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Los Primeros Cristianos y los Evangelios

Los Primeros Cristianos y los Evangelios

En la tradición cristiana existen también textos primitivos, de autores de gran importancia, que no fueron rechazados y se usaron para la enseñanza. Sin embargo no entraron en el canon y son poco conocidos. Muchos de ellos nos muestran interesantes datos sobre el cristianismo primitivo, sus celebraciones, sus creencias y enseñanzas, y no por ello se los integró al canon de la Biblia, ni tampoco se los escondió en ningún lado (Didakhé o Enseñanza de los Apóstoles, Pastor de Hermas, Carta de Bernabé, 1ª Clemente (96 d.C), etc.)

Si leemos a un gran escritor sirio de la antigüedad como Taciano (110 -?), quien en el siglo II escribió el Diatessaron[2] (una vida de Jesús que mezcla los evangelios que conocía), constataremos al leerlo, que sus únicas fuentes son los cuatro evangelios que hoy llamamos canónicos y algunos escritos no canónicos de origen judeocristiano. En sus escritos, la humanidad y divinidad de Cristo, así como su mensaje, están tal cual los conocemos por la tradición cristiana. Y eso que Taciano fue excomulgado por hereje por pasarse al gnosticismo de los marcionitas, llegando a liderar una secta conocida como encratitas.
Siendo el Diatessaron la historia más antigua que se conoce sobre Jesús y de un autor no ortodoxo, está apoyada fundamentalmente en los Evangelios auténticamente apostólicos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Es importante resaltar, contra nuestra curiosidad por el género biográfico, que los evangelistas no quisieron escribir una biografía de Jesús, no fue ésta su intención. Ellos entregaban a sus comunidades la verdad del acontecimiento Jesucristo como fundamento de su fe, el testimonio de lo vivido y la enseñanza concerniente a la salvación. Su objetivo no fue hacer un documental, sino testimoniar y transmitir lo recibido fielmente. Como acertadamente escribe Jesús Álvarez M: «La fe de los evangelistas no inventa los hechos. Les busca el sentido y los interpreta. La misma fe les obligaba a la más estricta fidelidad a los hechos. Incluso llegaron a morir por ella».
Con razón decía Pascal: «Creo de buen grado las historias de cuyos testigos se dejan degollar».

Conclusión: La iglesia no ocultó ningún evangelio, simplemente descartó desde sus orígenes aquellos escritos que no tenían origen apostólico y cuyas historias fantásticas contrastaban con los textos más antiguos. Los verdaderos evangelios para el cristianismo son los que encontramos en la Biblia (Marcos, Mateo, Lucas y Juan), son los más antiguos y no fueron modificados.