Archivos diarios: 7 junio, 2011

¿Qué es Pentecostés? – Encuentra.com

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¿Qué es Pentecostés?

‘Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados. . . ‘ (Jn 20,21)

Pentecostés, cincuenta días después de la fiesta pascual, cincuenta días de espera que se hacía cada vez más intensa a partir, sobre todo, del día de la Ascensión. Ha sido un período de preparación al gran acontecimiento de la venida del Paráclito. El día de Pentecostés, se rememora ese momento en que se inicia la gran singladura de conducir a todos los hombres a la vida eterna, actualizar en cada uno los méritos de la Redención.

En efecto, con su venida, los apóstoles recuperan las fuerzas perdidas, renuevan la ilusión y el entusiasmo, aumentan el valor y el coraje para dar testimonio ante todo el mundo de su fe en Cristo Jesús. Hasta ese momento siguen con las puertas atrancadas por miedo a los judíos. Desde que el Espíritu descendió sobre ellos las puertas quedaron abiertas, cayó la mordaza del miedo y del respeto humano. Ante toda Jerusalén primero, proclamaron que Jesús había muerto por la salvación de todos, y también que había resucitado y había sido glorificado, que sólo en Él estaba la redención del mundo entero. Fue el primer atrevimiento que pronto suscitaría una persecución que hoy, después de veinte siglos, todavía sigue en pie de guerra. Porque hemos de reconocer que las insidias de los enemigos de Cristo y de su Iglesia no han cesado. Unas veces de forma abierta y frontal, imponiendo el silencio con la violencia. Otras veces el ataque es tangencial, solapado y ladino. La sonrisa maliciosa, la adulación infame, la indiferencia que corroe, la corrupción de la familia, la degradación del sexo, la orquesta- ción a escala internacional de campanas contra el Papa.

Las fuerzas del mal no descansan, los hijos de las tinieblas continúan con denuedo su afán demoledor de cuanto anunció Jesucristo. Lo peor es que hay muchos ingenuos que no lo quieren ver, que no saben descubrir detrás de lo que parece inofensivo, los signos de los tiempos dicen a veces, la ofensiva feroz del que como león rugiente merodea a la busca de quien devorar.

Pero Dios puede más. El Espíritu no deja de latir sobre las aguas del mundo. La fuerza de su viento sigue empujando la barca de Pedro, las velas multicolores de todos los creyentes. De una parte, por la efusión y la potencia del Espíritu Santo, los pecados nos son perdonados en el bautismo y en la penitencia. Por otra parte, el Paráclito nos ilumina, nos consuela, nos transforma, nos lanza como brasas encendidas en el mundo apagado y frío. Por eso, a pesar de todo, la aventura de amar y redimir, como lo hizo Cristo, sigue siendo una realidad palpitante y gozosa, una llamada urgente a todos los hombres, para que prendan el fuego de Dios en el universo entero.

El Espíritu Santo, que Dios había prometido a los profetas para cambiar el corazón de los hombres, ha llegado. Ahora conocemos a fondo a Jesús y nuestra conducta cambia. Ahora no sólo hablamos de Jesús sino que obramos como Jesús. Hemos sido transfiormados, conocemos la voluntad de Dios y poseemos la fuerza para dar testimonio del Evangelio. Tenemos una misión que cumplir en el mundo y contamos con la fuerza suficiente para llevarla a cabo. El Espíritu Santo es el amor que nos estrecha con el Padre, con Jesucristo y entre nosotros. Ya no caben aislamientos, segregaciones, sino comunión en el amor. No divisiones,sino unidad. San Agustín nos recuerda que «cada uno de nosotros puede saber cuánto posee del Espíritu de Dios, según el amor que siente por la Iglesia». Aún con lodo, nuestro poseer el Espíritu Santo no es tanto una realidad acabada, cuanto una semilla en evolución que alcanzará su plena madurez cuando seamos definitivamente transformados en Cristo.

El Señor dijo a los discípulos: Id y y sed los maestros de todas las naciones; bautizadlas en el nombre del Padre y del Hijo Y del Espíritu Santo. Con este mandato les daba el poder de regenerar a los hombres en Dios.

