Archivos diarios: 10 marzo, 2011

EL CAMINO DE LA CUARESMA

EL CAMINO DE LA CUARESMA

Javier Leoz

1.Las piedras del camino de la cuaresma son las fragilidades de nosotros. Son los obstáculos que nos impiden vivir totalmente en Dios y, por añadidura, los que proporcionan sufrimiento a los demás. El sacramento de la penitencia ayuda a romper con aquellas cargas insoportables que, Dios, perdona y olvida. Lo que no favorece a las piedras de la cuaresma es el egoísmo y la soberbia.

2.La arena del camino de la cuaresma es la oración. En nuestro trayecto hacia la Pascua no vamos solos. Jesús nos escucha y, además, nos habla. Para ser interlocutor de Dios y, para que El sea el nuestro, hace falta que creamos en El, que esperemos en El, que lo sintamos junto a nosotros. El competidor de la arena cuaresmal es el olvido de Dios.

3.La pendiente del camino la cuaresma es la penitencia. Nos ayuda a despojarnos de lo que nos paraliza y nos desestabiliza espiritualmente. Todo atleta, para llegar a la meta, abraza el esfuerzo como remedio para sus ideales. Nuestro deseo de llegar a la cumbre de la Pascua la expresamos visiblemente (no para que nos vean) por la penitencia. El contrincante de esta subida hacia la Pascua es la pereza, la comodidad.

4.El agua del camino de la cuaresma es la Palabra de Dios. Jesús tiene Palabras que son agua viva y que se convierten en alimento que sacia toda sed, en respuesta a todos nuestros interrogantes. El peor enemigo del agua viva de Jesús son otros sucedáneos que, desde el borde del camino, nos ofrece la sociedad del consumo.

5.El silencio del camino de la cuaresma es el encuentro personal con Cristo. Para conocer a un amigo es necesario escucharlo, pasar horas con él, interesarnos por su vida. La cuaresma nos ofrece un singular regalo: el silencio como camino hacia la reflexión y como senda para llegar hasta Jesús. El adversario del silencio es la distracción.

6.El cayado del camino de la cuaresma es la Iglesia. En ella nos apoyamos y nos sentimos hijos de Dios y hermanos en la misma fe. En ella celebramos el Misterio Pascual y, en ella, nos sentimos miembros de un gran cuerpo que es el de Jesucristo. Un gran enemigo del cayado de la cuaresma es el laicismo puro y duro.

7.La ayuda en el camino de la cuaresma es la caridad. Sin caridad, la vida cristiana, queda coja y no adquiere el brillo deseado en un cristiano. El mandamiento del amor es un canto que aprende y repite constantemente el peregrino que se encamina hacia la Pascua. El adversario de la caridad es la avaricia personal.

8.El final del camino de la cuaresma es la Pascua. Por ella nos aventuramos a recorrer y vivir estos 40 días de oración, ayuno y penitencia. Morir y resucitar con Cristo es lo que vemos al final del repecho cuaresmal. Aguardándonos la vida no nos importa ser disciplinados por el camino, desprendidos en el camino y orantes en el camino. Jesús nos aguarda y, si podemos llegar ligeros de equipaje, estaremos más aptos para ayudarle a llevar la cruz. El enemigo de la Pascua es la muerte, el pensar que ella tiene la última palabra

9.Los abismos del camino cuaresmal son las tentaciones. La comodidad, el conformismo y la pereza ante el cambio causan graves problemas de obesidad y de movimiento que nos impiden avanzar con prontitud. Para vencer a la tentación es necesario poner a Dios como único Rey y Señor. El enemigo de la tentación: la fortaleza

10.El motor del camino cuaresmal es el corazón. Un corazón encerrado en la admiración y cuidado del propio yo es un corazón incapaz de amar. Tenemos que recordar constantemente que el amor es la identidad de los que son discípulosdel Señor Jesús. El amor nos lleva a compartir con los otros la carrera de la vida y es ayuda a los rezagados, que han perdido el aliento o que se han accidentado. El enemigo del corazón es la falta de sentimientos

Anuncios

cuaresma 2011

RELACION CON DIOS. ¿Cuántas veces recurres al día a la vitamina de la oración? ¿Es la llave de tus días y el cerrojo de tus noches? ¿Eres consciente que, con la oración, ejercitas tu piedad, tus detalles con el Señor?

VISION DEL SEÑOR. ¿Reconoces al Señor en los que te rodean y, especialmente, en los más necesitados? ¿Sueles utilizar gafas oscuras para ver sólo aquello que te conviene y menos hiere tu sensibilidad espiritual?

LA PAZ CON DIOS ¿Tienes asignaturas pendientes con alguien cercano o lejano? ¿Te cuesta ofrecer tu perdón o, si lo ofreces, recordar que tú has sido el que ejerció la misericordia?

EL PERDON CON JESUS. La convivencia, la seducción, las prisas….nos hacen caer con frecuencia en el pecado. ¿Cuánto hace que no practicas la confesión sacramental? ¿Que ya lo haces directamente con Dios? ¿Te imaginas que, ante una enfermedad grave, tú mismo te automedicaras?

