la oveja y se entiende que es la oveja quien lo cuida.
Tenemos por ejemplo en la Sagrada Escritura algún texto que nos enseña esta idea:

Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas. Isaías 40:11
Vemos como el pastor lleva en sus brazos a los corderos, es decir los trata con sumo cuidado esto es fácil de explicar: El cordero es un animal más débil que la oveja.
Ahora veamos en la Escritura como las ovejas son los apóstoles:

Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Mateo 26:31
He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Mateo 10:16
Tanto los que envió como los que se dispersaron cuando el pastor fue herido eran los apóstoles. Por tanto podemos concluir que los apóstoles son llamados “ovejas” algunas veces en las Escrituras.
Entendiendo esto podremos entender más fácilmente el versículo en cuestión :
*Primero Cristo manda a Pedro que apaciente a sus corderos, es decir aquellos del rebaño cuya fe es débil que acaban de entrar en el rebaño, Pedro como Pastor supremo debe cuidar de ellos y alimentarles espiritualmente con la enseñanza Cristo dejó a su Iglesia.
*Segundo Cristo manda a Pedro a que pastoreé, gobierne a las ovejas, es decir a aquellos que son cristianos cuya fe es más fuerte, cuyo conocimiento es superior al de los corderos, en tiempos de Pedro los apóstoles y presbíteros y diáconos, hoy en día los obispos y sacerdotes.
*En tercer lugar a estos mismos es necesario también alimentarles espiritualmente con la doctrina de Cristo, es por eso por tercera vez le manda a Pedro que de comida a su rebaño, esta comida no es otra que un alimento espiritual. Y hasta los más firmes en su fe necesitan este alimento, es por eso que Cristo así lo indica.
2) APACENTAR Y PASTOREAR:

-Si vemos el texto griego correspondiente a estos versículos observaremos algo muy interesante, el Señor usa dos veces (βόσκω) y una vez usa como ποιμαίνω (poimainō).
Pero lo interesante es que es con Pedro y solo con Pedro con quien se uso βόσκω con ningún otro apóstol se uso esta palabra.


Bíblicamente el verbo: רעה (râ‛âh), que fue traducido al griego como ποιμαίνω (poimainō) y βόσκω (boskō) y en nuestro idioma como “apacentar”.En Griego bosko significa dar de come, apacentar, mientras que poimaino es pastorear, son dos palabras diferentes. Βόσκω solo se usa en el NT con Pedro lo que da muestras nuevamente de su Primacia. El Espiritu Santo al inspirar el Evangelio de San Juan solamente uso esa palabra con Pedro con nadie más, la escritura es bien clara aquí.

Todos aquellos detractores del Primado de Pedro, debería pues poder explicar el cambio de Palabra y porque esta es usada unicamente con este Apostol.

Entonces APACENTARβόσκω se puede traducir como dar de comer, alimentar espiritualmente al rebaño del Señor, es decir Pedro era el encargado de alimentar al rebaño y el encargado de pastorearlo también= ποιμαίνω.

 

15 ὅτε οὖν ἠρίστησαν λέγει τῷ Σίμωνι Πέτρῳ ὁ Ἰησοῦς· Σίμων Ἰωάννου, ἀγαπᾷς με πλέον τούτων;λέγει αὐτῷ· ναί κύριε, σὺ οἶδας ὅτι φιλῶ σε. λέγει αὐτῷ· βόσκε τὰ ἀρνία μου. 16 λέγει αὐτῷ πάλιν δεύτερον· Σίμων Ἰωάννου, ἀγαπᾷς με; λέγει αὐτῷ· ναί κύριε, σὺ οἶδας ὅτι φιλῶ σε. λέγει αὐτῷ·ποίμαινε τὰ προβάτια / πρόβατά μου. 17 λέγει αὐτῷ τὸ τρίτον· Σίμων Ἰωάννου, φιλεῖς με; ἐλυπήθη ὁ Πέτρος ὅτι εἶπεν αὐτῷ τὸ τρίτον· φιλεῖς με; καὶ εἶπεν / λέγει αὐτῷ· κύριε, πάντα σὺ οἶδας, σὺγινώσκεις ὅτι φιλῶ σε. λέγει αὐτῷ [ὁ] Ἰησοῦς· βόσκε τὰ προβάτια / πρόβατά μου.

