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ÉXODO 20,4 Y LOS CATÓLICOS

Los reformadores protestantes, ¿ bautizaron niños?,

La Intercesión de los santos ¿Qué dice la Sagrada Escritura?

de Juanra

La Intercesión de los santos ¿Qué dice la Sagrada Escritura

Pregunta:

¿Dónde dice la Biblia que se le puede pedir a la virgen? ¿Dónde dice la Biblia que a la virgen se le dio poder para conceder oraciones? ¿Dónde dice la Biblia que se debe pedir a los santos? Algo de Biblia conozco y hasta ahora lei que Jesús dijo que le pidamos a él. Quién dijo que los santos tendrían poder sobre la tierra para responder oraciones, ni siquiera dice que los santos son dioses, y si no son como hacen para interceder delante de Dios, para poder hacer eso me parece que tendrían que estar en todo el mundo al mismo tiempo, serían omnipresentes como Dios no? y todopoderosos…

Respuesta:

Estimado hermano cristiano evangélico. De una manera bíblica y sencilla te respondamos a esto en un formato de preguntas y respuestas. Aquí encontraras una respuesta basada en lo que la Palabra de Dios dice. Te ayudara a ti y a todos los que tengan esa duda o inquietud a encontrar la verdad de la Sagrada Escritura.

¿Prohíbe la Biblia pedir la intercesión de los santos y de la Virgen?

No. En la Sagrada Escritura no existe ningún pasaje que mencione que este prohibido pedir su intercesión. La negación que ellos dicen no tiene ningún fundamento escriturístico, por eso no dan citas bíblicas donde diga eso, porque no las hay. No olvidemos lo que la Palabra dice acerca de los que hacen esto:
“Hay de aquel que le añada algo a este libro. Dios echará sobre él todas las plagas descritas en este libro.
Y si alguien le quita algo a este libro,
Dios le quitará su parte en el Árbol de la vida”
Ap 22,18-19

¿Le rezamos a las imágenes o a los santos?

Esta es la principal confusión entre los evangélicos. Los católicos nunca le recemos a las imágenes y nunca hemos creído que tengan poder. Cuando hablamos de los santos nos estamos refiriendo alas personas tal y como San Pablo lo menciona en la Biblia. Ef 6,18

No te confundas hermano evangélico, ni confundas a otros diciendo falsedades o mentiras. No repitas los errores de muchos pastores diciendo cosas que no son ni creemos. Santos somos cada unos de los bautizados al unirnos a Jesucristo por el Bautismo 1 Cor 12,13. Las imágenes solamente son una representación de ellos al igual que las fotos que tienes en tu casa. Ora a Dios para que te aclare y guie a la verdad. To no oras ni rezas a las fotos que tienes en tu casa y nosotros tampoco nunca rezamos a la imagen o estatua de algún santo. Oramos a los santos que estan vivos junto a Jesucristo Apocalipsis 5:8 y 8:1-4 . La imagen simplemente nos lo recuerda y punto.

¿En que se basan las sectas fundamentalista para decir que es malo pedirle a los santos?

Es una mala interpretación de la Biblia. Sobretodo del pasaje bíblico donde dice que hay un solo mediador entre Dios y los hombres(1 Tim 2,4-5)

Alli se esta hablando de “mediador” de salvación. En este sentido solamente Jesucristo nos da la salvación. Los católicos no creemos que los santos nos salvan, sino que solamente interceden por nosotros.

La Biblia no la hicieron los protestantes sino la Iglesia Católica. En el año 393 y 397 hubo reuniones de obispos en Hipona y Cártago. Allí definieron cuales iban a ser los libros que la Biblia debería de tener y fijaron el canón Bíblico. Es por eso que los hermanos separados fácilmente la interpretan a su modo.
“Sépanlo bien que ninguna profecía de la Escritura
puede ser interpretada por cuenta propia”
2 Pe 1,20

¿Hay otros pasajes que interpreten mal?

Si. Hay otras citas bíblicas que interpretan muy mal. Por ejemplo, cuando Jesús dijo que le pidiéramos Lc 11,9; Jn 16,24 hay hermanos separados que se brincan a otra cosa y dicen que solamente hay que pedirle a él siendo que Jesucristo nunca dijo eso.

Si yo le digo a una persona pídeme lo que quieras, yo no estoy diciendo que no le pidan nada a nadie. Esto es algo muy sencillo que muchos protestantes no alcanzan a comprender por querer sacar de la Biblia frases y hacerlas que concuerden con sus propias interpretaciones. La Biblia hay que aceptarla como es, no como lo que quieran entender.