Dios había prometido por boca de sus profetas que en los últimos días derramaría su Espíritu sobre sus siervos y siervas, y que éstos profetizarían; por esto descendió el Espíritu Santo sobre el Hijo de Dios, que se había hecho Hijo del hombre, para así, permaneciendo en él, habitar en el género humano, reposar sobre los hombres y residir en la obra plasmada por las manos de Dios, realizando así en el hombre la voluntad del Padre y renovándolo de la antigua condición a la nueva, creada en Cristo.

Y Lucas nos narra cómo este Espíritu, después de la ascensión del Señor, descendió sobre los discípulos el día de Pentecostés,

con el poder de dar a todos los hombres entrada en la vida y para dar su plenitud a la nueva alianza; por esto, todos a una, los discípulos alababan a Dios en todas las lenguas al reducir el Espíritu a la unidad los pueblos distantes y ofrecer al Padre las primicias de todas las naciones.

Por esto el Señor prometió que nos enviaría aquel Abogado que nos haría capaces de Dios.Pues, del mismo modo que el trigo seco no puede convertirse en una masa compacta y en un solo pan, si antes no es humedecido, así también nosotros, que somos muchos, no podíamos convertirnos en una sola cosa en Cristo Jesús, sin esta agua que baja del cielo. Y, así como la tierra árida no da fruto, si no recibe el agua, así también nosotros, que éramos antes como un leño árido, nunca hubiéramos dado el fruto de vida, sin esta gratuita lluvia de la alto.

Nuestros cuerpos, en efecto, recibieron por el baño bautismal la unidad destinada a la incorrupción, pero nuestras almas la recibieron por el Espíritu.

El Espíritu de Dios descendió sobre el Señor, Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de fortaleza, Espíritu de ciencia y de temor del Señor, y el Señor, a su vez, lo dio a la Iglesia, enviando al Abogado sobre toda la tierra desde el cielo, que fue de donde dijo el Señor que había sido arrojado Satanás como un rayo; por esto necesitamos de este rocío divino, para que demos fruto y no seamos lanzados al fuego; y, ya que tenemos quién nos acusa, tengamos también un Abogado, pues que el Señor encomienda al Espíritu Santo el cuidado del hombre, posesión suya, que había caído en manos de ladrones, del cual se compadeció y vendó sus heridas, entregando después los dos denarios regios para que nosotros, recibiendo por el Espíritu la imagen y la inscripción del Padre y del Hijo, hagamos fructificar el denario que se nos ha confiado, retornándolo al Señor con intereses.

ESPECIAL: PENTECOSTÉS
Video 1: Misa de Pentecostés – 11/05/2008
Como un nuevo Pentecostés
Con María, esperando el Pentecostés
María dentro de la Iglesia de Jerusalén en los días de Pentecostés
Efectos del Espíritu Santo el día de Pentecostés
Para motivar la fiesta de Pentecostés
La cincuentena pascual
Benedicto XVI.: Ángelus
Benedicto XVI: Australia 2008

– Enviado mediante la barra Google”

El purgatorio es una realidad espiritual y bíblica

¿Existe el Purgatorio?

La doctrina del purgatorio fue rechazada desde la reforma protestante, ninguna congregación protestante acepta esta doctrina ¿Por qué? Porque nunca han comprendido qué significa, muchos hermanos separados piensan que creemos que es otro tipo de infierno, otros creen que decimos que es un estado intermedio entre condenación y salvación y que todos debemos pasar por ahí, o que la mayoría vamos a pasar por ahí, pero nada de esto es cierto y nunca lo hemos dicho.

El purgatorio no es otra cosa que una purificación personal que algunos pasan antes de entrar en la presencia de Dios.

DIOS AMOROSO Y JUSTO A LA VEZ

Como cristianos sabemos que tenemos un Dios que es amor, que no condena a nadie, pero a la vez tenemos un Dios que hace justicia, sabemos que Dios salva hasta al más malo de este mundo, pero no por el hecho de salvarlo tiene que dejar la justicia de lado. Dios purifica por medio de la sangre de Jesús a todo pecador (Hb 1,3) (1 Jn 2,2) (Jud 24) pero el interior de ese pecador siempre hay vicios, malas mañas, rencores etc. es por eso que muchos de nosotros ocupamos una corrección de eso en esta vida o en la otra si no practicamos la santidad, de lo contrario con esas cosas encima no podemos entrar en el cielo.