EL AYUNO DE PALABRAS. El mundo es un volcán de palabras. Muchas de ellas son ofensivas y otras tantas vacías de contenido. ¿Cómo son tus expresiones? ¿Eres exigente a la hora de seleccionar una lectura, una emisora que te haga crecer interior y exteriormente como cristiano?

LA SOBRIEDAD EN LA VIDA. La crisis nos hace caer en la cuenta de que, tal vez, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que, el becerro de oro, es eso: oro que no garantiza la felicidad permanente ni verdadera. ¿Prácticas la austeridad en aquello que es secundario e innecesario?

LA CARIDAD CON EL SEÑOR. Como cristianos sabemos que la caridad es un deber. Elegir la forma y el método es cosa de cada uno. ¿Utilizas algún medio eclesial para que llegue tu generosidad a los más pobres?

LA ESCUCHA DEL ESPIRITU. Sometidos a una invasión de decibelios nuestros oídos suelen ser tercos para escuchar lo esencial. ¿Estás atento a la Palabra de Dios? ¿Llegas con puntualidad a la eucaristía? Para testimoniar a Cristo, primero hay que conocerlo.

EL DINAMISMO DE LA FE. Hay caminos que nos llevan al cielo y, otros, que nos alejan de él. ¿Cuánto hace que no mides los kilómetros recorridos por los senderos de la fe? ¿Qué durezas han aparecido en las plantas de tus pies que te impiden caminar con libertad, coherencia y valentía? ¿Tal vez el egoísmo, la avaricia, la comodidad, la pereza?

EL CORAZON. Cuando nos levantamos solemos asearnos y arreglar el pelo pero, por otra parte, no siempre cuidamos el corazón. ¿Sientes al Señor en tu interior? ¿Le has dejado la mejor habitación para él? ¿Eres consciente de que “un infarto espiritual” consigue que tu corazón siga funcionando pero sólo para el cuerpo y no para Dios?

LA CRUZ DE NUESTRO HOMBRO. Rodeados de diversos acontecimientos dolorosos y superados por otros tantos dramas internacionales, corremos el riesgo de no ser sensibles a la cruz. De conformarnos con la propia. Recuerda que, Dios, nunca nos ofrece sino aquella carga que podemos soportar. Y, cuando somos alivio en la de los demás, entonces el Señor refuerza nuestro hombro

LOS PASOS DE UNA BUENA ORACION DE SANIDAD

LOS PASOS DE UNA ORACION DE SANACION

https://i2.wp.com/3.bp.blogspot.com/_Ojbybw0P1RQ/Sfe40TcQhII/AAAAAAAAACc/jCIdnKPDlmM/s400/JESUS+SANANDO.jpg

LOS PASOS DE UNA ORACION DE SANACION
No siempre resulta fácil entrar en una dinámica de oración para sanar heridas que tenemos en nuestro interior. Siempre que no haya experiencia y práctica, necesitamos que alguien nos ayude, que nos dé ciertas pautas para desarrollar adecuadamente la oración de sanación. Y ello vale tanto para las personas que dirigen la oración como para uno mismo.

Por este motivo creemos bueno copiar “Los pasos de una oración de sanación” del P. Víctor Manuel Fernández en su libro “Sanar un amor herido”.

“Para llegar al perdón profundo y a la sanación, normalmente hay que seguir un proceso. A continuación veremos los pasos de ese proceso. Pero esto no significa que en todos los casos éste sea el orden más conveniente, ya que la sanación no funciona como una operación matemática. Todos los seres son distintos y hay que evitar establecer las leyes absolutas, como suelen hacer algunos “falsos maestros” que dicen: “Si no hace esto no se sanará”. No podemos encasillar a Dios en nuestros esquemas y en nuestras experiencias, ni podemos pretender que todas las personas se ajusten a nuestros moldes.
Para algunas personas es más clave uno de los momentos de este proceso de sanación, y para otra persona es más importante otro de los pasos. Incluso, podría repetirse alguno de los pasos porque se descubre que se logró una mayor apertura para profundizarlo más. Por ejemplo: luego del perdón al hermano se puede volver al perdón a sí mismo, porque había un sentimiento de inferioridad por no haber recibido amor de otra persona. Luego de haber perdonado a esa persona, se puede lograr con más sinceridad el perdón a sí mismo, la autoaceptación.
De todos modos, vamos a proponer un posible orden en la oración de sanación, que podría ser útil en la generalidad de los casos:
a. Invocar insistentemente al Espíritu Santo.
    .Además, intentar liberarse de las distracciones y centrarse en el Señor. Distender el cuerpo. Puede ser bueno respirar profundo varias veces, y también cantar algo agradable. Permitir así poco a poco que el Espíritu Santo vaya tomando posesión de todo nuestro ser y ore en nosotros.

b. Recordar cosas que nos ayuden a reconocer el amor de Dios.

    .Experimentar que el propio ser está sostenido porque Dios lo crea a cada instante por amor, que Dios ama mi existencia y por eso estoy vivo. Recordar que él me ama así como soy, porque soy obra suya y él me planeó así desde toda la eternidad. Pero quiere que yo logre ser más feliz.

