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RETOMANDO LAS ENSEÑANZAS DEL SANTO DE ASÍS

RETOMANDO LAS ENSEÑANZAS DEL   SANTO DE ASÍS

 

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Fiesta de San Francisco de Asís, il poverello d’Assisi. Probablemente sea uno de los santos más desconocidos hoy.

La adulteración de su vida y su imagen presentándolo como un Gandhi, un líder del «power flower», ecologísta, vegetariano, revolucionario, gnomo de jardín,… ha contribuido a ese desconocimiento.

Porque San Francisco no es santo porque decidió ser pobre, porque ayudó mucho a los pobres, porque fundó una orden, porque…Es santo porque era un enamorado del Señor y correspondió a la Gracia de modo heroico.

Quizá esto choque a los autodenominados católicos progresistas, que con esquemas heredados de una mal digerida dialéctica, son incapaces de percibir que el cristianismo es et-et, unidad de vida. No sólo necesitan encontrar opuestos entre los cristianos, también opuestos –excluyentes– entre las virtudes. Eso no es posible, de ahí que no entiendan qué significa ser cristiano.

Como buen enamorado, San Francisco, procuró el «trato» y el cuidado de las «cosas pequeñas». Una experiencia que de un modo u otro (y muy imperfectamente) hemos experimentado todos. San Francisco es eminentemente un santo eucarístico, lo que no sólo no se opone a la preocupación por los demás –por su cuerpo y por su alma–, es su raíz.

Me gustaría «rescatar» alguno de los detalles concretos en los que se manifestaba el amor de San Francisco por el Señor sacramentado y que es probable que escandalicen. Prácticamente en todas las Cartas que dejó y en las primeras fuentes trata el tema. Sus últimas palabras no fueron sobre la pobreza, ni sobre los pobres, fueron sobre la Eucaristía.

Qué habría hecho San Francisco en 2012 en plena crisis: ¿vendería los cálices, sagrarios, custodias y copones de metales preciosos para dárselos a los pobres?, ¿empobrecería las iglesias para…empobrecer a todos? Es un poco tonto preguntarse qué haría hoy, lo que sí sabemos es lo que hizo mientras vivió.

El Santo de Asís quería ser pobre entre los pobres y a la pobreza la tomó por esposa, pero para Dios no había nada que fuese suficiente:

  • compraba ricos cálices y vasos sagrados para enviarlos a las iglesias
  • se indignaba si los manteles, –sí, los manteles del altar–, sobre los que estaría el Señor estaban sucios
  • no permitía riquezas en los conventos, el único oro (material precioso) que entraba era para todo lo dedicado al sacrificio, y lo exigía

Por si hay algún incrédulo, salteo con citas del mismo San Francisco.

  • «Sean preciosos los cálices, corporales, ornamentos del altar y todo lo que sirve para el sacrificio» (1CtaCus, 3)
  • «Y donde se encuentre colocado y abandonado indebidamente el santísimo cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, retírese de allí y póngase y custódiese en sitio precioso» (CtaCle, 11)
  • «Quiso a veces enviar por el mundo hermanos que llevasen copones preciosos, con el fin de que allí donde vieran que estaba colocado con indecencia lo que es el precio de la redención, lo reservaran en el lugar más escogido» (2Cel, 201)
  • «Quiso enviar también a otros hermanos por todas las provincias con buenos y hermosos moldes de hierro para hacer hostias limpias y perfectas» (EP 65f; LP 108g).
  • «Por consiguiente, todos aquellos que administran tan santísimos misterios, y sobre todo quienes los administran indebidamente, consideren en su interior cuán viles son los cálices, los corporales y los manteles donde se sacrifica el cuerpo y la sangre del mismo. Y hay muchos que lo colocan y lo abandonan en lugares viles, lo llevan miserablemente, y lo reciben indignamente, y lo administran a los demás sin discernimiento. Asimismo, sus nombres y sus palabras escritas son a veces hollados con los pies; porque el hombre animal no percibe las cosas que son de Dios (1 Cor 2,14)» (CtaCle, 4-7)

Uno lee esto y entiendo la piedad y el amor al Señor sacramentado que han tenido los buenos hijos de San Francisco durante siglos.

Uno lee esto y se le cae el alma a los pies observando el estado de iglesias, altares, vasos sagrados, modo de celebrar y asistir a la Santa Misa, en la mayoría de los casos con la excusa de «dedicarse a la cuestión social». Así que, por favor, que no nos manipulen al santo.

Pero así son las cosas. Otro día más, que San Francisco es una mina: rescatemos al Santo de Asís.

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