LA FALTA DE UNIDAD EN LA IGLESIA

 

por Pedro Kike Briceño (Notas) el Sábado, 5 de septiembre de 2009 a la(s) 19:00

 

  La unidad de la iglesia es parte esencial de su constitución en el cuerpo de Cristo.

Así como el cuerpo humano no puede ser dividido sin exponerlo a muerte, todo cisma y soberbia es fatal para la vida del cuerpo de Cristo. El sistema de las denominaciones es esencialmente humano y contrario a la voluntad de nuestra Cabeza. Un principio doctrinal no tiene importancia suficiente como para suplantar el nombre del Señor, que es el solo nombre que debe regir en su Iglesia. El hecho de que Dios haya usado una iglesia dividida no es razón para creer que él apruebe su división.

Hay, sin embargo, un mal mayor que el de las denominaciones, y es el que dentro de la misma denominación o congregación, hay frecuentemente disensiones y divisiones mayores que las existentes entre las iglesias y sectas. La unidad de la iglesia es destruida no sólo por cismas y por el espíritu sectario, sino también por envidias secretas, celos y contiendas entre el pueblo del Señor, que acusan falta de amor, que es la gracia suprema del cristianismo.
Una de las causas de todo esto en la Iglesia es la falta de santificación individual de sus miembros, pues los males apuntados provienen de la naturaleza vieja y pecaminosa, como el apóstol escribió a los corintios: «Pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no soy carnales, y andáis como hombres?». Y en otro lugar los compara a niños y les dice que no ha podido hablarles como a espirituales.

Otra causa de estas divisiones es el apego indebido a ciertos hombres, como hombres. El culto de los héroes de esta creación es una de las causas principales de este gran mal que ha dividido y debilitado el cuerpo del Señor. Los males apuntados dañan, primeramente, la cabeza. Como una herida, por leve que sea, en el miembro más pequeño de nuestro cuerpo, inmediatamente se comunica a la cabeza; así Cristo es herido por nuestros celos, envidias, contiendas.
Cuando herimos a los hermanos, herimos al Señor Jesús, y cuando el cuerpo es destrozado, la Cabeza sufre con dolor mortal. Hiriendo a los demás miembros de la Iglesia, nos herimos a nosotros mismos por el hecho de ser un cuerpo. Si un miembro sufre, todos sufrimos. Hay una ley de retribución que hace recaer sobre el autor de un hecho sus consecuencias. Muchas personas hay que están sufriendo de enfermedades, y otras muchas que están paralizadas en su vida espiritual como consecuencia de injusticias y agravios inferidos que debieron ser confesados con oportunidad.
En tercer lugar, herimos todo el cuerpo de Cristo, puesto que todos formamos parte del mismo cuerpo. La frialdad se debe en gran parte a estas divisiones. La pérdida de la fe apostólica y del poder que la acompaña se debe a la desunión de los fieles. Su organismo espiritual está destrozado.

Además, tal estado de cosas estorba al testimonio de la Palabra de Dios en el mundo. La unidad de la Iglesia fue designada por Cristo como un testimonio al mundo, y la ausencia de esta unidad es el obstáculo mayor con que los hombres tropiezan en su aceptación al evangelio. Un historiador inglés del Imperio Romano lo reconoció cuando dijo que la unidad de la Iglesia primitiva había sido un testimonio al mundo que no se podía contradecir. Mas ¡ay! No se puede decir lo mismo hoy día.

“Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos míos, por los que son de Cloe, que hay entre vosotros contiendas; Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo; pues yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿ó habéis sido bautizados en el nombre de Pablo?”

paz y bien

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Publicado el 26 abril, 2013 en iglesia, unidad y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Comentarios desactivados en LA FALTA DE UNIDAD EN LA IGLESIA.

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