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Decálogo de la oración

Decálogo de la oración

 

1.   Orar es amar.

2.   Orar es abrir el corazón.

3.   Orar es pensar en Dios, amándole.

4.   Orar es vivir “a tope”.

5.   Orar es vivir por dentro para crecer por fuera.

6.   Orar es dejarse mirar.

7.   Orar es vivir con su Presencia.

8.   Orar es trato de amistad.

9.   Orar es llegar a buen puerto.

10.    Orar es recuperar toda la esperanza.

       Fuente: Obispo Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-  Cáceres

Que es una Jaculatoria ?

Que es una Jaculatoria ?

 

Entre muchos conceptos , me pareció este el mas sencillo y acorde : LA ORACION

“Una jaculatoria es una oración corta o breve que se hace con mucha Fe y para acercarnos a Dios , a la Virgen Santísima y a los Santos, para  mantenernos en oración ante la presencia de Dios a lo largo del día.”

  es sinónimo  también de oración, plegaria, rezo e invocación

Conscientes de la necesidad de orar continuamente, los ambientes monásticos se preocupan de permanecer siempre en presencia del Señor con oraciones sencillísimas o jaculatorias (monológicas). La fórmula primitiva de esta oración parece ser el Kyrie eleison («Señor, ten piedad»), cuya repetición constante en las liturgias orientales se remonta a los Padres del desierto.

La fórmula más común es: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador» (cf. Lc 18,13 y 18,38). Se trata del grito del ciego de Jericó que implora de Jesús su curación. ¿Por qué se ha escogido esta fórmula y no otra? Los autores espirituales responden que en esta fórmula existe en síntesis todo lo que es necesario de parte de Dios y de parte del hombre para nuestra salvación. La primera parte: “Señor Jesús, Hijo de Dios,” constituye el presupuesto divino de nuestra salvación; efectivamente, Jesús es salvación, trae la salvación a todos los que lo invocan: «Todo el que invoque el nombre del Señor, se salvará» (Hch 2,21). La segunda parte: «ten piedad de mí», constituye el presupuesto humano, denota la actitud fundamental del hombre frente a Dios. Se trata de la cosa más importante de parte del hombre: la fe, la tranquilidad dentro de sí y el espíritu de metanoia, es decir, de penitencia, de conversión. Es el espíritu del publicano de la parábola de Jesús. La primera parte se llama «oración de Jesús»; la segunda, «oración de compunción del corazón».

Estas son también otras jaculatorias que son muy comunes en nuestra fe  

  • Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a ti. 
  • Jesús de la Misericordia ten piedad de nosotros los pecadores.
  • Oh dulce Corazón de María, sed la salvación del alma  mía.
  • Espíritu Santo, fuerza de Dios, ¡transfórmame!
  • Padre, en nombre de Jesús, danos tu Espíritu.

    PAX ET BONUM 

  • AUMENTA NUESTRA FE SEÑOR

    Al atravesar por tribulaciones o momentos difíciles
    no debemos dudar en la tormenta.
    Aumenta nuestra fe Señor.
    Recibe, Señor, nuestros miedos
    y transfórmalos en confianza.
    Recibe, Señor, nuestro sufrimiento
    y transfórmalo en crecimiento.
    Recibe, Señor, nuestro silencio
    y transfórmalo en adoración.
    Recibe, Señor, nuestras crisis
    y transfórmalas en madurez.
    Recibe, Señor, nuestras lágrimas
    y transfórmalas en plegaria.
    Recibe, Señor, nuestra ira
    y transfórmala en intimidad.
    Recibe, Señor, nuestro desánimo
    y transfórmalo en fe.
    Recibe, Señor, nuestra soledad
    y transfórmala en contemplación.
    Recibe, Señor, nuestras amarguras
    y transfórmalas en paz del alma.
    Recibe, Señor, nuestra espera
    y transfórmala en esperanza.
    Recibe, Señor, nuestra muerte
    y transfórmala en resurrección.
    Amén.

    ¿A Dios se le habla o se le escucha?

     

    de Trabajos y Tareas de Tú Profesor Juan Ramón. de Juanra

    Cuando oramos, lo que hacemos casi siempre es hablar. ¿Está bien o mal? Claro que no está mal hablarle a Dios, pero orar es sobre todo escuchar. Cuando oramos, antes que decirle cosas a Dios debemos escucharle. Primero le escuchamos, luego le respondemos. Y a ese diálogo le llamamos oración.

    Escuchemos cómo lo explica la Madre Teresa de Calcuta.