María, mientras estuvo de paso por este mundo, ¿Intercedió por los hombres?
Si. María como una persona llena de amor, ante una necesidad, acudió a Jesús intercediendo por las personas que celebraban una boda. Todas las Biblias del mundo lo dicen con mucha claridad:

«Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos.
Y, como faltaba vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice su madre a Jesús: «No tienen vino.»
Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.» Dice su madre a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga.»

Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: «Llenen las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. … Dice el mayordomo: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.»
Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comenzó a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos».
Jn 2,1-11

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María no solamente intercedió, sino que, gracias a su intercesión, Jesucristo adelantó la hora de manifestar que él era el Mesías. Los protestantes al rechazar la intercesión de la Virgen o desconocen este pasaje bíblico o están contra de la Palabra por seguir sus tradiciones.

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¿Los apóstoles intercedieron cuanto estaban vivos?

Claro que si y muchas veces:
“Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la hora nona.

Había un hombre, tullido desde su nacimiento, al que llevaban y ponían todos los días junto a la puerta del Templo llamada Hermosa para que pidiera limosna a los que entraban en el Templo. Este, al ver a Pedro y a Juan que iban a entrar en el Templo, les pidió una limosna.
Pedro fijó en él la mirada juntamente con Juan, y le dijo: «Míranos.» El les miraba con fijeza esperando recibir algo de ellos. Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te doy: en nombre de Jesucristo, el Nazareo, ponte a andar.»
Y tomándole de la mano derecha le levantó. Al instante cobraron fuerza sus pies y tobillos,y de un salto se puso en pie y andaba. Entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios”.
Hech 3,1-8

Pedro y Juan oraron por él(intercedieron) ante Jesucristo y se sanó.

Observa ahora al apóstol San Pablo
“Había allí, sentado, un hombre tullido de pies, cojo de nacimiento y
que nunca había andado. Este escuchaba a Pablo que hablaba.
Pablo fijó en él su mirada y viendo que tenía fe para ser curado,
le dijo con fuerte voz: «Ponte derecho sobre tus pies.»
Y él dio un salto y se puso a caminar”.
Hech 14,8-10

Pablo oró por el tullido, no lo mandó a que le pidiera directamente a Jesús. El resultado de esta intercesión de Pablo fue la sanación del tullido.

Así que cuando iban con ellos nunca salieron con la barbaridad de que no les pidieran a ellos. Ellos nunca pensaron ni actuaron así. Para ellos, como ya lo vimos en la Biblia, era normal el interceder por los demás.

Los cristianos evangélicos: ¿No practican la intercesión?

Si. En realidad todos los protestantes que dicen que no hay que pedirle a los santos si la practican y se contradicen ellos mismos. Es muy común que entre ellos el pastor haga oración de sanación y le piden a su pastor que ore por ellos. Si el pastor ora por ellos, entonces es un mediador e intercesor. Si no creyeran en eso y fueran coherentes con lo que dicen, entonces debería decir a su gente que él no puede orar por ellos, que se encierren solos en un cuarto y le pidan directamente a Jesucristo.
En realidad cualquier hermano separado al pedir por alguien de su familia también está intercediendo por ellos.

¿La Palabra de Dios habla de que todos podemos ser intercesores?

Si. Según el Apóstol San Pablo todos debemos ser intercesores:
“Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu.
Velen en común y perseveren en sus oraciones sin desanimarse nunca.
Oren unos por otros, intercediendo a favor de todos los santos”
Ef 6,18

La Palabra de Dios nos enseña que debemos de orar siempre. Si aquí en la tierra debemos de orar siempre intercediendo unos por otros, entonces con mayor razón sera así en el cielo. Este es el caso de los santos que continúan amando pero ahora en plenitud:
“El amor nunca pasará. Desaparecerán las profecías.
Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia,
pero no el amor.
1 Cor 13,8

¿Los santos son dioses y todos poderosos?

No. Los católicos Nunca hemos pensado ni enseñado eso. Esa es una idea que los protestantes divulgan falsamente acerca de lo que creemos los católicos. Muchos de ellos se salieron de la Iglesia Católica sin conocer de Biblia y siguen alla sin conocer de Biblia. Se salieron sin conocer el verdadero catolicismo y alla siguen igual repitiendo falsedades acerca de nuestra fe. Los santos, no las imágenes, simplemente son intercesores con el Poder de Dios:
No olvidemos nunca lo que la Biblia habla acerca de la intercesión de los santos:
“La oración del justo tiene mucho poder”
Stgo. 5,16

¿Cómo pueden escucharnos si ellos no son omnipresentes y no pueden estar en todos los lugares al mismo tiempo?
Muy sencillo. San Pablo dice:
“Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor” Fil 1,23

Si leiste atentamente, San Pablo estaba convencido de que si moría(partir) el estaría JUNTO A JESUS. Si Jesús, como Dios, esta en todas partes entonces los santos estarán junto a El. Por eso pueden oír nuestra oraciones.

