Archivos diarios: 20 noviembre, 2010

Martin Valverde – Gloria

Cristo es el Rey del universo y de cada uno de nosotros

“Fiesta de Cristo Rey
21 de noviembre 2010, último domingo del año litúrgico. ¡Prepárate para la fiesta del Rey del universo!
Autor: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net

ÚLTIMO DOMINGO DEL AÑO LITÚRGICO:

Cristo es el Rey del universo y de cada uno de nosotros.

Es una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico, porque celebramos que Cristo es el Rey del universo. Su Reino es el Reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz.

Un poco de historia

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925.
El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.

Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres.

Con la fiesta de Cristo Rey se concluye el año litúrgico. Esta fiesta tiene un sentido escatólogico pues celebramos a Cristo como Rey de todo el universo. Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace casi dos mil años, pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía.

Si quieres conocer lo que Jesús nos anticipó de ese gran día, puedes leer el Evangelio de Mateo 25,31-46.

En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, empresas y ambiente.

Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo 13 de Mateo:

“es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto y crece y se convierte en un árbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas”;

“es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda”; “es semejante a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta, y lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo”;

“es semejante a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra”.

En ellas, Jesús nos hace ver claramente que vale la pena buscarlo y encontrarlo, que vivir el Reino de Dios vale más que todos los tesoros de la tierra y que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, pero eficaz.

La Iglesia tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo entre los hombres. Su predicación y extensión debe ser el centro de nuestro afán vida como miembros de la Iglesia. Se trata de lograr que Jesucristo reine en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las sociedades y en los pueblos. Con esto conseguiremos alcanzar un mundo nuevo en el que reine el amor, la paz y la justicia y la salvación eterna de todos los hombres.

Para lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos son medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su amor. Se trata de conocer a Cristo de una manera experiencial y no sólo teológica.

Acerquémonos a la Eucaristía, Dios mismo, para recibir de su abundancia. Oremos con profundidad escuchando a Cristo que nos habla.

Al conocer a Cristo empezaremos a amarlo de manera espontánea, por que Él es toda bondad. Y cuando uno está enamorado se le nota.

El tercer paso es imitar a Jesucristo. El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana. Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros.

Por último, vendrá el compromiso apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado. No nos podremos detener. Nuestro amor comenzará a desbordarse.

Dedicar nuestra vida a la extensión del Reino de Cristo en la tierra es lo mejor que podemos hacer, pues Cristo nos premiará con una alegría y una paz profundas e imperturbables en todas las circunstancias de la vida.

A lo largo de la historia hay innumerables testimonios de cristianos que han dado la vida por Cristo como el Rey de sus vidas. Un ejemplo son los mártires de la guerra cristera en México en los años 20´s, quienes por defender su fe, fueron perseguidos y todos ellos murieron gritando “¡Viva Cristo Rey!”.

La fiesta de Cristo Rey, al finalizar el año litúrgico es una oportunidad de imitar a estos mártires promulgando públicamente que Cristo es el Rey de nuestras vidas, el Rey de reyes, el Principio y el Fin de todo el Universo.

QUE VIVA MI CRISTO

Que viva mi Cristo, que viva mi Rey
que impere doquiera triunfante su ley,
que impere doquiera triunfante su ley.
¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!

Mexicanos un Padre tenemos
que nos dio de la patria la unión
a ese Padre gozosos cantemos,
empuñando con fe su pendón.

Él formó con voz hacedora
cuanto existe debajo del sol;
de la inercia y la nada incolora
formó luz en candente arrebol.

Nuestra Patria, la Patria querida,
que arrulló nuestra cuna al nacer
a Él le debe cuanto es en la vida
sobretodo el que sepa creer.

Del Anáhuac inculto y sangriento,
en arranque sublime de amor,
formó un pueblo, al calor de su aliento
que lo aclama con fe y con valor.

Su realeza proclame doquiera
este pueblo que en el Tepeyac,
tiene enhiesta su blanca bandera,
a sus padres la rica heredad.

