Archivos diarios: 16 febrero, 2012

Cinco llaves para entrar en la Eucaristía

Autor: J.Leoz | Fuente: Pan y Vida
Cinco llaves para entrar en la Eucaristía
Sentarse, relajarse, olvidarse de lo que nos rodea, lleva a vivir la presencia escondida de Dios.

Cinco llaves para entrar en la Eucaristía
Silencio

El silencio es un poder. Sin él es muy difícil escuchar. Nuestras eucaristías son deficitarias en silencio. Parece como si nos violentásemos por el simple hecho de estar unos segundos sin decir nada.

El silencio es el ruido de la oración.

El silencio, después de la homilía, es interpelación.

El silencio, después de la comunión, es gratitud al Dios por tanto que nos ha dado.

En el silencio se llena todo de nuestras intenciones personales, peticiones o deseos.

La música o el canto, los símbolos y otras cosas secundarias, nunca pueden ser una especie de tapagujeros que hagan más “digerible” la eucaristía. El silencio no es ausencia de…., es cultivar un lugar para que Dios nazca.

Comtemplación

La Eucaristía se hace más sabrosa cuando se la contempla. En el horizonte inmenso todo parece igual, pero cuando los ojos quedan fijos en él, surgen detalles que a simple vista parecían no existir.

Con la Eucaristía ocurre lo mismo. Es un paisaje que puede parecer todos los días igual. Sentarse, relajarse, olvidarse de lo que rodea lleva al alma contemplativa, a la persona contemplativa a vivir una serie de sensaciones que es la presencia escondida de Dios.

Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile que me ayude”. Le respondió el Señor: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada”. (Lucas 10, 38-42).

Oración

La oración y la eucaristía van de la mano como la cerradura se acciona con la llave. La eucaristía. El diálogo con Jesús se hace más fecundo después de haber escuchado la Palabra de Dios. Para que la Eucaristía resulte vibrante, no es cuestión de recurrir a la ayuda puntual del ritmo maraquero o guitarrero. En el diálogo de las personas está el crecimiento personal y comunitario. En la oración reside uno de los potenciales más grandes para entender, comprender y vivir intensamente la Eucaristía.

“Cuando oréis, no seáis como los hipócritas que son amigos de rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas, para exhibirse ante la gente. Ya han cobrado su paga, os lo aseguro. Tú, en cambio, cuando quieras rezar, echa la llave y rézale a tu Padre que está ahí en lo escondido; Tu Padre que ve lo escondido te recompensará” (Mt. 6, 5-6).

Caridad

La fuente de la caridad perfecta es la Eucaristía. La fuente de la caridad que nunca se agota ni se cansa es la Eucaristía. En ella contrastamos nuestros personales egoísmos con las grandes carencias que existen en el mundo que nos rodea. Cada día que pasa es una oportunidad que Dios nos da para ofrecer algo o parte de la riqueza material o personal que podemos tener cada uno de nosotros.

Hay dos dimensiones que nunca podemos olvidar al celebrar la eucaristía: la caridad hacia Dios y la caridad hacia los hermanos. Amar a Dios con todo el corazón y con toda nuestra alma es subirse al trampolín, para saltar y amar, aunque se nos haga duro y a veces imposible, a los más próximos a nosotros. Y, esos próximos, ¡qué lejos los tenemos muchas veces del corazón y qué cerca físicamente!

Hoy, de todas maneras, está más de moda mirar horizontalmente al hombre que verticalmente acordarnos de que Dios existe.

«Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, cercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.” ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» El dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo».

Escucha

Cuando Dios habla no nos da simple información: se nos revela. Su Palabra es un escáner por el que vamos conociendo el corazón de Dios, sus sentimientos, sus pensamientos y, también, lo qué tiene pensado para cada uno de nosotros. Lo qué quiere de cada uno de nosotros.

El Antiguo Testamento nos prepara a la venida de Cristo. Las epístolas y otras lecturas nos ofrecen las reflexiones de San Pablo y de otros contemporáneos sobre Jesucristo, su vida y su mensaje. El Evangelio nos da la clave de cada encuentro eucarístico. Es el punto culminante de toda la Liturgia de la Palabra. Es en este momento, cuando puestos de pie rendimos homenaje presente en la Palabra.

