Archivos diarios: 15 noviembre, 2010

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Pedro la Roca

Pedro la Roca

Tu eres “Pedro” Según los planes de Dios, el nombre de una persona es muy importante, especialmente el nombre de Dios (Ver Dt 5, 11; Ex 3, 14 “Yo Soy”; Is 43, 1; y Ap 3, 5). La Biblia nos muestra algo significativo: cada vez que Dios cambia el nombre de una persona no es por casualidad sino por una razón. El nombre corresponde a su nueva IDENTIDAD, FUNCION Y/O MINISTERIO.

En el AT vemos ejemplos de esta idea de que el nombre corresponde con la nueva identidad de la persona, así Dios nos preparó para que entendiéramos lo que iba a hacer su Hijo Jesús.

 
En el caso de Abrám Dios cambió su nombre por el de ABRAHAM (Gn 17, 5).El nombre Abrahám significa “padre de las naciones”. ¿Es verdad que Abraham es padre de las naciones? Sí, porque Dios le prometió que lo iba a ser: te he puesto por padre de muchedumbre de gentes (Gn 17, 5). Así vemos que su nuevo nombre corresponde con su nuevo ministerio e identidad.
 
En el mismo Génesis también vemos que Saraí recibió el nombre de SARA que significa “princesa”. Otra vez el cambio de nombre corresponde con la nueva identidad dentro de la realeza. Sara iba a ser madre de reyes (Gn 17, 16). A Jacob, Dios le cambió su nombre por ISRAEL porque luchó con Dios y con los hombres y venció (Gn 32, 28).
Leemos en Isaías 62,4 que el pueblo de Dios entero recibió un nombre nuevo: Nunca más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se dirá más Desolada; sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra, Beula; porque el amor de Jehová estará en ti, y tu tierra será el Dios tuyo.(1) Aquí se trata de una nueva relación con Dios que le daría una nueva identidad. Este cambio de nombre también afectaría su posición con el mundo político. (Otro ejemplo lo tenemos en 2 R 23, 34.)
Como podemos ver, el nombre nuevo refleja la identidad de la persona. Lo mismo sucede en el NT. En Mt 1, 21 el ángel dice a María: Y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS (2), porque él salvará a su pueblo. El nombre dado por el ángel corresponde a su identidad y ministerio: Jesús salva
Otro ejemplo es: Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros (Mt 1, 23). Es claro que Jesús es Dios-con-nosotros. Vemos que en el plan de Dios, cuando él cambia el nombre de una persona éste corresponde a su ministerio e identidad. Jesús sigue la manera de su Padre.
 
En la Biblia (Reina-Valera), en Jn 1, 42 Jesús dijo a Simón: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro), se nota que Cefas y Pedro significa lo mismo. Ahora, hermano, mira al pie de la página de tu Biblia que corresponde a los números que van con “Pedro” y “Cefas”, en el texto, dice: “1, 2 De la palabra piedra en arameo y en griego, respectivamente”. Entonces Jesús cambió el nombre de Simón, a Pedro y Pedro quiere decir piedra en Griego. Ahora, examinemos a Mt 16, 13-19 para entender la voluntad de Jesucristo. Primero vemos que Pedro contesta la pregunta de Jesús sobre su identidad. ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Es una pregunta de identidad y la contesta Pedro. Tú eres el Cristo. Después Jesús, usando las mismas palabras “TÚ ERES”, también trata la identidad de Simón: Y yo también te digo, que tú eres Pedro (Mt 16, 18).
Jesús cambió el nombre de Simón a Pedro y recordemos qué sucede cuando Dios cambia el nombre de la persona: corresponde a su nueva identidad. Vimos en Jn 1, 42, (en la nota al pie de página) que “Pedro” quiere decir PIEDRA. ¿Por qué cambió su nombre por Pedro entonces? Es que corresponde con su nueva identidad de ser “piedra”. Si no es así, ¿por qué cambiar su nombre? Al contestarme, un pastor bautista me dijo que Jesús le dio otro nombre a Pedro porque cambió su vida, pero Jesús no cambió los nombres de los demás Apóstoles, y ellos cambiaron su vida también ya que les dijo que serían pescadores de hombres (Mc 1, 17). (Además “Piedra” no es un nombre, es una cosa.) Jesús cambió su nombre, porque Pedro sería la Piedra/Roca sobre la que Jesús edificaría su Iglesia. Se indica aquí, claramente, la correspondencia entre nombre y función de la persona.
Es notable que en Jn 1, 42 cuando Jesús llama a Simón, lo hace mirándole. La palabra en español no capta lo que dice el griego. Jesús fija sus ojos en Pedro. Juan utiliza la palabra INTUITUS, no ASPEXIT ni VIDIT. Es decir, mirar profundamente con mirada penetrante. Jesús estaba diciendo algo sumamente serio y su mirada penetraba el alma de Pedro. Hay cristianos que no aceptan que Pedro es la roca. En el libro de William Soto Santiago leemos que la roca es “la revelación de Quién es la Palabra encarnada” que Pedro confesó.(3)
 