Así como los rayos del Sol se sienten en todo lugar donde este el sol, sin ser el Sol, así los santos sin ser Dios como Jesús, pueden llegar como los rayos del sol hacia nosotros. Si lo dudas entonces cuando mueras le podrás preguntar a San Pablo porque se atrevió a decir que estaría junto a Jesús. A menos que digas que Jesús no puede estar en todo lugar lo cual seria peor todavía.
Creo que andas muy equivocado al medir en categorías humanas la grandeza del amor y misericordia de Dios. Rom 8,35-38

¿Los protestante dicen que ahora los apóstoles y María están muertos y que por eso no hay que pedirles?

Falso. Dios no es un Dios de muertos sino de vivos. Muchos cristianos evangelios están confundidos pues esa creencia de que se acaba todo al morir es del antiguo testamento, no del nuevo. Si de verdad eres cristiano sigue la plenitud del nuevo testamento. Nuestro maestro principal no es Moisés, sino Jesucristo. Cuidado hermano. No te quedes estancado en el antiguo testamento como los judíos. Avanza y mira Jesucristo dándonos la plenitud de la revelación Mt 5,17. Somos cristianos al morir no se acaba todo. Esto lo enseña claramente la Biblia:
” Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob
Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos”
Mt 22,32

“Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual,
ciertamente, es con mucho lo mejor”
Fil 1,23

Por la fe, Henoc fue trasladado, de modo que no vio la muerte y = no se le halló, porque le trasladó Dios. = Porque antes de contar su traslado, la Escritura da en su favor testimonio = de haber agradado a Dios. =

Heb 11,5

“… Se les aparecieron Elías y Moisés, los cuales conversaban con Jesús.”
Mc 9,1-4

Esto cualquier hermano no católico lo puede comprobar en su propia Biblia.

Si la Biblia no prohíbe pedir la intercesión de los santos, entonces ¿Cuál es la base principal por la que los protestantes rechazan esto?

Su base principal son sus “tradiciones de hombres”. Con el paso de los años muchos protestantes tienen creencias contrarias a la Palabra de Dios por seguir sus tradiciones. Hay que respetarles, pero al mismo tiempo ayudarlos a encontrar la verdad plena de la Biblia. Muchos de ellos son personas que aman a Dios pero que no saben lo que la Biblia enseña, pues solo aprendieron lo que su pastor les enseño.

¿Escucha Jesucristo la intercesión que los santos hacen por nosotros?

Por supuesto. Si Jesucristo escuchó y respondió a la oración del malhechor por un momento de fe cuando estaba en la cruz (Lc 23,42), con mayor razón escuchará a su madre (Lc 2,16) que hizo en perfección la voluntad de Dios y dijo: “he aquí la esclava del Señor. Hágase en mi según tu Palabra” Lc 1,38
Si por un minuto de fe escuchó y respondió al malhechor, ¿Qué no hará Jesús por sus amigos los santos que tuvieron una vida de fe y obediencia?
“Y todo lo que pidan en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré”.
Jn 14,13-14

Le pidieron aquí y Jesús les respondió, le piden allá e igualmente les responderá. Intercesores de acuerdo a la Palabra de Dios.

Dios te siga bendiciendo en abundancia y te ilumine hacia El.

Este tema esta tomado, con el permiso del autor, Martín Zabala, de los 2 sets de casetes de su serie Católico Defiende tu Fe. Te los recomiendo.

Si eres católico, no olvides que como cristianos que somos, debemos de buscar como renovar nuestra vida en Cristo(Jn 15,1-7) e impulsar nuestro apostolado para traer a mucha gente a los pies de Jesucristo(Mt 28,18-20) y no dejar esa labor a las sectas o iglesias protestantes que no poseen la plenitud de los medios de salvación.

Si eres evangélico, mormón o testigo de Jehová te invito a que conozcas en serio lo que es la fe cristiana(Ef 4,13), la Biblia(2 Tes 2,15) y la Iglesia de Cristo(Ef 5,25). Estudia la historia del cristianismo y ora para que Dios siga actuando en tu vida. Dios te ama y espera en el redil de plenitud que ha dejado: La Iglesia católica(Mt 16,18).
Yo simplemente deseo cumplir la voluntad de Dios en plenitud.(Mt 7,21-23) ¿Y usted…?

Yo creo, Señor; en Ti
que eres la Verdad Suprema.
Creo en todo lo que me has revelado.
Creo en todas las verdades
que cree y espera mi Santa Madre
la Iglesia Católica y Apostólica.
Fe en la que nací por tu gracia,
fe en la que quiero vivir y luchar
fe en la que quiero morir.