Sir 16,12… pues su misericordia es tan grande, como tan grande es su justicia…
Jesús nos invitó a ser perfectos (Mt 5,48) y no lo dijo por simplemente decirlo, sino porque sabe que la santidad es un requisito para ver a Dios, esto mismo lo sostuvo san Pablo.

Hb 12,14… procurad la santidad, pues sin ella nadie verá al Señor…

Sin santidad nadie verá al Señor, pero no significa que nada mas las personas que practican la santidad y perfección (juntamente con su fe) verán a Dios, en eso estamos de acuerdo, entonces ¿Alguien podría explicarnos que pasa con las personas que mueren en amistad con Dios pero no practicaron la santidad debidamente? éste es el principal razonamiento que nos hace pensar en un estado espiritual en el que el hombre se purifica personalmente antes que entrar a la presencia de Dios.

El purgatorio no es un lugar físico, pues allá nadie se lleva su cuerpo, me han preguntado que cómo es el purgatorio, y al no tener la respuesta, dicen que por lo tanto no existe. Entonces, si de a saber cómo son las cosas para creer en ellas estos hermanos ya han de saber cómo es el Infierno (cosa que no creo) pues creen en él, ellos podrían decir que es un lugar donde va la gente a quemarse eternamente, pero no, pues el fuego del infierno no quiere decir que el infierno sea un lugar de fuego, sino que la Biblia lo representa así porque el fuego es un símbolo de tormento. Así mismo, creemos que el purgatorio es un lugar espiritual donde sufres para ser santo y perfecto y así poder entrar en la presencia de un Perfectamente Santo como lo es Dios.

Dicen los hermanos separados que la palabra purgatorio no existe en la Biblia, claro que no todas las palabras están en la Biblia, pues la Biblia no es un diccionario, la palabra purgatorio es una terminación bíblica que utilizamos para mencionar la purificación que pasan algunos hermanos salvados antes de entrar en la presencia de Dios. Los hermanos separados citan textos donde se habla de condenación o salvación, y por tanto concluyen que no hay estado de purificación, citan comúnmente los textos de Mt 12,36-37, Mt 23,14, Lc 16,26, Jn 3,18, Rm 5,12-21, 1 Co 15,21-22, esto nos haría pensar que cuando las escrituras nos hablan de que nadie que no sea santo entrará en la salvación, y claro que muchos hermanos se creen ya salvos, entonces automáticamente se auto nombran puros y santos.

Nadie ha dicho que el purgatorio sea un lugar eterno, pues nadie se queda ahí por la eternidad, por eso la Biblia nos habla nada mas de dos destinos eternos, que es el cielo y el infierno, sin contradecir al estado de purificación temporal que a continuación vamos a ver.

Jesús hablando del reino de los cielos (salvación) dijo está parábola:

Mt 18,23-35… Por lo cual, el Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Cuando comenzó a hacer cuentas le fue presentado uno que debía diez mil talentos, a este, como no pudo pagar, ordenó su señor venderlo junto con su mujer e hijos y todo lo que tenía, para que le pagara la deuda. Entonces aquel siervo, postrado le suplica diciendo: Señor ten paciencia conmigo y yo te pagaré todo. El señor de aquel siervo movido a misericordia, lo soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo el siervo, halló a uno de sus consiervos que le debía cien denarios, y agarrándolo le ahogaba diciendo: págame lo que me debes. Entonces su consiervo postrado a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo y yo te lo pagaré todo. Pero él no quiso, sino que fue y le metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron y le dijeron al señor todo lo que había pasado. Entonces llamándolo su señor le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor enojado lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que le debía. Así también hará mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de todo corazón cada uno a sus hermanos sus ofensas.

Si Jesús está hablando del Reino de los cielos, el encierro que pasa este hombre para eliminar su rencor no pude ser el infierno, puesto que de ahí nadie sale, tampoco el siervo se pudo ganar el cielo solamente con el perdón que otorgó el Señor, tuvo que enderezar lo que estaba torcido en él como en este caso el rencor (no perdonar), y no iba a salir hasta que pagara todo lo que debía, si no puede ser el cielo ni el infierno, ese estado espiritual o lugar solo puede ser lo que llamamos purgatorio. Un hermano separado me dijo que ese texto es un “cuento” para decirle a la gente que debe ser misericordiosa, pero yo no me imagino a Jesús perdiendo el tiempo contando cuentos, ni mucho menos creo que las parábolas del reino de los cielos tengan cuentos que solo sean terrenales. Más bien las parábolas del Reino de los cielos son imágenes de una realidad espiritual de lo que pasará en la otra vida, y que sólo la gente espiritual puede comprender.