Pero entonces les preguntamos: ¿por qué Jesús cambió su nombre? Estas personas argumentan que el griego presenta dos diferentes palabras: Tu eres Pedro (Petros), y sobre esta roca (petra) edificaré mi Iglesia. Dicen, que petros es una piedra pequeña, distinta a petra que es una roca. Por lo tanto Pedro no puede ser la piedra de la Iglesia. Jesús, es la piedra como lo dice en 1 P 2, 4.
Pero este argumento es erróneo. Todos los expertos de la Biblia dicen que Jesús habló en arameo no en griego, y en este idioma no existe tal distinción. Jesús hubiera dicho en arameo: “Tú eres Kefa/Cefas y sobre este Kefa/Cefas edificaré mi Iglesia”.El primer Padre Apostólico que habla de este evangelio es el obispo Papías, y él testifica que el evangelio fue escrito en arameo.(4) Cuando se tradujo Mateo en griego, no quisieron traducir CEFAS a un nombre femenino. En vez de decir PETRA, (“piedra” en español), masculinizó el nombre: PETROS (Piedro). En francés la misma palabra femenina “pierre” (piedra) se usa para el nombre “Pierre” (Pedro)(5)
 
 Un Comentario bíblico evangélico dice, “Pedro (pétros) [sic] es el sustantivo griego que significa “piedra”. El equivalente en arameo es “cefas”…. Algunos opinan que el juego de palabras es significativo. Tú eres Pedro (pétros), que significa una piedra pequeña, y sobre esta roca (pétra) edificaré mi iglesia. Pétros es masculino y se usa cuando se refiere a un hombre. En cambio, pétra es femenino y se refiere a una roca grande. Sin embargo, debemos recordar que Jesús enseñaba en arameo, y en ese idioma no hay tal diferencia entre los términos para piedra y roca”(6).
En el griego del NT existen dos opciones para la palabra piedra: PETRA y LITHOS, como en castellano: “piedra” y “roca”. Acudiendo al griego original de la Reina-Valera presentado en el libro de C.P. Denyer, vemos que en ocasiones PETRA, que la Reina-de Valera traduce como “Roca” en Mt 16, 18, es utilizada también para una roca pequeña como en 1 P 2, 8 y Ro 9, 32-33. En estos textos PETRA es una roquita que puede hacer a uno tropezar.
Continuando con el argumento de que la Biblia utiliza las dos palabras por rocas grandes y pequeñas, vemos que Jesús es llamado LITHOS (1 P 2, 4), pero que también esta misma se usa para hablar de una piedra pequeña como la que iban a arrojar a la mujer adultera (Jn 8,7) o a Jesús (Jn 8, 59). En 1 Pedro 2, 8 y 1 Co 10, 4 encontramos las dos palabras, PETRA y LITHOS, para Jesús. Entonces, cuando se habla de Pedro la Roca no tiene nada que ver con si ella es grande o pequeña.
 