Es vano que cruel enemigo
Nuestro Cristo pretenda humillar.
De este Rey llevarán el castigo
Los que intenten su nombre ultrajar.

imagen:www.corazones.org

– Enviado mediante la barra Google”

¿Se puede comulgar en pecado mortal?

¿Se puede comulgar en pecado mortal?

¿Se puede comulgar en pecado mortal?

Por Raúl Alonso
Hoy
quiero tocar este tema, ya que recientemente asistí a una misa de
acción de gracias de una sobrina que cumplió XV años, y como no estaba
preparado para comulgar (tenia pecado mortal) y solo hice la comunión
espiritual,  a la salida platicando con mi cuñada, salió el tema, y ella
me dijo:

“Hubieras
comulgado, el padre nos dice que si deseamos con nuestro corazón
comulgar, solo debemos de arrepentirnos, comulgar y cuando se pueda
confesarse”

Esta situación es muy frecuente, y algunos sacerdotes o amigos nuestros creen que no hay problema.
La respuesta a esa afirmación es simple, pero no quiero detenerme a responder nada mas, sino que quiero enfatizar en PORQUE.
Me
pregunto a veces, mas bien, muchas veces, ¿Por qué muchos católicos
pasan por el Sagrario, como si pasaran frente a un extraño?

Creo sé porque.
Por ahí escuche un dicho protestante:
“Si
los católicos de verdad creyeran que en las hostias consagradas está
realmente Cristo, las Iglesias estuvieran siempre llenas”

Triste, pero ¿Cierto?, nosotros los católicos como dogma de fe proclamamos que ahí, en las sagradas especies esta El Cuerpo de Cristo, Su Sangre, Alma y Divinidad. Al momento de la consagración, se cambia la sustancia del pan y del vino, y se hace presente Jesús.
Imposible
de creer para muchos no católicos, y difícil de creer para algunos
católicos, y es ignorado otros, y así es en ese pedazo de Pan y Vino ya
no está más solo el producto del hombre, sino Jesús mismo!!!

¿Tú realmente lo crees?
Partamos
de un hecho innegable: Los que nos decimos creyentes y somos bautizados
contamos con la gracia santificante, que nos permite que la Fe ocurra,
es por tanto que por esa Fe que creemos que hay un Dios que creó el
Universo, un Dios que nos creo, un Dios que se revelo a su pueblo, un
Dios Omnipotente, Omnipresente, Omnisciente, etc. Etc. Si estudiamos un
poco de historia entenderán como desde el inicio de la Iglesia
primitiva, la fracción del pan era considerado
EL Sacramento, la conmemoración del sacrificio único y eterno de Jesús.
Veamos el catecismo:

CIC 1412 Los
signos esenciales del sacramento eucarístico son pan de trigo y vino de
vid, sobre los cuales es invocada la bendición del Espíritu Santo y el
presbítero pronuncia las palabras de la consagración dichas por Jesús en
la última cena: “Esto es mi Cuerpo entregado por vosotros…Este es el
cáliz de mi Sangre…”
CIC 1413 Por
la consagración se realiza la transubstanciación del pan y del vino en
el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las especies consagradas del pan y
del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera
verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su
divinidad (cf Cc. de Trento: DS 1640; 1651).

Que decían los Santos Padres?

San Ignacio de Antioquia (110 d.C.)

Obispo de Antioquia, martirizado en Roma (devorado por los leones) en tiempos del emperador Trajano (98-117).

Carta a los Efesios, San Ignacio de Antioquia. C.20.n2 (FUNK-BIHLMEYER, 86,14-16; Ruiz Bueno (B.A.C.) 459; MG 5,661 A)
…partiendo de un mismo pan, que es medicina de inmortalidad, antídoto para no morir, sino vivir por siempre en Cristo Jesús
Carta a los Filadelfios, San Ignacio de Antioquia. C.4 (FUNK-BIHLMEYER, 103,5-9; Ruiz Bueno 459; MG 5,661 A)
Esforzaos, por lo tanto, por
usar de una sola Eucaristía; pues una sola es la carne de Nuestro Señor
Jesucristo y uno sólo es el cáliz para unirnos con su sangre
,
un solo altar, como un solo obispo junto con el presbítero y con los
diáconos consiervos míos; a fin de que cuanto hagáis, todo hagáis según
Dios
Carta a los Romanos, San Ignacio de Antioquia. C.7 n.3 (FUNK-BIHLMEYER, 100.18-102,2; Ruiz Bueno 479; MG 5,693 A-B)
No siento placer por la comida corruptible ni por los deleites de esta vida. El pan de Dios quiero, que es la carne de Jesucristo, el del linaje de David; y por bebida quiero la sangre, de él, el cual es caridad incorruptible