ASUNTOS DE LA IGLESIA

Hay gente que piensa que la Iglesia debería recortar su actuación, para evitar el peligro de cometer todos esos errores reales o supuestos que ha habido a lo largo de la historia.Es bastante fácil atacar a la Iglesia, y burlarse de las páginas más difíciles de su historia. No intento en estas líneas justificar los errores que realmente han cometido muchos cristianos a lo largo de los siglos. Pero a veces pienso que si a esas personas les parece que la Iglesia tiene las manos sucias, habría que decirles que quizá ellos no tienen las manos sucias porque no tienen manos o porque no las utilizan.La Iglesia procura realizar su tarea, y vive inmersa en una sociedad cambiante que se desarrolla a su vez en una época determinada, y trata de insertar en ella la levadura sobrenatural del Evangelio. La grandeza de la Iglesia está en afrontar las variaciones del hombre en el transcurso de los siglos y tratar de introducir en su vida lo sobrenatural. Si para evitar el riesgo de contaminar su pureza, la Iglesia renunciara a intentar hacerse presente en la sociedad de cada momento, se quedaría en un simple y curioso empeño abstracto.Hay mucho purista que se escandaliza de las actuaciones de la Iglesia o de los católicos, pero que no aporta ninguna solución a todos esos problemas que a cualquier persona debieran interpelar seriamente. Buscan una seguridad en las actuaciones, un no asumir riesgos que no lleva a otra paz que la del cementerio. La Iglesia afronta con serenidad todos esos sarcasmos, porque desea cumplir su misión entre los hombres. Sabe que roza sin cesar el peligro de empañar la pureza de su mensaje, al menos según las apariencias, al tratar de encarnarlo en una historia que se vuelve incesantemente contra ella, contra quien quiere salvarla. La Iglesia prefiere este riesgo al estéril replegamiento sobre sí misma. Lo prefiere, y afronta ese riesgo desde hace veinte siglos porque, en su amor al hombre, acude a los puntos de más necesidad, más amenazados.Siempre habrá personas que se obstinen en no ver en el cristianismo otra cosa que las deformaciones de las que ha sido objeto a lo largo de la historia. Siempre habrá quien relacione la fe cristiana con el oscurantismo, con la “sombría Edad Media”, con la intolerancia, con la presión sobre las conciencias, con el subdesarrollo intelectual, con el retraso y la falta de libertad. Es una imagen que se ha creado unas veces con mala intención, y otras simplemente por desconocimiento, y que quizá procede de esa vieja idea ilustrada por la que tantos pensaban que el racionalismo ateo había obtenido un gran triunfo sobre la fe.La historia de la Iglesia es una confusión de triunfos y aparentes fracasos del cristianismo. Es una serie siempre repetida de intentos de construir el reino de Dios en la tierra. Esto no es sorprendente, ni es algo que Jesucristo no previera. La parábola de la cizaña sembrada entre el trigo muestra con claridad que Él lo sabía y que esto está de acuerdo con el plan de Dios.La vida de la Iglesia en la historia, así como la vida del cristiano individual –afirma Thomas Merton–, es un acto constantemente repetido que empieza siempre de nuevo, una historia de buenas intenciones que acaba en éxitos y en equivocaciones; de errores que han de ser corregidos, de defectos que tienen que ser utilizados, de lecciones que se aprenden mal y deben aprenderse una y otra vez. Ha habido vacilaciones y falsos comienzos en la historia cristiana. Ha habido incluso errores graves, pero estos son imputables a las sociedades seculares cristianas más que a la Iglesia. Ahora bien, la Iglesia no ha perdido nunca su camino. Pero lo que la mantiene en el camino recto no es el poder, no es la sabiduría humana, la habilidad política ni la previsión diplomática. Hay épocas en la historia de la Iglesia en que esas cosas llegaron a ser, para los líderes cristianos, obstáculos y fuente de errores. Lo que mantiene a la Iglesia y al cristiano en el buen camino es el amor y el cuidado de Dios

El plan para destruir lo indestructible


En el año 1973 se redactó un plan maestro para intentar destruir a la Iglesia Católica sin persecuciones cruentas, sino minando su espíritu y su doctrina desde dentro.

Este plan se ha ido desarrollando paulatinamente, y realmente ha hecho sus efectos. No podrá destruir a la Iglesia porque tiene buenos cimientos, el Señor la sostiene, pero sí está logrando que la barca de Pedro sufra los embates de una corriente laicista, de un ateísmo militante, de un neo paganismo muy virulento. Y cuando uno lee despacio este programa diabólico, propiciado por la Masonería, se explica muchas cosas. Daremos a conocer en varios capítulos la urdimbre de este engendro.