Hemos visto el asunto del griego y del arameo. Es interesante notar que el griego emplea para sobre esta piedra el adjetivo demostrativo, caso dativo TAUTEE con el artículo dativo TEE para mostrar la fuerza implicada en la cualidad demostrativa. Del griego, esta frase puede ser traducida ESTA MISMA. Así que Mt 16, 18 dice: Tú eres Pedro y sobre ESTA MISMA PIEDRA edificaré mi iglesia (ver 2 Co 9, 4; Mr 14, 30; Hch 27, 23). Jesús no dice “sobre esta piedra” o “sobre una piedra” pero con el uso de TAUTEE es claro que Jesús está hablando de la misma piedra que acaba de mencionar: “sobre esta misma piedra”.
El argumento de que siendo Jesús la piedra en 1 P 2, 4 y de que por eso él se refiere a sí mismo cuando dijo “y sobre esta roca edificaré” es erróneo porque en 1 P 2, 5 todos somos llamados piedras (aunque no “PETROS” o “PETRA” sino “LITHOS ” porque sólo Pedro es llamado así). En otro momento Jesús le dio a Pedro otro título. Jesús quien es el Buen Pastor que cuida a las ovejas (Jn 10, 11) nombra a Pedro Pastor después de su resurrección (Jn 21, 15-17). Dios es Rey de Israel pero también lo es David de una manera subordinada.
Cuando miramos el contexto de Mt 16, 18 (vv. 17 a 19) vemos que Jesús dice tres cosas, y todas están dirigidas a Pedro. La primera comienza con Bienaventurado eres, la segunda: Tú eres Pedro/Roca, y la tercera con Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos. La primera y la tercera son honores que Jesús le otorga a Pedro. En este contexto, la segunda frase ubicada entre estas dos va a ser un honor también: Tú eres la roca. No tiene sentido que Jesús le diga “Tú eres una pequeña piedrita insignificante, sin embargo aquí están las llaves del reino”(7). Además, la segunda parte de cada una de estas frases tiene que ver con la primera mitad, la explica: Pedro es bienaventurado (v. 17) ¿ porque?, porque el Padre le reveló que Jesús era el Mesías. La tercera frase: te daré las llaves del reino es seguida con la explicación: lo que atares… y lo que desatares en la tierra es en los cielos. Entonces, la segunda frase tiene que seguir el mismo patrón: sobre esta roca edificaré mi iglesia explica el porqué Jesús le llama a Pedro la Roca.

Muchos famosos expertos bíblicos protestantes como W. F. Albright, Oscar Cullman, Herman Ridderbos y C.S. Mann escribieron que Pedro es la Roca en Mt 16, 19, y que decir lo contrario según ellos solamente “demuestra prejuicios”. Gunter Bornkamm escribió: “En la interpretación de las palabras sobre Pedro y la Iglesia, la teología romano-católica y la protestante se han aproximado entre sí desde hace bastante tiempo. La <> no es Cristo, como ya pensaba Lutero, la roca ni es la fe de Pedro ni el oficio de la predicación, como lo entendieron los reformados, sino el mismo Pedro como director de la Iglesia”. 

Algunos dirán que Dios es llamado “Roca o “Piedra” y por lo tanto un hombre no lo puede ser. Pero Dios llamó a Abraham, la piedra en Isaías: Oídme, los que seguís la justicia, los que buscaís a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados. Mirad a Abraham vuestro padre (51, 1-2). Si después de negarlo, Jesús hubiera llamado a Pedro “lodo” y le hubiera dicho: “tú eres lodo y sobre este lodo no construiré mi Iglesia”, ningún hermano cuestionaría entonces que Jesús estaría refiriéndose a Simón-Pedro.
Si Jesús se estaba refiriendo a la confesión de Pedro como la roca y no al Apóstol mismo, ¿por qué no nombró a la confesión de Natanael como roca, porque de inmediato él confesó: tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel (Jn 1,49) solamente porque Jesús le había visto debajo de una higuera.
 
Jesús no dijo “sobre mí, edificaré mi iglesia”, ni dijo “sobre la confesión de Pedro” edificaré mi Iglesia”. Tenemos que ser honestos con la Biblia y no añadir palabras. ¿Por qué Pablo siguió llamando a Pedro CEFAS (ver 1 Co 15, 5 entre otros) si no lo era? Si Mateo quería que entendiéramos que Jesús era la Roca, ¿por qué no lo clarificó? Porque lo claro es que era Pedro.
A la pregunta ¿por qué cambió su nombre a “Pedro”, cuando no corresponde con su identidad? Es claro que Jesús es la Piedra invisible y que Pedro es la Roca visible sobre la cual Jesús edificó su Iglesia. Jesús no cambió su nombre por casualidad, lo que nos llevaría a la confusión. Pedro es la Roca y la Iglesia de Jesucristo se va edificando sobre él.  Los siguientes textos demuestran el plan de Dios, que consiste en edificar esta Iglesia. Y será visible, porque es la familia de Dios (Ef 3, 14), y las familias no son invisibles. Y esta Iglesia enseñará hasta a los ángeles (Ef 3, 10), y durára por todas las edades (3, 21): Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo (Ef 2, 20). Aquí los Apóstoles forman el fundamento, mientras Jesús es la Piedra del ángulo en que se mantiene unida toda la estructura.Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero (Ap 21, 14).

Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas (Hch 9, 31).

Vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios (1 Co 3, 9).

Vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu (Ef 2, 22).