    “Dios nos amó primero” (1 Jn 4,10), Dios habló primero, Dios nos buscó primero. Lo primero por tanto es escucharle, recibir su mensaje, acoger Su Palabra. Pero ¿qué significa escuchar a Dios? Significa percibir y acoger su amor. Dios nos dice que nos ama de mil maneras. Nos lo dice sobre todo a través de Su Palabra: Jesucristo: “Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma” (San Juan de la Cruz). Nos lo dice a través de la Escritura, de su presencia en la Eucaristía, de las personas que nos rodean, de la belleza de la creación, de los acontecimientos de la vida, de la historia de la salvación…
    Tantas veces se oye decir: “Es que Dios a mí no me habla”. La pregunta que hay que hacerle es si sabe hacer silencio y si luego se ha puesto a la escucha de la Palabra. Para poder escuchar, es indispensable estar quieto, guardar silencio y poner atención. La quietud y el silencio interior son la puerta para entrar en la presencia de Dios y estar a solas con Él, escuchando Su Palabra, como María en Betania (Lc 10, 38-42). Cuanto más te pones a la escucha de la Palabra, se va afinando el oído y lo percibes con más nitidez, hasta que lo oyes a todas horas y por todas partes. A quien quiere escuchar, Dios le concede el don de la fe viva, que consiste en la capacidad de descubrir la presencia de Dios en todo.

    En el silencio profundo del corazón percibimos el silencio sonoro de Dios, como Elías que descubrió a Dios en la voz sutil del silencio (1 Reyes, 19). Ya lo tenemos pero todavía no en plenitud. Cuando todo se silencia somos peregrinos hacia el misterio de Dios. Y en ese peregrinar en silencio, Dios habla con fuerza. Dan fe los creyentes que hacen el camino a Santiago.
    El silencio es vacío y plenitud. Vaciarse de todo lo superfluo y llenarse de Vida. Esa gran elección supo hacerla San Pablo: “Todo lo tengo por basura con tal de ganar a Cristo” (Fil 3,8) Cuando se experimenta la plenitud de la Vida divina en nosotros, el alma reclama soledad y silencio, más y más silencio, para custodiar la llama que arde dentro, que no se apague la presencia del Espíritu, sino que tome vigor y resplandezca con más fuerza. En el artículo de la semana pasada me refería a esto mismo cuando hablaba de “atender al Huésped”. Al inicio cuesta el silencio, luego se hace cada vez más fácil, se le va tomando gusto, hasta que llega a ser una necesidad.

    La Oracion mas antigua para nuestra excelsa Madre

    recogemos este texto sobre una de las primeras oraciones dirigidas a la Virgen por los primeros cristianos.

    EN UN PAPIRO EGIPCIO

     

    Edgar Lobel, experto en papirología de laUniversidad de Oxford,  dedicó su vida al estudio de los papiros encontrados en Egipto. Como es conocido, el clima extremadamente seco de la mayor parte de Egipto ha hecho que se conserven multitud de fragmentos de papiros antiquísimos, con textos de hace milenios, en griego y en copto. Muchos de estos textos se habían perdido. En otros casos, los papiros sirven para confirmar la antigüedad de textos que sí que se habían conservado a través de sucesivas copias o traducciones.

    Uno de estos papiros, descubierto en las proximidades de la antigua ciudad egipcia deOxirrinco, contenía una oración a la Virgen. Y no cualquier oración, sino una plegaria que continuamos rezando hoy en día, la oración Sub tuum praesidium. La versión latina es:

    Sub tuum praesidium
    confugimus,
    Sancta Dei Genitrix.
    Nostras deprecationes ne despicias
    in necessitatibus nostris,
    sed a periculis cunctis
    libera nos semper,
    Virgo gloriosa et benedicta.

    La versión castellana, es muy conocida:

    Bajo tu amparo nos acogemos,
    santa Madre de Dios;
    no deseches las súplicas
    que te dirigimos en nuestras necesidades,
    antes bien, líbranos de todo peligro,
    ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

    Y la versión en griego clásico, que es precisamente la que se encontró en el papiro. Basta fijarse con detenimiento en la foto del papiro para reconocer las palabras griegas originales:

    Ὑπὸ τὴν σὴν εὐσπλαγχνίαν,
    καταφεύγομεν, Θεοτόκε.
    Τὰς ἡμῶν ἱκεσίας,
    μὴ παρίδῃς ἐν περιστάσει,
    ἀλλ᾽ ἐκ κινδύνων λύτρωσαι ἡμᾶς,
    μόνη Ἁγνή, μόνη εὐλογημένη.

    Cabe destacar la presencia del términoTheotokos (en este caso, Theotoke, en vocativo), es decir, “Madre de Dios”. Dos siglos después, en el Concilio de Éfeso, se reconoció de forma  solemne que este título era adecuado para la Virgen María, contra el parecer de Nestorio. Es decir, en Éfeso, la Tradición de la Iglesia fue defendida contra los que preferían sus propios razonamientos a la enseñanza de siempre de la Iglesia.