Dice el Dr. Jerónimo Domínguez Residente en NE Cork: Alguien dejó olvidado en mi oficina médica un sobre grande, cerrado. Después de dos meses nadie lo reclamó. Lo abrí para averiguar la identidad de su dueño. ¡Lo que encontré fue una gran sorpresa! El Masterplan para destruir la Iglesia. Nadie firmaba, no se daba ninguna dirección, nada más que un plan riguroso para destruir la Iglesia de Cristo. Se dice que hay más de 1300 comunistas que se han hecho sacerdotes católicos para destruir la Iglesia de Cristo por dentro, para horadarla desde sus entrañas. Yo no sé si es cierto, pero lo que sí es cierto es que el Masterplan es una obra maestra de increíble audacia que, si llega a funcionar, puede resquebrajar desde sus cimientos a la Iglesia Católica.

Según este Plan la Iglesia debería haber estado arruinadapara el año 1980. Han paso 30 años y la Iglesia sigue en pié, aunque es verdad que luchando contra viento y marea. Este Dr. se ha animado a publicarlo porque está “seguro que ayudará a abrir los ojos a muchos sacerdotes y buenos cristianos antes de que sea demasiado tarde. ¡Alerta amigo! Alguien trabajará muy contra la Iglesia. ¡Abre tus ojos! No duermas que el diablo está despierto. El Masterplan parece algo perfecto.

Hay un Plan elaborado, lo segundo es cómo llevarlo a cabo paso a paso y lo tercero quién lo va a realizar. Lo iremos exponiendo.

Sustituir la Iglesia Católica por la llamada Iglesia Universal.
El Masterplan señala como principio que: de todas las Iglesias que se llaman cristianas, el bloque más firme, el que mantiene a todas, es la Santa Iglesia Católica, una vez que ésta se tambalee, toda la cristiandad caerá por su propio peso. Hay que quitarle el nombre de Santa, porque esto está llamando constantemente la atención sobre Dios, es algo sagrado, y esto sobra. Y para quitarlo es fácil, basta insistir en que una Iglesia Santa ofende a los hermanos protestantes, y por lo tanto, los católicos no deben insistir en eso.

Y así de fácil, cumpliendo este Plan nadie dirá: Una, Santa, etc. Otra palabra que sobra es Católica, porque está muy arraigada con la adoración a Dios, a Cristo, y a la veneración de la Virgen, y eso hay que derrumbarlo. Para hacerlo bastaría sustituir Católico por Universal, al fin y al cabo es lo mismo, parece que dice lo mismo, pero se quita el sabor sagrado de adoración a Dios y a Cristo que lleva el nombre católico. En el tiempo previsto quedaría en todo el mundo así la “Iglesia Universal” con todas las iglesias unidas, donde quedarían incluidos también los judíos, los musulmanes, hindús, etc. El primer mandamiento de esta Iglesia Universal”, y el único, sería: amar al prójimo como a ti mismo. Se daría culto así a un Dios llamado Bondad.

Pero un Dios que es tan bueno que no castiga; y como no puede castigar, todo el mundo se olvidará de El muy pronto. Porque el Dios que no infunde respeto, que no se le teme, la gente lo olvida. Pero todo esto, repito, es el fin del plan. El plan debe ser cosa sencilla, quitar cosas poco importantes”, sembrar una piedad falsa de compasión para los no católicos, acercarse a los no católicos, abrir las puertas de la iglesia a los que no lo son, quitar las cosas sin importancia que los pueda herir.

El Amor, el amor al prójimo sin amor a Dios.
Por supuesto es el fin del Masterplan. Pero muchos años antes hay que empezar con cosas pequeñas, más simples. Es un plan que dura varios años, hay que tener paciencia, constancia y, sobre todo, conseguir la colaboración de los Obispos, los Sacerdotes y los buenos católicos. Siempre en el nombre del amor, de la “caridad”. Aunque esta palabra caridad también sobra, porque habla del prójimo, pero está ligada también con el amor a Dios, a Cristo, y con el amor a la Virgen y a los Santos. Así es que nada de caridad, sólo amor”. Será muy fácil sustituir una palabra por otra, porque dicen lo mismo, y además, amor es más moderna, más inteligible al pueblo y puede unir más a todos.

Quizás ahora, querido amigo, no se percate de la trascendencia incalculable de este plan. Estoy seguro que según vaya conociendo los detalles se dará cuenta de que es sencillamente diabólico, que conduce a destronar a Cristo y a la destrucción de la Iglesia de Cristo, es definitiva, porque el amor al prójimo no puede existir sin la base esencial del amor a Dios, como muy bien reconoce el Masterplan.