 
Al igual que Dios, al llamar a Abraham roca lo hizo el fundamento de su pueblo Israel (recuerda que cambió su nombre), así Jesús, al cambiar su nombre, confiaría a Pedro el fundamento del Nuevo Israel, la Iglesia. Pedro es padre del Nuevo Israel como Abraham es padre del Antiguo (Gn 17, 5. Ver el mismo Is 51, 1-2). (Recordamos que el nombre de Jacob fue cambiado a Israel). También Jesús cumple la profecía de Am 9., 11 de “construir la casa”.
Hay una cosa en Mateo 16,18 que es muy importante. Jesús habla de una iglesia, edificaré mi iglesia. Es singular. Es la única Iglesia que existía en ese tiempo. Jesús no dijo “edificaré mis iglesias”: “Santiago agrupa a los bautistas, Pedro a los católicos, Mateo porque no edifica a los nazarenos y Juan a los mormones…” Hay muchísimas iglesias hoy día. ¿Cuál es la edificada sobre Pedro? Ya sabemos.

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El Purgatorio

El Purgatorio

1.- Una enseñanza fundamentada en la Palabra de Dios.
Lo primero que hay que mencionar, es que hay pasajes bíblicos que hablan muy claramente sobre la realidad del purgatorio. Uno de ellos, y tal vez el principal, es cuando el Apóstol San Pablo nos habla sobre el día del juicio y sobre qué pasará con aquellas personas que tuvieron fe y sirvieron a Dios, pero que su obra no fue tan buena, él lo explica así:
 
“Un día se verá el trabajo de cada uno. Se hará público en el día del juicio, cuando todo sea probado por el fuego. El fuego, pues, probará la obra de cada uno. Si lo que has construido resiste el fuego, será premiado. Pero si la obra se convierte en cenizas, el obrero tendrá que pagar. Se salvará pero no sin pasar por el fuego”.  1Cor 3,13-15
 
Notemos dos aspectos fundamentales de lo que San Pablo quiere enseñar acerca de un creyente en Dios: en primer lugar afirma que si la obra resiste al ser examinada la persona se salvará, en este caso se está refiriendo a un cristiano que va directamente a salvarse, sin necesidad de pasar por una purificación. Pero, inmediatamente agrega que hay otra situación donde la obra de la persona no resistió el juicio y no dice que se va a condenar, sino que ese cristiano tendrá que pagar o ser castigado y se salvará, pero como quien pasa por el fuego. Esto es precisamente el purgatorio, una purificación que algunos necesitarán para poder disfrutar plenamente de la amistad eterna con Dios.
 
No es un invento de la Iglesia como lo dicen algunos, sino la clara enseñanza de la Biblia por medio del Apóstol San Pablo que usa la figura de “salir, pagar, castigar o escapar a través del fuego” para enseñar acerca de la purificación. Así está escrito en todas la Biblias del mundo, en palabras muy similares. A esta realidad que la Sagrada Escritura nos muestra le llamamos purgatorio=purificación. Que esta palabra no venga en la Biblia no nos interesa, pues tampoco viene la palabra “Trinidad” ni “Encarnación” y el protestante las acepta. Lo que importa no es la palabra, sino la realidad de lo que significa, y en ese aspecto el Purgatorio está muy claro en la Sagrada Escritura.
 
2.- En el cielo no entrará nada manchado.
Al seguir estudiando la Biblia sobre este tema, encontraremos que la existencia del purgatorio es una consecuencia lógica de la Santidad de Dios, pues si Él es el tres veces santo(Is 6,3) o sea la plenitud de la santidad y perfección, entonces quienes estén junto a Él también deben de serlo(Mt 5,48), por eso, quien es fiel a Dios, pero no se encuentra en un estado de gracia plena a la hora de morir, no puede disfrutar del cielo porque la misma Biblia dice que en la ciudad celestial:
 
“No entrará nada manchado (impuro)” Ap 21,27
Entonces, si un cristiano no puede entrar al cielo por tener alguna mancha o impureza, ni tampoco sufrir el castigo eterno, es claro que tendrá que ‘pagar’ en esta vida o en la otra. Esto está escrito en la Biblia: “Al que calumnie al Hijo del Hombre se le perdonará; pero el que calumnie al Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otroMt 12,32.
Aquí Nuestro Señor Jesucristo habla de que hay pecados que no son perdonados en la otra vida; por lo tanto, hay otros que sí, ese es el sentido de la purificación o sufrimiento en el purgatorio y del porqué nosotros podemos orar (pedir) y ofrecer la Misa por ellos para que Dios tenga misericordia de esos hermanos difuntos que la necesiten, como el caso de Oniséforo mencionado en la Biblia (2 Tim 1,16-18).
 