Sabemos que esta es una parábola, pero las parábolas no son simples cuentos, sino que llevan un mensaje de una realidad en otras palabras. Jesús mismo nos dice que hay pecados que no se perdonan ni en esta vida ni en la otra (Mt 12,32), por tanto, si hay otra vida después de la muerte en la que se puedan perdonar los pecados no puede ser el cielo ni el infierno, ya que en el cielo ya hay puras almas perdonadas, y en el infierno ya no se puede conseguir ningún perdón.

San Pedro nos habla de que Jesús fue espiritualmente a predicar a los espíritus encarcelados (1 Ped 3,19), estos espíritus no pueden estar en el infierno, pues los que están en el infierno están fuera de toda posibilidad de volver con Dios, y definitivamente no estaban en el cielo pues eran espíritus de personas desobedientes (v 20) ¿Donde más podrían estar encarcelados?

Los hermanos separados también citan el ejemplo del ladrón que crucificaron con Jesús, y Jesús lo salvó (Lc 23,37) que en nada contradice la purificación, pues Jesús es Señor de la Biblia, no la Biblia la regla de Jesús. Aquí los sufrimientos y la fe del ladrón sirvieron para hacerlo santo, de eso no tenemos duda.

Por cuestión de la doctrina del purgatorio los hermanos separados nos acusan de no creer en la Sangre de Cristo, citando Col 2,14-22. Claro que Cristo ha liquidado nuestras deudas, nos ha conseguido el perdón pero personalmente nuestras obras serán juzgadas y recibirán recompensa o purificación, san Pablo, hablando de la salvación personal, dice que nuestra obra será juzgada, y algunos nos salvaremos pasando por el fuego, además Col 2,22 habla del pueblo de Dios que se ha purificado con la Sangre de Cristo definitivamente, no de la salvación personal.

1 Co 3,13-15… la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la pondrá al descubierto, pues por el fuego será revelada. La obra de cada uno, sea lo que sea, el fuego la probará. Si permanece la obra de cada uno que sobreedificó, él recibirá recompensa. Si la obra de cada uno se quema, él sufrirá perdida, si bien, él mismo será salvo, aunque así como por fuego

¿Qué fuego podría ser éste? claro que el fuego del infierno no puede ser, pues si nos vamos a salvar no pude ser el infierno, este fuego no puede ser otro más que el amor de Dios que nos abraza y purifica nuestra obra, la sangre de Cristo nos ganó la salvación, pero no nos hacemos santos y puros personalmente solo por creer en Cristo, Muchos hermanos creen (como vimos en el subtema de la justificación) que se hacen puros superficialmente por la sangre de Cristo, pero entonces lo de adentro de nosotros seguiría siendo impuro y así no podemos entrar al cielo aunque estemos salvados (Ap 21,27). Entonces tendremos que limpiar nuestro interior, pues Dios no es tonto para no ver que posiblemente alguna parte de nuestro interior está impuro.

San Pablo mismo creía que sus sufrimientos en la tierra se acoplaban a los sufrimientos de la Cruz del Señor (Col 1,24) (Rm 12,1) (1 Co 9,7) inclusive fue san Pablo mismo el que pidió a Dios por un muerto:

2 Timoteo 1,16-18… Tenga el Señor misericordia de Onesíforo y de su familia, pues muchas veces me confortó y no se avergonzó de mis cadenas, sino que cuando estuvo en Roma, se puso a buscarme hasta que me encontró. Concédale el Señor que alcance misericordia ante el Señor aquel día; tú conoces mejor que nadie los servicios que me prestó en Éfeso…