El Masterplan dice que también sobra la palabra piedad, que hay que sustituirla por la palabra comprensión, que dice lo mismo en relación a los hombres, con los hermanos, pero que no conlleva el significado de unión con Dios, con Cristo, con la Virgen, etc. Será fácil: hay que insistir en que eso de piedad suena beato, a gente hipócrita, a gente sin carácter; hay que decir que piedad suena a vieja que no tiene nada que hacer y que va a pasar el tiempo en la Iglesia.

La esencia del Masterplan es increíblemente sencilla. Consiste en implantar el amor y adoración al hombre y quitar el amor y adoración a Dios. El Masterplan razona así: una vez que haya desaparecido el amor a Dios, los hombres no se pueden amar, sino se odiarán. Así es que la meta consiste en modificar el primer mandamiento de la Ley de Dios que dice amar a Dios sobre todas las cosas, con todo tu corazón y con toda el alma y con toda tu mente. El plan es muy atrayente porque se hace todo en nombre de una gran causa:del amor al prójimo”. Y con este lema, nada menos que en nombre del “amor” se consigue fácilmente la colaboración sincera de buenos católicos, de Sacerdotes y de Obispos, para tratar de terminar con el amor a Dios, con el amor a la fuente de todo amor. En nombre del amor se trata de conseguir el odio a la esencia del amor a Dios.

¡Fuera Sotanas y Hábitos!
Lo primero del Masterplan es quitar de la gente las cosas externas sin importancia. Los primeros años se dedicarán a que las gentes no usen las medallas, ni los escapularios… que los ¡sacerdotes y monjas dejen de usar hábitos! , etc. Todas estas cosas externas sin importancia, dice el Masterplan, pero son testimonio de vidas que constantemente mantienen en el ambiente de Dios, de Cristo y de la Virgen… y eso es lo primero que hay que quitar. Hace años el Masterplan planeó quitar estos hábitos porque son testigo de vidas que se dan a Dios. Cada hábito de una monja en la calle era un grito de vida entregada al amor de Dios, era el grito silencioso, pero constante, de que Dios y Cristo existen en el siglo XX-XXI, de millares de personas dispuestas a sacrificar su única vida por amor a Cristo. El Masterplan lo planeó bien y se siente orgulloso de haber usado nada menos que al Concilio Vaticano II para llevarlo a cabo. El plan era empezar a decir que los hábitos son cosas anticuadas; en segundo lugar divulgar la idea de que vestidos de seglares los sacerdotes y monjas se pueden introducir e infiltrar en ambientes que con el hábito eran una barrera que separaba a los hermanos protestantes de los católicos.

El Masterplan ha tenido sin duda gran éxito. Ya se ven pocas monjas y sacerdotes en las calles, ni en ninguna parte. Esta es la primera parte del plan. La parte final del plan es conseguir que no existan de verdad. El Masterplan espera que la gente se olvide de la figura del sacerdote y de la monja; al no verlos está seguro que la juventud va a ignorar su existencia y al ignorar su existencia a nadie se le va ocurrir ni pensar en la posibilidad de hacerse sacerdote o consagrarse a Dios.

Sobre el Masterplan se habló bastante hace años. Después ha caído en silencio, pero el programa sigue su desarrollo. No olvidemos La alianza de las civilizaciones”, y toda la trama que desde la misma ONU y la UNESCO se está fomentando contra la Iglesia Católica. Y en muchos países, entre ellos España, está calando. Es verdad que la Iglesia ha sufrido a lo largo de su historia muchísimas envestidas, casi siempre muy graves, y ha salido adelante. Como ocurre ahora. Pero no está mal conocer el plan del enemigo para no dejarnos engañar. La siembre de cizaña no cesa, por eso no hay que dormirse. Como dice el Cardenal Prefecto de la Congregación el Clero, el peor enemigo de la Iglesia no está fuera, sino las almas tibias, incluidas la de los sacerdotes, que hay dentro.

Seguiremos desgranando este Plan.

¿Católicos o cristianos? He ahí el dilema

¿Católicos o cristianos? He ahí el dilema

oct 14, 2011 con Comentarios 2

En algunos católicos hay serios problemas de identidad por el uso inadecuado de dos términos que son sinónimos e inseparables: “cristianos” y “católicos”.

Por el P. Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap
http://www.facebook.com/zarazuajorgeluis

De protestantes a cristianos
Desde el siglo XVI, los grupos que se separaron de la única Iglesia de Cristo, a raíz de la Reforma luterana, empezaron a llamarse protestantes. Esto ocurrió en los mismos inicios de la Reforma, ya desde 1529. Así se llamaban a sí mismos y de esta forma aprendimos a llamarlos. Era el nombre común de las distintas denominaciones surgidas en el seno del cisma protestante, utilizados desde sus orígenes hasta nuestros días.
Pero desde hace algún tiempo empezaron a llamarse simplemente cristianos. Lo hicieron como estrategia proselitista, omitiendo precisar el nombre de la propia denominación.