 
3.- Desde los primeros siglos los cristianos creemos en su existencia.
El purgatorio como estado temporal de purificación fue creído desde el principio por los primeros cristianos que destacaron por su fe y santidad y a los cuales se les llama ‘Padres de la Iglesia’, conozcamos lo que dijeron algunos de ellos sobre este tema:
* Año 211. Tertuliano: “Nosotros ofrecemos sacrificios por los muertos…”
 
* Año 307. Lactancio: “El justo cuyos pecados permanecieron será atraído por el fuego (purificación)…”
* Año 386. Juan Crisóstomo: “No debemos dudar que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo…”.
* Año 580. Gregorio Magno: “Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador…”.
 
Como te darás cuenta el testimonio histórico de ellos es de gran valor, pues de esta manera cualquier persona puede comprobar por sí misma buscando una biblioteca en los libros de historia del cristianismo donde ellos hablaban sobre esta enseñanza de la purificación=purgatorio.
 
 
4.- ¿Qué es el purgatorio?
Más que un lugar físico, es un estado de vida temporal para la persona que muere en gracia de Dios pero imperfectamente purificada, y donde, mediante el sufrimiento, se es purificado para disfrutar plenamente de la presencia de Dios. Es una persona salvada que vive en el amor de Dios y la salvación pero no de una manera plena.
 El caso del malhechor al que Jesús le dice que estará con él en el paraíso, nos muestra que esa purificación en el sufrimiento algunos la tendrán aquí y otros la tendrán en la otra vida como lo menciona San Pablo (1 Cor 3,13-15) y que hemos comprobado en este tema. No se trata de pensar en llamas, sino en un tipo de sufrimiento por no tener plenamente a la persona que más nos ama en el mundo: Dios.
 
Cualquier persona que haya amado a un ser querido y que por alguna circunstancia la deja de ver por una temporada sabe del sufrimiento de no poder disfrutar por un tiempo del amor de esa persona. Sabe que está viva, que lo ama y que lo volverá a ver, pero al no tenerlo plenamente cerca experimenta alegría y a la vez un dolor y deseo de tenerlo cerca por siempre, cara a cara. Algo similar, pero de mayor intensidad y forma será la ‘purificación’.

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BIBLIA Y TRADICION

La Biblia y la Tradición
La Iglesia es la autoridad establecida por Jesucristo para interpretar su Palabra.

La Biblia y la Tradición
La Biblia y la Tradición
Los Reformadores Protestantes decían que la Biblia es la única fuente de las verdades de la fe, y que para entender su mensaje había tan solo que leer las palabras del texto. Es lo que se llama la teoría protestante de la sola scriptura, o en español “solamente la Biblia”. Según esta teoría, ninguna autoridad no bíblica puede imponer una interpretación, y ninguna institución extrabíblica -por ejemplo la Iglesia- ha sido establecida por Jesucristo para hacer las veces de árbitro en caso de conflictos de interpretación.

Como buenos herederos de los Reformadores, las sectas fundamentalistas trabajan sobre la base de esta teoría, y no pierden oportunidad para sacar a relucir su principio, que por otro lado parecería ser su arma mas efectiva, algo que ellos aceptan como el fundamento indiscutible de sus puntos de vista.

Sin embargo, no hay cosa más difícil en el diálogo con los fundamentalistas que querer hacerlos demostrar porqué creen ellos en el principio de que la Biblia solamente, separada de toda otra fuente de autoridad, sea suficiente en cuestiones de fe. La cuestión se reduce a saber cuál es el motivo que un Fundamentalista tiene para creer que la Biblia es un libro inspirado, pues es obvio que ella puede tomarse como regla de fe solamente en el caso que pueda ser comprobada su inspiración, y por ende su inerrancia.

Claro que se trata de una cuestión que no preocupa demasiado a la mayoría de los cristianos, y ciertamente son pocos los que le ha brindado atención alguna vez. En general se cree en la Biblia porque es el libro aceptado por todos los cristianos, cuya autoridad no se discute; aún vivimos en tiempos en los que los principios cristianos influyen en la cultura y en el medio en el que vive la mayoría de la gente.

Un cristiano tibio que no daría ni la más mínima credibilidad al Corán, pensaría dos veces antes de hablar mal de la Biblia, ya que esta goza de cierto prestigio, aún cuando no pueda explicarla ni entenderla demasiado. Podría decirse que esa persona acepta la Biblia como inspirada -cualquiera sea su entendimiento de la inspiración- por razones de tipo cultural, razones que, sin duda, son de escaso o ningún valor, ya que por las mismas razones el Corán debería ser tenido como inspirado en países de cultura musulmana.