Le reclamaba una vez por la noche al Señor: – “¿Por qué Señor no me escuchas?, si cada noche te hablo…” – “¿Por qué Señor no me atiendes?, cuando en cada momento te pido…” – “¿Por qué Señor no te veo?, si oro constantemente…” – “En esta noche Señor hablo y hablo contigo, mas no siento tu presencia, ¿por qué Señor no me tomas en cuenta?

A lo que Dios contestó: – “Cada noche escucho tu clamor, cada noche trato de atender, cada noche trato de hacerme ver delante de ti, y quisiera cumplir tus deseos. Pero me hablas y pides muchas cosas, las cuales escucho con atención, sin embargo, en cuanto terminas de agradecer y de pedir lo que necesitas, terminas tu oración, sin darme oportunidad de hablar”

Una conversación es un diálogo entre dos, muchas veces hablamos con Dios pero no nos damos un tiempo para escuchar su voz. ¿Alguna vez has tratado de hablar con alguien que no te deja decir ni una sola palabra? Pues bien, Dios quiere hacernos escuchar su voz y para eso necesita que le des la oportunidad de hacerlo, y solo entonces, al escuchar su voz y guardar silencio por un momento, tu oración será completa, y Dios cumplirá su promesa de darte todo aquello que pidas con fe.

Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumba enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero los preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.

sin amor …… todo es diferente

SIN AMOR

La inteligencia sin amor, te hace perverso(a).

La justicia sin amor, te hace implacable.
La diplomacia sin amor, te hace hipocrita.

El exito sin amor, te hace arrogante.

La riqueza sin amor, te hace avaro(a).

La docilidad sin amor, te hace servil.

La pobreza sin amor, te hace orgulloso(a).

La verdad sin amor, te hace hiriente.

La autoridad sin amor, te hace tirano(a).

El trabajo sin amor, te hace esclavo(a).

La sencillez sin amor, te envilece.

La oracion sin amor, te hace introvertido(a).

La ley sin amor, te esclaviza.

La fe sin amor, te hace fanatico(a).

La cruz sin amor, se convierte en tortura.

La vida sin amor, no tiene sentido…

SALVO NO SIEMPRE SALVO

mi Señor Jesus te dice ……

¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida?
Déjame el cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor.

Cuando te entregues a Mí, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios. No te desesperes, no me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos. Cierra los ojos del alma y dime con calma:

¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!

Evita las preocupaciones angustiosas y los pensamientos sobre lo que puede suceder después. No estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser DIOS y actuar con libertad. Entrégate confiadamente a Mí. Reposa en Mí y deja en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente:

¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!

Lo que más daño te hace es tu razonamiento y tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera. Cuando me dices, ¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!, no seas como el paciente que le dice al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar con mis brazos divinos, no tengas miedo, yo te amo. Si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando, cierra los ojos del alma y confía. Continúa diciéndome a toda hora:

¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!

Necesito las manos libres para poder obrar. No me ates con tus preocupaciones inútiles. Satanás quiere eso: agitarte, angustiarte y quitarte la paz. Confía sólo en Mí. Reposa en Mí. Entrégate a Mí. Yo hago los milagros en la proporción de la entrega y confianza que tienes en Mí. Así que no te preocupes, echa en mi todas tus angustias y duerme tranquilo. Dime siempre:

¡JESÚS YO CONFÍO EN TI!…

Y verás grandes milagros.

TE LO PROMETO POR MI AMOR.

Nociones elementales sobre la Biblia

Nociones elementales sobre la Biblia

La Biblia nos va a enseñar que la vida humana tiene sentido y que existe un Dios que es Creador y Salvador, Revelación de Dios que alcanza su plenitud en el Nuevo Testamento con la venida de Jesucristo, su predicación del Reino de Dios y sobre todo con su Pasión; Muerte y Resurrección, señal y prenda de la nuestra.

14/02/
Pedro Trevijano Etcheverria

Pedro Trevijano Etcheverria

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La palabra biblia viene del griego. Es el plural de la palabra biblion, que significa libro. Así pues, la palabra biblia significa libros.