    Recordar los textos bíblicos que hablan sobre el amor de Dios. Cantar, para lograr al menos mínimamente gozar del amor de Dios.

c. Descubrirse “reconocido ” por Dios.

Para hablar con otro hay que saber que el otro está atento a lo que le digo, que me mira, que tiene interés en escucharme, que no está distraído ni lejano. De otro modo sería como hablar con una pared o como hablar con uno mismo, no con él.

Por eso, si quiero de verdad hacer una oración de sanación y no simplemente una terapia psicológica o una técnica superficial, tengo que disponerme a orar, a dialogar con otro, con Dios. Pero para lograrlo, primero tengo que sentirme descubierto, reconocido por él, que me ama, que me mira con amor y respeto. Cuando María Magdalena fue al sepulcro, vio a Cristo resucitado, pero no lo reconoció hasta que Cristo le dijo: “¡María!”. Es decir, cuando se sintió reconocida. Lo mismo sucede en nuestra oración. Lo primero es entrar en la presencia del Señor que nos conoce y nos reconoce, que está atento a nuestras palabras. Sólo así podemos reconocerlo nosotros a él y dialogar.

d. Dialogar sinceramente y de corazón.


Si queremos tener un verdadero diálogo de amigos con Dios, eso me exige tratarlo como amigo: con absoluta sinceridad. Pretender ocultarle algo de lo que llevamos dentro es una ilusión. Por lo tanto, una señal de confianza es decirle sinceramente lo que sentimos hacia él. Porque aunque sabemos que él es puro amor y que no hace daño, nosotros podemos “sentirnos” defraudados por él, que nos abandonó, que no se preocupa de nosotros. Pero hay que decírselo en oración tal como lo tenemos dentro. Así descargamos nuestro interior revuelto, sabiendo que a él no lo dañamos, y le damos la oportunidad, con nuestra sinceridad, de convencernos de su amor. Con nuestra sinceridad le damos la posibilidad de dialogar con nosotros, de “seducir” nuestro interior y atraernos hacia él. Sólo así es posible reconciliarnos y recuperar la paz con él.

e. Y si hemos podido discutir con Dios, también tenemos que llegar a ‘perdonarlo “.

Toda reconciliación culmina cuando podemos decir con todo el corazón: “Yo te quiero”, “yo te perdono”. Por eso, también en esta oración, tenemos que lograr decir sinceramente a Dios: “Yo te perdono”.

Sabemos con nuestro intelecto que él no es culpable, pero no somos sólo intelecto. Nuestros sentimientos a veces lo sienten culpable. Por eso, tenemos que destruir esos sentimientos negativos, y desde los sentimientos decir a Dios: “yo te perdono”, y abrazarlo espiritualmente con un beso de
reconciliación.

También cabe aquí pedirle perdón por haberlo culpado injustamente y no haber dado lugar a su amor.

f. Perdón a sí mismo

Luego de reconciliar nuestros sentimientos con Dios, tenemos la base para poder aceptarnos y perdonarnos a nosotros mismos.

Recordamos una vez más el amor del Señor, nos imaginamos abrazados por Cristo con toda su ternura, y nos decimos a nosotros mismos: “Juan (tu nombre), yo te acepto así como eres, porque tu ser es obra del Señor; y yo te perdono por no haber sido perfecto, por no haber sido siempre bueno, y especialmente por (mencionar algo que nos lleva a culparnos a nosotros mismos); y con el amor de Jesús te quiero”.
Abrazarme con ternura a mí mismo sabiendo que a través de ese abrazo Cristo mismo me acepta y me da su amor.
g. Perdón al otro
Ahora trato de perdonar uno por uno a los que me desilusionaron o me hicieron daño.
Pido a Cristo la gracia de querer perdonar y de amarlos con su amor.
Es útil recordar las motivaciones que tenemos para perdonar.
Cuando me sienta dispuesto, hago en voz alta la oración de perdón, imaginando el rostro de la persona, diciendo su nombre, y diciendo qué es lo que le perdono. Es importante agregar que lo libero de tener que sufrir por lo que me hizo y que acepto compartir con él la felicidad del cielo, y decir todo esto a Jesús como una respuesta al amor que él me dio en la cruz.
Finalmente, expresar este perdón orando por esa persona y pensando algún gesto de amor que podré hacer para que se dé cuenta de que no le guardo rencor.
Si se trata de una persona que no acepta darme un amor que yo le reclamo, es importante darle un abrazo imaginario, lleno de cariño, y decirle que lo libero de tener que darme su amor. Si no puedo hacerlo, no se trata aquí de una falta de perdón, sino de liberarme de una obsesión afectiva, cosa que no podemos tratar aquí, pero puede indicar que no hemos abierto el corazón sinceramente al amor de Dios. Él ha estado llamando a mi puerta para llenarme de su amor y llenar mis huecos afectivos, pero ese lugar está ocupado por una obsesión afectiva que no quiero abandonar y el Señor no entra en los lugares que no le permitimos ocupar.”