    Resulta impresionante rezar esta oración, sabiendo que los cristianos la rezaban ya, por lo menos, en el año 250 d.C., que es la fecha en la que Edgar Lobel dató el papiro en el que se encontraba. Nosotros no la hemos recibido de los arqueólogos, sino de latradición de la Iglesia, a través del latín en el caso de la Iglesia Latina o del griego y el eslavonio antiguo en Oriente. Resulta agradable, sin embargo, que la arqueología nos muestre una vez más que la tradición no es algo inventado, sino que verdaderamente nos transmite la herencia que los primeros cristianos recibieron de Cristo y de los Apóstoles.

    THEOTOKOS, LA MADRE DE DIOS

    La oración Sub tuum praesidium es un testimonio entrañable, probablemente el más antiguo y el más importante en torno a la devoción a Santa María. Se trata de untropario (himno bizantino) que llega hasta nosotros lleno de juventud. Es quizás el texto más antiguo en que se llama Theotokos a la Virgen, e indiscutiblemente es la primera vez que este término aparece en un contexto oracional e invocativo.

    G. Giamberardini, especialista en el cristianismo primitivo egipcio,  en un documentado estudio ha mostrado la presencia del tropario en los más diversos ritos y las diversas variantes que encuentra, incluso en la liturgia latina. La universalidad de esta antífona hace pensar que ya a mediados del siglo III era usual invocar a Santa María como Theotokos, y que los teólogos, como Orígenes, comenzaron a prestarle atención, precisamente por la importancia que iba adquiriendo en la piedad popular. Simultáneamente esta invocación habría sido introducida en la liturgia.

    En el rito romano, su presencia está ya testimoniada en el Liber Responsalis, atribuido a San Gregorio Magno y es copiado en el siglo IX en la siguiente forma: “Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genitrix”. Algunos manuscritos de los siglos X y XI, presentan unas deliciosas variantes de esta oración, manteniendo intacta la expresión Santa Dei Genitrix, en estricta fidelidad a la Theotokos del texto griego.

    Se trata de traducciones fidelísimas del texto griego, tal y como aparece en el rito bizantino, en el que se utiliza la palabra griega eysplagknían, para referirse a las entrañas misericordiosas de la Madre de Dios. La consideración de la inmensa capacidad de las entrañas maternales de la Madre de Dios está en la base de la piedad popular que tanta importancia dio al título Theotokos para designar a la Madre de Jesús. Y quizás como lo más importante sea el hecho de que el testimonio del Sub tuum praesidium levanta la sospecha de que el título Theotokos se origina a mediados del siglo III en la piedad popular como invocación a las entrañas maternales de Aquella que llevó en su seno a Dios. Esta vez, quizás, la piedad popular fue por delante de la Teología. Al menos, es muy verosimil que así fuese.

    Los fieles que, con sencillez, rezan esta oración a la Sancta Dei Genitrix, laTheotokos, la Madre de Dios,  porque la han recibido de manos de la Iglesia, son los que están más cerca de lo que transmitieron los primeros cristianos y, por lo tanto, más cerca de Cristo.

    La versión latina esta oración ha sido inmortalizada en la música especialmente por Antonio Salieri y Wolfgang Amadeus Mozart.

     

    FUENTES:

    Lucas F. Mateo-Seco,  La devoción mariana en la primitiva Iglesia

    Bruno Moreno Ramos, InfoCatólica

    Cfr G. Giamberardini, Il “Sub tuum praesidium” e il titolo Theotokos nella tradizione egiziana, en “Marianum” 31 (1969) 350-351; A.M. Malo, La plus ancienne prière à notre Dame, en De primordis cultus mariani, cit., t. 2, 475-485.

    Oración de San Francisco de Asís

    Plegarias de sanación interior y de liberación

    Oración de San Patricio para protección y sanación

    Encontrarse con Cristo Resucitado desde le corazón de María ¿Qué sentía María en esos momentos? ¿qué pensaba? ¿qué recuerdos le venían a la memoria? ¿qué le decía a Jesús? ¿cuál era su experiencia interior?

    Oracion al Señor por intercesión de San Pío de Pietrelcina

    padrepioOh Dios, que a San Pío de Pietrelcina, sacerdote capuchino, le has concedido el insigne privilegio de participar, de modo admirable, de la pasión de tu Hijo: concédeme, por su intercesión,
    la gracia de……. …que ardientemente deseo;
    y otórgame, sobre todo, que yo me conforme
    a la muerte de Jesús para alcanzar después la gloria de la resurrección.
    Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén (3 veces)