“Para mí es motivo suficiente”

Dígase lo mismo ante quien sostiene que la familia en la que uno vino al mundo siempre tuvo la Biblia como libro inspirado, y “para mí eso basta”. Sería un buen motivo solamente para aquel que no pueda hacer un trabajo de reflexión serio, y no debemos nunca despreciar una fe sencilla, sostenida sobre fundamentos más bien débiles. Pero sea como sea, la mera costumbre familiar o local no puede establecerse como la base para creer en la inspiración divina de la Sagrada Escritura.

Algunos sectarios dicen que la Biblia es un libro inspirado porque “es un libro que inspira”. Pero la palabra inspiración es precisamente lo que se quiere probar, y tengamos en cuenta que hay muchos escritos religiosos y muy antiguos que ciertamente son mas “inspirados” o “emotivos” que muchos textos, incluso libros enteros, del Antiguo Testamento. No es falta de respeto afirmar que ciertas partes de los escritos sagrados son tan áridos como lo serían estadísticas militares; ¡y algunas partes de la Biblia (Antiguo Testamento) son eso, estadísticas militares!

Por ello concluyamos que no es suficiente creer en la Sagrada Escritura por motivos culturales o por costumbre, ni tampoco por sus textos emotivos o su belleza espiritual: hay otros libros, alguno totalmente seculares, que sobrepasan en belleza poética muchos pasajes de la Escritura.

¿Qué dice la Biblia de sí misma?

¿Y qué decir de lo que la misma Biblia enseña sobre su inspiración? Notemos que son muy pocos los pasajes donde la Biblia misma enseña su inspiración, aunque sea de modo indirecto, y la mayoría de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento no dicen absolutamente nada sobre su inspiración. De hecho ningún autor de los libros del Nuevo Testamento dice estar escribiendo bajo el impulso del Espíritu Santo, excepto San Juan al escribir el Apocalipsis.

Además, en el supuesto caso de que cada libro de la Biblia comenzase con la frase: “Este libro es inspirado por Dios”, semejante frase no probaría nada: el Corán dice estar inspirado, el Libro del Mormón, varios libros de algunas religiones orientales. Es más, lo libros de Mary Baker Eddy, la fundadora de la Ciencia Cristiana, y de Ellen G.White, fundadora del Adventismo del Séptimo Día se auto-declaran inspirados. Se puede concluir, con bastante sentido común, que el hecho de que un escrito se atribuya cualidades de inspiración divina no quiere decir que así lo sea.

Al fallar estos argumentos, muchos fundamentalistas retroceden y nos afirman que “el Espíritu Santo me dice claramente que la Biblia es inspirada”, una noción bastante subjetiva, por decir lo menos, muy afín con aquella otra, tan común entre los sectarios, de que “el Espíritu Santo los guía para interpretar las Escrituras”. Y así, el autor anónimo del artículo “Cómo puedo entender la Biblia”, un folleto distribuido por la organización evangélica “Radio Bible Class” enlista doce reglas para estudiar la Biblia. La primera es “Busca la ayuda del Espíritu Santo. El Espíritu fue dado para iluminar las Escrituras y hacerlas revivir para ti cuando la estudies: deja que te guíe”.

Si con esta regla se entiende que cualquier persona que pida a Dios guía para interpretar la Biblia recibirá esa guía de lo alto -y en este sentido lo entienden la mayoría de los fundamentalistas- entonces la multiplicidad de interpretaciones contrarias y contradictorias, aún entre los mismos Fundamentalistas, daría la preocupante sensación de que el Espíritu Santo no ha estado haciendo bien su trabajo…

No con silogismos

Gran parte de los fundamentalistas no dicen directamente que el Espíritu Santo les habló, asegurándoles que la Biblia es un libro inspirado. Al menos no hablan de ese modo. Más bien sucede así: al leer la Biblia el Espíritu “los convence” que esa es la Palabra de Dios, reciben cierta sensación interior de que es una palabra divina, y punto.

De cualquier modo que se lo vea, la postura fundamentalista no resiste un razonamiento serio. Son contados con los dedos de la mano los fundamentalistas que en un primer momento se acercan a la Biblia como a un libro “neutral”, y luego de su lectura lo reconocen como tal, siguiendo un razonamiento lógico. De hecho los fundamentalistas comienzan dando por supuesto el hecho de la inspiración, tal como toman otras doctrinas de sus sectas sin razonar sobre ellas, y entonces encuentran partes de la Sagrada Escritura que parecen fundamentar la inspiración, cayendo así en un círculo vicioso, confirmando con la Biblia lo que ellos crían de antemano.

La persona que quiere reflexionar seriamente sobre el tema se defraudará con la posición fundamentalista de la inspiración bíblica, dándose cuenta de que no cuenta con una base sólida para mantener esa teoría. La posición católica es la única que, al fin de cuentas, puede dar una respuesta intelectualmente satisfactoria.