La Biblia que manejamos, aunque sólo sea un libro, en realidad es como una pequeña biblioteca. Contiene 73 libros, escritos originariamente en hebreo y griego, con algunos fragmentos en arameo. Las biblias que nosotros usamos son traducciones, por lo que hay algunas diferencias entre ellas, porque cada una puede matizar de forma distinta la traducción del original, como sucede con las traducciones ordinarias. Dos pueden utilizar palabras distintas y sin embargo ambas están bien traducidas..

La Biblia actual está dividida en dos partes: 1ª) el Antiguo Testamento, con 46 libros, recoge la historia del pueblo de Israel desde sus orígenes hasta la época de Jesús. El Antiguo Testamento constituye prácticamente la Biblia de los judíos; 2ª) el Nuevo Testamento, con 27 libros, es el que hace referencia a Jesucristo. Contiene los cuatro evangelios de S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan, que narran la vida y enseñanzas de Jesús; los Hechos de los Apóstoles y las Cartas o Epístolas, que describen cómo eran los primeros cristianos, y el Apocalipsis.

En el proceso de formación de la Biblia podemos distinguir varias etapas: a) se producen unos acontecimientos o hechos históricos, b) sobre estos acontecimientos se reflexiona. Las personas religiosas lo hacen a partir de sus creencias y lo relacionan con Dios, dando así un significado religioso a lo que ocurrió; c) esta reflexión se transmite oralmente con el fin de comunicar una enseñanza religiosa; d) llega un momento en que esas tradiciones orales se ponen por escrito. Así surgen los diferentes libros, aunque haya pasado mucho tiempo, a veces siglos. Estos libros se leen en las celebraciones religiosas; e) todos esos libros se van reuniendo hasta formar la Biblia actual. La Biblia recoge casi 2.000 años de historia. Comienza con la figura de Abrahán (1.900 a.C.), recorre toda la historia del pueblo de Israel y termina con los acontecimientos de los primeros cristianos.

La Biblia comenzó a escribirse unos mil años antes de Cristo, tras la toma de Jerusalén por David. A partir de ese momento buena parte del pueblo termina con la vida errante, de nomadeo, y, por otra parte, les resulta conveniente tener documentos. Así empiezan a tener libros y se inicia también la escritura de la Biblia, que concluirá a finales del siglo I de la era cristiana.

Este largo período histórico se puede dividir en diez grandes etapas: 1. Patriarcas. 2. Éxodo. 3. Conquista de Canaán. 4. Monarquía. 5. División del reino. 6. Destierro. 7. Regreso del destierro. 8. Dominación griega. 9. Dominación romana. Vida de Jesús. 10. Primeros cristianos. Los libros que componen la Biblia fueron escritos en muy diversas épocas y con diversos géneros literarios. Llamamos géneros literarios a las diferentes maneras de expresarse de sus autores. He aquí algunos de los más utilizados en la Biblia: a) histórico; b) jurídico; c) profético; d) poético o sapiencial; e) epistolar; f) apocalíptico.

Lo más importante de la Biblia es el mensaje religioso que contiene; por eso no se debe considerar a la Biblia como un libro de historia o un libro científico. La intención de los autores era muy diferente: querían transmitir un mensaje religioso. De ahí que a la Biblia también se le llame Sagrada Escritura o también Palabra de Dios porque es Dios quien habla a las personas por medio de sus autores, aunque como Dios se sirve de personas humanas que son verdaderos autores de la Biblia con sus limitaciones propias también podemos decir que la Biblia es palabra humana y mensaje de Dios. En ella encontramos muchos mensajes para nuestra propia vida, como, por ejemplo, para qué vivimos, cómo hay que actuar, qué hay después de la muerte etc. La Biblia nos va a enseñar que la vida humana tiene sentido y que existe un Dios que es Creador y Salvador, Revelación de Dios que alcanza su plenitud en el Nuevo Testamento con la venida de Jesucristo, su predicación del Reino de Dios y sobre todo con su Pasión; Muerte y Resurrección, señal y prenda de la nuestra.

P. Pedro Trevijano, sacerdote

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