Juan 21:15-17

Juan 21, 15-17 “Cuando hubieron comido, dijo Jesús a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? El le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Díjole: Apacienta (βόσκω) mis corderos. Por segunda vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejuelas. Por tercera vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntase: ¿Me amas? Y le dijo: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo. Díjole Jesús: Apacienta mis ovejuelas”.


Este punto es muy interesante, si nos fijamos, cuando la Escritura habla del resto de los apóstoles y obispos dice que ellos son los encargados de pastorear la Iglesia de Dios:

28 “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio hijo. Hechos 20:28
Si vamos al griego veremos que en Hechos 20:28 para pastorear se usó la palabra ποιμαίνω pero no se usa βόσκω. ¿Por qué? Sencillamente porque son misiones diferentes por eso usa una palabra y no se usa la otra.

προσέχετε ἑαυτοῖς καὶ παντὶ τῷ ποιμνίῳ ἐν ᾧ ὑμᾶς τὸ πνεῦμα τὸ ἅγιον ἔθετο ἐπισκόπους ποιμαίνειντὴν ἐκκλησίαν τοῦ θεοῦ, ἣν περιεποιήσατο διὰ τοῦ αἵματος τοῦ ἰδίουHechos 20:28
 
ποιμαίνειν(poimanein) = pastorear.

Con esto vemos como a Pedro se le dio el poder de pastorear el rebaño como se le dio al resto de los apóstoles pero curiosamente se le otorga un nuevo poder el de Alimentar al rebaño. Aquí me gustaría citar las palabras del Santo Padre Juan Pablo II en la audiencia del 10 de mayo de 1993:

La función de piedra fundamental de la Iglesia que Jesús confirió a Pedro comporta, por consiguiente, un aspecto doctrinal (cf. Mt 16, 18-19). La misión de confirmar a sus hermanos en la fe, que también le confió Jesús (cf. Lc 22, 32), va en la misma dirección. Pedro goza de una oración especial del Maestro para desempeñar este papel de ayudar a sus hermanos a creer. Las palabras «Apacienta mis corderos», «Apacienta mis ovejas» (Jn 21, 15-17) no enuncian explícitamente una misión doctrinal, pero sí la implican. Apacentar el rebaño es proporcionarle un alimento sólido de vida espiritual, y en este alimento está la comunicación de la doctrina revelada para robustecer la fe.

De ahí se sigue que, según los textos evangélicos, la misión pastoral universal del Romano Pontífice, sucesor de Pedro, comporta una misión doctrinal. Como pastor universal, el Papa tiene la misión de anunciar la doctrina revelada y promover en toda la Iglesia la verdadera fe en Cristo. Es el sentido integral del ministerio petrino.
Con esto creo queda claro que significa Apacentar, es decir βόσκω y como esa misión fue encomendada única y exclusivamente a San Pedro. Debemos tener en cuanta que cuando Dios realiza las cosas es por algo, el precedente bíblico de esta misión encomendada a San Pedro podemos encontrarlo en el AT en muchos pasajes, aquí mencionare solamente algunos de ellos:
Y aun ayer y antes, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, tú sacabas y volvías á Israel. Además Jehová te ha dicho: Tú apacentarás á mi pueblo Israel, y tú serás sobre Israel príncipe. 2 Samuel 5:2

Le encarga apacentar el pueblo de Israel, y ese encargo, se lo dió el mismo Dios.

Curioso, que a Pedro Cristo le encargue apacentar el pueblo del NT. Es el mismo rey el que alimentaba con la sabiduría de Dios al pueblo y esta función ahora corresponde a San Pedro.