La manera de razonar católica para demostrar que la Biblia es inspirada es la siguiente: en un primer paso consideramos la Biblia como cualquier otro libro histórico, sin presumir que es inspirado. Estudiando el texto bíblico con los instrumentos de la ciencia moderna llegamos a la conclusión que se trata de una obra confiable, de gran precisión histórica, cuya precisión sobrepasa en mucho la de cualquier otro texto histórico.

Un texto preciso

Sir Frederic Kenyon, en The Story of the Bible hace notar lo siguiente: “Para todas las obras de la antigüedad clásica nos vemos obligados a acudir a manuscritos escritos mucho después del original. El autor que lleva la delantera en este sentido es Virgilio, aún cuando el manuscrito más antiguo que de él poseemos fue escrito 350 años después de su muerte. Para todas las demás obras clásicas, el intervalo que existe entre la fecha del escrito original y la del manuscrito más antiguo que de él se conserva es mucho mayor: para Livio es de unos 500 años, para Horacio de 900, para la mayoría de la obras de Platón es de 1300, para Eurípides 1600”. Aún así, nadie pone seriamente en duda el hecho de que poseemos copias fieles de las obras de estos autores.

No solamente poseemos manuscritos bíblicos más cercanos a los originales que los de la antigüedad clásica, sino que poseemos un número mucho mayor que aquellos. Algunos de estos manuscritos son libros enteros, otros son fragmentos, otros tan sólo algunas palabras, pero todos ellos juntos suman miles de manuscritos en hebreo, griego, latín, copto, siríaco y otras lenguas. Todo esto significa que poseemos un texto rigurosamente fiel, y podemos trabajar con él con toda confianza.

Tomado históricamente

En un segundo momento dirigimos nuestra atención a lo que la Biblia, considerada sólo como libro histórico, nos enseña, particularmente en el Nuevo Testamento y en los Evangelios. Examinamos el relato de la vida de Jesús, su muerte y su resurrección.

Usando lo que nos transmiten los Evangelios, lo que leemos en otros escritos extrabíblicos de los primeros siglos y lo que nos enseña nuestra propia naturaleza -y lo que de Dios podemos conocer por la luz de la razón- concluimos que Jesús o bien era lo que decía lo que era -Dios- o bien estaba loco. (Sabemos que no pudo haber sido tan solo un buen hombre que no fuese Dios, porque ningún buen hombre se atribuye el ser Dios, si no lo es).

También podemos excluir que era un loco, no solamente por lo que él dijo y enseño -ningún loco habló jamas como lo hizo él, aunque tampoco un hombre cuerdo nunca habló así…-, sino por lo que sus seguidores hicieron después de su muerte. Un fraude (la tumba supuestamente vacía) se comprende, pero nadie da la vida por un fraude, al menos por uno que no tiene ninguna perspectiva de provecho. En conclusión, debemos afirmar que Jesús verdaderamente resucitó, y que por lo tanto era Dios, como él decía, e hizo lo que prometió que iba a hacer.

Otra cosa que él dijo que haría es fundar su Iglesia, y tanto de la Biblia (tomada aún como simple libro histórico, no como libro inspirado por Dios) como de otras fuentes históricas antiguas sabemos que Cristo estableció una Iglesia con las notas que hoy vemos en la Iglesia Católica: papado, jerarquía, sacerdocio, sacramentos, autoridad para enseñar y como consecuencia de esta última, infalibilidad. La Iglesia de Cristo debía gozar de infalibilidad de enseñanza si iba a cumplir aquello para lo cual Cristo la fundó.

Hemos tomado materia meramente histórico y hemos concluido que existe un Iglesia, la Iglesia Católica, protegida por Espíritu Santo para que pueda enseñar hasta el fin de los tiempos sin error. Vayamos entonces a la última parte del argumento.

Esa Iglesia nos dice que la Biblia es inspirada, y podemos confiar en su enseñanza porque se trata de una enseñanza autorizada, infalible. Sólo después de haber sido enseñados por una autoridad propiamente constituida por Dios para transmitirnos las verdades necesarias para nuestra fe, tal como la inspiración de la Biblia, sólo entonces podemos usar de las Escrituras como de un libro inspirado.