Problema de identidad
El problema es que también nosotros empezamos a llamarlos de esa forma, quedando como términos opuestos dos términos que siempre han sido sinónimos y que son y deben seguir siendo inseparables: “cristianos” y “católicos”.
Se ha llegado tan lejos que “católico” parece ser ahora, en la mente de muchos protestantes, sinónimo de “no cristiano”. Pero también en la mente de los católicos sucede algo parecido. Si alguien pregunta: “¿Eres cristiano?”, no falta alguien que responda: “No, soy católico”.
En conclusión, hemos llegado a tener serios problemas de identidad.

Los católicos somos cristianos
Por eso es importante precisar que los católicos nos llamamos cristianos desde los tiempos apostólicos, desde la época en que vivieron san Bernabé y san Pablo, como puede leerse en los Hechos de los Apóstoles y en otros escritos del Nuevo Testamento.

Los cristianos somos católicos
Pero también es importante precisar que los cristianos nos llamamos católicos desde los inicios de nuestra Iglesia, como la atestigua la carta de san Ignacio de Antioquía a la comunidad de Esmirna, escrita hacia el año 107, pero que refleja una tradición anterior, pues san Ignacio dice con mucha naturalidad:

«De manera que dondequiera que está el obispo, ahí está la Iglesia Católica».

“Los seguidores del Camino”
El primer nombre de nuestra Iglesia fue el “Camino” (cf. Hch 18, 25-26; 19, 9.23; 22, 4; 24, 14.22), porque la fe cristiana no es sólo un conjunto de enseñanzas y doctrinas, sino un estilo de vida, un camino de fe donde se vive la enseñanza de Cristo (Mt 28,18-20) y los Apóstoles (Hch 2, 42-47). Por eso nos llamaban “los seguidores del Camino” (Hch 9, 2). En Antioquía, donde se anunció valientemente el Evangelio a raíz del martirio de san Esteban y la subsiguiente persecución contra la Iglesia, sucedió algo de trascendencia histórica. Escuchemos a san Lucas:

Y fue en Antioquía, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de «cristianos» (Hch 11, 26b).

Desde entonces, los que creemos en Jesús, adoptamos este bello nombre (1Pe 4, 16), porque expresa lo esencial de nuestra fe: nuestra adhesión y pertenencia a Cristo, a quien reconocemos como único Salvador y único Señor (Rm 10, 9-10), por el misterio de su encarnación y el misterio de su pasión, muerte y resurrección.
Conviene precisar que el término «cristianos» aparece pocas veces en el Nuevo Testamento (1Pe 3, 16; 1Pe 4, 16; Hch 11, 26; Hch 26, 28; 3Jn 7), pero se ha convertido en nuestro nombre porque subraya lo esencial de nuestra pertenencia a Cristo: Somos cristianos porque creemos en Cristo y estamos íntimamente unidos a él por el bautismo.

Católica desde el principio
Nuestra Iglesia se llamó católica desde el principio, como lo atestigua el Símbolo de los Apóstoles. En este credo proclamamos nuestra fe en la Santísima Trinidad y en su designio de salvación. También manifestamos nuestra adhesión a la Iglesia cuando decimos: “Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos…”, pues el Señor Jesús fundó esta Iglesia y le encomendó anunciar el Evangelio “a toda la creación”, es decir, a todo el universo (cf. Mc 16,15). Hay que recordar, en este contexto, que la palabra “católica” significa “universal”.

«Cristiano es mi nombre y Católico mi apellido»
San Paciano, obispo de Barcelona, resume, a principios del siglo IV, con mucha claridad la estrecha relación entre “cristiano” y “católico” señalando lo siguiente:

«Cristiano es mi nombre y Católico mi apellido. Aquél expresa lo que digo ser; el otro me demuestra como soy. Éste me da por bueno; aquél me significa.» (Primera carta a Simproniano).

San Paciano también señala lo siguiente hablando de la Iglesia:

«La Iglesia es católica porque es una en todos y una sobre todos».

Y explica el significado del término “católico” con estas bellas palabras:

«Católico quiere decir: “Dondequiera, uno”; o como los Doctores piensan “obediencia de todos” a los mandamientos de Dios, naturalmente. De donde dice el Apóstol: “Si sois obedientes en todo” (2Cor 2, 9). Y en otra ocasión: “Pues como, por la desobediencia de uno, muchos fueron los pecadores, así también, por la obediencia de uno, muchos serán hechos justos” (Rm 5, 19). Así pues, el que es católico es obediente a lo que es justo; y el que es obediente, ya es cristiano; y de este modo el católico ya es cristiano. Por lo cual, nuestro pueblo es distinguido del pueblo herético por el solo hecho de llamarse católico».