10 Ahí viene el Señor Yahveh con poder, y su brazo lo sojuzga todo.Ved que su salario le acompaña, y su paga le precede.Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo cogerá los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente las paridas. Isaías 40:11
Aquí el mismo Dios es quien apacienta el rebaño, es el mismo Dios quien le da alimento espiritual , le cuida, protege y guía para que no se desvíe de la doctrina adecuada. Es este el ministerio que deja a San Pedro en el NT.
Y despertaré sobre ellas un pastor, y él las apacentará; á mi siervo David: él las apacentará, y él les será por pastor. Ezequiel 34:23
David siendo rey manda apacentar el pueblo de Dios, es decir Dios le ordeno dirigirlo y gobernarlo.

Si le dijo apacienta mis ovejas es por algo, porque estas ovejas son su pueblo, su reino y Pedro es el encargado de guiarlo y dirigirlo, como David en el AT.

Yo apacentaré mis ovejas, y yo les haré tener majada, dice el Señor Jehová.Ezequiel 34:15

15 Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: “Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?” Le dice él: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Le dice Jesús: “Apacienta mis corderos.”Juan 21:15

Quise poner estos dos textos bíblicos juntos porque veo en ellos una gran similitud:

-Se habla de apacentar ovejas en los dos.

-En Ezequiel es Dios quien las apacienta. En Juan es Dios quien manda a un ser humano esa misión.

Si esa misión en Ezequiel la realizó Dios, debe ser que es una misión muy especial y solo se le puede confiar a la roca sobre la que se edificaría su Iglesia, o aquel por el que él había rezado(Lucas 22:32).
-Ahora veamos algo muy interesante:

1) . Díjole: Apacienta (βόσκω) mis corderos.

2) Le dice Jesús: “Apacienta (ποιμαίνειν) mis ovejas.

3)Le dice Jesús: “Apacienta (βόσκω) mis ovejas
-Es decir, primero Cristo le manda alimentar a los débiles en la fe, los cristianos que sean más frágiles o confundidos con la fe y su enseñanza infalible les alimentara y les ayudará a seguir en el rebaño y a madurar poco a poco en la fe.
Luego manda que pastoree a los pastores que se encargan de la Iglesia en el mundo, siendo así el Pastor Universal o Supremo de ellos. Finalmente es a estos pastores que organizan y guían las Iglesias del mundo a quienes debe alimentar espiritualmente con su enseñanza y sus decisiones, pues Cristo y el tienen un mismo sentir y un mismo parecer, Cristo y él forman una Sola Cabeza la que alimenta espiritualmente a todos los pastores y a todo el pueblo.
Es decir 3 misiones le encomienda a Pedro, 3 misiones que en la actualidad realiza el Papa:

1) Reconfortar, alimentar, guiar y madurar en la fe al pueblo de Dios con sus decisiones consejos y palabras.
 
2) Pastorear a los pastores que cuidan del rebaño siendo él el Pastor de ellos o Pastor Universal.
3) Alimentar, y madurar en la fe a los pastores, para que cada día se acerquen más a Dios y esta sabiduría les permita guiar mejor a los corderos hacía Cristo.

3.-LA TRIPLE NEGACIÓN Y LA TRIPLE AFIRMACIÓN DE SU AMOR:


-Por último no debemos pasar por alto que este pasaje esta muy relacionado con la triple negación de San Pedro. Realmente aquí San Pedro no se le restaura su ministerio porque nunca lo había perdido sino que este pasaje es una forma de que San Pedro reconforte su fe. Si nos damos cuenta el Señor oró por Pedro:
31 “¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo;
32 pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.”
 Lucas 22:32
Ora para que la fe de Pedro no desfallezca, y cuando haya vuelto confirme a sus hermanos. Realmente esto fue lo que pasó aquí. Pedro tras haber negado tres veces al Señor estaba decaído y se sentía indigno de seguir al Señor, y el Señor sabía como era Pedro y que todos le escucharían era necesario que el volviera a ser el de antes para que la fe de todos sus hermanos creciera y se mantuviera viva.
Por eso le pide 3 declaraciones de amor, para que vea Pedro que Cristo sigue confiando en él a pesar de su pecado, sigue confiando en un pecador, precisamente por eso le eligió no por el ser el más sabio ni el más santo de entre todos los apóstoles sino por ser el más humano y el que más fuerza de voluntad tendría pues ya no volvería a negarle.
15 Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era conocido del Sumo Sacerdote y entró con Jesús en el atrio del Sumo Sacerdote,
16 mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera e hizo pasar a Pedro.
17 La muchacha portera dice a Pedro: “¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?” Dice  él: “No lo soy.”
 Juan 18:15-17
Aquí la primera negación de San Pedro. Niega que sea discípulo de Cristo.
25 Estaba allí Simón Pedro calentándose y le dijeron: “¿No eres tú también de sus discípulos?” El lo negó diciendo: “No lo soy.”
26 Uno de los siervos del Sumo Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le  dice: “¿No te vi yo en el huerto con él?”
27 Pedro volvió a negar, y al instante cantó un gallo.
 Juan 18:25-27
Por dos veces San Pedro niega ser discípulo de Cristo, la tercera vez niega haber estado en el huerto con Jesús. 3 negaciones mientras estaban juzgando a Cristo. Estas 3 negaciones habían sido predichas por Cristo y Pedro se dio cuenta del pecado que había cometido, por eso:
62 Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente. Lucas 22:62
Lloró porque vio que a lo que más amaba en el mundo él lo había negado, porque no había tenido el valor para confesar ser discípulo de aquel a quien colgarían de un madero. Pero Cristo sabía perfectamente esto, y sabía como se encontraba Pedro, se sentía indigno de ser su discípulo, era preciso que Pedro volviera a su lugar, y para eso nada mejor que hacerlo mediante un acto de amor mutuo, y lo más importante un amor infranqueable entre los dos, entre Cristo y Pedro.
Recordemos que tanto Cristo como Pedro tenían ya los destinos unidos, pues esto se ve claramente en la Escritura:
4 Entrando en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los perceptores de la didracma y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga la didracma? 25 Y él respondió: Cierto que sí. Cuando entró en casa, se acercó Jesús y le dijo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran censos y tributos? ¿De sus hijos o de los extraños? 26 Contestó él: De los extraños. Y le dijo Jesús: Luego los hijos son libres. 27 Mas, para no escandalizarlos, vete al mar, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca, y en ella hallarás un estater; tómalo y dalo por mí y por ti. Mateo 17:24-27

Lo que impacta es: “Tómala y entrégala a ellos por mí y por ti”. Me parece muy hermoso este gesto de Jesús de entregar una sola moneda por él y por Pedro, parece una advertencia: fíjate que estamos juntos, trata de unirte a mi destino y no pretenderás tener uno distinto para ti, o mirar al mío como separado del tuyo. Realmente este milagro ejemplifica el destino de Cristo y Pedro, ambos el mismo destino uno cabeza otro el que dice las ordenes de la cabeza en la Tierra, la misma misión el mismo milagro para ambos pues ambos son la cabeza inquebrantable de la Iglesia, y como tal no pueden contradecirse. Es Pedro el elegido y no otro para tener el mismo destino en todos los actos importantes que Cristo. Hablando Pedro por Cristo versículos antes ahora Cristo, en señal de unión eterna con su primacía le manda a dar la moneda por ambos asi quedara unida la Esposa y el Cordero para siempre.

Por eso como su destino era la unidad total hacia falta que Pedro volviera a recuperar las fuerzas perdidas y volviera a cumplir con su destino, por eso Cristo le pide por 3 veces una prueba de su amor y cuando Pedro  contesta le manda apacentar y pastorear a su Pueblo.

Esta misión de apacentar y pastorear el pueblo la había tenido Cristo pero como el destino de Pedro se había unido al de Cristo era necesario sus misiones también se unieran y por tanto era él y solamente él quien podía encargarse de todo el rebaño de alimentarlo y pastorearlo.

15 Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: “Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?” Le dice él: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Le dice Jesús: “Apacienta mis corderos.”
16 Vuelve a decirle por segunda vez: “Simón de Juan, ¿me amas?” Le dice él: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Le dice Jesús: “Apacienta mis ovejas.”
17 Le dice por tercera vez: “Simón de Juan, ¿me quieres?” Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: “¿Me quieres?” y le dijo: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.” Le dice Jesús: “Apacienta mis ovejas.

Juan 21:15-17
¡Dios les Bendiga!

 
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