Si san Pablo pide misericordia por Onesíforo que ya había muerto (2 Tim 4,19) es porque san Pablo sabe que puede haber ido a un lugar o estado espiritual que no es ni el cielo ni el infierno, ya que si las almas al momento de morir fueran solo a esos 2 lugares ya no se tendría que orar por ningún muerto, ¿qué caso tiene orar por un alma que está en el cielo o en el infierno?. En el cielo y en el infierno ya no necesitamos más de la misericordia de Dios, ahí ya estamos con él, o lejos de él. Si morimos con rencores, maldades, egoísmos, pero morimos en salvación, somos perdonados, pero todavía no estamos listos para entrar en la presencia de alguien tan santo como Dios, por eso pedimos por los difuntos como san Pablo pidió por Onesíforo, para que el Señor lo admita a contemplar la luz de su rostro y tenga misericordia para con él el día del juicio.

San Juan Crisóstomo, uno de los mejores doctores de la Iglesia escribió con respecto al tema.

San Juan Crisóstomo, año 380 d.C. “Homilía in Corintios”

A los muertos, llevémosles socorro y hagamos su conmemoración, si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (Job 1,5) ¿Por qué habremos de dudar que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos en socorrer a los que han partido y ofrecer nuestras plegarias por ellos.

San Cirilo de Jerusalén, año 350 d.C. “Lecturas Catequistas”

Cap. XXIII, 11… Del mismo modo, también nosotros presentamos súplicas a Dios por los difuntos, aunque sean pecadores. Y no ofrecemos una corona, sino que ofrecemos a Cristo muerto por nuestros pecados, pretendiendo que el Dios misericordioso se compadezca y sea propicio tanto con ellos como con nosotros.

CONCLUSIÓN

El purgatorio es una realidad bíblica, y sostenido por la Iglesia primitiva, nadie supuso la no existencia del purgatorio hasta que apareció Martín Lutero. El purgatorio es para los salvos por la gracia de Dios, así como tenemos un Dios que pagó por nuestros pecados, al mismo tiempo con su gran amor quiere que entremos purificados en la nueva Jerusalén, el purgatorio es parte de la gran misericordia de Dios, pues hasta el más malo de este mundo puede ser salvo, pero la misericordia de Dios no impide su justicia.

La Iglesia nunca ha dicho que todos tengamos que pasar por el purgatorio antes que entrar a la presencia de Dios, esa es una creencia que muchos hermanos separados divulgan sin que nosotros lo hayamos dicho. En esta vida estamos acostumbrados a sufrir, el sufrimiento es utilizado por Dios para traernos a él (Mt 16,24), para que nos acordemos de él, muchas veces nuestras enfermedades ayudan a que la santidad de Dios obre en nosotros y así lleguemos plenos a su presencia, pero cuando ni aun en nuestras enfermedades y aflicciones nos arrepentimos, solo podemos confiar en la misericordia y el amor de Dios. ¿Por qué hablo de sufrimiento si Cristo ya sufrió por nosotros? La respuesta es esta, Cristo sufrió por nuestros pecados, pero para nosotros dejar nuestros vicios, mañas y malas actitudes siempre conlleva a sufrir algún cambio, no específicamente hablo de sufrimientos físicos, sino que dejar nuestras malas actitudes muchas veces cuestan un serio sacrificio, claro que cuando algún borracho se muere ya no tendrá ese vicio corporalmente, pero su mente y su alma están manchadas, los vicios no nacen del cuerpo sino de nuestro corazón y mente, pues cuando morimos, todo eso se va con nosotros a la presencia del Señor y aquello que no corregimos en esta vida, ha de ser corregido en la otra y purificada por la Sangre de Cristo. Dios no condena a nadie, uno es quien se condena a sí mismo, pero cuando queremos estar con Dios pero mal gastamos nuestra vida, ahí es donde por fuerza creemos en un estado de purificación después de este mundo.

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“Dios no va a sentar en su mesa a un asesino y al asesinado juntos, sin antes haber hecho justicia, es por eso que la idea de un purgatorio es tan obvia como necesaria.”

Papa Benedicto XVI
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“El peor sufrimiento del purgatorio es ver que se retrasa nuestro encuentro con Dios, que con ansia esperamos.”
Jorge Loring, Jesuita español.

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“El purgatorio, es que cuando vas camino al cielo, recibes el fuego abrazador de Dios que te purifica.”
Dr. Fernando Casanova, Ex pastor pentecostal