¿Porque podría San Ignacio resaltar y honrar de tal manera a un pedazo de pan, y un poco de vino?
Resalto
que San Ignacio nace en los primeros 100 años después de haber estado
Jesús con nosotros, por lo tanto la iglesia era naciente, y por tanto
sus creencias con base a La Palabra de Dios (Biblia no había).

Cito estos dos versículos donde se resalta la fracción del pan:
Hechos 2, 42.Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones.
Lucas 24, 35.Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.
Por
tanto,  se prueba que en la biblia y en la Iglesia primitiva
consideraban que en ese pan y ese vino se encontraba físicamente el
Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor.

No me meteré a asuntos de apologética sobre si es o no solo una mera representación.
Entonces hermanos, asumiendo que creemos lo arriba resaltado sobre su presencia física en las Sagradas Especies.
¿Cómo tratarían al Cuerpo de Nuestro Señor?
Me imagino que con el mayor de los cuidados.
¿Cómo debe de estar su cuerpo para recibir a Nuestro Señor?
Espero que por mera lógica digan: LIMPIO
Pero, no me crean a mí, veamos que dice la Iglesia:
Enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1457):
“Según
el mandamiento de la Iglesia todo fiel llegado a la edad del uso de
razón debe confesar al menos una vez la año, los pecados graves de que
tiene conciencia
.
Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave que no celebre la
misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión
sacramental

a no ser que concurra un motivo grave y no haya posibilidad de
confesarse; y, en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un
acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse
cuanto antes. Los niños deben acceder al sacramento de la penitencia
antes de recibir por primera vez la sagrada comunión
.
¿Que nos decía Pablo?
1 Cor 11
27.
De manera que cualquiera que comiere este pan, o bebiere el cáliz del
Señor indignamente, reo será del Cuerpo y de la Sangre del Señor.
28. Por tanto, examínese a sí mismo el hombre, y de esta suerte coma de aquel pan y beba de aquel cáliz.
29
.
Porque quien lo come, y bebe indignamente, se traga y bebé su propia
condenación, no haciendo el debido discernimiento del Cuerpo del Señor
.
TRAGARIAMOS y BEBERIAMOS nuestra PROPIA CONDENACION.
Más claro no puede ser.
NO PODEMOS COMULGAR EN PECADO MORTAL.
Por
favor, díganles a sus familiares y amigos que no cometan sacrilegio, y
si hubiere algún sacerdote que esté equivocado háganselo saber.

PARA PROPAGAR LA COMUNIÓN DIARIA

¡Oh
dulcísimo Jesús, que habéis venido al mundo para dar a todas las almas
la vida de la gracia, y, para conservar y aumentar en ellas esta vida,
habéis querido ser el manjar de cada día y el remedio cotidiano de su
cotidiana debilidad! Humildemente os suplicamos, por vuestro Corazón
abrasado en amor nuestro, que derraméis sobre todas las almas vuestro
divino Espíritu; haced que vuelvan a Vos y recobren la vida de la gracia
aquellas que estén en pecado mortal, y que las almas dichosas que por
vuestra bondad viven de esta vida divina se acerquen devotamente cada
día, siempre que puedan, a vuestra sagrada Mesa, a fin de que por medio
de la Comunión diaria reciban cada día el antídoto de sus pecados
veniales cotidianos, y, alimentando en ellas cada día la vida de la
gracia y hermoseándolas con ella, lleguen por fin a poseer con Vos la
vida bienaventurada. Amén.