Un argumento en espiral

Hay que notar que nuestro argumento no cae en un circulo vicioso: no estamos basando la inspiración de la Biblia en la infalibilidad de la Iglesia y la infalibilidad de la Iglesia en la palabra inspirada de la Biblia; eso sería precisamente un circulo vicioso. Lo que hemos hecho se llama argumento en espiral: por un lado hemos argumentado sobre la confiabilidad de la Biblia como texto meramente histórico; de allí sabemos que Jesús fundó una Iglesia infalible, y sólo entonces tomamos la palabra de esa Iglesia infalible que nos enseña que la palabra que nos transmite la Biblia es una palabra inspirada, Palabra de Dios. No se trata de un circulo cerrado, ya que la conclusión final (la Biblia es la Palabra de Dios) no es el enunciado del cual partimos (la Biblia es un libro históricamente confiable), y este enunciado inicial no esta basado en absoluto en la conclusión final. Lo que hemos demostrado es que, si excluimos a la Iglesia, no tenemos suficientes motivos para afirmar que la Biblia es la Palabra de Dios.

Claro que lo que acabamos de discutir no es precisamente el razonamiento que la gente habitualmente hace al acercarse a la Biblia, pero es la única manera razonable de hacerlo, a la hora de preguntarnos porqué creemos en la Biblia. Todo otro razonamiento es insuficiente; tal vez haya argumentos más cercanos a la gente desde el punto de vista psicológico, pero estrictamente son argumentos en el fondo no convincentes. En matemáticas aceptamos “por fe” (no en el sentido teológico del termino, claro) que dos más dos son cuatro. Es una verdad que nos parece evidente y satisfactoria sin demasiados argumentos, pero el que quiera estudiar el profesorado de matemáticas tendrá que estudiar un semestre entero tratando de probar esas verdades “obvias”.

Razones inadecuadas

El punto aquí es el siguiente: los fundamentalistas tienen mucha razón en creer que la Biblia es un libro inspirado por Dios, pero sus razones para creerlo son inadecuadas, insuficientes, ya que la aceptación de la inspiración divina de las Escrituras puede basarse satisfactoriamente sólo en una autoridad establecida por Dios que nos lo asegure, y esa autoridad es la Iglesia.

Y precisamente aquí llegamos a un problema más serio: puede parecerle a alguno que mientras yo crea en la Biblia como en la Palabra de Dios poco importa el motivo por el cual lo crea: lo importante es que acepto la Biblia como la Palabra de Dios. Pero el motivo por el cual una persona cree en la Biblia afecta sustancialmente la manera de interpretar la Biblia. El creyente católico cree en la Biblia porque la Iglesia así se lo enseña, y esa misma Iglesia tiene la autoridad de interpretar el texto inspirado. Los fundamentalistas, por su lado, creen en la Biblia -aunque basados en argumentos poco convincentes- pero no tienen ninguna otra autoridad para interpretar el texto bíblico excepto sus propios puntos de vista.

El Cardenal Newman lo expresaba en 1884 de la siguiente manera: “Ciertamente que si las revelaciones y enseñanzas bíblicas del texto sagrado se dirigen a nosotros de una manera personal y práctica, se hace imperante la presencia formal en medio de nosotros de un juez y expositor autoritativo de esas revelaciones y enseñanzas. Es antecedentemente irracional suponer que un libro tan complejo, tan poco sistemático, en partes tan oscuro, fruto de tantas mentes tan distintas, lugares y tiempos diferentes, fuésenos dado desde lo alto sin una autoridad interpretativa del mismo, ya que no podemos esperar que se interprete a sí mismo. El hecho de que sea un libro inspirado nos asegura la verdad de su contenido, no la interpretación del mismo. Como puede el simple lector distinguir lo que es didáctico de lo que es histórico, lo que es un hecho de lo que es una visión, lo que alegórico de lo que es literal, lo que es un recurso idiomático y lo que es gramatical, lo que se enuncia formalmente de lo que ocurre como al paso, cuales son las obligaciones que obligan siempre y cuales obligan sólo en determinadas circunstancias. Los tres últimos siglos han probado tristemente que en muchos países ha prevalecido la interpretación privada de las Escrituras. El regalo de la inspiración divina de las Escrituras requiere como complemento obligatorio el don de la infalibilidad de su interpretación”

Las ventajas del razonamiento católico son dos: en primer lugar, la inspiración es estrictamente demostrada, no sólo “sentida”. Segundo, el hecho principal que late detrás de este razonamiento -la existencia de una Iglesia infalible, docente- nos conduce como de la mano a dar una respuesta a la pregunta del eunuco etiope (Hechos 8:31): ¿Cómo sabemos qué interpretaciones del texto son las correctas? La misma Iglesia que autentica la Biblia, que establece su inspiración, es la autoridad establecida por Jesucristo para interpretar su Palabra.