Conclusión
Así pues, somos cristianos porque creemos en nuestro Señor Jesucristo; somos católicos porque formamos parte de la Iglesia que él fundó, que es universal, que es católica, y que conserva la plenitud de la verdad y de los medios de salvación (1Pe 3, 15; Mc 16, 15-16). Los dos términos son, desde un principio, un binomio inseparable.
Podemos concluir esta cuestión repitiendo las palabras de Jesús con relación al Sacramento del Matrimonio:

Pues bien, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre (Mt 19, 6b).

No separemos estos dos términos que nos describen desde la fundación de nuestra Iglesia. Recuerda siempre: «Cristiano es mi nombre; Católico es mi apellido».

Entrada de Google Sidewiki de PEDRO ENRIQUE

Hay gente que piensa que la Iglesia debería recortar su actuación, para evitar el peligro de cometer todos esos errores reales o supuestos que ha habido a lo largo de la historia.

Es bastante fácil atacar a la Iglesia, y burlarse de las páginas más difíciles de su historia. No intento en estas líneas justificar los errores que realmente han cometido muchos cristianos a lo largo de los siglos. Pero a veces pienso que si a esas personas les parece que la Iglesia tiene las manos sucias, habría que decirles que quizá ellos no tienen las manos sucias porque no tienen manos o porque no las utilizan.

La Iglesia procura realizar su tarea, y vive inmersa en una sociedad cambiante que se desarrolla a su vez en una época determinada, y trata de insertar en ella la levadura sobrenatural del Evangelio. La grandeza de la Iglesia está en afrontar las variaciones del hombre en el transcurso de los siglos y tratar de introducir en su vida lo sobrenatural. Si para evitar el riesgo de contaminar su pureza, la Iglesia renunciara a intentar hacerse presente en la sociedad de cada momento, se quedaría en un simple y curioso empeño abstracto.

Hay mucho purista que se escandaliza de las actuaciones de la Iglesia o de los católicos, pero que no aporta ninguna solución a todos esos problemas que a cualquier persona debieran interpelar seriamente. Buscan una seguridad en las actuaciones, un no asumir riesgos que no lleva a otra paz que la del cementerio. La Iglesia afronta con serenidad todos esos sarcasmos, porque desea cumplir su misión entre los hombres. Sabe que roza sin cesar el peligro de empañar la pureza de su mensaje, al menos según las apariencias, al tratar de encarnarlo en una historia que se vuelve incesantemente contra ella, contra quien quiere salvarla. La Iglesia prefiere este riesgo al estéril replegamiento sobre sí misma. Lo prefiere, y afronta ese riesgo desde hace veinte siglos porque, en su amor al hombre, acude a los puntos de más necesidad, más amenazados.

Siempre habrá personas que se obstinen en no ver en el cristianismo otra cosa que las deformaciones de las que ha sido objeto a lo largo de la historia. Siempre habrá quien relacione la fe cristiana con el oscurantismo, con la “sombría Edad Media”, con la intolerancia, con la presión sobre las conciencias, con el subdesarrollo intelectual, con el retraso y la falta de libertad. Es una imagen que se ha creado unas veces con mala intención, y otras simplemente por desconocimiento, y que quizá procede de esa vieja idea ilustrada por la que tantos pensaban que el racionalismo ateo había obtenido un gran triunfo sobre la fe.

La historia de la Iglesia es una confusión de triunfos y aparentes fracasos del cristianismo. Es una serie siempre repetida de intentos de construir el reino de Dios en la tierra. Esto no es sorprendente, ni es algo que Jesucristo no previera. La parábola de la cizaña sembrada entre el trigo muestra con claridad que Él lo sabía y que esto está de acuerdo con el plan de Dios.

La vida de la Iglesia en la historia, así como la vida del cristiano individual –afirma Thomas Merton–, es un acto constantemente repetido que empieza siempre de nuevo, una historia de buenas intenciones que acaba en éxitos y en equivocaciones; de errores que han de ser corregidos, de defectos que tienen que ser utilizados, de lecciones que se aprenden mal y deben aprenderse una y otra vez. Ha habido vacilaciones y falsos comienzos en la historia cristiana. Ha habido incluso errores graves, pero estos son imputables a las sociedades seculares cristianas más que a la Iglesia. Ahora bien, la Iglesia no ha perdido nunca su camino. Pero lo que la mantiene en el camino recto no es el poder, no es la sabiduría humana, la habilidad política ni la previsión diplomática. Hay épocas en la historia de la Iglesia en que esas cosas llegaron a ser, para los líderes cristianos, obstáculos y fuente de errores. Lo que mantiene a la Iglesia y al cristiano en el buen camino es el amor y el cuidado de Dios
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